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Finalmente Te Encontré

Finalmente Te Encontré

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Transmigración antigua a moderna / Traiciones y engaños / Reencuentro / Amor eterno / Reencarnación(época moderna)
Popularitas:2.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Crisbella

En este mundo, la muerte no borra el pasado; lo tatúa en la piel como una cicatriz de nacimiento: el Registro
Ian es un Rastreador, un hombre que caza almas con deudas pendientes. Durante un siglo, ha vivido atormentado por la marca en su pecho, justo donde el acero le atravesó el corazón, y por el recuerdo de la mujer que le arrebató el aliento con aroma a jazmín.
Él no busca amor, busca justicia. Pero hoy, en el pasillo de un hospital, su herida ha vuelto a arder. Ella está allí, con las manos manchadas de sangre, pero esta vez para salvar una vida.
Tras cien años de sombras, Ian finalmente puede pronunciar su sentencia:
—Finalmente te encontré.

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El vacío absoluto

​Después de un doble turno lleno de sobresaltos, Anya volvió a su pequeño departamento. Estaba exhausta, con el peso de la muerte del señor Hernández y la crisis de Fabián sobre sus hombros. No quería hablar con nadie; solo deseaba que el silencio borrara las voces que insistían en llamarla asesina. Sin embargo, la nota quemaba en su bolsillo. Ella quería enfrentar a Ian, convencida de que era él quien jugaba con su cordura a través de ese sobre.

​Miró el reloj: las cinco de la tarde. Tenía el tiempo justo para llegar al lugar de la cita. Era una imprudencia absoluta encontrarse con un paranoico en un lugar desolado y sin compañía, pero la incertidumbre era un veneno que ya no podía tolerar. Si quería terminar con este asunto, debía ser decidida.

​Condujo por casi una hora hacia las afueras de la ciudad, donde el pavimento se convertía en salitre y el viento soplaba con una furia distinta. Al llegar al Faro, un gigante de piedra abandonado frente al mar, apagó el motor. El silencio era absoluto, roto solo por el rugido de las olas rompiendo contra los acantilados. Un mal presentimiento le recorrió la espalda; el instinto de supervivencia le gritó que volviera al auto y huyera, pero antes de que pudiera reaccionar, una figura emergió de las sombras de la estructura.

​—¡Doctora Linares! Temía que su prudencia fuera mayor que su curiosidad —una voz que no reconoció, fría y carente de toda empatía, la puso en alerta máxima.

​No era la voz de Ian. No era ese tono profundo que la hacía vibrar; esta voz era metálica, vacía.

​—¿Quién es usted y qué quiere de mí? —preguntó ella, retrocediendo hasta chocar con la puerta de su vehículo.

​De la penumbra salió el hombre de los ojos oscuros. Su nuevo vecino. Vestía un traje impecable que no parecía verse afectado por la brisa marina.

​—Quién soy no importa; aquí lo importante es saber quién eres tú —respondió él, acortando la distancia con pasos lentos y rítmicos.

​—Quiero que me dejen en paz. Usted e Ian pueden irse a la mierda —gritó Anya, proyectando una fortaleza que no sentía. Sus manos temblaban detrás de su espalda.

​—¿Ian? Mi mejor "Recolector". Él no se toca el corazón para entregarme las almas que han podrido el equilibrio en sus vidas pasadas. Es excepcionalmente bueno en eso... aunque debo admitir que contigo se está demorando de forma inaceptable.

​Anya soltó una risa nerviosa, el último refugio de su mente racional.

—Ustedes pertenecen a una secta de desquiciados. Hablan de almas malditas y deudas kármicas como si fuera una película de terror. Deberían buscar ayuda profesional y visitar a un psiquiatra.

​Una risa agria y cortante llenó el lugar. El sujeto se detuvo a pocos metros, observándola como un depredador mira a su presa antes de atravesarla con sus garras.

