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Contrato De Medianoche

Contrato De Medianoche

Status: En proceso
Genre:Casada con el millonario / Matrimonio arreglado / Matrimonio contratado / Romance
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Elizabeth Valdéz

Adrián Vega necesitaba una esposa falsa. Camila necesitaba dinero para salvar a su madre. El trato era simple: un año de matrimonio y millones de dólares. Sin amor. Sin preguntas. Sin romper el contrato. Pero cuando Camila entra al peligroso mundo de los Vega descubre algo aterrador… Las mujeres que se acercan demasiado a Adrián terminan desapareciendo. Y ahora ella podría ser la siguiente.

NovelToon tiene autorización de Elizabeth Valdéz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10: La amenaza silenciosa

El silencio en el vestíbulo de la mansión Vega parecía haber congelado el tiempo.

Camila seguía mirando la pantalla del teléfono de Adrián.

La fotografía estaba allí.

Clara.

Imposible de ignorar.

Dos mujeres frente a un edificio antiguo.

Su madre.

Y la madre de Adrián.

La fecha debajo de la imagen hacía que todo fuera aún más inquietante.

Era el mismo día del accidente.

El día en que la madre de Adrián murió.

Camila sintió que el corazón le latía con fuerza.

—Eso… eso no puede ser una coincidencia.

Adrián no respondió.

Su mirada seguía fija en la imagen.

Sebastián fue el primero en romper el silencio.

—¿Dónde encontraste esto?

Adrián habló con voz baja.

—En los archivos del caso.

Camila frunció el ceño.

—Pero dijiste que los archivos estaban sellados.

—Lo están.

Camila lo miró.

—Entonces alguien tuvo que acceder a ellos.

Sebastián cruzó los brazos.

—Exactamente.

El ambiente en la habitación se volvió más pesado.

Camila intentaba ordenar sus pensamientos.

—Mi madre nunca me habló de esto.

Adrián levantó la mirada.

—Tal vez porque sabía que era peligroso.

Camila negó con la cabeza.

—Mi madre no era ese tipo de persona.

Adrián guardó silencio.

Camila sintió que ese silencio le dolía más que cualquier palabra.

—¿Crees que mi madre estaba involucrada en ese fraude?

Adrián respondió con calma.

—No lo sé.

—Pero lo estás considerando.

Adrián la miró directamente.

—Estoy considerando todas las posibilidades.

Camila bajó la mirada.

El peso de la situación empezaba a sentirse insoportable.

Sebastián caminó hacia la mesa y apoyó las manos sobre ella.

—Hay algo que no encaja.

Camila lo miró.

—¿Qué cosa?

Sebastián señaló la foto.

—Si sus madres se reunieron ese día…

—Entonces se conocían.

Camila frunció el ceño.

—Pero eso no significa que estuvieran trabajando juntas.

Adrián habló con voz firme.

—Podrían haber estado intentando detener el fraude.

Camila levantó la mirada rápidamente.

—¿Juntas?

Adrián respondió:

—Es posible.

Sebastián suspiró.

—Si eso es verdad… entonces el accidente podría no haber sido un accidente.

El silencio volvió a caer.

Camila sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—¿Estás diciendo que alguien las estaba siguiendo?

Sebastián habló con tono serio.

—O que alguien quería silenciarlas.

Camila sintió que el miedo crecía dentro de ella.

—Salazar.

Adrián respondió con frialdad.

—Es el principal sospechoso.

Camila volvió a mirar la fotografía.

Su madre parecía tranquila en la imagen.

Sonriendo levemente.

Como si fuera un día normal.

—Esto no tiene sentido.

Adrián la observó.

—¿Por qué?

—Porque si mi madre estaba involucrada en algo tan peligroso…

Camila tragó saliva.

—¿Por qué nunca me dijo nada?

El silencio se prolongó.

Sebastián habló después de unos segundos.

—Tal vez estaba intentando protegerte.

Camila apretó los labios.

—O tal vez alguien está manipulando esta historia.

Adrián levantó una ceja.

—Eso también es posible.

Camila respiró profundo.

—Necesitamos encontrar la verdad.

Sebastián soltó una pequeña risa.

—Eso será más difícil de lo que crees.

Camila lo miró.

—¿Por qué?

—Porque alguien está borrando partes del caso.

El silencio volvió a llenar la habitación.

Camila frunció el ceño.

—¿Borrando?

Sebastián señaló el teléfono.

—Cuando Adrián accedió a los archivos… varios documentos ya no estaban.

