🌙 CASADA CON EL ERROR PERFECTO
Es una novela romántica intensa que mezcla drama, pasión, traición y segundas oportunidades, donde el amor no nace de lo correcto… sino de lo inevitable.
La historia sigue a Yzzi, una brillante doctora que ha construido una vida aparentemente perfecta: una carrera sólida, estabilidad emocional y un prometido ideal, Gerald, un hombre exitoso y respetado que encaja perfectamente en el futuro que todos esperan de ella. Todo parece estar bajo control… hasta el día de su boda.
“Casada con el Error Perfecto” no es solo una historia de amor,
es una historia de identidad, elección… y del valor de enfrentarse a lo que el corazón nunca olvidó. 💔🔥
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CAPÍTULO 19 El colapso de Valmont
El edificio de Valmont ya no se sentía como un imperio.
Se sentía como un barco hundiéndose.
Las luces seguían encendidas, las pantallas activas, los teléfonos sonando… pero nada funcionaba realmente. Todo era una ilusión de control que se desmoronaba segundo a segundo.
El padre de Yssi estaba de pie en medio de la sala principal de juntas.
Pero no era el mismo hombre.
El que alguna vez dominó negociaciones, levantó contratos millonarios y sostuvo el nombre de la familia con orgullo… ahora tenía la mirada perdida entre hojas, cifras y reportes que ya no tenían sentido.
—Esto está mal… —murmuró, pasando una hoja tras otra con manos temblorosas—. Esto… está mal hecho…
Un ejecutivo tragó saliva antes de hablar.
—Señor… ya verificamos tres veces los datos.
Silencio.
Pesado.
Aplastante.
—Entonces explíquenme —dijo el hombre, levantando la voz por primera vez—. ¡EXPLÍQUENME CÓMO EN MENOS DE DOS DÍAS PERDIMOS MÁS DEL TREINTA POR CIENTO DE NUESTROS CLIENTES!
Nadie respondió.
Porque no había forma de suavizar la verdad.
—No solo los perdimos —intervino otro, con la voz baja—. Están rompiendo contratos anticipadamente… están pagando multas… están retirándose sin negociar.
El padre de Yssi negó con la cabeza, retrocediendo un paso.
—No… no… eso no tiene lógica… nadie hace eso… nadie tira su dinero así…
Pero sí lo estaban haciendo.
Y eso era lo más aterrador.
CASA DE YSSI — EL DESGARRE
—Papá, tienes que entender —la voz de Yssi estaba al borde del quiebre—. Esto no es normal… alguien está provocando esto.
—¿Quién? —respondió él, desesperado, confundido—. ¿Quién tendría tanto poder?
Yssi no respondió de inmediato.
Porque la respuesta… pesaba.
—Nos están cerrando todas las puertas… —continuó ella, con lágrimas acumulándose—. Bancos, proveedores, clientes… todos al mismo tiempo… eso no es coincidencia.
Su madre se llevó una mano al pecho.
—Dios mío…
El padre de Yssi se dejó caer en la silla.
—No entiendo… —susurró—. He trabajado toda mi vida para esto… ¿por qué…?
Yssi se acercó rápidamente.
—No es tu culpa.
Pero en el fondo…
Sabía que eso ya no importaba.
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EL REINO DE GERALD
Mientras tanto, en el hospital…
Gerald no estaba enterado del caos completo.
O tal vez… no quería verlo.
Caminaba por los pasillos con la seguridad de quien cree que todo sigue bajo su control.
Su bata impecable.
Su postura firme.
Su mirada autoritaria.
—Este hospital necesita disciplina —dijo con tono firme frente a un grupo de médicos—. No voy a tolerar errores ni mediocridad.
Valeria, a su lado, sonreía.
Orgullosa.
Elevada.
—Exacto —añadió ella—. Hay estándares que deben cumplirse… y quienes no estén a la altura…
Dejó la frase en el aire.
Pero el mensaje era claro.
—Pueden irse —concluyó Gerald.
Las miradas entre el personal eran tensas.
Nadie respondía.
Pero el ambiente… se estaba quebrando.
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Valeria se detuvo frente a recepción.
Observó todo como si le perteneciera.
—Ese uniforme está mal planchado —le dijo a una enfermera sin siquiera mirarla a los ojos—. ¿Así piensas representar este lugar?
—Lo siento, licenciada—
—No, no lo sientes —interrumpió, cruzándose de brazos—. Si lo sintieras, lo harías bien.
La enfermera apretó los labios.
Humillada.
Valeria sonrió ligeramente.
Disfrutaba ese poder.
—Recuerda con quién estás hablando —añadió, bajando la voz—. No soy cualquier persona aquí.
Y eso era lo peor.
Que empezaba a creérselo demasiado.
EL MOMENTO CRÍTICO
El teléfono sonó en la sala de juntas.
Nadie quería contestar.
Pero alguien tuvo que hacerlo.
—¿Bueno?
El rostro del asistente cambió al instante.
—Señor… es el banco.
El padre de Yssi tomó el teléfono.
—Sí, soy yo.
Escuchó.
Y cada palabra fue un golpe.
—No… eso no puede… —su voz empezó a quebrarse—. Tenemos acuerdos… garantías…
Escuchó más.
Y entonces…
El mundo se le vino encima.
—¿Congeladas?… ¿todas?
El silencio en la sala fue absoluto.
—Esto es un error… —susurró—. Tiene que ser un error…
Pero no lo era.
Su mano se fue al pecho.
Lento.
Como si su propio cuerpo le avisara… que ya no podía más.
—Señor… —dijo alguien, acercándose—. ¿Está bien?
No lo estaba.
Su respiración se volvió irregular.
Corta.
Dolorosa.
—No… no puedo… —intentó hablar—. Yssi…
Y entonces…
Cayó.
El golpe contra el suelo retumbó más que cualquier grito.
—¡LLAMEN A UNA AMBULANCIA!
—¡RÁPIDO!
—¡SEÑOR!
El caos estalló.
Papeles volando.
Personas corriendo.
Voces quebradas.
Y en medio de todo…
Un imperio colapsando.
LA LLAMADA QUE LO CAMBIA TODO
El teléfono de Yssi sonó.
Contestó sin pensar.
—¿Bueno?
Escuchó.
Y su alma… se rompió.
—No… —susurró—. No… no…
Su madre se levantó de inmediato.
—¿Qué pasó?
Yssi dejó caer el teléfono.
—Mi papá…
El aire desapareció.
—Le dio un infarto…
El llanto llegó sin permiso.
Desgarrador.
Real.
—Tenemos que irnos… —dijo entre lágrimas—. Tenemos que ir ya…
Y en ese instante…
Todo dejó de ser estrategia.
Todo dejó de ser orgullo.
Todo…
Se volvió vida o muerte.
Atente a pan y no comas cabe pues, como decimos aquí en mi país VENEZUELA 🥰