En medio de una batalla constante entre los cazadores Butterfly y los licántropos...
Scott Brown, un joven butterfly que busca acabar con ambos bandos... y Julieta Hoffnung, la princesa de uno de los Clanes de los Licántropos, que busca salvar a su pueblo de los cazadores y de otros Clanes... terminan por sellar sus destinos al cruzar sus historias en una fiesta.
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Capitulo #11: ¿mi príncipe Azul?
Querido Diario…
Hoy me siento muy confundida…
Después de tanto tiempo, al fin me encontré con Romeo, solo que él parecía distinto.
Su hermoso cabello blanco tenía las puntas pintadas de distintos colores, sus rasgos finos se habían vuelto más afilados como su mirada, la cual le daba un aura intimidante, similar a Monarca, en su mejilla tenía una cicatriz de trébol que aún tenía restos de sangre y de su cabello sobresalía una trenza rosada mal hecha.
—Ro-Romeo… —susurré al reconocerlo desde lo alto del tejado—.
Con un simple disparo, Romeo terminó con la vida de ese cazador y antes de que estuviera por bajar escuché su voz detrás de mí.
—¿A quién estamos viendo? —se burló Romeo detrás de mí—.
Al escucharlo solté un grito para después caerme del tejado por la sorpresa que me había dado lo rápido que se había vuelto Romeo. Él bajó del tejado de un salto riendo, cayendo a mi lado sin ningún rasguño.
—Para ser una licántropa Alfa, eres muy lenta
—¡N-no soy lenta!
—Bueno, qué más da —me apunto con su pistola—. ¡¿Últimas palabras?! Alfa del Clan de la nieve
—¡Ro-Romeo! —dije poniéndome de pie y quitándome la capucha— ¡So-Soy Julieta! ¿Me recuerdas? ¡D-De la fiesta en la ma-mansión!
—¿Julieta? —me preguntó inclinando la cabeza—. No recuer… ¡Sí! Ya lo recordé
—¡¿En serio?! —le pregunté con ambas palmas juntas y emocionada—.
—No —dijo para después proceder a dispararme con su pistola—.
Pude esquivar sus balas con ayuda de mi olfato, sus balas curiosamente olían a chocolate, un olor que era mortal al menos para mí. Intenté de todas maneras razonar con él pero me siguió disparando, por lo que solo me quedó la opción de usar mi espada para defenderme.
—¡Bien! ¡Tú lo pediste! —desenfunde mi espada de madera—. Pero… —con una de sus balas corto parte de mi oreja y unos cuantos mechones de mi cabello—. ¡¡Ahora sí!! ¡¡Te voy a patear el culo!! —añadí enfurecida mostrando mis colmillos—.
Con mi espada de madera alcancé a hacerle algunos cortes de la misma manera que él logró cortarme con sus balas.
—Hmph, que bonito peinado tendrás el día de tu muerte, Julieta —se burló mientras me disparaba al mismo tiempo que esquivaba el filo de mi espada—.
—¡¡Tú no tienes derecho a hablar de mi cabello!! —me quejé atacandolo con mi espada de madera—.
—¡No seas rencorosa! ¡Caperucita roja!
—¡Cállate!
Seguimos atacandonos por más de horas hasta que ambos quedamos jadeando frente al otro, mi espada quedó destrozada y él se quedó sin balas.
—Romeo… ¿Qué mierda te pasa? ¡¿Por qué intentas matarme?! —le cuestione de rodillas y llena de cortes en mi cuerpo—.
—¿Por qué? —jadeó cansado y herido, estando de rodillas—. Porque tú eres una de las responsables de lo que pasó esa noche, lo sé, porque eres una de ellos y tú también debes pagar
—¡Sí, soy una de ellos! También… —agache la cabeza al recordar esa noche—. Es mi culpa que eso pasara, y lo siento
—¡¡Un maldito lo siento!! No va a traer a mi hermana de vuelta… ¡¡Ni borrará la impotencia y el dolor que he sentido desde esa noche!!
—Lo sé…
—No… ¡¡No lo sabes!! Y no finjas que lo sabes, porque no sabes lo que siento, no lo entiendes ni tu ni nadie… ustedes deben pagar… Cazadores… Hombres lobo ¡Da igual! Son la misma mierda y voy a dedicar cada gramo de mi existencia en matarlos uno por uno
—Romeo…
—No… —con las piernas temblorosas y tambaleando se puso de pie—. Yo no soy Romeo ¡Soy Ashy Butterfly! —guardó su pistola en su funda—. Y felicidades, tienes suerte de que ya no tengo balas
Él iba a irse otra vez, iba a desaparecer de mi vida, a pesar de las heridas y el cansancio mi cuerpo no fue capaz de soportar dejarlo irse de mi vida; con toda la fuerza que me quedaba lo detuve abrazándolo por la espalda.
—Romeo… no me dejes sola… —le imploré abrazándolo—.
En nuestro abrazo pude sentir como su cuerpo se relajaba y con un último suspiro, él tan solo agacho la cabeza…
—¿Por qué yo? —susurró—.
—Porque eres el único que puede ayudarme a salvar a mi padre
—¿T-Tu padre? —me pregunto levantando la cabeza sorprendido—. ¿Qué pasó con tu padre?
—Monarca lo secuestró junto a más personas… —lo abracé con más fuerza mientras pegaba más mi rostro en su espalda—. ¡Y quiero que me ayudes a salvarlos! —añadí con voz llorosa—.
—Lo haré… pero solo con una condición, y es que no mueras ¿Okey?
—Sí, mi Romeo jeje —susurré hundiendo más mi cabeza en su espalda—.
A pesar de que minutos antes habíamos intentado matar al otro, Romeo me llevó me llevó con él a su casa para poder tratar nuestras heridas. Su casa estaba tan lejos que incluso una hermosa mujer nos recogió en su motocicleta para llevarnos de regreso.
—¿Huh? ¿Quién es ella? —le preguntó quitándose el casco, revelando su cabello rubio—. Hijo —añadí haciendo un puchero por verme junto a su hijo—.
—M-Mamá, ella es…
—¡S-Soy Julieta! —lo interrumpí extendiendo mi mano hacia mí suegra—. Mucho gusto, suegrita
—¡¿Ah?! ¿Suegrita? —molesta se acercó a Romeo—. ¡¡¿Tienes novia?!! ¡Scott Brown Butterfly!
—¡¿Qué?! —dijo poniéndose tan rojo como un tomate—. ¡N-no! Ni siquiera la conozco tanto
—Ay suegrita, es que es mi novio pero aún no lo sabía jeje —dije riendo mientras fantaseaba una vida con mi amado Romeo—
—Aysh ¡Qué chica tan mañosa es esta! La juventud de verdad va cada vez a peor
—Eh, mamá pero tú eras igual con…
—¡Lo mío con mi ratoncita era distinto! Y además —mi suegrita nos volteo a ver de pies a cabeza—. Ugh, si mi ratoncita se entera de esto ¡Nos matará a los dos! Pero conozco un lugar al cual pueden ir para descansar
—¡M-Muchas gracias! ¡Suegrita!
—Ay, sin duda heredaste los mismos gustos de tu abuelo y los de Syd —se quejó dándole el casco a Romeo—.
—¿Qué? Oye… ¡Ella no es mi novia!
—Ajam, y yo no soy tu mamá —le respondió mi suegra de forma sarcástica—
—Aún… —le respondí a Romeo—
—Ahora, Romeo y Julieta, suban a la moto ¡Y es mejor que mantengan sus manos lejos de sus cuerpos! —volteó a ver a Romeo de forma juguetona—. O me veré en la obligación de castrarte