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El Regreso De La Princesa

El Regreso De La Princesa

Status: En proceso
Genre:Hombre lobo / Matrimonio arreglado / Mitos y leyendas
Popularitas:5.3k
Nilai: 5
nombre de autor: vane sánchez

"Que la luna sea testigo de mi vida y de mi muerte. Que guarde mi nombre en su luz plateada hasta el final de los tiempos."
— Antiguo proverbio de Valdris

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Capítulo 9: El Viaje a Aurelia

La luz de la mañana se colaba por las cortinas cuando Lyra abrió los ojos. Por un momento, todo fue niebla y confusión, los ecos del baile aún estaban resonando en su memoria. Luego, el recuerdo de la noche anterior cayó sobre ella como una ola: la boda, la fiesta, los bailes con Eryndor y Adrián.

Y entonces recordó que hoy su padre se iba.

Se incorporó de un salto, ignorando el cansancio que aún pesaba en sus pequeños miembros. Nana Elle ya estaba allí, con una bandeja de desayuno y una expresión de comprensión en el rostro.

—Despacio, princesita. Tu padre no se irá sin despedirse.

Lyra asintió y se dejó vestir con ropas más sencillas que las de la víspera pero igualmente elegantes: un vestido azul claro de lana suave, cómodo para montar, y una capa gris forrada de piel. Su cabello fue recogido en una trenza práctica que le caía sobre el hombro.

Cuando estuvo lista, corrió hacia las habitaciones de su padre.

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La Despedida

El rey Aldric la esperaba en el gran patio de armas, junto a una comitiva reducida que lo acompañaría en su viaje de bodas. Isolda estaba a su lado, vestida también para el camino con un traje de montar azul oscuro que hacía juego con el de su esposo. Su rostro, aunque aún reservado, mostraba algo que Lyra nunca le había visto: una suave calma, como si por primera vez en años hubiera dejado de luchar contra algo.

Eryndor ya estaba allí, con su cabello gris plateado brillando bajo el sol de la mañana. A su lado, el emperador Valerius conversaba animadamente con algunos de sus caballeros.

—¡Pequeña! —Aldric la vio llegar y abrió los brazos—. Temía que no llegaras a tiempo.

Lyra se lanzó a ellos y su padre la levantó en vilo, abrazándola con fuerza.

—No te irías sin despedirte verdad —murmuró ella contra su cuello—. ¿Volverás pronto?

—En tres semanas —respondió Aldric, besando su frente—. Las tres semanas más largas de mi vida.

Lyra rió suavemente y luego se volvió hacia Isolda. La nueva reina la miraba con esa expresión que Lyra estaba aprendiendo a interpretar: no era frialdad, era timidez. Inseguridad. Miedo a no saber cómo actuar.

—Cuide bien de mi padre —dijo Lyra, con una seriedad impropia de sus cinco años—. Y usted también cuídese. Cuando vuelvan, quiero verlos felices.

Isolda parpadeó, sorprendida. Luego, muy despacio, se arrodilló para quedar a la altura de la niña.

—Lo haré —prometió, y su voz sonó más firme de lo habitual—. Y usted... usted cuide de sí misma, princesa Lyra. Y de su hermano. Y de mi sobrino, si es que decide acompañarlos.

Lyra asintió y, en un gesto que sorprendió a todos, se acercó y abrazó a Isolda. La nueva reina se quedó rígida un instante, pero luego, lentamente, sus brazos rodearon a la niña.

Fue un abrazo breve, casi tímido, pero cuando se separaron, Lyra vio algo nuevo en los ojos de Isolda: gratitud.

Aldric observaba la escena con una sonrisa que iluminaba todo su rostro.

—Bueno —dijo, rompiendo el momento—, tenemos que partir. El camino es largo.

Antes de montar, se arrodilló frente a Eryndor y lo abrazó también.

—Cuida de tu hermana —le susurró—. Y de ti mismo.

