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MI EX ES MI SOBRINO

MI EX ES MI SOBRINO

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Romance / Venganza / Completas
Popularitas:18.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

Liam la cambió por dinero; ahora tendrá que inclinar la cabeza ante ella si quiere conservarlo. La venganza perfecta ha comenzado.

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capitulo 4

La luz de la mañana en la mansión Blackwood no era cálida; era una luz clínica que resaltaba cada partícula de polvo inexistente y cada imperfección que yo intentaba ocultar tras mi nueva máscara de seda. Me desperté antes de que Sarah tocara a mi puerta, con el cuerpo tenso, como un soldado esperando la señal de asalto. Hoy era la primera reunión del consejo familiar, el momento en que dejaría de ser un "anuncio" para convertirme en una realidad administrativa y legal.

—Buenos días, señora Blackwood —dijo Sarah, entrando con un conjunto de dos piezas en color crema que gritaba autoridad—. El señor Alexander la espera en el comedor. El café está listo.

Me vestí con una calma fingida. El collar de diamantes de anoche había sido reemplazado por una gargantilla de perlas negras, más discreta pero mucho más pesada en simbolismo. Cuando bajé, Alexander estaba sentado a la cabecera de la mesa de roble, leyendo informes en una tableta. Se veía impecable, con una camisa blanca de puños franceses y la corbata ligeramente aflojada, un detalle que le daba un aire de peligro relajado.

—Comamos rápido —dijo sin levantar la vista—. Los tiburones ya están en la sala de juntas. Elena y su padre, el señor Miller, han llegado temprano. Quieren sangre.

Me senté a su derecha. El lugar que, por jerarquía, le correspondía a la mujer de la casa.

—Que traigan servilletas —respondí, sirviéndome café—. No planeo dejar que manchen la alfombra.

Alexander finalmente dejó la tableta y me miró. Sus ojos recorrieron mi rostro con una intensidad que me hizo removerme en la silla. No era la mirada de un socio, era la de un hombre que empieza a notar que el arma que compró tiene voluntad propia.

—Liam está afuera, en el jardín. No ha dormido —comentó Alexander—. Parece que tu "regalo" de anoche lo dejó pensando. Ten cuidado, Luna. Un hombre acorralado es capaz de cualquier bajeza, especialmente alguien tan inmaduro como mi sobrino.

Terminamos el desayuno en un silencio cargado de electricidad. Al levantarnos, Alexander se acercó a mí para ajustarme el cuello de la chaqueta. Sus dedos rozaron la piel de mi nuca y sentí una descarga que me recorrió la columna. Fue un contacto breve, cargado de una sensualidad implícita y madura que Liam nunca pudo igualar. Alexander no necesitaba juegos; su sola presencia reclamaba espacio.

—Recuerda —susurró cerca de mi oído, su aliento cálido rozando mi piel—, tú eres la autoridad. Si ellos ladran, tú sonríes. Si ellos muerden, yo los destruyo.

La sala de juntas estaba en el ala este. Al entrar, el aire se sentía espeso. El señor Miller, un hombre de rostro rojizo y ojos gélidos, estaba sentado frente a Elena, quien me fulminó con la mirada. Liam estaba al fondo, en un rincón, luciendo como un niño castigado que intenta aparentar que todavía tiene el control.

—Alexander, esto es un insulto —comenzó Miller, golpeando la mesa—. Teníamos acuerdos. El compromiso de Liam con mi hija era la base de nuestra fusión portuaria. ¿Y ahora traes a... esto?

Me senté al lado de Alexander, cruzando las piernas con una elegancia que Madame Vora habría aplaudido.

—"Esto" tiene nombre, señor Miller —dije, mi voz saliendo firme y clara—. Soy Luna Blackwood. Y si vamos a hablar de negocios, le sugiero que cuide sus adjetivos. Su inversión está en riesgo no por mi presencia, sino por la incompetencia de su futuro yerno.

Liam saltó de su silla.

—¡No hables así de mí! Tú no sabes nada de los puertos.

—Sé leer balances, Liam —saqué una carpeta que Sarah me había preparado—. Sé que has desviado fondos para "gastos de representación" que incluyen un yate que aún no has pagado y joyas para Elena que la empresa no debería cubrir. Como tu tía, he decidido congelar tu acceso a las cuentas secundarias hasta que presentes una auditoría interna.

El silencio fue absoluto. Elena se puso de pie, temblando de rabia.

—¡Tú no eres nadie! —gritó—. Eres una muerta de hambre que Alexander recogió de la calle por lástima. ¡Liam, dile algo!

Liam me miró, y por un segundo vi un destello de la vieja conexión. Pero se desvaneció cuando vio la frialdad en mis ojos. Estaba atrapado entre su ambición y el miedo que le profesaba a su tío.

—Ella... ella tiene razón en algunos puntos, Elena —balbuceó Liam, cobarde hasta el final—. Alexander tiene la última palabra.

Alexander se reclinó en su silla, observando la escena con una diversión sombría.

