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Casada Con El Gemelo Equivocado

Casada Con El Gemelo Equivocado

Status: En proceso
Genre:Malentendidos / Romance
Popularitas:8.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Hash_BL

Quinn Akerman tenía una vida cuidadosamente planeada… hasta que el destino decidió estrellarla contra el suelo a diez mil metros de altura. La muerte de sus padres en un accidente de avión no solo la dejó con un duelo imposible de procesar, sino también con una empresa familiar al borde de la quiebra y una hermanita pequeña, Lily, luchando contra la leucemia.

Acorralada por deudas, abogados y médicos que no aceptan promesas como forma de pago, Quinn se ve obligada a aceptar un acuerdo tan frío como cruel: casarse con uno de los gemelos Benedetti, herederos de un imperio empresarial que alguna vez fue socio de su padre.

El problema no es el matrimonio. El problema es que se casa con el gemelo equivocado.

Eitan Benedetti es serio, mordaz, aparentemente incapaz de sentir algo que no sea control. Eiden Benedetti, en cambio, es carismático, provocador y peligrosamente encantador. Dos rostros idénticos, dos almas opuestas… y una verdad que amenaza con destruirlos a todos.

NovelToon tiene autorización de Hash_BL para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9

Eitan se despertó con una idea fija, terca y peligrosa: tenía que verla.

No importaba que el cuerpo se sintiera como si le hubieran pasado un tren encima —porque lo habían hecho—, no importaba que cada músculo protestara al mínimo intento de movimiento. Lily estaba despierta. O pronto lo estaría. Y él necesitaba saberlo con sus propios ojos.

Apoyó una mano en el borde de la cama y se incorporó apenas unos centímetros.

El mundo giró.

Un mareo violento lo obligó a cerrar los ojos. El corazón le golpeaba el pecho de forma irregular, como si hubiera olvidado el ritmo correcto, como si estuviera corriendo una maratón. Respiró hondo, despacio, intentando dominarlo.

—No seas ridículo —murmuró para sí mismo—. Solo levántate.

Volvió a intentarlo.

Esta vez llegó a sentarse.

El sudor frío le recorrió la espalda y la vista se le nubló. Aun así, bajó los pies de la cama. El suelo estaba helado. Demasiado real.

No escuchó la puerta abrirse.

—¿Eitan?

La voz de Quinn lo alcanzó justo cuando intentaba ponerse de pie.

—No —dijo ella, avanzando rápido—. No, no, no… ¿qué estás haciendo?

—Voy… —tragó saliva— a ver a Lily.

—Estás loco —replicó, colocándose frente a él—. No puedes ni mantenerte en pie.

—Puedo.

Mentía.

Dio un primer paso, pero...

El segundo nunca llegó.

El mareo fue tan brutal que el cuerpo simplemente… cedió. Quinn apenas tuvo tiempo de atraparlo antes de que se desplomara contra ella.

—¡Eitan! —gritó.

Sintió el peso muerto de su cuerpo, la rigidez repentina, el pulso acelerado bajo sus dedos. Gritó pidiendo ayuda mientras lo sostenía como podía, el miedo explotándole en el pecho.

—¡Ayuda! ¡Por favor!

En segundos, el pasillo se llenó de voces, pasos, órdenes rápidas. Lo recostaron en la cama, conectaron monitores, ajustaron la vía.

Quinn se quedó a un lado, paralizada, viendo cómo el pecho de Eitan subía y bajaba de forma errática.

—¿Qué le pasa? —preguntó con la voz rota—. ¿Qué le pasa ahora?

El doctor Martínez apareció, serio y concentrado.

—Hipotensión —dijo—. Su cuerpo está reaccionando al esfuerzo. Le dije que no se levantara.

—¡Acaba de donar médula! —explotó Quinn—. ¿Qué esperaban que pasara?

El doctor la miró con firmeza.

—Esperábamos que descansara.

Eitan abrió los ojos apenas.

—No… la culpe —murmuró—. Fui yo.

Quinn sintió un nudo en la garganta.