—Siempre, papá —respondió Eryndor, abrazándolo con fuerza.

Luego, Aldric montó su caballo y tendió la mano a Isolda, que subió con la gracia de quien ha montado toda su vida. La comitiva comenzó a moverse, y Lyra y Eryndor agitaron las manos hasta que la última figura desapareció tras las puertas del palacio.

El silencio se hizo en el patio.

Y entonces, el emperador Valerius se acercó a ellos con una sonrisa.

—Bueno, jóvenes —dijo—. ¿Qué les parece si nos vamos también?

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La Propuesta

El desayuno en las estancias del emperador fue un asunto íntimo, solo los tres niños y Valerius. Sobre la mesa, bandejas de pan recién horneado, miel, frutas confitadas y quesos suaves esperaban a ser devorados.

Lyra apenas había probado bocado cuando Valerius habló.

—He estado pensando —dijo, con esa voz profunda que imponía respeto incluso cuando intentaba ser amable—. Su padre y su nueva madrastra estarán ausentes tres semanas. Y yo debo regresar a Aurelia para atender asuntos del imperio.

Los tres niños lo miraron, esperando.

—Me preguntaba —continuó Valerius— si les gustaría acompañarme. Conocerán Aurelia, mi palacio, mis tierras. Podrán jugar, explorar, y su padre no tendrá que preocuparse por su seguridad, porque estarán conmigo.

Eryndor miró a Lyra, buscando su reacción. Adrián, por su parte, observaba a la princesa con atención, esperando ver qué decidía.

Lyra fingió pensar, pero en realidad su mente ya estaba evaluando la propuesta.

Aurelia. Un reino desconocido, lleno de posibilidades. Podría conocer el terreno, establecer contactos, observar la corte del emperador. Y al mismo tiempo, su red en Valdris seguiría funcionando. Darian, Mira, Kael y los otros le enviarían informes a través de sus canales.

Además, estaría con Adrián. Su aliado. Su otro yo. Lejos de miradas indiscretas, podrían hablar con libertad, planear, compartir información.

Y lo más importante: Varen Crain aún no era una amenaza activa. No actuaría hasta dentro de años. El palacio estaba vigilado. Sus espías lo controlaban todo.

—Aceptamos —dijo Lyra, antes de que Eryndor pudiera hablar.

Su hermano la miró con sorpresa.

—¿Lyra?

—Será divertido —dijo ella, sonriendo—. Conoceremos Aurelia. Y Adrián podrá enseñarnos su casa.

Adrián sonrió, una sonrisa genuina que pocas veces mostraba.

—Será un placer.

Valerius rió, satisfecho.

—Entonces, está decidido. Partiremos mañana al amanecer. Preparen sus cosas.

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La Noche Antes de Partir

Esa noche, Lyra convocó a Darian a sus habitaciones. El joven de diecisiete años, ahora su mano derecha en la red, entró por la ventana con la facilidad de quien lo ha hecho cientos de veces.

—Princesa —dijo, inclinándose—. ¿Qué necesitas?

Lyra estaba sentada en su escritorio, escribiendo instrucciones en un pergamino.

—Me voy a Aurelia con el emperador —dijo sin preámbulos—. Estaré fuera tres semanas. Durante ese tiempo, quiero informes diarios de todo lo que ocurra en el palacio. Especialmente de Varen Crain.

Darian asintió.

—Kael puede llevar los mensajes. Nadie notará a un niño trepando muros.

—Exacto. Y quiero que Mira siga revisando los archivos. Cualquier documento sospechoso, cualquier movimiento de dinero extraño, cualquier conexión entre nobles que no debería existir. Todo.

—Así se hará.

Lyra terminó de escribir y enrolló el pergamino, sellándolo con su anillo.

—Esto es para ti. Instrucciones detalladas para cada uno. Y esto —sacó una bolsa de monedas— para gastos. Sobornos, informantes, lo que haga falta.

