Zoe Aldana despierta en el cuerpo de la chica más odiada de una novela: una joven de familia adinerada a la que todos desprecian. Según la historia original, su destino es servir de villana y terminar destruida. Pero Zoe no piensa seguir el guion.
Armada con una lengua afilada, una puntería letal y cero tolerancia hacia la hipocresía, Zoe empieza a desmontar las mentiras que la rodean. Lo que nadie esperaba es que detrás de la "princesa falsa" se escondiera una mujer capaz de poner de rodillas a las familias más poderosas de la ciudad.
Y luego está Iker Navarro: su prometido por arreglo, frío como el hielo, temido por todos… y peligrosamente empeñado en protegerla. Lo que empieza como un matrimonio forzado se convierte en algo que ninguno de los dos puede controlar.
Pero cuanto más secretos desentierra Zoe, más enemigos se gana. Traiciones familiares, conspiraciones mafiosas y un pasado oscuro que conecta a las dos familias más poderosas amenazan con destruir todo lo que ha construido.
En este mundo, la sangre no garantiza lealtad, el amor es el arma más peligrosa, y la única regla es sobrevivir.
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Zoe Aldenia
Un silbato largo resonó en el interior del imponente Coliseo Nacional de Deportes. Las tribunas estaban abarrotadas de seguidores de distintos colegios, todos a la espera de una sola competencia: el Campeonato Nacional Interescolar de Tiro.
Uno a uno, los participantes dispararon con máxima concentración, apuntando a las dianas que se erguían firmes al fondo de la arena. El ambiente era tenso, cargado de esperanza y gritos de aliento.
En medio de aquel bullicio, una joven permanecía inmóvil en la línea de tiro. Llevaba uniforme escolar blanco con gris, el cabello negro y largo recogido con esmero, el rostro hermoso pero frío. Sus ojos afilados miraban al frente, como si la diana no fuera más que un mero trámite.
Era Zoe Aldana, representante del Colegio San Martín, una institución de élite reconocida no solo por su excelencia académica, sino también por Zoe, su estrella.
—Última participante: Zoe Aldana, del Colegio San Martín. Prepárese, por favor —anunció el moderador por los altavoces.
Zoe avanzó con pasos casi inaudibles. Levantó el rifle de aire comprimido, ajustado especialmente para ella, y tomó posición. Silencio.
Los corazones del público parecieron detenerse cuando Zoe apuntó a la diana.
¡Clic!
Primer disparo. Justo en el centro.
La ovación estalló de inmediato en las tribunas.
—¿En serio? ¡Fue al centro! —gritó un espectador.
—¡Zoe es una locura de precisa! —añadió otro.
Zoe no se inmutó. Su rostro siguió impasible.
¡Clic!
Segundo disparo. De nuevo en el centro. Casi encima del primero.
—¿Es humana?
—Dios… dos al centro seguidos.
Hasta los jueces miraron incrédulos el marcador.
Zoe respiró lentamente. Tercer disparo.
¡Clic!
El último tiro aterrizó perfecto en el corazón de la diana. Exacto. Sin falla.
—¡Puntaje de cien! ¡Puntaje perfecto! —exclamó el juez.
El público se puso de pie. Los aplausos retumbaron. Los colegios rivales no podían ocultar su admiración.
Zoe simplemente bajó el rifle con calma, se lo entregó al organizador sin decir una palabra, dio media vuelta y se alejó entre la multitud que la vitoreaba, como si nada de aquello le importara.
En el pasillo detrás del escenario, un profesor se le acercó radiante.
—Zoe, increíble. ¡Puntaje perfecto! ¡Salvaste el honor del colegio!
Zoe apenas lo miró de reojo.
—Son solo números.
—Zoe, ¿no puedes agradecer un poquito? —le reclamó su amiga Vale, que venía trotando detrás, sin aliento—. ¡Ganaste! ¿Sabes? Todo el mundo enloqueció con tu puntaje.
Zoe se ajustó la manga del uniforme, sacudiéndose algo de polvo.
—Ganar no es novedad, Vale.
—¿Entonces para qué te inscribes si no te importa? —Vale seguía intentando igualarle el paso.
Zoe le lanzó una mirada fugaz.
—Para que se callen. Para seguir siendo "útil".
Vale se quedó callada, pero continuó siguiéndola adonde fuera, parloteando cosas sin mucho sentido. Zoe tomó su toalla y su botella de agua del casillero y volvió a las tribunas para la siguiente competencia.
—¡Zoe! Oye, ¿me estás escuchando o no? —se quejó Vale, que la seguía como pollito.
Zoe se sentó en la tribuna VIP junto a los demás participantes, a la espera de la prueba de tiro con arco. La botella empañada descansaba en su mano; sus ojos miraban fijos hacia la arena, sin expresión. El aire acondicionado mecía suavemente los mechones sueltos de su cabello.
A su lado, Vale hablaba sin parar, como una radio descompuesta que nadie puede apagar.
—¡Zoe, tienes que leer esta novela! —dijo Vale, entusiasmada, sacando un libro de su mochila. La portada brillaba con la silueta de dos mujeres dándose la espalda.
Zoe no volteó. Solo bebió de su botella.
Vale no se rindió.
—Te juro, es el libro más vendido del mes. Todo el colegio ya lo leyó. Se llama La verdadera heredera. Trata de dos chicas: una princesa real y una princesa falsa. ¡Está buenísimo!
Zoe siguió en silencio. Su mirada vacía apuntaba a las dianas de arquería que serían su próximo desafío.
Vale puso los ojos en blanco y le dio un codazo suave.
