En un pequeño estudio, bajo el sudor y la luz tenue, comienza la historia de un grupo destinado a brillar con fuerza inigualable.
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Capítulo 07
El silencio en las oficinas de KQ Entertainment siempre se sentía distinto al silencio del estudio de ensayo. Mientras que en el sótano el silencio era una pausa necesaria para recuperar el aliento, en la planta de arriba, donde los escritorios estaban llenos de papeles y los teléfonos no dejaban de sonar, el silencio era sinónimo de decisiones burocráticas que podían construir o destruir vidas en un segundo.
Era un martes por la tarde. Los ocho miembros estaban sentados en el suelo del pasillo, fuera de la oficina del director ejecutivo. Habían sido llamados de urgencia tras la práctica matutina. San jugueteaba con un hilo suelto de su pantalón, Yeosang miraba un punto fijo en la pared con una expresión de ilegibilidad absoluta, y Hongjoong, como siempre, mantenía la espalda recta, aunque sus nudillos estaban blancos de tanto apretar sus rodillas.
—¿Creen que sea por lo de la evaluación del viernes? —susurró Wooyoung, cuya ansiedad siempre se manifestaba en una verborrea imparable—. Quizás vieron el video de Mingi y Hongjoong discutiendo. Quizás piensan que no tenemos química.
—No digas tonterías, Wooyoung —respondió Yunho, aunque su propia voz carecía de la seguridad habitual—. Si fuera por una pelea, nos habrían gritado en el estudio. Esto parece... formal. Demasiado formal.
La puerta se abrió y el mánager del grupo les hizo una seña para que entraran. La oficina era pequeña, atiborrada de estanterías con carpetas de otros proyectos que nunca llegaron a ver la luz. El director estaba sentado tras su escritorio, con un teléfono móvil aún en la mano y una expresión que no revelaba si iba a darles un contrato o una carta de despido.
—Siéntense —dijo el director—. O quédense de pie si no caben. Solo seré breve.
Los ocho se apretujaron en el espacio reducido. El aire se sentía escaso.
—Acabo de colgar con nuestros contactos en Estados Unidos —comenzó el director, mirando a Hongjoong a los ojos—. Hemos tomado una decisión sobre el futuro de KQ Fellaz. No vamos a esperar a la evaluación de fin de mes aquí en Seúl.
El corazón de Seonghwa dio un vuelco. *Se acabó*, pensó. *Nos van a mandar a casa*. Cerró los ojos por un segundo, imaginando el regreso a su ciudad, las preguntas de sus padres, el peso del fracaso.
—La empresa ha decidido invertir el fondo de emergencia en ustedes —continuó el hombre, dejando el teléfono sobre la mesa—. En diez días, se irán a Los Ángeles.
El silencio que siguió a esa frase fue tan pesado que se podía sentir físicamente. Nadie se movió. Nadie respiró.
—¿Los Ángeles? —repitió Jongho, como si la palabra fuera un concepto matemático abstracto que no lograba comprender—. ¿A California?
—Exactamente. Van a entrenar en Millennium Dance Complex y en Movement Lifestyle. Van a aprender de los mejores coreógrafos del mundo. Grabaremos todo el proceso para un reality show que servirá como su introducción oficial al público. Si logran sobrevivir a ese entrenamiento y demostrar que tienen lo necesario en suelo extranjero, volverán para preparar el debut. Si no... bueno, el viaje será su despedida.
Hongjoong sintió que el suelo se inclinaba. No era una noticia, era una apuesta de todo o nada. La empresa estaba poniendo su escaso capital en un vuelo de catorce horas y un entrenamiento que la mayoría de los grupos de empresas grandes recibían con años de preparación.
—¿Entendido, Hongjoong? —preguntó el director.
—Sí, señor —logró decir el líder. Su voz sonó firme, a pesar de que por dentro sentía que sus pulmones estaban colapsando—. Entendido. No le fallaremos.
Salieron de la oficina en un trance. No bajaron al estudio; caminaron hacia la azotea del edificio para poder respirar aire que no estuviera viciado por el aire acondicionado. El sol de la tarde bañaba los edificios de Seúl con un tono anaranjado.
—¡Nos vamos a América! —gritó de repente Mingi, lanzando un puñetazo al aire—. ¡Vamos a ir a Los Ángeles!
—¿Estás loco? —dijo San, aunque una sonrisa nerviosa empezaba a abrirse paso en su rostro—. Es una locura. No tenemos dinero, apenas hablamos inglés, y el director dijo claramente que es nuestra última oportunidad.
—Es la única oportunidad que necesitamos —intervino Hongjoong, girándose hacia ellos. El miedo en sus ojos había sido reemplazado por un fuego gélido y determinado—. Escuchen, esto no es un viaje de vacaciones. La empresa está gastando dinero que no tiene porque creen que podemos ser algo grande. En Los Ángeles no seremos solo ocho aprendices de una empresa pequeña. Seremos los coreanos que tienen que demostrar que pueden bailar mejor que los que inventaron el estilo.
Seonghwa se acercó a la barandilla, mirando hacia abajo. El vértigo de la altura era similar al que sentía ante el futuro.
—Es aterrador —admitió Seonghwa—. Pero... por primera vez, siento que el mundo se ha hecho un poco más grande. Ya no es solo este sótano.
—Tenemos diez días —dijo Yunho, ya empezando a planificar en su cabeza—. Diez días para pulir lo que tenemos antes de que nos vean los ojos de los expertos. No podemos llegar allí y parecer amateurs.
Esa noche, nadie durmió en el dormitorio. Pasaron las horas revisando videos de los bailarines de Los Ángeles, asustados por el nivel que se les exigiría, pero también impulsados por una adrenalina que nunca antes habían experimentado. La llamada inesperada no solo había cambiado su destino geográfico; había encendido una mecha. Ya no eran solo KQ Fellaz; eran ocho chicos con un boleto de ida hacia lo desconocido, conscientes de que, si no volaban lo suficientemente alto, la caída sería definitiva.
Simplemente es perfecto la manera en que estos chicos se apoyan.
Solo puedo decir que el comienzo siempre resulta difícil y doloroso, aunque el mañana podría ser mejor...no conozco al grupo, pero creo que todo resulta bastante realista.
Seguir un sueño que no sabes si se hará real es bastante inquietante y a la vez perturbador.