El desierto no guarda secretos… los entierra vivos.
Bajo la arena de Namhara duermen traiciones, guerras, juramentos rotos… y amores que jamás debieron existir. Aquí, el sol quema la piel, pero es el pasado el que destruye el alma.
Ninoska, princesa del desierto, lo aprendió demasiado tarde.
Descubrió que el peor enemigo no siempre sostiene una espada. A veces… te toma de la mano, te sonríe y te promete amor eterno.
Su compromiso con Dissano no fue una unión real. Fue una prisión. Una jaula construida con control, amenazas silenciosas y sombras que nadie veía… excepto ella. Pero incluso del dolor nació algo imposible de odiar: Coraline.
Una niña de ojos vivos y sonrisa brillante… la única luz capaz de mantener a Ninoska de pie. Y también su mayor condena. Porque en los palacios los niños no son inocentes. Son armas, son llaves, son rehenes disfrazados de ternura.
Y Coraline no es una niña cualquiera.
Coraline es la hija de dos coronas. Su sangre une dos mundos: Namhara y Holaguare.
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Capitulo #12 – Decisiones Difíciles
La mañana avanzaba lenta, todavía impregnada del olor a humo que llegaba desde los establos calcinados.
Arthur permanecía solo en su habitación. Mapas y pergaminos cubrían el escritorio, iluminados por la luz temblorosa de unas velas casi consumidas. No había dormido. Sus ojos enrojecidos lo delataban, pero su mente seguía trabajando con una claridad inquietante.
Con trazos rápidos marcaba puntos en el mapa del palacio: flechas, símbolos, breves anotaciones en tinta negra.
— Primero el desayuno… — murmuró — Luego Hamid… a plena luz del día, a metros del palacio. Después Pamela. Y finalmente los establos.
Se levantó y empezó a caminar en círculos.
— Cada golpe más atrevido… más cerca del corazón de Said. Dissano no huye. Se exhibe. Se burla.
Apreto las manos sobre la mesa.
— Y siempre deja el símbolo… como si quisiera obligarnos a mirarlo.
Pasó una mano por su cabello, respirando hondo. Había algo más. Un patrón. Una lógica oculta que aún no lograba descifrar.
Se inclina de nuevo sobre el mapa.
— No es solo terror… quiere dirigirnos hacia…
La puerta se abrió de golpe.
Arthur alzó la cabeza sobresaltada.
Ninoska entró sin anunciarse. El rostro encendido por la urgencia, la respiración agitada, el polvo de los pasillos aún prendido a su vestido.
— Necesito hablar contigo.
No fue una petición.
Arthur frunció el ceño, irritado por la interrupción justo cuando rozaba una conclusión… pero la molestia se disipó al verla de pie frente a él. Había algo distinto en su mirada. Algo quebrado.
Ninoska cerró la puerta tras de sí.
— Y no intentos sacarme… — añadió mientras apartaba uno de los pergaminos del escritorio — Esto no puede esperar.
El silencio se tensó entre ambos.
Arthur la observará con atención. Ninoska mantenía la mirada baja, pero en sus ojos brillaba un dolor que no lograba ocultar.
— Trajiste magia a mi vida con mi hija… — murmuró finalmente.
Su voz estaba quebrada.
Arthur permaneció inmóvil, escuchando.
— Alguien me dijo una vez que cuando no supiera qué hacer… cuando una decisión pudiera cambiarlo todo… debía escuchar a la razón.
Respiró hondo.
— Mi corazón dice que debo luchar por mi hija… por mi familia. Pero la razón...
Las palabras se quedaron suspendidas.
—Espera. — Interrumpió Arthur — ¿Qué estás tratando de decirme?
Entonces lo vio. Las lágrimas que ella se negaba a soltar. Sin pensarlo, se acercó y la rodeó por la cintura, atrayéndola contra su pecho. Su gesto fue instintivo, protector. Sus dedos se deslizaron por el cabello de Ninoska, donde el suave aroma a jazmín todavía vivía.
Ella no se resistió. Sus piernas temblaban. Durante años había sostenido el peso del mundo sobre los hombros: proteger a Coraline, sobrevivir, resistir. Pero en ese momento, por primera vez en mucho tiempo… se permitió apoyarse en alguien.
Levantó el rostro lentamente. Y, como si desafiara todo lo que había jurado olvidar, acercó sus labios a los de Arthur.
Él no se apartó. Al contrario. La estrechó más contra su cuerpo y profundizó el beso.
Lo que comenzó como una roca temblorosa se transformó en algo más urgente. Sus manos recorrieron la espalda de Ninoska, torpes, desesperadas, como si buscaran recuperar los años perdidos, desnudando su alma con cada toque. Ella respondió con la misma intensidad.
Por un instante, el mundo dejó de existir.
Solo estaban ellos.
El deseo.
La memoria de algo que nunca había muerto del todo. Pero la razón volvió primero a Arthur. Se separó bruscamente. Ninoska permaneció inmóvil, los ojos cerrados, como si aún esperara que el momento continuara.
— Perdóname… — dijo él con voz tensa — No debería…
Apretó los puños.
— Será mejor que me marche.
El frío volvió de golpe. Ninoska sintió cómo la soledad volvía a envolverla. Escuchó sus pasos alejarse.
— No te vayas… — susurró sin abrir los ojos — No de nuevo…
Arthur se detuvo. La miro. Ella seguía de pie frente a él, la cabeza inclinada, los puños cerrados a los lados del cuerpo.
Entonces, en silencio, giró y aseguró la puerta. Si su razón quería gritarle, tendría que esperar. Porque esta vez no pensaba escucharla. Ninoska levantó la mirada cuando él volvió hacia ella.