—La señora Blackwood tiene mi total respaldo —sentenció Alexander—. De hecho, a partir de hoy, cualquier gasto de Liam superior a los cincuenta mil dólares debe llevar la firma de Luna. Si los Miller tienen un problema con eso, pueden retirar su capital. Eso sí, perderán la cláusula de rescisión y se quedarán sin la infraestructura de los Blackwood.

El señor Miller palideció. Sabía que Alexander no estaba fanfarroneando. Se levantó bruscamente, haciendo una seña a su hija.

—Esto no se ha acabado —gruñó Miller—. Liam, espero que arregles este desastre familiar.

Salieron de la sala como una tormenta. Liam intentó seguirlos, pero me puse en su camino cerca de la puerta. El perfume que yo usaba, una mezcla de sándalo y jazmín que Alexander mismo había elegido, pareció marearlo. Liam siempre fue débil ante los olores intensos.

—¿Te gusta mi nueva fragancia, sobrino? —susurré, lo suficientemente cerca para que sintiera el calor de mi cuerpo, pero con una distancia que marcaba un muro insalvable—. Se llama "Consecuencias". Deberías acostumbrarte a ella.

Liam tragó saliva, sus ojos bajando por un segundo hacia mis labios antes de recordar dónde estaba y quién era yo ahora.

—Me las vas a pagar, Luna —masulló antes de salir casi huyendo.

Me quedé sola en la sala con Alexander. El subidón de adrenalina empezó a bajar, dejándome un rastro de agotamiento y un hambre extraña. Él se levantó y caminó hacia mí, deteniéndose justo en mi espacio personal. La sala de juntas, con sus maderas oscuras y su luz tenue, se sentía ahora como una alcoba privada.

—Has estado excelente —dijo Alexander. Su voz había bajado una octava, volviéndose más ronca—. Tienes un instinto asesino que no esperaba.

—Aprendí del mejor —respondí, sintiendo cómo mi corazón aceleraba su ritmo.

Él extendió la mano y me tomó del mentón, obligándome a mirarlo. No era Liam; no había duda ni debilidad en su toque. Alexander era un hombre que sabía exactamente lo que quería y cómo tomarlo. Su pulgar rozó mi labio inferior, un gesto cargado de una promesa sensual que me hizo flaquear las piernas.

—Nuestra alianza es estratégica, Luna... —susurró, acercando su rostro al mío hasta que nuestras respiraciones se mezclaron—. Pero sería un error negar que hay una química peligrosa entre nosotros. Una que Liam nunca entendería.

Estuve a punto de cerrar la distancia, de perderme en la seguridad que ese hombre emanaba, pero recordé mi objetivo. No podía permitir que el deseo nublara mi juicio. No todavía.

—La química es solo una reacción, Alexander —dije, apartándome con suavidad pero dejando que mis ojos dijeran lo que mi boca no se atrevía—. Y yo estoy aquí para una explosión controlada.

Él sonrió, una sonrisa genuina que rara vez mostraba.

—Mañana iremos a la ópera —dijo, recuperando su tono profesional—. Liam y Elena estarán en el palco de enfrente. Quiero que vean cómo brillas. Quiero que Liam sepa que lo que perdió no es solo una mujer, sino el alma de esta familia.

Subí a mi habitación con el pulso todavía agitado. Me quité la chaqueta y me deshice de las perlas. Me miré al espejo y vi a una mujer que estaba jugando con fuego en dos frentes: la ruina de su ex y el deseo por un hombre que podía ser su salvación o su destrucción final.

Me metí bajo las sábanas de seda, sintiendo el frío del lado vacío de la cama. Pensé en Liam, en su cobardía, y luego en Alexander, en su fuerza oscura. La venganza era dulce, sí, pero el poder... el poder era un afrodisíaco que estaba empezando a saborear por primera vez.

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Stella Maris Cutuli
Me resulta demasiada venganza y crueldad 😱
Gloria
Tampoco lo encuentro muy necesario, lo que pasa es que ella está dolida por que cuando el no era nadie, ella estuvo hay pasando las verdes y las maduras con el y ahora que el tiene dinero simplemente la desecha como trapo viejo, jajaja 🤣 nosotros no podemos obligar a una persona a quedarse a nuestro lado independientemente si hizo una promesa o no , hoy en día esas promesas son las que más fácil se rompen
🇲🇽Háyme Castelo🇲🇽🇲🇽🇲🇽
EXCELENTE.
Stella Maris Cutuli
Cada capítulo más interesante y cuánto tardarán Luna y Alexander en prenderse fuego ❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥
Stella Maris Cutuli
muy buen comienzo👍👍
Mirla Loyo
me parece ésta venganza bastante absurda 🤷
Mirla Loyo
qué tíos tan fogosos ❤️‍🔥❤️‍🔥 🥵🫠🤣🤣🤣
Mirla Loyo
me parece absurdo ésta venganza...y como está éso de porqué yo?🤷...si ella fué quién lo buscó y le hizo la propuesta?🤦‍♀️
Crismely Vasquez
se enamoró del tío 🤣🤣🤣🤣🤣
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