Ella fue condenada a muerte por el príncipe heredero, su propio esposo. Los dioses, apiadados de su destino, le dieron una segunda oportunidad. Ahora ha regresado con un solo propósito: cambiar su historia y lograr que él se enamore de ella.
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Cap9: Ahora te haré mía
La noche llegó lentamente o al menos así lo sentí yo, estaba nerviosa nuevamente ya que esta noche recompensaría a mi marido por no dejarse engañar.
Me encontraba en mi habitación vestida con un camisón ligero caminando en círculos.
—Lore se ha demorado demasiado —pensé.
Mi doncella de compañía me iba a avisar cuando William fuese a su habitación, pero ya eran las 11:00 pm y ni rastro de ella. Ya estaba comenzando a pensar que William no iba a dormir esta noche en su habitación. Seguro tenía mucho trabajo, era entendible se había pasado unos días fuera del palacio quizás mañana será mejor.
—Voy a dejar que descanse esta noche —murmure frustrada y luego me acosté en mi cama.
Mis ojos se cerraron y caí en un lindo sueño, donde mi vida pasada había sido una mentira y William me había amado desde el inicio.
*_*
—Elara —una mano toco mi mejilla con delicadeza —despierta, ya es tarde.
—William —murmuré y abrí mis ojos lentamente —¿qué haces aquí?
—El duque Veyra a venido a verte —se levantó y me tendió la mano.
Yo la cogí nerviosa y me levante con cuidado. —¿Qué hora es?
William soltó una pequeña carcajada.
—Ya son las 12:30 de la mañana, pareces un oso invernando.
—No te burles —le di un pequeño golpe en el pecho y sonreí —en un minuto bajo.
Di media vuelta y me dirigí al baño, Lore lo tenía siempre preparado a esta hora.
Me quité el camisón y entre a la tina la cual se encontraba llena de rosas aromáticas y con el agua muy calentita.
—Esto si es vida —heche mi cabeza hacia atrás y cerré mis ojos para relajarme.
Me sentía ligera, como si todo el peso de los días anteriores se hubiera disuelto en aquella tina.
—Quizás debería quedarme aquí para siempre —susurré dejando que la fantasía me llevara.
Una pequeña sonrisa me nació al sentir la calma, pero fue interrumpida por la risa suave de mi esposo, que me observaba desde la puerta con los brazos cruzados.
—Siempre sabes cómo disfrutar las cosas simples —dijo, acercándose lentamente, con esa mirada que mezclaba ternura y picardía.
Abrí los ojos y lo miré, dejando que el vapor del agua nos envolviera a ambos, como si la habitación se hubiera convertido en nuestro pequeño refugio.
—Pensé que te habías retirado —dije mirándolo a los ojos sin importar mi estado actual, sin importar que me encontraba completamente desnuda ante él.
—No pude resistirme a seguirte —dijo y se arrodillo frente a mí tocando mi mejilla con su enorme mano.
Nuestras miradas se cruzaron intensamente, el ambiente cambió. Lo que antes se sentía como tranquilidad ahora era una mezcla de deseo y complicidad un lazo invisible que nos mantenía unidos en los momentos más simples. Sentí como el calor del agua no se comparaba con el calor que emergía de su presencia.
Se inclinó un poco más, rozando con sus dedos mis labios y en ese gesto se mezclaban dos mundos totalmente distintos: el deseo que nos atraía y la calma que nos sostenía.
Sin decir una palabra o siquiera pensar en las consecuencias abrí ligeramente mi boca y lamí sus dedos dándoles la bienvenida al interior de mi boca. Sus ojos brillaron y relamió sus labios sin disimulo introduciendo su dedo índice poco a poco.
El silencio se volvió más denso, cargado de una energía que no necesitaba palabras. Sentí cómo cada gesto suyo era una declaración, una promesa velada. Mi respiración se aceleró, y en ese instante comprendí que lo que nos unía no era solo más profundo, una conexión que me estremecía y me hacía olvidar el mundo exterior.
—Te ves tan hermosa así —William sacó sus dedos del interior de mi boca y me besó apasionadamente, como si se le fuese la vida en ello.
Mi mano fue subiendo hasta rodear su cuello y entrelazar los dedos en su hermoso cabello, el beso se fue intensificando nuestras lenguas se encontraron y jugaron en el interior de nuestras bocas.
—William... —solté un suspiro
Sus manos fueron bajando y me sacaron de la tina, William me cargo en sus brazos sin dejar de besarme y se dirigió a la cama donde me soltó y me observó por un minuto.
—Tú padre puede esperar —se acercó lentamente como un depredador con su presa —ahora te haré mía.