Camilo Casadiego es heredero único ,de los CASADIEGO con una gran responsabilidad, Pero sin intenciones de dejar herederos, su padres intervendrán para asegurar su legado.
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preparativos
Faltaban apenas un par de días para la boda.
Soleiny había visto muy poco a Camilo en esos últimos días. El señor Guillermo también entraba y salía constantemente junto a su esposa. Preparar una boda, por sencilla que fuera, resultaba agotador.
El teléfono sonó.
—Aló.
—¿Soleiny? —preguntó una voz femenina al otro lado de la línea.
—Sí… ¿quién habla?
—Mucho gusto, soy Sonia, la prometida de Sergio. La señora Estela me dio tu número. No sé si te comentó algo.
Sol hizo una pequeña pausa, intentando recordar.
—Ah, sí… lo olvidaba. Es para ensayar la entrada y la etiqueta de la boda, ¿verdad?
—Exacto. ¿Puedo pasar por ti en dos horas?
—Claro, pero ¿puedes recogerme en la clínica? Voy a ver a mi madre.
—Está bien, nos vemos allá.
Mientras tanto, en la empresa…
—Camilo… —llamó Sergio, entrando a su oficina—. Estás distraído otra vez. ¿Qué te pasa? La boda te tiene en las nubes. Relájate.
Camilo apenas reaccionó.
—Sonia me llamó —continuó Sergio—. Irá a buscar a tu novia para ensayar la entrada.
—Agradécele de mi parte —respondió Camilo—. Sol no tiene mucha etiqueta… me preocupa que la gente empiece a hablar.
Sergio soltó una leve risa.
—Nadie se atrevería. Sabes que las relaciones de negocio pesan más. ¿Quién criticaría a un Casadiego? Además, seguro aprende rápido. Te preocupas por nada.
Camilo asintió, aunque no parecía convencido.
—Sí… seguro es eso.
Sergio lo observó con atención.
—¿Y la casa?
—Lista. Ya está amoblada. Sol aún no la ha visto. Mandé plantar flores en el patio trasero… —sonrió levemente—. No sabes cómo se emociona con las cosas simples. Parece una niña pequeña cuando le das algo bonito.
Sergio soltó una carcajada.
—No es muy diferente a ti. Recuerdo tu cara cuando tu padre te la presentó como tu futura esposa… parecías un niño con juguete nuevo.
Camilo lo miró con molestia fingida.
—Muy gracioso. Aún no compro los anillos… ¿me acompañas? También tengo que ver mi traje. Dejé todo para última hora. Todavía me parece una broma esto del matrimonio.
—Vamos —respondió Sergio, poniéndose de pie—. El matrimonio te hará ver más joven.
Frente a la clínica, Soleiny acababa de salir.
Había visitado a su madre, hablado con los médicos… pero las noticias eran las mismas. Nada mejoraba. Solo habían aumentado la dosis de analgésicos; el dolor ya no cedía.
Respiró hondo, intentando mantenerse fuerte.
Un auto se detuvo frente a ella.
La ventana trasera bajó.
—¿Soleiny?
—Sí, señorita.
—Soy Sonia. Ven, sube.
Sol entró al vehículo.
—Buenas tardes, señorita —saludó el conductor.
Sol lo miró con atención… y lo reconoció.
—Buenas tardes… joven Javier.
—¿Se conocen? —preguntó Sonia, curiosa—. Sol, él es mi hermano. El chofer estaba ocupado, así que hoy nos llevará.
—De la fiesta de tu compromiso —respondió Javier con naturalidad.
Sonia no le dio mucha importancia. Recordaba vagamente que Camilo había conocido a Sol en ese evento, aunque siempre le pareció extraño lo rápido que todo había avanzado.
Más tarde, llegaron al salón donde sería la boda.
Era inmenso.
Decoradores iban y venían, ajustando cada detalle. Un par de especialistas en etiqueta y protocolo les indicaban cómo caminar, dónde detenerse, cómo saludar.
