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La Esposa Del Ceo Ciego

La Esposa Del Ceo Ciego

Status: En proceso
Genre:Enfermizo / Amor-odio / Romance
Popularitas:8.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Lobelia

Francisco Valois, un magnate que perdió la vista y su imperio tras un atentado, acepta un matrimonio de conveniencia con Andrea, quien promete ser sus ojos y devolverle el poder. Mientras Francisco la desprecia creyéndola una oportunista, Andrea oculta una verdad devastadora: padece una enfermedad terminal y ha planeado su muerte para donarle sus córneas y asegurar el futuro del hombre que ama en secreto.

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capitulo 24

​La noche se cernía sobre la clínica privada con un silencio sepulcral, solo interrumpido por el zumbido eléctrico de los monitores que, a esas horas, sonaban como el tic-tac de un reloj de arena agotándose. El aire en la habitación 402 estaba impregnado de un aroma a lavanda y a esa humedad fría que precede a las grandes despedidas. En la ventana, la luna se filtraba como un ojo de plata, observando a las dos figuras que compartían el que sería, aunque uno de ellos no lo supiera, su último refugio antes de la luz.

​Andrea estaba sentada al borde de la cama, o más bien, sostenida por la pura fuerza de su voluntad. Su cuerpo ya no le pertenecía; era una cáscara frágil, una estructura de cristal a punto de estallar bajo la presión de un corazón que apenas lograba bombear la vida hacia sus extremidades. Cada inhalación era un triunfo agónico, un esfuerzo que le quemaba los pulmones.

​Francisco estaba sentado en el sillón a su lado, su mano siempre buscando la de ella, como si el contacto físico fuera el único cable a tierra que le impedía derivar hacia la locura.

​—Mañana es el día, Andrea —dijo él, su voz cargada de una mezcla de esperanza y una ansiedad que no lograba disimular—. Mañana, a estas horas, Rossi ya habrá terminado. Y podré mirarte.

​Andrea sintió una punzada de dolor en el pecho, pero no fue física. Fue el desgarro de saber que esa promesa contenía una trampa mortal. Ella no estaría allí para devolverle la mirada; sus ojos estarían en él, pero su alma ya habría partido.

​—Necesitas descansar, Francisco —susurró ella, su voz apenas un hilo de seda—. El doctor dijo que debes entrar al quirófano relajado. Tu presión debe estar estable.

​—No puedo dormir —confesó él, apretando sus dedos—. Siento que algo está cambiando. El aire en esta habitación... es diferente. Siento que me estás ocultando la gravedad de lo que está pasando en ese pasillo con los abogados.

​Andrea se obligó a levantarse. Le tomó casi un minuto ponerse de pie, sus rodillas temblando bajo la bata de seda. Caminó con pasos cortos hacia la pequeña mesa donde reposaba un termo con té de tila y valeriana, preparado por ella misma con una dosis suave de los sedantes que Méndez le había recetado para el dolor. Era una traición necesaria.

​—Bebe esto —dijo ella, acercándole la taza. Sus manos temblaban tanto que el líquido bailaba contra la porcelana—. Es para que tu mente deje de dar vueltas. Mañana será un día largo.

​Francisco tomó la taza, su pulgar rozando los dedos gélidos de Andrea. Se detuvo un segundo, olfateando el vapor.

—Tus manos están como el hielo, Andrea. Más que ayer.

​—Es el aire acondicionado, ya sabes que siempre tengo frío —mintió ella, rodeando los hombros de Francisco con sus brazos desde atrás—. Bebe. Hazlo por mí. Necesito que mañana estés fuerte.

​Francisco, confiando en ella como nunca había confiado en nadie, bebió el té. El calor del líquido empezó a recorrer su cuerpo, y con él, la química que Andrea había dispuesto para silenciar sus alarmas. Poco a poco, la tensión de sus hombros se disolvió. Sus párpados empezaron a pesar, y la furia que lo había mantenido en guardia contra Beatriz y Elías se convirtió en una neblina densa y pacífica.

​—Andrea… —murmuró él, su cabeza cayendo suavemente hacia atrás, apoyándose en el vientre de ella—. No te vayas… quédate aquí.

​—No me voy a ninguna parte, mi león —susurró ella, besando su coronilla—. Duerme.