Darian tomó ambos con respeto.

—Princesa... ¿estás segura de irte? ¿Y si pasa algo mientras no estás?

Lyra lo miró fijamente.

—Por eso los tengo a ustedes. Confío en ti, Darian. En Mira, en Kael, en todos. Son mis ojos y oídos. Nada importante ocurrirá sin que yo lo sepa.

Darian se inclinó profundamente.

—No te defraudaremos, princesa.

—Lo sé. Ahora vete. Y ten cuidado.

El joven desapareció por la ventana tan silenciosamente como había llegado.

Lyra se quedó mirando la luna un largo rato.

"¿Crees que es una buena idea?", preguntó a su loba.

"Ir a Aurelia o dejar la red funcionando sola?"

"Ambas."

La risa suave de su loba resonó en su mente.

"Ir a Aurelia te dará información valiosa. Conocerás a los aliados de Adrián, verás su reino, entenderás mejor cómo piensa el emperador. Y tu red está lista. Los has entrenado bien. Confía en ellos."

"Siempre confío. Pero también me preocupo."

"Eso es lo que te hace una buena líder. Preocuparte. Pero no dejes que el miedo te paralice."

Lyra asintió y se metió en la cama.

Mañana comenzaba una nueva aventura.

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El Viaje

Partieron al alba, cuando el sol apenas comenzaba a teñir de rosa el horizonte. La comitiva imperial era impresionante: cincuenta caballeros con las armaduras negras y doradas de Aurelia, veinte sirvientes, seis carruajes y una docena de caballos de carga con provisiones.

Lyra y Eryndor compartían un carruaje con Adrián, mientras el emperador Valerius cabalgaba al frente con sus capitanes. El interior del vehículo era lujoso: asientos acolchados de terciopelo, mantas de piel, una pequeña estufa de bronce para el frío y ventanas con cortinas que podían abrirse o cerrarse a voluntad.

—¿Cuánto tardaremos en llegar? —preguntó Eryndor, mirando por la ventanilla.

—Tres días —respondió Adrián—. Aurelia está al otro lado de las montañas. El camino es seguro, pero largo.

—¿Y cómo es? —preguntó Lyra—. Aurelia, quiero decir.

Adrián se reclinó en su asiento, pensativo.

—Es diferente de Valdris. Aquí tienen bosques, montañas verdes, ríos. Allí... allí el paisaje es más seco. Colinas doradas, acantilados sobre el mar, ciudades de piedra blanca que brillan bajo el sol. Mi palacio está en la costa. Desde mi ventana se ve el océano.

Lyra intentó imaginarlo, pero nunca había visto el mar.

—¿Y cómo es el mar? —preguntó.

Adrián sonrió, y por primera vez pareció un niño de verdad.

—Grande. Más grande que cualquier cosa que hayas visto. Infinito. El agua cambia de color según el día: azul, verde, gris. Y las olas... las olas rompen contra los acantilados con un sonido que no te puedes imaginar. Como si la tierra y el agua estuvieran siempre peleando.

Eryndor se inclinó hacia adelante, interesado.

—¿Hay barcos?

—Muchos. Aurelia es un reino marinero. Nuestros barcos comercian con media docena de reinos. Si quieren, puedo pedir que los lleven a ver el puerto.

Los dos hermanos asintieron con entusiasmo.

El primer día de viaje transcurrió entre conversaciones, juegos y largas siestas. A media tarde, la comitiva se detuvo en una posada camino de las montañas, y los niños pudieron estirar las piernas mientras los caballos descansaban.

Lyra aprovechó para observar a los caballeros de Aurelia. Eran hombres duros, con cicatrices de batallas pasadas y miradas que no dejaban escapar detalle. Pero también eran educados; cuando ella pasaba, se inclinaban con respeto.