—Oye, ¿sabes cómo se llama la antagonista?
Zoe la miró de reojo.
—Ni sé ni me interesa.
—¡Zoe Aldana! —exclamó Vale, dramática, señalando el nombre en la primera página del libro.
Zoe arqueó una ceja.
—Ah.
—¿"Ah"? ¿Eso es todo? —chilló Vale—. O sea, ¿no te da curiosidad? En la novela, Zoe Aldana es la villana que se cree heredera de una familia rica, pero resulta que es solo una princesa falsa. Es odiosa. Caprichosa, tonta, torpe. Insoportable, pues. Y adivina qué le pasa al final.
Zoe giró la tapa de la botella despacio.
—¿Se muere?
—¡Ay, Dios… sí, exacto! Muere de forma trágica a manos de un psicópata que está obsesionado con la princesa verdadera. A Zoe Aldana, la falsa, la ven como un estorbo. Cruel, ¿no? Pero en serio, la novela tiene un giro increíble al final.
Zoe bebió otro trago, sin inmutarse.
—Ficción.
Vale fulminó a su amiga con la mirada.
—Obvio que es ficción, pero igual está genial. Tú vives como si fueras personaje de película, Zoe. Deberías identificarte con estos personajes. ¿Cómo puedes ser tan fría siendo adolescente? Sonríe de vez en cuando, a ver si te ves más bonita.
Zoe aspiró brevemente.
—Estoy aquí para competir, no para escucharte analizando a un personaje que de casualidad se llama como yo.
Vale hizo un puchero.
—Ni siquiera es casualidad. El personaje se llama Zoe Aldana. Es el destino llamándote.
Zoe se levantó y ajustó el guante de arquería en su muñeca derecha.
—Me voy a la arena. El tiro con arco empieza en diez minutos.
—¡Oye! ¡No terminé de hablar! —gritó Vale, alzando la vista.
Zoe ya se alejaba, con paso firme y tranquilo.
Vale la observó de espaldas, refunfuñando.
—Amiga ingrata… ni siquiera es capaz de escuchar. Zoe, ¡te maldigo a que entres en esa novela! ¡A que seas la Zoe Aldana tonta que todo el mundo odia!
Zoe solo agitó la mano sin voltear.
—Eres un drama.
—¡El drama es mi estilo de vida! —replicó Vale, cerrando el libro de un golpe.
El interior del imponente coliseo estalló en aplausos y vítores ensordecedores. Sobre el podio, tres personas se erguían orgullosas. En el centro, una joven de rostro gélido que no esbozaba siquiera una sonrisa, a pesar de los reflectores y las cámaras apuntándole.
Zoe Aldana.
Subió al podio con paso sereno. Número uno, otra vez.
Un organizador se acercó, le colgó la medalla de oro al cuello y le entregó un trofeo de cristal que reflejaba la luz con destellos.
—Felicidades, Zoe Aldana. Eres la campeona general de este año —dijo el presentador con admiración.
—Gracias —respondió Zoe, escueta, con voz plana pero firme.
A lo lejos, un grito familiar cortó el aire.
—¡¡Zoooe!! ¡Dios mío! ¡Estás loca! ¡Loca y genial! —Vale agitaba los brazos desde la tribuna, el rostro rojo de emoción—. ¡El tiro fue perfecto! ¡Y la arquería también! ¿Eres un robot o qué?
Zoe asintió apenas, un gesto casi invisible desde lejos.
Los organizadores invitaron a los ganadores a bajar del podio. Pero antes de que Zoe pudiera dar un paso, algo se sintió raro.
De pronto, un crujido metálico resonó desde lo alto del escenario. Como hierros chocando entre sí. El sonido hizo que buena parte del público levantara la vista. Los gritos histéricos no tardaron.
—¡Cuidado!
—¡Zoe!
—¡Algo se cae de arriba!
Zoe frunció el ceño y giró hacia la multitud que la miraba con ojos desorbitados. Algunos corrían en pánico, señalando al techo.
Zoe alzó la vista. Al instante, sus pupilas se contrajeron.
Una barra de acero larga —soporte de la parrilla de iluminación— se había desprendido de su anclaje y caía en picada directo hacia ella.
El tiempo pareció ralentizarse.
Zoe se quedó paralizada. Sus piernas no reaccionaron. Su mente se vació. El mundo enmudeció de golpe.
¿En serio? ¿Así es como me muero?, pensó, extrañamente calmada ante su propia incredulidad.
Cerró los ojos.
¡¡CRAAASH!!
El estruendo del metal pesado contra el piso duro retumbó por todo el coliseo.
Un alarido rasgó el aire. Vale, que lo vio todo, fue quien gritó más fuerte.
—¡¡ZOOOOEE!!
El polvo se levantó. La gente se abalanzó hacia el escenario. Varios organizadores pedían a gritos una ambulancia. Todo era caos.
Zoe yacía bajo los escombros metálicos, el cuerpo aplastado en parte por la estructura de acero. Su medalla de oro se había soltado y rodó por el suelo.
Su trofeo de cristal se hizo añicos.
El rostro de Zoe lucía sereno, como si en el fondo estuviera lista para ese final.
Pero lo que nadie vio fue el tenue resplandor que lentamente envolvió su cuerpo. Como si alguien la estuviera arrancando de este mundo.
Entre la multitud que lloraba y entraba en pánico, una frase que antes había sonado a broma ahora resultaba escalofriante.
"Te maldigo a que entres en esa novela." La voz de Vale resonó como un eco en los oídos de la hermosa joven.