Reencarné en un mundo omegaverse medieval… como un omega masculino.
Todo iba más o menos bien hasta que descubrí dos problemas: 1️⃣ El alfa más atractivo del reino puede escuchar mis pensamientos.
2️⃣ Yo pienso demasiadas tonterías, especialmente cuando está cerca.
Mientras intento fingir que nada pasa (leyendo libros con mucha concentración), él no solo escucha TODO… sino que además me molesta a propósito, con una sonrisa molesta, voz peligrosa y una paciencia sospechosa.
Entre reencarnación, nobles aterradores, padres alfa sobreprotectores, política, proyectos sociales y pensamientos que jamás debieron ser escuchados…
¿Cómo se supone que un omega sobreviva sin pensar cosas como:
“¿Por qué este alfa es tan sexy?”
💭
Comedia, romance, omegaverse y malentendidos garantizados.
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CAPÍTULO 9 Cuando los padres se conocen (y yo considero huir)
El Marqués Caelum Nocturne no era un hombre que pasara desapercibido.
Llegó al Castillo Valemont dos días después del “incidente” —así lo llamó Alaric— montando un caballo negro impecable, con una capa oscura que ondeaba como si el viento lo respetara especialmente.
—Ese es el padre —susurró Mirelle desde una ventana—. Tiene cara de villano elegante.
—Eso no es un criterio válido —murmuró Elio.
—Claro que sí —respondió ella—. Siempre lo es.
Elio sintió un escalofrío.
💭 “Genial. Otro adulto intimidante.”
Caelum Nocturne, Marqués del Este, guardián de rutas comerciales y estratega reconocido, descendió del caballo con una calma peligrosa. Sus ojos grises recorrieron el castillo con atención medida.
—Imponente —comentó—. Entiendo por qué Alaric presume tanto.
Elio, escondido detrás de una columna, casi se atragantó.
💭 “¿PRESUME DE MÍ CON OTROS ALFAS?”
Seraphiel caminaba a su lado, tranquilo, como si no acabara de traer a su padre al territorio del “alfa celoso”.
—Padre —dijo—, ese es el Duque Valemont.
Alaric apareció en el patio como si hubiera sido invocado.
—Marqués Nocturne —saludó con voz grave—. Bienvenido a mi hogar.
Dos alfas dominantes.
Un apretón de manos firme.
Sonrisas tensas.
El aire vibró.
Elio se encogió un poco más.
💭 “Esto va a terminar mal.”
—He venido porque mi hijo habla mucho de usted —dijo Caelum con cortesía—. Y de su hijo.
Alaric alzó una ceja.
—¿Ah, sí?
—Dice que es… interesante.
Alaric apretó la mandíbula.
—Eso ya me lo dijeron.
Lysenne apareció, elegantísima, interponiéndose con suavidad.
—Bienvenido, marqués —sonrió—. Espero que el viaje haya sido cómodo.
—Más de lo esperado —respondió Caelum—. Aunque admito que la curiosidad aceleró el paso.
💭 “DEJEN DE HABLAR DE MÍ.”
Fueron al salón principal.
Elio intentó quedarse atrás.
—Ven —ordenó Alaric.
💭 “NO.”
—Mi hijo menor —anunció el duque—. Elio Renard Valemont.
Caelum observó a Elio con atención aguda.
Demasiada atención.
—Así que tú eres el famoso.
—No soy famoso —murmuró Elio.
—Eso dicen todos los famosos —comentó Caelum con una leve sonrisa.
Elio miró a Seraphiel.
💭 “AYUDA.”
Seraphiel se encogió de hombros, divertido.
—Mi hijo dice que piensas rápido —continuó Caelum—. Demasiado rápido para tu edad.
—Eso intento evitarlo —respondió Elio con honestidad.
Silencio.
Alaric sonrió orgulloso.
—¿VES? MODESTO.
Elio cerró los ojos.
💭 “Padre, basta.”
