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Ecos De Un Imperio Invisible

Ecos De Un Imperio Invisible

Status: En proceso
Genre:Romance de oficina / CEO / Romance
Popularitas:645
Nilai: 5
nombre de autor: Elvira Lovegoot Boot

Gael Eryx Valcázar lo tiene todo: poder, dinero y control absoluto sobre su mundo… hasta que ella aparece.
Naelith Corvane, una chica recién graduada con grandes sueños, entra a trabajar en la empresa equivocada… o tal vez en la correcta.
Lo que empieza como una simple oportunidad se convierte en un juego peligroso de secretos, ambición y emociones que ninguno puede controlar.
Porque en un mundo donde todo tiene un precio… enamorarse puede ser el error más caro.

NovelToon tiene autorización de Elvira Lovegoot Boot para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 2: Presencias que no se ignoran

El aire en la sala de entrevistas era distinto.

Pesado.

No por el calor… sino por la ansiedad.

Naelith Corvane mantenía la mirada fija en la carpeta que sostenía entre sus manos, aunque ya había leído su contenido al menos diez veces. No necesitaba volver a hacerlo. Se sabía cada palabra, cada número, cada detalle.

Pero necesitaba algo en qué concentrarse.

Algo que evitara que su mente imaginara todo lo que podía salir mal.

A su alrededor, los otros candidatos susurraban entre ellos. Algunos repasaban respuestas en voz baja, otros revisaban sus teléfonos con nerviosismo. Todos parecían seguros… o al menos intentaban parecerlo.

Naelith no.

Ella no fingía.

Respiró hondo.

Confía en ti murmuró apenas, lo suficientemente bajo como para que nadie más lo escuchara.

La puerta se abrió.

Una mujer de traje impecable apareció con una tablet en la mano.

Siguiente grupo, por favor.

El murmullo se apagó de inmediato.

Naelith se puso de pie junto a otros cinco postulantes. Sintió cómo su corazón comenzaba a latir más rápido con cada paso que daba.

Ese era el momento.

No había vuelta atrás.

En el piso 30, el silencio reinaba.

Gael Eryx Valcázar se encontraba de pie frente al ventanal, con las manos en los bolsillos, observando la ciudad como si buscara algo que no estaba ahí.

Pero su mente no estaba en el paisaje.

Estaba en números.

En decisiones.

En posibles errores.

Señor Valcázar la voz de su asistente rompió el silencio—, el departamento de recursos humanos ha comenzado las entrevistas para el nuevo grupo administrativo.

Gael no se movió.

Bien.

¿Desea revisar a los candidatos finales más tarde?

Hubo una pausa.

Breve.

Casi imperceptible.

Envíame los perfiles más destacados.

Sí, señor.

El sonido de la puerta al cerrarse devolvió el silencio.

Pero no la calma.

La sala de entrevistas era amplia, iluminada y demasiado ordenada.

Todo parecía diseñado para intimidar.

Naelith lo notó en cuanto entró.

Las paredes claras, la mesa larga, las miradas evaluadoras del panel frente a ellos.

Tres personas.

Tres pares de ojos analizando cada movimiento.

Tomen asiento indicó uno de ellos.

Naelith se sentó con cuidado, manteniendo la espalda recta.

No quería parecer débil.

Pero tampoco arrogante.

Solo… suficiente.

Las preguntas comenzaron.

Simples al inicio.

—¿Por qué eligió esta carrera?

—¿Dónde se ve en cinco años?

—¿Cuál considera su mayor fortaleza?

Naelith respondió con honestidad. Sin adornos innecesarios. Sin intentar impresionar con palabras vacías.

Era ella.

Nada más.

Pero mientras hablaba, no pudo evitar notar algo.

Una sensación extraña.

Como si…

Alguien más estuviera observando.

En el piso 30, Gael finalmente se sentó.

Frente a él, la tablet mostraba una lista de nombres.

Perfiles.

Historias resumidas en líneas breves.

Nada fuera de lo común.

Nada que llamara realmente su atención.

Hasta que sus ojos se detuvieron.

Naelith Corvane.

El nombre no tenía nada especial.

Pero algo en la descripción sí.

“Sin experiencia previa en corporaciones. Alto rendimiento académico. Recomendaciones destacadas.”

Gael entrecerró ligeramente los ojos.

Sin experiencia… murmuró.

No era lo que solían buscar.

Y sin embargo…

No cerró el archivo.

¿Cómo maneja la presión? preguntó una de las entrevistadoras.

Naelith sostuvo su mirada.

La presión no desaparece respondió con calma. Solo decides si dejas que te detenga… o si aprendes a avanzar con ella.

Hubo un leve silencio.

Uno de los evaluadores anotó algo.

Otro levantó la vista con un poco más de interés.

Naelith lo notó.

Pero no sonrió.

No celebró.

Aún no.

Gael deslizó el dedo por la pantalla.

Leyó más.

Más de lo necesario.

Algo en ese perfil lo hacía quedarse.

Sin razón clara.

Sin lógica.