Uno de ellos, un joven capitán de pelo oscuro y ojos risueños, se acercó a los niños mientras merendaban.

—Príncipe Adrián —dijo, inclinándose—. ¿Están cómodos nuestros invitados?

—Sí, capitán Theron —respondió Adrián—. Aunque creo que los príncipes de Valdris están impacientes por llegar.

Theron sonrió y miró a Lyra.

—Princesa, he oído que en su reino tienen lobos enormes. ¿Es cierto?

Lyra sostuvo su mirada.

—Algunos —respondió con cautela—. Pero los nuestros son especiales.

—¿Especiales?

—Sí. No atacan a quien no deben.

Theron rió, una risa franca que no parecía ofensiva.

—Entonces son más inteligentes que muchos humanos. Bien dicho, princesa.

Cuando se alejó, Adrián murmuró:

—Theron es de confianza. Ha servido a mi padre desde antes de que yo naciera. Si alguna vez necesitan algo en Aurelia, pueden acudir a él.

Lyra asintió, guardando el nombre en su memoria.

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El Sueño en el Camino

La segunda noche la pasaron en un castillo fronterizo, propiedad de un noble vasallo de Aurelia. Las habitaciones eran cómodas, aunque frías, y Lyra se durmió arropada hasta la barbilla.

Esa noche soñó con su loba.

Estaban juntas en un prado infinito, bajo una luna gigantesca. La loba blanca de ojos de miel crecía ante sus ojos, dejando de ser cachorra para convertirse en un animal magnífico, del tamaño de un caballo pequeño.

"Pronto", dijo la loba en sueños. "Pronto será así. Pronto podremos correr juntas de verdad."

"Lo sé", respondió Lyra acariciando su pelaje. "Pero a veces desearía que fuera ya."

"La paciencia es parte del don. Aprender a esperar, a confiar en que el momento llegará. Eso también te hará más fuerte."

Lyra apoyó la cabeza en el lomo de su loba, sintiendo su calor.

"¿Cómo te llamarás?", preguntó. "Cuando estés conmigo, necesitaré un nombre para ti."

La loba inclinó la cabeza, sus ojos de miel brillando con inteligencia.

"Eso tendrás que decidirlo tú. Cuando me conozcas de verdad, cuando sientas quién soy, el nombre vendrá solo."

"¿Y si no viene?"

La loba rió, un sonido que era como el viento entre los árboles.

"Vendrá. Confía en mí."

Lyra despertó con el nombre en la punta de la lengua, pero antes de que pudiera atraparlo, se desvaneció como el rocío al sol.

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La Llegada a Aurelia

Al atardecer del tercer día, la comitiva coronó una colina y Lyra contuvo el aliento.

A sus pies se extendía Aurelia.

El paisaje era exactamente como Adrián lo había descrito: colinas doradas que se ondulaban hasta el horizonte, salpicadas de olivos y viñedos. En la lejanía, el mar brillaba como una lámina de plata líquida, y sobre un acantilado que se adentraba en sus aguas, se alzaba la ciudad capital.

Aureopolis, la ciudad de oro.

Sus murallas eran de piedra blanca, tan blanca que parecía brillar con luz propia. Los tejados, de teja anaranjada, creaban un mosaico de colores cálidos. Y en el punto más alto, dominándolo todo, el palacio imperial se alzaba como una fortaleza soñada: torres elegantes, arcos de mármol, banderas negras y doradas ondeando al viento.

—Es hermosa —susurró Eryndor, tan impresionado como Lyra.

—Esperen a verla de cerca —dijo Adrián, con orgullo en la voz—. Es aún más impresionante.

La comitiva descendió hacia la ciudad, y pronto estuvieron rodeados de calles empedradas, mercados bulliciosos y gente que se apartaba respetuosamente al paso del emperador. Los niños miraban por las ventanillas, absorbiendo cada detalle: los vendedores de especias con sus coloridos puestos, los artesanos trabajando el metal, los niños que jugaban en las plazas.

