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JUEGOS DE PODER Y PASIÓN

JUEGOS DE PODER Y PASIÓN

Status: Terminada
Genre:CEO / Comedia / Romance / Completas
Popularitas:3.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Jessics8 Rodriguez

Valentina Cruz es una abogada brillante, sarcástica y que no se deja intimidar por nadie. Cuando entra a trabajar para Alejandro Montero, el CEO más poderoso y arrogante del país, chocan de inmediato. Acostumbrado a mandar y a que todos obedezcan, Alejandro encuentra en ella a la única persona que se atreve a desafiarlo, corregirlo y... ponerlo en su lugar.

Entre órdenes que no se cumplen, miradas cargadas de tensión y situaciones cómicas, nace una guerra de poder donde nadie quiere ceder. Pero lo que empieza como una batalla de voluntades se convierte en una atracción irresistible.

¿Podrá el hombre que siempre controló todo aprender a dejar que ella lleve las riendas?

Una historia de amor, humor y pasión donde la verdadera dominación es amar sin miedo.

NovelToon tiene autorización de Jessics8 Rodriguez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6: Viaje de Negocios

El ambicioso proyecto de expansión internacional del Grupo Montero requería una presencia personal en Buenos Aires. Alejandro, por supuesto, debía ir. Y como parte de la "farsa" y la creciente necesidad real de su expertise legal, Valentina también iría con él. El viaje se perfilaba como una prueba de fuego para su ya intrincada relación.

El avión privado de Alejandro era la ostentación convertida en transporte. Asientos de cuero reclinables, servicio de chef a bordo, internet de alta velocidad y una suite privada con cama. Valentina se sentía extrañamente cómoda en ese lujo, a pesar de que siempre había preferido la discreción. Miró a Alejandro, que estaba absorto en su portátil, revisando documentos con la concentración habitual.

— ¿Demasiado lujo para la abogada laboralista? — preguntó él, sin levantar la vista, como si le hubiera leído la mente.

— Lujo justo para la prometida del CEO — respondió ella, con una sonrisa pícara. — Aunque, debo admitir, el servicio de masajes incorporado en los asientos es una grata sorpresa.

Él sonrió, una de esas sonrisas genuinas que ya no le eran tan raras.

— Puedes usar la suite para descansar durante el vuelo si quieres. Son muchas horas.

Valentina asintió, agradecida. Pasó gran parte del vuelo trabajando en su portátil, preparando estrategias para las negociaciones con los socios argentinos. La vista de las nubes a través de la ventanilla le recordaba la distancia que los separaba de su vida normal, y al mismo tiempo, la cercanía forzada con Alejandro.

Al llegar a Buenos Aires, el cansancio del viaje era notorio, a pesar del lujo. Pero la sorpresa vino en el hotel. La secretaria de Alejandro, con una cara de pánico apenas disimulada, los recibió en la suite presidencial.

— Señor Montero, señorita Cruz... ha habido un... un pequeño problema con las reservas — balbuceó la secretaria, visiblemente nerviosa. — El hotel está completamente lleno debido a una convención de medicina. Y por alguna razón... solo se pudo reservar una suite.

Alejandro frunció el ceño.

— ¿Una suite? ¿Y qué se supone que hagamos?

— Intentamos de todo, señor. Otros hoteles, hoteles de la competencia... no hay ni una habitación disponible en toda la ciudad. La suite presidencial es la única opción. Tiene dos habitaciones, pero...

Valentina y Alejandro se miraron. La "farsa" de su compromiso iba a ser puesta a prueba de una manera mucho más íntima de lo que habían anticipado. Dos habitaciones, sí, pero seguían siendo una única suite. Y la tensión sexual entre ellos ya era un volcán a punto de erupcionar.

— Está bien — dijo Alejandro, para sorpresa de Valentina, que ya se estaba preparando para una discusión monumental. — Aceptamos la suite. Asegúrate de que nadie nos moleste.

La secretaria suspiró, aliviada, y se marchó.

El silencio en la suite era espeso. El lugar era opulento, con vistas espectaculares de la ciudad. Pero la atmósfera estaba cargada.

— Es una pena que no hayan reservado el hotel entero — bromeó Valentina, intentando aligerar el ambiente.

— Al parecer, mi poder no llega tan lejos — replicó él, con una media sonrisa. — Bueno, elige habitación. Yo me adapto.

Valentina eligió la habitación más pequeña, la que estaba más alejada de la sala de estar principal. Deshizo su maleta en silencio, consciente de la presencia de Alejandro al otro lado de la puerta. Se duchó, se puso un pijama de seda discreto y se tumbó en la cama, pero no podía dormir. La cercanía de él, la situación, era demasiado.

De repente, escuchó unos golpes suaves en su puerta.

— ¿Valentina? ¿Estás despierta? — la voz de Alejandro sonó baja, casi un susurro.

— Sí — respondió ella, sintiendo cómo el corazón se le aceleraba.

Él entró, vestido con unos pantalones de chándal y una camiseta de algodón oscura. Su cabello estaba revuelto, y se veía... extrañamente vulnerable.

— No puedo dormir — dijo, rascándose la nuca. — Demasiadas cosas en la cabeza.

— Ya somos dos — replicó ella, sentándose en la cama.

Se quedaron en silencio unos minutos, la tensión entre ellos casi palpable. Los ojos de Alejandro la recorrían, deteniéndose en el cuello descubierto, en los brazos que asomaban de la seda, en la forma en que el pijama se ajustaba a su figura.

