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EL CONTRATO

EL CONTRATO

Status: En proceso
Genre:Embarazo no planeado / Reencuentro / CEO
Popularitas:33.3k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Genesis YEPES

Bienvenido a EL CONTRATO, una historia donde el poder, el dolor y el deseo se entrelazan en una lucha constante entre la supervivencia y el amor. Esta novela no habla solo de contratos ni de dominación, sino de heridas invisibles, decisiones imposibles y del precio que algunas personas deben pagar para proteger a quienes aman. Aquí conocerás a Monserrat Villarreal y Alexander Montenegro, dos almas marcadas por el pasado que deberán enfrentarse no solo entre sí, sino también a sus propios demonios. Prepárate para un viaje intenso, oscuro y emocional donde cada elección cambia destinos y donde el corazón siempre exige su verdad.

NovelToon tiene autorización de Genesis YEPES para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

LO QUE EMPIEZA A SENTIRSE

La luz tenue del amanecer se filtraba entre las cortinas cuando Monserrat despertó.

Durante unos segundos permaneció inmóvil, todavía atrapada entre el sueño y la realidad.

El silencio de la habitación era distinto al de la noche anterior. Más suave. Más tranquilo.

Giró ligeramente la cabeza.

El lado de la cama estaba vacío.

La ausencia la golpeó antes de que pudiera entender por qué.

Una sensación extraña nació en su pecho, un vacío inesperado que no supo explicar.

No era miedo… tampoco tristeza exactamente. Era algo más incómodo...

Necesidad.

Su mirada recorrió la habitación instintivamente, como si esperara encontrarlo allí sin razón lógica.

El espacio parecía demasiado grande sin él. Las sábanas aún conservaban el calor compartido de la noche, pero la ausencia física de Alexander creaba una sensación extraña, inesperada, que se instaló lentamente en su pecho.

No era miedo.

Tampoco incomodidad.

Era algo más difícil de aceptar.

Un vacío leve… pero insistente.

Monserrat frunció apenas el ceño, confundida consigo misma.

Pero ahora su primera reacción había sido buscarlo.

Ese pensamiento la inquietó.

Giró ligeramente sobre la cama, observando el techo alto, las cortinas moviéndose suavemente con la brisa matutina que entraba por el ventanal entreabierto.

La luz del amanecer comenzaba a teñir la habitación con tonos dorados.

Todo parecía tranquilo.

Seguro

Demasiado distinto a lo que esperaba sentir allí.

El sonido del agua deteniéndose llegó desde el baño.

Monserrat soltó el aire que no sabía que estaba reteniendo.

Su cuerpo se relajó casi de inmediato, y esa reacción automática la sorprendió aún más.

Y entonces la puerta se abrió.

Alexander salió con una toalla rodeando su cintura, secándose el cabello con otra mientras caminaba con naturalidad por la habitación, como si aquel espacio fuera simplemente parte de su rutina diaria.

El agua aún resbalaba por su piel, marcando la línea de sus hombros y descendiendo lentamente por su pecho.

El vapor escapó detrás de él, mezclándose con el aroma limpio del jabón.

Cuando ella lo vio, una pequeña sonrisa apareció en su rostro sin que pudiera evitarlo.

No fue consciente de ello hasta sentir cómo sus mejillas se relajaban.

Alexander levantó la mirada.

La vio despierta.

Y también sonrió, apenas.

Una expresión leve, casi privada, que rara vez mostraba frente a otros.

—Pensé que…

empezó ella.

Pero las palabras murieron antes de terminar.

Porque ni siquiera sabía qué había pensado realmente.

¿Que se había ido?

¿Que todo volvería a sentirse frío?

Alexander se detuvo frente a la cama.

—¿Qué pensaste?

Su voz no llevaba presión.

Solo curiosidad.

Monserrat negó suavemente, apartando la mirada por un instante.

—Nada… no es importante.

Pero ambos sabían que sí lo era.

Alexander la observó durante varios segundos, como si intentara descifrar aquello que ella aún no estaba lista para decir en voz alta.

Se acercó lentamente.

Sin prisa.

Sin invadir.

Antes de besarla, sostuvo su rostro entre sus manos.

Sus dedos se apoyaron con cuidado sobre sus mejillas, cálidos, firmes… pero contenidos.

El gesto hizo que el corazón de Monserrat latiera más rápido.

—¿Puedo?

La pregunta la sorprendió profundamente.

Alexander Montenegro nunca pedía permiso.

Nunca dudaba.

Nunca esperaba aprobación.

Y sin embargo ahí estaba, detenido frente a ella, esperando.