Cuando llegaron al palacio, ya había anochecido. Pero las antorchas y las lámparas de aceite lo iluminaban todo con una calidez que contrastaba con la frialdad de la piedra.

El emperador Valerius bajo del caballo y los recibió en la gran entrada.

—Bienvenidos a su hogar durante estas semanas —dijo, con una sonrisa—. Mis sirvientes los llevarán a sus habitaciones. Descanse esta noche. Mañana comenzaremos a mostrar todo lo que Aurelia tiene para ofrecer.

Las habitaciones asignadas a Lyra eran un sueño. Daba lo mismo que fueran temporales: eran hermosas. Un gran ventanal con vistas al mar, una cama con dosel de seda azul, una chimenea ya encendida y un baño privado con agua caliente.

Lyra se sumergió en él con un suspiro de satisfacción.

"Hemos llegado", pensó.

"Sí", respondió su loba. "Y esto es solo el principio."

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La Primera Noche en Aurelia

Más tarde, cuando todos dormían, Lyra se levantó sigilosamente y se asomó a la ventana.

El mar era inmenso, oscuro, salpicado de reflejos de luna. Las olas rompían contra los acantilados con un rumor constante, como el latido de un corazón gigante.

Nunca había visto nada igual.

—¿No puedes dormir?—Toco la puerta.

La voz la sobresaltó, pero era una voz conocida. Adrián estaba en la puerta de la habitación contigua, la suya, envuelto en una pijama de seda oscura.

—Tampoco tú —respondió Lyra.

Adrián se acercó y se apoyó en el marco de la ventana junto a ella.

—Es la primera vez que veo a alguien mirar el mar como lo miras tú —dijo—. Como si fuera la cosa más maravillosa del mundo.

—Lo es —respondió Lyra—. En Valdris no tenemos mar. Solo bosques y montañas. Esto es... diferente.

—¿Te gusta?

—Me encanta.

Adrián sonrió.

—Entonces te llevaré al puerto mañana. Verás los barcos de cerca. Y si quieres, podemos montar a caballo por los acantilados. Hay un lugar desde donde se ven las ballenas en invierno.

—¿Ballenas?

—Sí. Animales enormes que viven en el mar. Más grandes que este palacio. A veces saltan fuera del agua. Es impresionante.

Lyra lo miró con los ojos muy abiertos.

—¿De verdad existen?

—De verdad.

—Quiero verlas.

Adrián rió suavemente.

—Las verás. Te lo prometo.

Se quedaron un rato en silencio, mirando el mar. Dos niños con almas viejas, compartiendo un momento de paz.

—Gracias —dijo Lyra finalmente.

—¿Por qué?

—Por ser mi amigo. Por confiar en mí. Por... por entenderme.

Adrián la miró largamente.

—Tú también me entiendes a mí. Eso vale más que todo el oro de Aurelia.

Lyra sonrió y apoyó la cabeza en su hombro.

Era extraño. En su vida pasada, no había tenido amigos. Solo Eryndor, y luego la soledad. Pero aquí, en esta nueva vida, estaba construyendo algo diferente.

Una red. Una familia. Un aliado.

"Selene", pensó. "Gracias. Gracias por todo."

Y allá arriba, la luna brillaba sobre el mar, sobre Aurelia, sobre Valdris, sobre todos ellos.

Protegiéndolos.

Observándolos.

Esperando.

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Karen Xochipa León
Es una historia que te atrapa en el momento que quieres leer algo diferente algo nuevo /Smile//Smile//CoolGuy/ algo más, espero con ansias los demás capitulos.
Karen Xochipa León
ahhh ☺️👏🥰🥰 me gustó la ame mucho espero con ansias los demás capitulos es una historia diferente que allá leído te atrapa desde el primer capítulo ☺️👏👏
Mónica Aulet
Muy buen comienzo!!!!
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