Soleiny prestaba atención absoluta.
Si algo tenía claro… era que nadie hablaría mal de la familia Casadiego por su culpa.
Cada paso, cada gesto… lo memorizaba.
Sonia la observaba de reojo, sorprendida.
—Aprendes rápido —comentó.
Sol sonrió levemente.
—Tengo que hacerlo bien.
Al terminar, Sonia la invitó a tomar un café.
Ambas comenzaron a conversar con más confianza. Reían, compartían anécdotas… poco a poco, la tensión desaparecía.
—Soleiny… —preguntó Sonia—, ¿ya sabes a dónde irán de luna de miel?
Sol negó con la cabeza.
—La verdad… no. El solo matrimonio ya me tiene bastante nerviosa como para pensar en eso.
Sonia sonrió.
—Te entiendo. Yo estoy igual. Pero seguro estos dos ya tienen algo planeado.
Sol se quedó pensativa unos segundos.
—Sonia… tengo el vestido, la ropa para la fiesta… pero no sé cómo prepararme para la luna de miel. No sé el clima, ni el destino… no he preparado nada.
Sonia la miró con complicidad.
—Ahora que lo dices… yo tampoco. ¿Qué tal si vamos de compras?—¿Traes dinero?
—Sí… tengo la tarjeta que me dio Camilo.
—Perfecto. Entonces vamos.
Las chicas regresaron al auto. Javier las observaba por el espejo, en silencio.
Luego las llevó a un centro comercial.
Entraron a la zona de ropa íntima.
Sonia elegía con seguridad, divertida. Soleiny, en cambio, se sonrojaba con facilidad, intentando esconder las prendas entre risas nerviosas.
—¡Ay, no! Eso no —decía Sol, avergonzada.
Sonia reía.
—Algún día tendrás que usarlo.
Sol no respondió… pero no pudo evitar imaginarlo.
En la caja, Sonia pagó primero.
Luego fue el turno de Soleiny.
—Señorita, ingrese la clave —indicó la cajera.
Sol se quedó en silencio.
Sus dedos temblaron ligeramente.
—¿Qué pasa? —preguntó Sonia.
—No… no recuerdo la clave.
—¿Alguna pista?
Soleiny se inclinó discretamente.
—El cumpleaños de Camilo.
-2308 —susurró Sonia al oído.
Sol digitó los números.
La transacción fue aprobada.
Saliendo, Soleiny le pregunto - debes pensar que soy una despistada no se que día cumple años mi prometido.
- Para nada, te entiendo lo sé porque Sergio celebra con el hasta tarde cada año, él nunca hace fiestas.
- Gracias, por el dato, eso quiere decir que cumplirá años en 4 meses. 23 de agosto, ahora no se me olvidará.
- Las dos rieron con complicidad.
Desde afuera, Javier observaba a través del vidrio.
Una leve sonrisa se formó en su rostro.
Soleiny…
Su forma de ser… su inocencia… su manera de reaccionar ante todo.
Sonia no lo notaba.
Pero él sí.
Y algo dentro de él comenzaba a cambiar.
Algo que…
No debía… Sol parecía muy joven para casarse con Camilo, yo sería una mejor opción pensaba para sí y sonreía con discreción.- ¿A dónde vamos ahora?- les pregunto.
Vamos todos a almorzar, Sergio confirmo que nos esperan con Camilo en este restaurante - le mostró el mensaje de celular a su hermano.
- Bien. - siguió la ruta.
- Amiga - susurro sol- no quiero que Camilo vea las compras.
- Te entiendo, las dejaremos en el auto, si él se regresa contigo yo te las envío mañana a casa cuando él no esté.
Sonrieron como dos cómplices.
Se encontraron todos en el almuerzo, un restaurante de clase, una mesa compartida, para los 5. las chicas contaron los ensayos, rieron y compartieron, Javier de vez en cuando miraba a sol, le atraía su sonrisa.