​Cuando la respiración de Francisco se volvió rítmica y profunda, Andrea se dejó caer de rodillas frente a él. Ya no tenía que fingir fuerza. Se aferró a sus rodillas y hundió el rostro en su regazo, permitiéndose finalmente llorar sin el miedo de que él escuchara sus sollozos.

​Fue una despedida sin palabras, una comunión de sombras. Andrea levantó la vista y recorrió el rostro de Francisco una última vez con sus propios ojos, esos que pronto se cerrarían para siempre. Memorizó la cicatriz cerca de su ceja, la línea firme de su mandíbula, y la paz que ahora reinaba en sus facciones gracias al sueño inducido.

​—Gracias —susurró ella hacia el hombre que dormía—. Gracias por hacerme sentir que mi vida tenía un propósito más grande que solo sobrevivir. Gracias por amarme en la oscuridad.

​Se levantó con un esfuerzo sobrehumano y caminó hacia el escritorio. Tomó el sobre que contenía la carta final y el documento de donación que Rossi necesitaba para proceder en cuanto su corazón se detuviera. Lo dejó sobre el regazo de Francisco, para que fuera lo primero que encontrara si despertaba antes de tiempo, aunque ella sabía que Méndez vendría a buscarlo para el preoperatorio antes de que el efecto del té pasara.

​Andrea regresó a su cama. Se acostó lentamente, sintiendo que su pulso era ahora un tambor lejano, una señal que se perdía en la distancia. Miró la espalda de Francisco, la silueta del hombre que ella había salvado, y sintió una paz aterradora.

​No había rabia contra Beatriz ni contra Elías. En ese momento, ellos no eran más que motas de polvo en el universo de amor que ella había construido para Francisco. El sabotaje legal no importaba; Rossi tenía sus órdenes, y los abogados de Francisco ya habían blindado el proceso. Su sacrificio estaba a salvo.

​—Mañana verás el sol, Francisco —dijo ella en un suspiro que apenas movió el aire—. Y cuando lo hagas, recuerda que cada color que veas, cada sombra, cada rayo de luz… soy yo diciéndote que valió la pena.

​Cerró los ojos. El monitor a su lado registró una arritmia prolongada, pero ella ya no sentía dolor. Sentía que se desvanecía, fundiéndose con la oscuridad de la habitación para convertirse en la luz que él tanto necesitaba. En la víspera del quirófano, el León dormía el sueño de los inocentes, mientras su ángel guardián entregaba la última gota de su esencia para que él nunca más tuviera que caminar solo en las sombras.

​ la imagen de sus manos separadas por apenas unos centímetros de distancia, un puente que pronto sería cruzado por la ciencia y el sacrificio, marcando el fin de una era de ceguera y el inicio de una visión comprada con el precio más alto que el amor puede pagar.

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Carleone Gutierrez
Años como así.?? que tanto tiempo paso pues desde que se conocieron y la operación.??🤔🤔
Carleone Gutierrez
Años como así.?? que tanto tiempo paso pues desde que se conocieron y la operación.??
Elia María Ramírez Rodríguez
Poco a poco se van a ir entendiendo y llevando mejor.....
🌹🌷🥀
Elia María Ramírez Rodríguez
Ojalá no se enamoren de Andrea, es un matrimonio para vengarse de sus tíos.....🥀🌹🌷
Elia María Ramírez Rodríguez
Cuando la ambición corrobr el alma del ser humano no les importa pisotear el dolor de una persona lastimada. En mi pueblo hay un dicho muy cierto a este capitulo con esa víbora de Beatríz Del árbol caído todos quieren hacer leña 🪵.....🥀🥀🥀
Nataly Rodriguez
na había querido comentar nada hasta ver dónde llevaba esto. pero no puede ser que estoy termine con ella muerta y el con vista . noo no lo acepto. autora por favor que ella no muera
Fernanda
me gusta la trama como ella está dispuesta a todo por el 🙏😘🙏❤️
Adriana Ruiz
👏👏👏 excelente novela,, xfa 🙏 más capítulos 💚
celimar
me gusta esta historia 🙏🏽😘
celimar
interesantes 🥰🥰
celimar
me gusta 😍😍
Celina Espinoza
super interesante 🙏😍🥰
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