Monserrat sintió algo quebrarse suavemente dentro de sí.

Asintió lentamente.

El beso fue suave.

Lento.

Sin urgencia.

Sus labios apenas rozaron los de ella, como si estuviera comprobando algo más que el contacto físico.

No hubo presión, ni dominio, ni exigencia.

Solo cercanía.

Calma.

Cuando se separó, apoyó los labios en su frente.

Un gesto inesperadamente protector.

—Te trajeron ropa

dijo con voz tranquila.

—En el baño hay todo lo que necesitas. Salimos en una hora.

Ella volvió a asentir.

Lo observó mientras regresaba al vestidor, terminando de arreglarse.

Y algo dentro de ella se calmó.

Una tensión invisible que llevaba días instalada comenzó a aflojarse lentamente.

En el baño, el vapor llenó el espacio mientras el agua caliente caía sobre su piel.

Monserrat cerró los ojos.

El agua descendía por su cabello, sus hombros, su espalda… llevándose consigo el cansancio acumulado.

Por primera vez desde que firmó el contrato… no se sentía obligada.

No había miedo esperando detrás de la puerta.

No había expectativa que cumplir.

Solo tiempo.

El recuerdo del beso volvió a su mente.

Había sido distinto. Cuidadoso.

Como si Alexander estuviera intentando reconstruir algo que ni siquiera sabía cómo reparar.

Y esa idea la confundía.

Porque parte de ella quería creerle.

Otra parte aún no sabía cómo hacerlo.

Apoyó las manos contra la pared mientras el agua seguía cayendo.

Respiró profundo.

Tal vez el cambio no estaba solo en él.

Tal vez también estaba ocurriendo dentro de ella.

Cuando salió envuelta en una toalla, Alexander aún se estaba arreglando frente al espejo.

La camisa abierta revelaba parte de su pecho mientras acomodaba los gemelos con precisión casi mecánica.

Sus miradas se encontraron a través del reflejo.

Ninguno habló.

El silencio no resultó incómodo.

Monserrat sintió un leve calor subirle al rostro al darse cuenta de que lo observaba demasiado tiempo.

Alexander arqueó ligeramente una ceja.

—¿Tengo que salir?

preguntó con una media sonrisa.

Ella soltó una pequeña risa, inesperada incluso para sí misma, y asintió.

Él tomó la chaqueta sin dejar de mirarla y salió de la habitación.

Monserrat permaneció inmóvil unos segundos después de que la puerta se cerrara.

Había algo nuevo flotando en el aire. Algo que no sabía nombrar aún.

Se cambió rápidamente.

El traje que habían dejado para ella era elegante, sobrio… perfectamente ajustado a su figura sin resultar llamativo.

Profesional.

Seguro.

Como una armadura cuidadosamente diseñada.

Se observó en el espejo.

Ya no veía únicamente a la mujer agotada que luchaba por sobrevivir.

Había algo más.

Algo que apenas comenzaba a despertar.

Respiró hondo.

Y salió de la habitación, sin saber que aquel pequeño momento compartido había cambiado silenciosamente el equilibrio entre ambos.

Al bajar, una empleada se acercó.

—El señor Montenegro la espera en el comedor.

La guio hasta allí.

Alexander estaba sentado con un café y el periódico en la mano. Imponente incluso en algo tan cotidiano.

Monserrat se acercó.

—Buenos días.

Él levantó la vista.

—Buenos días.

Se sentó a su derecha.

Desayunaron en silencio. Pero no era incómodo.

Era un silencio compartido.

El trayecto hacia la oficina fue tranquilo.

Antes de bajar del auto, Alexander la tomó suavemente por la nuca y la besó profundamente.

Un beso que la dejó sin aliento.

Cuando se separaron, ella acomodó su corbata instintivamente.

Un gesto íntimo.

Natural.

Entraron juntos al edificio.

Ella fue a su escritorio.

Él a su oficina.

Cinco minutos después, Monserrat entró con su café.

Comenzó a leer el itinerario.

—Almuerzo con Fernando Almonte para cierre de contrato… reuniones internas durante la tarde… y cena con Miranda Bracamonte esta noche, y... su vuelo a paris a cerrar el contrato la empresa Müller asociado.

Alexander apenas escuchaba.

La observaba.

Había algo nuevo en su mirada.

Devoción silenciosa.

Solo asintió.

Cuando ella salió, tomó el teléfono inmediatamente.

—Necesito que investiguen a un hombre.

dijo.

—Morrison. Busquen en el informe personal de Monserrat Villarreal. Quiero todo.

Colgó.

Su expresión volvió a endurecerse.