—Cállate —le dijo, inclinándose hacia él—. Por una vez en tu vida, cállate.

Los monitores comenzaron a estabilizarse lentamente, pero el color de su piel seguía siendo alarmantemente pálido.

—Necesita reposo absoluto —sentenció el doctor—. Si vuelve a forzar el cuerpo así, las consecuencias pueden ser serias.

—¿Qué tipo de consecuencias? —preguntó Quinn, aterrada.

El médico dudó un segundo de más, pero, luego respondió con mucho profesionalismo.

—Desmayos recurrentes. Riesgo cardiovascular. Una recuperación mucho más larga.

Quinn cerró los ojos.

—¿Puede…? —no pudo terminar la pregunta.

—No está en peligro inmediato —respondió—. Pero está caminando muy cerca del límite.

Cuando el doctor se fue, la habitación quedó en silencio. Uno pesado, incómodo, lleno de cosas no dichas.

Quinn se sentó en la silla junto a la cama, con los brazos cruzados, temblando.

—Eres un imbécil —dijo al fin.

Eitan sonrió apenas, débil.

—Ya me lo dijiste.

—No lo suficiente —lo miró con furia y miedo mezclados—. ¿Qué parte de “tu cuerpo está recuperándose” no entiendes?

—Lily…

—¡Lily va a estar bien! —lo interrumpió—. Pero tú podrías no estarlo si sigues así.

Él la observó en silencio.

—¿Por qué te importa tanto? —preguntó con suavidad.

Esa pregunta fue la más cruel de todas.

Quinn abrió la boca… y la cerró. No tenía una respuesta que no la dejara vulnerable.

—Porque… —tragó saliva— porque no puedes hacer esto solo.

Eitan la miró con una intensidad que la hizo apartar la vista.

—Siempre he estado solo.

—No esta vez —dijo ella, levantándose—. No te voy a dejar que te hagas el héroe silencioso.

—No soy un héroe.

—Exacto —replicó—. Eres humano. Y los humanos se rompen. Los humanos necesitan ser cuidados al menos una vez en su vida.

Se acercó a la cama y, con cuidado, le acomodó la manta. Sus dedos temblaban cuando rozaron su brazo.

—Me asustaste —admitió en voz baja.

Eitan cerró los ojos.

—Lo siento.

—No —negó ella—. No lo sientas. Prométeme que no volverás a levantarte sin ayuda.

Él dudó.

—Eitan.

—Está bien —cedió a regañadientes—. Lo prometo.

Quinn exhaló lentamente, como si recién entonces se permitiera respirar.

—Me voy a quedar —dijo—. Al menos esta noche.

—No tienes que…

—No te pregunté —lo interrumpió con una sombra de sarcasmo en su voz—. Y no intentes discutir. No estás en condiciones.

Una esquina de su boca se curvó.

—Mandona.

—Aprendí de ti.

Se sentó de nuevo y apoyó la cabeza contra el borde de la cama, agotada. En algún momento, sin darse cuenta, se quedó dormida ahí mismo, sosteniendo su mano.

Eitan la observó en silencio, contemplado la serenidad que transmite cuando duerme.

El cuerpo le dolía. El corazón un poco.

Pero por primera vez desde que todo comenzó, se dio cuenta de que después de todo no estaba tan solo, aún cuando el cuerpo le dolía y parecía que ya no podía más.

Ella estaba ahí.

A su lado, acompañándolo.

Y eso…

eso lo hacía todo mucho más complicado.

Holis, ¿cómo están?. Espero estén muy bien, ¿qué tal le va pareciendo la trama?, ¿les está gustando como va?... Bueeno, chicxs no olviden dejar su 👍🏻 y votar.

Las quiero 🩷. Y gracias por todo🥰

1
Andrea M. Suarez Vallejo
esto va para largo, 42 capitulos y un solo beso, el miedo de ambos es tan grande
Karen
Nena, por favor actualiza 🥹 Está súper bueno el libro!!
Andrea M. Suarez Vallejo
me ha gustado hasta ahora
Karen
♥️
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