La conversación derivó, como era inevitable, al incidente del río.
—Fue una solución elegante —admitió Caelum—. No muchos adultos la habrían visto.
—¡EXACTO! —tronó Alaric—. ¡MI HIJO LO VIO!
—Alaric… —intentó Lysenne.
—¡SALVÓ UNA ALDEA!
Elio se hundió en el sofá.
💭 “Quiero desaparecer.”
Seraphiel observaba con interés genuino.
—Te dije que era interesante —murmuró.
—No ayudas —susurró Elio.
—Nunca dije que ayudaría.
Caelum se inclinó hacia adelante.
—Seraphiel —dijo—. ¿Por qué no llevas a Elio al jardín? Los adultos hablaremos.
Elio palideció.
💭 “¿QUÉ?”
—Claro —respondió Seraphiel con naturalidad—. Vamos.
—NO —dijo Elio al mismo tiempo.
Silencio incómodo.
—Solo a caminar —añadió Caelum—. No muerdo… a los niños.
Eso no tranquilizó a nadie.
El jardín fue un alivio relativo.
—Tu padre es… intenso —comentó Seraphiel.
—El tuyo también.
—Sí —admitió—. Pero el mío observa más que habla.
—Eso es peor.
Seraphiel rió.
—Un poco.
Caminaron en silencio unos pasos.
—¿Mi padre te intimida? —preguntó de pronto.
Elio lo pensó.
—Más me intimida que todos hablen de mí como si no estuviera.
Seraphiel asintió.
—Eso lo entiendo.
—
Mientras tanto, en el salón…
—No me gusta que tu hijo se acerque tanto al mío —dijo Alaric sin rodeos.
Caelum lo miró con calma.
—Mi hijo no suele interesarse en la gente sin razón.
—ESO ES LO QUE ME PREOCUPA.
Lysenne suspiró.
—Caballeros…
—Elio es joven —continuó Alaric—. Y es omega.
—Y brillante —añadió Caelum—. Y querido.
—ESO TAMBIÉN ES MÍO.
—Alaric —advirtió Lysenne—, respira.
—ESTOY RESPIRANDO.
—
En el jardín, Elio se detuvo.
—Seraphiel… —dudó—.
—¿Por qué te acerкас tanto?
Seraphiel no respondió de inmediato.
—No lo sé —admitió—. Solo… pasa.
—Eso no es una respuesta.
—Es la única que tengo.
Elio frunció el ceño.
💭 “Eso es peligroso.”
—No te molesta tanto —añadió Seraphiel—. Si lo hiciera, me evitarías mejor.
—¡INTENTO!
—Fracaso admirable —sonrió.
Elio suspiró.
—
Cuando regresaron, los adultos ya habían decidido algo.
Nada bueno.
—Hemos acordado —anunció Caelum— que Seraphiel pasará más tiempo aquí.
—¿QUÉ? —chilló Elio.
—Supervisión conjunta —explicó Lysenne—. Educación compartida.
—Vigilancia —corrigió Alaric.
Seraphiel sonrió como si hubiera ganado una guerra.
—Genial.
—¡NO ES GENIAL! —protestó Elio.
—Tranquilo —respondió Caelum—. Así podremos entender qué ocurre.
Elio pensó en gritar.
Pensó en huir.
Pensó en esconderse bajo la cama hasta los treinta.
💭 “Estoy rodeado de adultos conspirando.”
Seraphiel se inclinó y susurró:
—Te dije que volvería.
Elio lo miró con desesperación.
—Esto es tu culpa.
—Un poco —admitió—. Pero no me arrepiento.
—
Esa noche, Elio escribió en su cuaderno:
Actualización:
El padre del alfa es igual de aterrador.
Situación:
Más vigilancia.
Más Seraphiel.
Conclusión:
Debí quedarme callado el día del río.
Desde otra habitación, Seraphiel pensaba algo parecido… pero con una sonrisa.
👉 Ahora sí no iba a dejarlo solo.