En la prestigiosa Academia de Artes Arcanas, el poder es la única moneda de cambio y el linaje lo es todo. Selene, una joven con un pasado fragmentado y un poder latente que no logra comprender, intenta pasar desapercibida entre lobos sedientos de sangre y vampiros de hielo. Sin embargo, su destino cambia para siempre cuando el Vínculo de Plata, una marca ancestral y prohibida, comienza a arder en su piel.
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El Calor de la Luna
El olor a lavanda y antiséptico fue lo primero que registró el cerebro de Selene. Era un aroma frío, que contrastaba con el calor sofocante que sentía recorriendo sus venas. Abrió los ojos lentamente, encontrándose con el techo de piedra blanca de la enfermería de la Academia. Las vidrieras laterales dejaban pasar una luz mortecina; el sol ya comenzaba a ocultarse.
Sintió una presión cálida en su mano derecha y un hormigueo constante en su antebrazo, justo donde el mapa de plata había intentado consumirla.
-No te muevas- susurró una voz profunda, cargada de agotamiento -Todavía no estás lo suficiente estable-
Selene giró la cabeza con esfuerzo. A su lado, sentado en un taburete de madera, estaba Yakito, un chico con habilidades de curación. Su mirada era dulce y sus ojos eran tristes, ella había escuchado de él, pero nunca lo había visto en persona. Sus manos rodeaban las de Selene, y de ellas emanaba un vapor dorado, una energía vital pura que fluía directamente hacia el sistema circulatorio de la chica.
-¿Eres..Yakito?...- la voz de Selene salió como un hilo quebrado -¿Qué estás haciendo? Estás pálido-
-Estoy devolviéndote lo que el mapa te robó- respondió él, mientras que una nueva oleada de energía pasaba de su cuerpo al de ella -El profesor Ledian dio tiempo, pero el Consejo ya está haciendo preguntas sobre el "incendio plateado" en el campus. Eitan tuvo que sacarte de allí antes de que los inquisidores te pusieran un dedo encima-
Selene sintió cómo la fuerza regresaba a sus extremidades. La energía de Yakito, imbuida de la esencia de gato montañés, era salvaje pero reparadora. Cada pulsación de su magia calmaba el fuego de la plata que aún latía en la piel de Selene.
-¿Dónde está Leo?- preguntó ella, recordando la barrera de hielo negro.
-Vigilando la puerta- Dijo Eitan acercándose a ella con una mueca de disgusto, aunque más por debilidad que por celos -Él borró tus huellas del césped usando su frío para congelar la energía antes de que se dispersara. Pero Selene... todos vieron el rayo de luz. Saben que algo importante ha despertado y que vino de tí-
Selene lo miró rápidamente -Eitan, gracias por traerme a la enfermería- Yakito, por otro lado, se puso de pie -Buscaré unos medicamentos, vuelvo ahora. Eitan, tú mientras dale algo de tu energía para que pueda moverse mejor-
Eitan asiente y coge las manos de Selene en silencio.
Yakito sale de la enfermería y deja la enfermería en un silencio incómodo.
El flujo de energía que Eitan le daba a Selene seguía vital -Eitan, ¿qué sucederá ahora?- preguntó Selene rompiendo el silencio entre ambos.
-No sé a que refieres con eso, Selene- respondió Eitan, con una mirada cansada y voz suave. En ese momento, el flujo de energía se detuvo. Eitan se tambaleó en el taburete, con su respiración agitada. Había compartido tanta de su fuerza vital que sus propios rasgos de lobo empezaban a retroceder, dejándolo vulnerable.
Selene se incorporó con cuidado, sintiéndose extrañamente poderosa, como si la sangre de Eitan ahora corriera junto a la suya. Notó que las heridas de sus pies, quemados por la carrera en el campus, habían cerrado por completo, dejando solo una piel rosada y nueva.
-Gracias- susurró ella, tocando la mejilla del chico. Él cerró los ojos ante el contacto, buscando consuelo en su tacto.
-No me agradezcas- respondió él, abriendo los ojos con una intensidad renovada -Ahora que el mapa ha señalado el norte, ya no hay vuelta atrás. Sunny y más estudiantes empoderados vendrán por ti en cualquier momento bajo la excusa de "protección"-
Un golpe seco en la puerta de madera de la enfermería los puso en alerta. La sombra de Leo se proyectó bajo la rendija.
-Se acabó el tiempo- dijo la voz gélida del vampiro desde el pasillo -Los centinelas de la Torre Blanca acaban de cruzar el patio. Si vamos a huir, tiene que ser ahora-