Doña Matilde, una mujer de setenta años, pasa sus noches viendo novelas y criticando a las protagonistas ingenuas que confían en las personas equivocadas. Mientras mira una historia donde la dulce Sonia será traicionada y asesinada por su propia prima, Matilde no puede evitar enfurecerse por tanta ingenuidad. Pero un repentino paro cardíaco cambia su destino.
Al despertar, descubre algo imposible: ya no es Doña Matilde. Ahora es Sonia, la protagonista de la novela Amor cruel, cruel destino.
Con todos los recuerdos de la historia y sabiendo que su prima Paula planea destruirla, Matilde tiene una ventaj noa que nadie más posee: conoce el final.
Y esta vez no piensa permitir que ocurra. Porque si el destino cree que Sonia debe morir… tendrá que enfrentarse a una mujer que no tiene miedo de cambiar la historia
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La noche comienza
Ya eran las siete de la noche y las chicas estaban listas para salir.
En sala Don Sergio y Doña Margarita se encontraban allí esperando a las muchachas bajaran.
Primero bajó Sonia por las escaleras.
Llevaba un vestido negro que resaltaba su figura, el cabello suelto y unos tacones que hacían ver hermosa.
Detrás de ella bajó Paula, con un vestido rojo llamativo.
Doña Margarita las miró con orgullo.
—¡Pero miren nada más! —exclamó—. Están hermosas.
Don Sergio también sonrió al verlas.
—De verdad que sí —dijo—. Parecen dos estrellas.
Paula se acercó primero a él.
—Gracias, tío —dijo—. Tan lindo como siempre.
Don Sergio le dio una palmada cariñosa en el hombro.
—Diviértanse, pero con cuidado.
Doña Margarita no se quedó atrás y caminó hacia Sonia.
La miró de arriba abajo con ternura.
—Hija… estás espectacular. Hermosa, mi niña.
Sonia sonrió.
—Gracias, mami.
Por dentro pensaba otra cosa.
—Si supieras lo que está planeando la víbora de tu sobrina…
Pero mantuvo la sonrisa.
Cuando las dos chicas se dirigieron hacia la puerta, Don Sergio habló con voz seria.
—Cuídense la una a la otra.
Doña Margarita asintió.
—Y regresen temprano.
—No se expongan a ningún peligro —añadió Don Sergio.
—Sí, papá —respondió Sonia.
—Claro, tío —dijo Paula.
Minutos después las dos estaban en el auto camino al antro.
Sonia conducía mientras Paula miraba su teléfono fingiendo normalidad.
Pero dentro de su mente ambas pensaban cosas muy diferentes.
—Hoy empieza tu caída —pensaba Paula.
—Hoy se cae tu plan —pensaba Sonia.
Cuando llegaron al antro, la música se escuchaba desde la entrada.
El lugar estaba lleno de luces de colores y el sonido de la música electrónica hacía vibrar las paredes.
Aunque no estaba completamente lleno, sí había suficiente gente para que el ambiente fuera animado.
—Vamos —dijo Paula emocionada.
Entraron.
Sonia miró alrededor, en una mesa del fondo estaba Rogelio.
Vestido elegante, con una mirada coqueta.
Paula lo vio inmediatamente y le guiñó el ojo.
Pero Sonia también lo vio.
—Ajá —pensó—. Ahí está el insecto.
Pero no dijo nada.
Caminó hacia la barra y se sentó.
—Buenas noches —dijo al bartender—. Sírveme una margarita porfavor.
El hombre asintió y comenzó a preparar la bebida.
Mientras tanto Paula se fue directo a la pista de baile.
—Ya empezó el teatro —pensó Sonia.
Tomó el vaso cuando el bartender se lo entregó y lo observó unos segundos antes de beber.
En ese momento notó algo.
A su lado estaba sentado un hombre.
Sonia lo miró discretamente.
—A ver…
El hombre parecía tener unos treinta y cinco años aproximadamente.
Alto, bien vestido, rostro atractivo.
—Está guapo el condenado —pensó Sonia.
Lo observó con más atención.
—Muy guapo.
Luego sonrió ligeramente.
—Solo de verlo se me moja el calzón.
Se acomodó en la silla.
—Ay Matilde… ni muerta cambias.
El hombre bebía su trago tranquilo sin notar que ella lo observaba.
Sonia estaba a punto de hablarle cuando alguien apareció frente a ella.
—Hola, hermosa dama —dijo una voz.
Sonia levantó la mirada.
Rogelio.
El famoso galán de la novela.
—¿Cómo te llamas? —preguntó él con una sonrisa seductora.
Sonia lo miró unos segundos.
Luego frunció ligeramente el ceño.
—¿Qué te importa?
Rogelio parpadeó sorprendido.
—Perdón…
Pero Sonia continuó hablando.
—¿Me puedes dejar de hablar?
Rogelio quedó confundido.
—No te conozco —continuó Sonia—. Y no me interesa hablar con muchachitos como tú.
El rostro de Rogelio cambió un poco.
Sonia levantó su vaso y bebió un sorbo antes de añadir:
—A mí me gustan mayores.
Luego lo miró directamente a los ojos.
—¿Entiendes?
Hizo un pequeño gesto con la mano.
—Así que piérdete.
Rogelio se quedó en silencio.
Nadie le había hablado así antes.
Su orgullo de macho alfa quedó herido.
Apretó los dientes tratando de mantener la compostura.
—Bueno… como quieras —dijo con frialdad.
Pero por dentro estaba lleno de rabia.
—Nadie me había despreciado así.
Sin decir más se dio la vuelta y se fue.
Sonia lo vio alejarse.
—Qué fácil fue eso.
Luego dirigió su mirada hacia el hombre guapo que estaba sentado a su lado.
El hombre había escuchado todo.
Tenía una expresión entre divertida y sorprendida.
Sonia giró completamente hacia él.
—Hola, guapo.
El hombre levantó una ceja.
—Hola…
Sonia no perdió tiempo.
—Voy a ser directa.
El hombre la miró curioso.
—¿Eres casado, viudo, divorciado… o soltero?
El hombre la observó tratando de entender lo que acababa de pasar.
—¿Perdón?
Sonia sonrió con picardía.
—Solo pregunto para saber si estoy perdiendo el tiempo o no.
El hombre se quedó unos segundos en silencio.
Su expresión parecía decir claramente:
¿Quién es esta loca?
Pero en lugar de molestarse… comenzó a reír suavemente.