Gabriel es el ceo multimillonario de una empresa a la que le va demasiado bien y Levi está obligado a casarse con él para salvar la empresa de su padre.
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Capítulo 10.
Me desperté a media noche algo confundido al sentir un brazo en mi cintura. Sin duda estoy seguro de que no es uno de los míos. No dije nada sintiendo como mi cuerpo lo pegan al de la otra persona.
Me encuentro muy adormilado como para moverme.
No fue hasta que un beso fue dejado en mi espalda que pude ubicar que se trataba de mi esposo. Pensé en si debía de decirle algo, pero recordé que se la pasó casi todo el día en su oficina por lo que debe de estar cansado.
Ya habrá tiempo para hablar después.
Con una sonrisa y sintiéndome tranquilo fue que me volví a dormir, pero al volver a abrir mis ojos a la mañana siguiente él ya no se encontraba en mi habitación.
Salí de la habitación colocándome una bata de seda y bajando las escaleras yendo al comedor en busca de Gabriel. Suponiendo que como es muy temprano se encuentra desayunando.
—Señor Beaufort, ¿le gustaría que ya le sirvamos el desayuno?
Me detuve por un instante antes de regresar por donde vine.
—¿Sabe si mi esposo se encuentra en su oficina?— Pregunte al no verlo por ninguna parte.
Es curioso, ya que desde que nos casamos sin importar qué, siempre desayunábamos juntos.
—El señor Beaufort salió a primera hora hacia la empresa. Ordenó que no lo despertaremos y lo dejáramos dormir el tiempo que le fuera necesario.
Asentí dejando que prosiguiera con sus quehaceres. Volví a mi habitación dándome una rápida ducha para después cambiarme y salir de casa dirigiéndome a la de mis padres con la idea de conversar con mi madre por lo que ha sucedido estos días.
Me sentía algo molesto porque Gabriel priorizara el trabajo antes que a mi, pero supongo que es algo de lo que debo de acostumbrarme, aunque no me guste.
—Corazón que bueno que viniste.— Mamá me recibió con un gran abrazo.— Tu padre sigue molesto por lo de ayer, pero no le des importancia sabes que pronto se le pasara.
—Vine porque tengo dudas sobre mi matrimonio y necesito uno de tus consejos.— Camine detrás de ella hasta la sala sentándonos en un sofá para dos personas.
—Sabía que tarde o temprano pasaría.— Coloco su mano sobre la mía.
—A pesar de que Gabriel y yo ya estamos en la segunda semana de casados, todavía no logramos congeniar. Él continuamente se encierra en su oficina y su prioridad siempre son los asuntos de su empresa.— Suspire triste.
—¿Haz llegado a hablar sobre esto con él?
Negué mirando a mi madre.
—¿Margaret por qué no me avisaste que teníamos visitas?— Papá entró de golpe a la sala.— ¿El irrespetuoso de tu esposo vino a pedirme perdón?— Se dejo caer en el sofá individual que se encuentra frente a nosotros.
—No, solo vine yo.
—¿Y a qué has venido?
Rodé los ojos sabiendo que ese tipo de actitudes en papá solo se hacen presentes cuando sigue molesto. Debí de pensarlo dos veces antes de venir hasta aquí y tener que aguantar du actitud un poco infantil.
—Solo vine a conversar con mamá.
—¿Y que tanto te puede decir ella? Para lo único que es buena es para todo eso del matrimonio.— Hizo un gesto desinteresado con la mano.— No me digas que vienes por consejos para tu matrimonio.— Se burló.
—No es de tu interés.— Respondí fastidiado.
—Sorprendente como no llevas ni dos semanas casado y ya tienes problemas con tu esposo.
—¿Viniste en cuanto supiste que tenias visitas solo para burlarte?
—No. Vine porque ayer que fui a tu casa un pajarito me dijo que estas pensando en divorciarte. Estas últimas horas lo he estado pensando y te apoyaré. Ese chico Beaufort ni siquiera era un buen partido para ti en primer lugar, así que en cuanto te divorcies te presentaré a un amigo.— Me miro con una sonrisa maliciosa.
Mire sorprendido a mi padre y después a mi madre. Sin duda Papá esta demasiado molesto con Gabriel ya que no creí que fuera a poner en riesgo su empresa, más de lo que ya esta.
—No creo poder divorciarme.— Susurre.
Recuerdos de lo que sucedió hace dos noches vinieron a mi mente haciéndome aferrarme en que todos mis asuntos con mi esposo se podían solucionar. Solo debemos de conocernos más él uno al otro y estoy seguro de que el matrimonio irá de maravilla.
—Por supuesto que si.— Aseguró.— Solo tienes que cumplir un año casado y después estarás disponible para alguien más.— Su sonrisa se ensancho.— Aparte esté amigo con el que te pienso casar me va a dejar su empresa una vez que terminen la luna de miel.— Dijo como si nada.
—No pienso volver a casarme.— Me puse de pie mirándolo molesto por las estupideces que dice.
Salí de casa de mis padres ignorando los llamados de mamá mientras me subía al auto. Le di la indicación al chófer de volver a la mansión.
Era una completa estupidez las ideas de mi padre. Limpie una lagrima de mi mejilla sintiéndome demasiado molesto porque a él se le haga fácil querer ofrecerme a sus colegas a cambio de asuntos de la empresa sin ni siquiera preguntarme que es lo que yo quiero o si estoy de acuerdo con sus ideas.
Sin duda no creo abandonar a Gabriel. Prefiero a alguien que me ignore que a algun viejo con pensamientos de la prehistoria y que dudo mucho que vayamos a congeniar.
Escuche mi teléfono sonar avisando que tenia una llamada de mi esposo. Me limpie rápidamente las lagrimas antes de responderle. Dejando en segundo plano mis sentimientos.
—Cariño, ¿puedes venir a la empresa?— El tono cariñoso en que me hablo me sorprendió por un instante.
—Por supuesto, ya estoy en camino.
Me despedí de él y le indique al chófer que cambiará de ruta.
No supe en que pensar después de la llamada imprevista de mi esposo. Quiero suponer que ya se desocupó y hablaremos de todo lo que ha sucedido en estas últimas horas.