​—Mi querida Anya, aún no te has dado cuenta de la gravedad de tu situación. No somos una secta. Somos el orden. Somos el Registro que tú misma firmaste con sangre en 1926. Y necesito que estés plenamente consciente, que sientas cada gota de tu miedo, para disfrutar más cuando capture tu alma y la envíe al vacío absoluto. Donde no hay luz, no hay reencarnación, y solo queda el olvido, un lugar peor que el mismo infierno.

​La piel de Anya se erizó. Por primera vez, la explicación de la "locura" no le pareció suficiente. La maldad que emanaba de aquel hombre era física, tangible. Entendió, demasiado tarde, que haber ido sola a ese encuentro era el error más grande de su vida.

​El hombre levantó una mano, y Anya notó que en su muñeca brillaba un reloj de plata cuyas manecillas giraban hacia atrás a una velocidad vertiginosa. El aire alrededor de ellos comenzó a vibrar.

​—Ian fue enviado a ejecutarte, pero ha desarrollado una debilidad por el envase que habitas —dijo el hombre con desprecio—. Así que yo mismo cerraré tu expediente esta noche, aunque debo aceptar ahora que te veo porque Ian está perdiendo el norte por este cuerpo humano que habitas.

​Justo cuando el desconocido se preparaba para avanzar, el sonido de un neumático derrapando sobre la grava rompió la tensión. Unas luces largas iluminaron la escena, cegándolos a ambos. Una silueta saltó del vehículo en marcha antes de que este se detuviera por completo.

​—¡Aléjate de ella, Marcus! —la voz de Ian rugió sobre el sonido del mar, cargada de una furia que Anya nunca le había escuchado.

​Ian se interpuso entre Anya y el vecino, dándole la espalda a ella, protegiéndola. Por primera vez, Anya no vio en Ian a un acosador, sino a la única barrera entre ella y algo mucho más aterrador que la muerte.

Marcus mostró una mirada de crueldad tan pura que Anya, por puro instinto, buscó refugio detrás de la espalda de Ian. Pero las siguientes palabras del detective la golpearon con más fuerza que cualquier amenaza del vecino.

—Eso no pasará —sentenció Ian, con una frialdad que heló la sangre de Anya—. Lograré que recuerde lo que hizo y por qué lo hizo. Y después, yo mismo anularé su alma para siempre. No quedará ni el rastro de su sombra en este mundo.

Ian ya no parecía ser el protector que Anya había imaginado segundos atrás. Ahora, el miedo recorrió su cuerpo con claridad: estaba atrapada entre un verdugo que la odiaba y un cazador que la deseaba muerta por justicia.

Su primer instinto fue la huida. Aprovechando que Marcus e Ian mantenían un duelo de miradas, Anya se alejó de ellos con pasos silenciosos, retrocediendo hacia su auto. No le importaba la reencarnación, no le importaba el Registro, ni siquiera le importaba ya su cordura. Solo quería escapar de esos dos monstruos que hablaban de su alma como si fuera una moneda de cambio.

Subió al vehículo, encendió el motor con manos temblorosas y, antes de que ellos pudieran reaccionar, pisó el acelerador a fondo, dejando atrás el faro y la oscuridad de una verdad que se negaba a aceptar.

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Elizabeth Medina
ya me perdí,,,
Alexandra Ortiz Posada
Muy buena tu novela, gracias por compartir, bendiciones
Alexandra Ortiz Posada
Gracias por compartir, me gusta mucho tu novela
Alexandra Ortiz Posada
Muy buena novela, te sumerge en una película futurista, excelente
Alexandra Ortiz Posada
Me encanta tu novela, gracias por compartir, bendiciones
Martha Divas Delgado
dios estoy atrapada k impactante será k aniya es o fue mala e Ian se equivoca. hayyyyy esta historia está de infarto
Alexandra Ortiz Posada
Me gusta tu novela, ese toque de misterio la hace muy interesante, gracias por compartir , bendiciones
Marcela Lopez
excelente
Martha Divas Delgado
me gusta más capítulos y paso a paso se arma el camino ☺️
Ysabel Correa: Gracias 🫂... estaré escribiendo y actualizando todos los días
total 1 replies
Marie Beleño
pas historias así no me gustan demoran mucho para subir capitulos😡
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