Las horas pasaron hasta el almuerzo.

Monserrat entró con los documentos finales.

Alexander salió con ella hacia el ascensor y le dio un beso rápido antes de marcharse.

Pero olvidó su teléfono.

Regresó.

Y entonces la vio.

Monserrat hablando con Alexis.

Demasiado cerca.

Alexander siguió caminando sin detenerse.

Entró a su oficina.

La mandíbula tensa.

Los celos quemándole el pecho.

Monserrat apareció segundos después.

—¿Olvidó algo?

—Mi teléfono.

Nada más.

Ninguna explicación.

Ningún beso.

Salió nuevamente.

La tarde avanzó pesada.

Cuando terminó la jornada, Monserrat entró.

—Señor Montenegro, me retiro. Aquí está el contrato para la reunión de esta noche.

Él solo asintió.

Ni siquiera se levantó.

Ella salió confundida.

Antonio ya la esperaba.

Fue directo al hospital.

El doctor habló con calma.

—No hay avances… pero sigue estable.

Monserrat asintió.

Pasó dos horas junto a sus tíos, hablándoles como siempre.

Luego regresó a casa. Se quitó la ropa lentamente.

Se duchó.

Revisó el teléfono.

Ningún mensaje.

Ninguna llamada.

Nada de Alexander.

Una sensación extraña apareció en su pecho.

Apagó la luz.

Y decidió dormir temprano.

Sin saber que, en otra parte de la ciudad, Alexander Montenegro no podía dejar de pensar en ella… ni en el nombre que ahora obsesionaba su mente.

Morrison.

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Grciela Calanducci
QUE FALTA DE RESPETO A NOSOTRAS, LAS LECTORAS/Frown/
mitsuja
me emocioné tanto hayyyy que emoción 🥰🥰🥰 estoy inspirada querida felicidades por tu obra 🥰🥰me inspire está emocionante tu obra te apoyo🥰🥰
Yuleima Lucena
vamos Monserrat pídele ayuda a Alex para que vayas a buscar a tu hermano y yo no estés tan sola
Kenyibel Carolina Ordoñes de castillo
Hay dios mío ojalá sea rápido ese encuentro y que Alexander la ayude que Monserrat se deje ayudar para que no cargue tanto peso solita Autora sigue así y sube más capitulos por favor 🥹🥹🥹🙏🏽🙏🏽🙏🏽
Ana Lilia Rueda Jimenez: si xfaaaa
total 1 replies
Yuleima Lucena
mas capitulos porfis 😍
Monica Carmona
pensé que estaba completa
Monica Carmona
esta bien metida en la novela y que paso ya no hay más capítulos?
Yuleima Lucena
Que paso, si estaban bien Monserrat
Mony Hernández
excelente,muy buena historia
Linda Casalins
Encantada con la historia 💕
GENESIS YEPES
Si, te entiendo pero recuerda que somos humanos;no robo y si lo hago asi, descuido mi vida académica, social, sentimental y familiar.
Considero que realmente voy muy bien porque el libro no tiene ni uno mes de publicar y ya lleva 45 capítulos, y mas de 52800 palabras y eso mucho realmente.
y recuerden que la inspiración es calva y hay que agarrar con los pelo(para esto quiero decir que desde que le llega una escena, una inspiración de que agregarle y tengo el tiempo me pongo a escribirla).
tenga un poco de paciencia.
Yuleima Lucena: ojalá puedan reencontrarse los hermanos y los tíos para que vuelvan hacer una familia
total 2 replies
Georgina Muñoz
Muy buena historia, el problema es que, se tardan tanto entre un capítulo y otro que, se olvida un poco lo leído anteriormente.
Ojalá se pudiera leer de una o tal vez un corte en el medio.
yuyis: estoy confundida en la secuencia de la novela me perdí algo???
total 1 replies
Maria Can Canul
puera pendejadas que aburrida
Blancaluz Pechchan
😢
Blancaluz Pechchan
muy hermosa historia escritora. muchas gracias
Yuleima Lucena
está súper buenísima me tiene enganchada que quiero leer más y más, mas capitulos porfis
Yuleima Lucena
no puede ser ese desgraciado le hizo creer que Monserrat está muerta ojalá puedan reencontrarse
Kenyibel Carolina Ordoñes de castillo: autora sube más y trata de que los hermanos se encuentren 🥹
total 2 replies
Marina Mendoza
ella no se dió su puesto, cualquiera la besa
Marina Mendoza
y a mie parece ya fastidió la actitud de ella.
Marina Mendoza
el chófer no se llamaba Antonio
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