Y eso no le gustaba.

Nada que no pudiera explicar le gustaba.

Pero tampoco lo ignoraba.

La entrevista continuó.

Casos prácticos. Situaciones hipotéticas. Decisiones rápidas.

Naelith respondió con seguridad creciente.

No perfecta.

Pero firme.

Real.

Y eso… se sentía diferente.

En el último piso, Gael dejó la tablet sobre el escritorio.

Pero no apartó la mirada de ella.

Como si el nombre siguiera ahí.

Presente.

Incomodándolo de una forma que no entendía.

Interesante… dijo en voz baja.

Y esa sola palabra, en alguien como él, significaba más de lo que parecía.

Gracias. Pueden retirarse indicó finalmente el panel.

Naelith se puso de pie.

Su cuerpo estaba tenso, pero su mente… extrañamente clara.

Había dado todo.

Ahora no dependía de ella.

Salió de la sala sin mirar atrás.

Pero esa sensación…

Esa extraña sensación de ser observada…

No desapareció.

Horas después, la lista final llegó al escritorio de Gael.

Más corta.

Más filtrada.

Más importante.

Sus ojos recorrieron los nombres sin prisa.

Hasta detenerse nuevamente.

Naelith Corvane.

Otra vez.

Esta vez no dudó.

Tomó una decisión en silencio.

Sin consultarlo.

Sin explicarlo.

Como siempre.

En el piso 14, Naelith esperaba el ascensor.

Cansada.

Nerviosa.

Pero con una chispa de esperanza que no lograba apagar.

Las puertas se abrieron.

Entró.

Y justo antes de que se cerraran…

Algo cambió.

No supo qué.

No vio a nadie diferente.

No escuchó nada extraño.

Pero lo sintió.

Como si su vida… acabara de moverse en una dirección que ya no podía controlar.

En el piso 30, Gael miraba la ciudad una vez más.

Pero esta vez…

No parecía tan interesado en ella.

El ascensor descendía lentamente.

Cada número que cambiaba en la pantalla parecía marcar un latido más en el pecho de Naelith.

14… 13… 12…

El silencio dentro era incómodo. Nadie hablaba. Nadie se miraba. Solo el leve sonido mecánico y la respiración contenida de los presentes.

Naelith apretó su carpeta con más fuerza.

No sabía por qué.

La entrevista ya había terminado.

Ya no había nada que pudiera hacer.

Y aun así…

No podía relajarse.

Cuando el ascensor se detuvo en el piso 12, las puertas se abrieron suavemente.

Dos personas salieron.

Otra entró.

Y entonces

Por un segundo.

Solo un segundo.

Naelith levantó la mirada.

Y lo vio.

No completamente.

No con claridad.

Solo una silueta al fondo del pasillo, a través del reflejo metálico del ascensor antes de que las puertas volvieran a cerrarse.

Un hombre.

Alto. Inmóvil.

Observando.

O al menos… eso sintió.

Su respiración se detuvo apenas un instante.

Fue algo tan breve que podría haber sido su imaginación.

Pero no lo sintió así.

El ascensor continuó descendiendo.

11… 10… 09…

Naelith frunció ligeramente el ceño.

¿Lo imaginé…? pensó.

No tenía sentido.

Ese piso no era el de entrevistas.

No había razón para que alguien estuviera ahí… quieto… mirando.

Y sin embargo…

La sensación no desapareció.

En el piso 12, Gael Eryx Valcázar permanecía de pie, exactamente en el mismo lugar.

Las puertas del ascensor ya se habían cerrado.

Pero su mirada seguía fija en el punto donde ella había estado.

Reflejada.

Distorsionada.

Pero suficiente.

No había bajado por casualidad.

No lo hacía nunca.

Cada movimiento suyo tenía un propósito.

Incluso este.

Naelith Corvane… repitió en voz baja.

Como si probar el nombre le ayudara a entender por qué no lo había ignorado.

No era la mejor candidata.

No era la más preparada.

No era la opción lógica.

Y aun así…

Había algo.

Algo que no encajaba.

Y eso, en su mundo, era exactamente lo que no se podía dejar pasar.

El ascensor llegó al primer piso.

Naelith salió junto con los demás, pero su mente seguía atrapada en ese instante.

En esa sensación.

En esa mirada que no estaba segura de haber visto.

Afuera, el ruido de la ciudad la golpeó de inmediato.

Autos. Voces. Movimiento.

Vida.

Pero dentro de ella…

Algo se había quedado en silencio.

En el piso 12, Gael finalmente se movió.

Giró levemente, ajustó su reloj y caminó de regreso hacia el ascensor privado.

Su expresión era la misma de siempre.

Impenetrable.

Pero sus pensamientos no.

Porque, por primera vez en mucho tiempo…

Algo había interrumpido su rutina perfecta.

Y no pensaba ignorarlo.

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Luisa Fernanda Leon Barahona
por que demoran tanto en subir los capitulos 😂
Lala Lovegoot Boot: disculpaaaaa
total 1 replies
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