Durante un segundo ninguno habló. Después, fue ella quien dio el primer paso. Arthur no la detuvo.
El silencio llenó la habitación mientras sus manos se buscaban otra vez, como si intentaran recuperar algo que los años no habían logrado destruir. Solo se escuchaba la respiración de ambos, todavía agitada. Arthur apoyó la frente contra la de Ninoska, como si aquel pequeño contacto fuera lo único que lo mantenía anclado a la realidad. Durante un segundo pareció debatirse consigo mismo.
Luego inclinó la cabeza… murmuró, con la voz baja, hacia su oído con una mezcla de resignación y deseo:
— He pasado años intentando olvidarte… y todo lo que hiciste fue enseñarme que era imposible.
Ninoska no respondió.
No hacía falta.
Afuera, el viento agitó las ventanas del palacio. Y dentro de la habitación, lo que habían intentado enterrar durante tanto tiempo acababa de despertar.
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Cuando el último temblor de la tormenta se disipó, el desierto reveló a su hijo más oscuro. La arena aún flotaba en el aire sobre las ruinas olvidadas en el borde del desierto. Bajo muros derruidos, donde la piedra parecía devorada por el tiempo, una antorcha solitaria rompía la penumbra.
Entonces Dissano apareció.
Su silueta emergió de la oscuridad como si el propio desierto lo hubiera escondido de regreso al mundo. El rostro curtido por el sol y marcado por cicatrices hablaba de guerras, de derrotas y de una resistencia casi inhumana. Pero lo más inquietante eran sus ojos: duros, ardientes, los de un hombre que había sobrevivido gracias al odio.
La sala estaba iluminada apenas por antorchas que chisporroteaban contra la piedra. El aire olía a incienso rancio ya polvo antiguo, como si aquel lugar hubiera permanecido sellado durante años. Dissano avanzó con paso firme. El eco de sus botas golpeando el suelo con un ritmo seco, recordando a todos los presentes que seguía vivo… pese a todo lo que muchos habían deseado.
Su sombra se alargó hasta tocar la mesa donde lo guardaban sus hombres. Ante él, un pequeño grupo de seguidores esperaba en silencio. Hombres y mujeres que lo habían creído muerto, que durante años solo se habían atrevido a pronunciar su nombre en susurros.
Dissano los observar uno por uno.
—Cinco años. — Dijo al fin, con una voz grave, raspada por el tiempo — Cinco años ocultos en las entrañas de este maldito desierto… mientras ellos brindaban en sus salones creyendo que yo era un fantasma.
Avanzó hasta la mesa de piedra donde reposaba un mapa desgastado del reino y apoyó ambas manos sobre él.
— Cinco años pensando que podía borrarme… como si el viento pudiera tragarse mi nombre.
Sus ojos brillaron como brasas.
— Cinco años desde que me arrebataron lo que era mío: el trono, el poder… ya ella.
Sus labios se torcieron en una sonrisa amarga.
— Mi Flor del Desierto.
Apretó los dientes.
— Me condenaron al exilio… como a un perro al que se le corta la lengua para que no ladre.
Golpeó el mapa con el puño. Las llamas de las antorchas temblaron.
—Pero el desierto me guardó. Y cada noche de soledad, bajo este sol asesino, grabé un solo juramento en mi piel: regresar.
Uno de sus hombres intentó hablar, pero Dissano lo silenció alzando la mano. Una sonrisa torcida cruzó su rostro.
— El rey creyó que negarme esa unión sería suficiente para quebrarme. Que podía borrarme de la historia como si fuera polvo en el viento. Creyeron que se burlarían de mi…
Negó lentamente.
—Pero el desierto no borra.
Sus dedos se deslizaron sobre el mapa como si acariciaran un recuerdo lleno de veneno.
— He guardado cada herida… cada afrenta… cada secreto.
Levantó la mirada hacia sus seguidores.
— He vuelto no solo por el poder. — Dijo con calma — He vuelto por lo que me pertenece.
Una pausa.
— Esa mujer que me negaron.
Sus ojos se resistieron.
— Esa corona que me arrebataron.
Su voz descendió a un susurro frío.
— Y ahora… me llevare lo que más les duele.
Se inclina sobre el mapa.
— Su descendencia.
Una sombra de desprecio cruzó su rostro.
— Creí haberme deshecho de esa cosa que llevaba en el vientre… pero los bastardos tienen una desagradable costumbre de sobrevivir.
El silencio se volvió denso. Algunos de sus seguidores intercambiaron miradas incómodas. Dissano, en cambio, alzó el mentón con la paciencia de un cazador que ya conoce el final de la cacería.
— Que el desierto lo escuche bien… — declaró — No habrá piedra ni sangre que pueda detenerme.
Su voz se volvió más dura.
— Lamentarán el día en que me desterraron y mancharon mi nombre.
Se enderezó.
— No, él volvió para negociar.
Otra pausa.
— No he vuelto para pedir lo que me corresponde.
Sus ojos brillaron con una determinación brutal.
— He vuelto para arrancarlo de sus manos… piedra por piedra. Sangre por sangre.
La antorcha chisporroteó. Dissano cerró los ojos por un instante, como si saboreara de antemano el dolor que estaba por sembrar. Cuando volvió a abrirlos, sonreía.
— Y empezaré por lo que más valoran.
El silencio se volvió insoportable.
— Su herencia.
Una pausa.
— Su sangre.
Finalmente, susurró:
— Su hija.
Esta incluso mejor que la anterior!!!
Me tienes atrapada y con ganas de leer más y saber lo que va a pasar ahora 🤩 con mi tocaya Ninoska 🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩
Ya quiero leer más capitulos
Cuando subes más capitulos?
Espero mucho!