Camila sintió que el corazón le dio un salto.

—¿Desaparecieron?

Adrián respondió:

—Sí.

—Eso significa que alguien está limpiando la evidencia.

Sebastián habló con calma.

—Exactamente.

Camila cruzó los brazos.

—Entonces alguien sigue controlando ese caso.

Adrián respondió con voz baja.

—Y quiere que nosotros veamos solo lo que él quiere mostrar.

El silencio se volvió inquietante.

Camila volvió a mirar la fotografía.

—Esa persona quiere que pensemos que nuestras familias estaban conectadas con el fraude.

Adrián habló lentamente.

—O quiere que desconfiemos el uno del otro.

Camila levantó la mirada.

—Eso no va a funcionar.

Adrián la observó durante unos segundos.

—Eso espero.

En ese momento el teléfono de Sebastián vibró.

Lo sacó del bolsillo.

Leyó el mensaje.

Su expresión cambió.

Adrián lo notó inmediatamente.

—¿Qué pasa?

Sebastián levantó la mirada.

—La seguridad acaba de encontrar algo afuera.

Camila frunció el ceño.

—¿Afuera?

—Sí.

—¿Qué cosa?

Sebastián respondió con voz baja.

—Un coche estacionado frente a la mansión.

Adrián frunció el ceño.

—¿Un periodista otra vez?

Sebastián negó con la cabeza.

—No.

Camila sintió un pequeño escalofrío.

—Entonces ¿quién?

Sebastián mostró la pantalla.

Era una fotografía tomada por una de las cámaras de seguridad.

Un coche negro estaba estacionado al otro lado de la calle.

Las luces apagadas.

El motor aparentemente detenido.

Pero había alguien dentro.

Adrián entrecerró los ojos.

—¿Cuánto tiempo lleva ahí?

Sebastián respondió:

—Desde hace más de una hora.

Camila sintió que el corazón le latía con fuerza.

—¿Y nadie lo vio antes?

Sebastián negó.

—No.

Adrián habló con voz firme.

—Que seguridad vaya a revisar.

Sebastián envió un mensaje rápidamente.

Camila miró nuevamente la pantalla.

—¿Crees que es alguien de la prensa?

Adrián respondió con calma.

—No lo sé.

El silencio volvió a llenar el vestíbulo.

Pasaron unos minutos.

Luego el teléfono de Sebastián vibró otra vez.

Leyó el mensaje.

Y su expresión se volvió más seria.

Adrián frunció el ceño.

—¿Qué pasó?

Sebastián habló lentamente.

—El coche ya no está.

Camila sintió que el estómago se le revolvía.

—¿Se fue?

—Sí.

Adrián cruzó los brazos.

—Eso no es buena señal.

Camila frunció el ceño.

—¿Por qué?

Adrián respondió con calma.

—Porque significa que solo estaba observando.

El silencio volvió a caer.

Camila sintió un escalofrío.

—¿Observando qué?

Adrián respondió con voz fría.

—A nosotros.

Sebastián guardó el teléfono.

—Esto ya no es solo una investigación.

Camila lo miró.

—¿Entonces qué es?

Sebastián habló con tono serio.

—Un juego.

Camila frunció el ceño.

—¿Un juego?

Adrián respondió:

—Alguien quiere que nos sintamos vigilados.

El silencio se volvió inquietante.

Camila miró hacia la puerta de la mansión.

De repente la casa se sentía menos segura.

—¿Crees que fue Salazar?

Adrián respondió:

—Es posible.

Pero Sebastián negó lentamente.

Camila lo miró.

—¿Qué pasa?

Sebastián habló con voz baja.

—No creo que haya sido él.

El silencio volvió a caer.

Camila sintió que el corazón le latía con fuerza.

—Entonces… ¿quién?

Sebastián miró a Adrián.

—Alguien que ya sabe exactamente cómo movernos.

Camila frunció el ceño.

—¿Qué quieres decir?

Sebastián habló con calma.

—Que la persona que está detrás de todo esto…

Hizo una pausa.

—Podría conocer esta casa mejor que nosotros.

El silencio se volvió aterrador.

Camila sintió un escalofrío recorrer todo su cuerpo.

Porque si eso era verdad…

Entonces el enemigo no solo estaba observando desde afuera.

Podría haber estado dentro de la mansión todo el tiempo.

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Elizabeth Valdéz
Contrato de medianoche es algo a lo que normalmente escribo y me gusta experimentar historias nuevas. Espero les guste esta historia!
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