Matrimonio por conveniencia
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CAPÍTULO 19: ¿50 sombras de Valeriano? O.o
Dante maldecía en todos los idiomas que conocía mientras el ascensor descendía hacia las entrañas de _Valeriano Prime_. La bufanda de Alexander McQueen era, irónicamente, de una calidad indestructible.
—Esa mujer... —gruñó Dante, forcejeando—, me las va a pagar. ¡Nadie me encierra en un sótano y vive para contarlo!
*¡DING!*
Las puertas se abrieron en el *Subsuelo 4*, un lugar oscuro, lleno de tuberías que siseaban y cajas de suministros médicos.
En lugar de un pasillo vacío, Dante se encontró con un comité de bienvenida que no esperaba: Rodrigo, el perito forense y dos abogados, que habían bajado al depósito creyendo que Alessandra escondía allí las "pruebas químicas" de su falso romance.
—¡Ajá! ¡Lo sabía! —gritó Rodrigo, señalando al ascensor—. ¡Aquí es donde esconden la...!
Rodrigo se quedó mudo.
Los abogados bajaron sus carpetas y el perito se ajustó las gafas, limpiándolas dos veces para creer lo que veía.
Dante Larconne estaba allí, atrapado en el ascensor, con el torso desnudo, el cabello revuelto y las manos atadas a la espalda con una bufanda de seda de mujer.
No sabía en qué momento se la hizo Alessandra, pero tenía una marca roja en su cuello todavía visible, y su expresión no era de miedo, sino de una furia electrizante.
—Vaya, Ignacio —dijo Dante, recuperando su compostura de depredador a pesar de estar atado—. No sabía que la auditoría incluía irrumpir en mis momentos de "juego pesado" con mi esposa. ¿Vienes a desatarme o solo vienes a confirmar que Alessandra es mucho más creativa de lo que jamás fue contigo?
—¡Esto es... esto es un escándalo! —chilló Rodrigo, rojo como un tomate—. ¡Mírelo, señor Perito! ¡Está atado! ¡Ella lo tiene secuestrado! ¡Es una relación de abuso y coacción!
En ese momento, un empleado de mantenimiento apodado _Tito_ —enviado por César— fue en busca de Dante, fingiendo que pasaba por ahí con una llave inglesa.
Ante la escena Tito armó una cara de sorpresa ensayada.
—¡Eh, dejen al jefe! —gritó Tito, acercándose—. La Dra. Valeriano me envió porque el ascensor se trabó con su "paquete" dentro, y necesitaba una mano.
Tito, sin más, aflojó con la llave la manilla del ascensor. Pero la seda quedó arruinada con grasa de la misma herramienta —destruyendo los miles de dólares de Alexander McQueen en un segundo—. Dante se frotó las muñecas, liberado, y caminó hacia Rodrigo con pasos lentos y pesados.
—Escúchame bien, hijo de la Marrana —siseó Dante, acorralando a Rodrigo contra una pila de cajas de guantes de látex—. Lo que acabas de ver es lo que pasa cuando una mujer como Alessandra Valeriano se divierte. Se llama _pasión_, algo que tú claramente no puedes deletrear. Ahora, si el perito quiere su "muestra de ADN" de mí, que la tome ahora mismo mientras todavía tengo el sabor de su lápiz labial en la boca y el cuello.
El perito, visiblemente incómodo, anotó en su libreta: _"Sujeto encontrado en estado de post-coito agresivo. Evidencia de dominación consensual por parte de la Dra. Valeriano. La teoría de la 'reacción alérgica' pierde fuerza ante la evidencia de... entusiasmo mutuo"_.
*«Señor salvamos del cornudo. De la tentación. De Megan Fox donde actúa de demonio que se come a los hombres y de Poncio Pilatos resucitado en el cuerpo de mi jefa. Amén», pensó César desde el cobertizo. «Bitácora de quilombos, quilombo 16: Tito Libertador. Lápiz y papel: "post-coito agresivo" agregado al diccionario como sinónimo de "informe pericial favorable". P/D: si sobrevivo, le compro flores a Tito.»*
MINUTOS DESPUÉS...
En su despacho, Alessandra estaba disfrutando de un espresso doble cuando la puerta se abrió de golpe.
Dante entró, todavía sin camisa, con lo que parecía ser la bufanda colgando de una mano como un trofeo de guerra. Era eso... o un pañuelo de mecánico para limpiarse la grasa.
Detrás de él, Rodrigo venía escoltado por seguridad, gritando que iba a impugnar la auditoría.
—¡Me debes una bufanda de tres mil dólares, jefa! —exclamó Dante, tirando la tela mugrienta de seda sobre su escritorio—. Y una explicación al perito, porque ahora cree que somos los protagonistas de una película prohibida en tres continentes.
Alessandra dejó la taza con una calma glacial, mirando a un Rodrigo que parecía a punto de sufrir un derrame cerebral.
—Rodrigo —dijo ella—, espero que el informe del perito sea lo suficientemente... "detallado". Como verás, mi marido y yo no tenemos secretos, solo un poco de falta de paciencia para llegar a la habitación.
Rodrigo, derrotado por la imagen de un Dante victorioso y desatado, dio media vuelta y salió del edificio jurando venganza eterna.
Cuando se quedaron solos, Alessandra miró a Dante.
—Te dejé en el subsuelo. ¿Cómo saliste tan rápido?
—Tengo amigos en mantenimiento, jefa —Dante se inclinó sobre el escritorio, invadiendo su espacio—. Y ahora que el perito ha certificado que nuestro "juego" es real, creo que el marcador acaba de dar un giro. _Dante 8 - Alessandra 6_. Y te lo repito, me debes una bufanda... y quizás, una disculpa por dejarme cerca de las calderas.
Alessandra sonrió levemente, una expresión que Dante no supo descifrar.
—No te debo nada, Larconne. Esa bufanda era mía. Por cierto, considera que la bufanda fue el pago por no dejarte allí hasta que llegaran los de limpieza nocturna. Y de un punto a tu favor... Ni muerta. La intromisión de terceros no cuenta en nuestro marcador.
—*Dante 7 - Alessandra 6*...
—¡Auch! Pero qué mala perdedora eres Valeriano.