— Sé que es una locura, esto de la suite — dijo él finalmente, sentándose en el borde de un sillón cercano. — Pero, ¿sabes? Por primera vez en mucho tiempo, no me importa que el plan se haya torcido.

Valentina no respondió, solo lo miró, intentando descifrar el significado de sus palabras.

— Eres... diferente — continuó él. — No eres como las demás. Me desafías, me irritas, me haces reír... y no te callas.

Ella sonrió.

— Y usted es un tirano, un déspota y un arrogante. Pero también tiene sus momentos.

Él rió, una risa suave que llenó la habitación.

— Siempre tan... directa.

— Siempre.

Se produjo otro silencio, más cómodo esta vez. La vulnerabilidad de Alejandro, el hecho de que estuviera allí, en su habitación, en pijama, sin su armadura de CEO, era algo que la descolocaba y la intrigaba a partes iguales.

— ¿Te molesta que esté aquí? — preguntó él, sus ojos grises buscando los de ella en la penumbra.

— No — respondió ella, sorprendiéndose a sí misma por la sinceridad de su respuesta. — Pero... esto es peligroso, Alejandro.

— Lo sé — él se levantó del sillón y se acercó a la cama, sentándose a su lado, manteniendo una distancia prudencial. — Todo en nosotros es peligroso. Pero dime, Valentina... ¿te asusta el peligro?

Ella lo miró fijamente. Podía sentir el calor que emanaba de su cuerpo. Podía oler su colonia, más tenue ahora. Era el momento de decidir si ponía fin a todo o si se dejaba llevar.

— A veces — susurró ella. — Pero siempre me ha gustado vivir al límite.

Él sonrió, una sonrisa lenta y seductora.

— Eso es lo que esperaba.

Y en un movimiento que combinó la velocidad con la delicadeza, Alejandro se inclinó y la besó.

No fue un beso tímido, ni un beso de exploración. Fue un beso demandante, apasionado, cargado de toda la tensión acumulada entre ellos durante semanas. Sus labios se encontraron con una ferocidad contenida, y Valentina respondió con la misma intensidad. Sus manos se aferraron a su camiseta mientras el beso se profundizaba, haciéndose más urgente.

El mundo alrededor desapareció. Solo existían sus labios, sus cuerpos, la explosión de sensaciones que los invadía. Alejandro la empujó suavemente hacia atrás, tumbándola en la cama, sin romper el beso. Su mano se deslizó por su mejilla, luego por su cuello, hasta su hombro, trazando un camino de fuego.

Pero justo cuando la pasión amenazaba con devorarlos, Valentina, con un último esfuerzo de voluntad, lo detuvo. Colocó sus manos en su pecho, impidiéndole que avanzara más, y rompió el beso, aunque le doliera hacerlo.

Jadeaba, su corazón golpeaba en su pecho como un tambor. Alejandro la miró, sus ojos oscuros y llenos de deseo.

— ¿Qué pasa? — preguntó él, su voz ronca.

— No así — dijo ella, respirando con dificultad. — No por un arrebato. No por el cansancio del viaje, ni por el alcohol de la cena. No porque tengamos que compartir suite.

Alejandro frunció el ceño, confundido.

— ¿Entonces cómo?

— Aquí las reglas las pongo yo — susurró ella, su voz temblorosa pero firme. — Y las reglas dicen que no es así. No ahora. No de esta manera. Si vamos a cruzar esta línea, va a ser porque los dos queremos, porque los dos estamos seguros, y porque los dos entendemos lo que significa. No por un impulso.

Él se quedó mirándola, su rostro una mezcla de frustración y asombro. La había besado, la había deseado con todas sus fuerzas, y ella... ella lo había detenido. No con un grito, no con un empujón, sino con palabras, con su propia autoridad.

Se levantó de la cama, separándose de ella. La frustración era evidente en su lenguaje corporal, pero en sus ojos había algo más profundo. Respeto.

— Entendido — dijo él, su voz aún ronca. — Mis disculpas, Valentina.

— Disculpas aceptadas — respondió ella, y por primera vez, una pequeña sonrisa apareció en sus labios.

Él se dirigió hacia la puerta, pero antes de salir, se detuvo.

— Pero no creas que esto se queda así, Cruz — dijo, volviendo a su tono desafiante. — Te quiero, Valentina. Y te voy a conseguir. Pero a tu manera.

Y salió de la habitación, dejando a Valentina tumbada en la cama, el corazón desbocado, los labios hormigueando y una sonrisa victoriosa en el rostro. Había ganado esta batalla. Había demostrado quién mandaba en ese terreno. Pero sabía que la guerra estaba lejos de terminar. Y una parte de ella, una parte muy peligrosa, deseaba con todas sus fuerzas que esa guerra nunca acabara.

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Maribel Euan
m gusta sin tanto drama soluciones rápidas 🤭❤️
Jacquelyn Hernández
🤣🤣🤣🤣🤣 el CEO corriendo detras de un mapache. si la prensa se imaginara algo asi me serian la portada de revistas por años. 🤣🤣🤣
Helizahira Cohen
una historia de Sofia sería muy interesante
Helizahira Cohen
👏Excelente me gustó mucho bonita, corta y con una trama diferente
Helizahira Cohen
Esta interesante esta novela
Zuliner Chacon
Comenzaron a jugar con 🔥y se pueden quemar
Zuliner Chacon
Este se cree dueño de todo y que él es quien manda 😂 🤔 le llegó la orma de su zapato
Zuliner Chacon
Ninguno da su brazo a torcer, ambos son hueso duro de roer 😂
Zuliner Chacon
😂😂 Guerra de titanes osea Yo y Yo 😂😂
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