Cuando Valeria decide empezar de nuevo en una ciudad que no conoce, lo último que espera es que un simple error cambie su vida para siempre.
Un mensaje enviado a la persona equivocada la conecta con Daniel, un hombre que también está intentando dejar atrás su pasado.
NovelToon tiene autorización de Camila Vegas para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
La jaula invisible
El día comenzó con tensión.
Sofía tenía dos citas.
Una con Laura a las 5:00 p.m.
Otra con Daniel a las 7:00 p.m.
No sabía cuál le inquietaba más.
La cita con Laura
Se encontraron en un café elegante, discreto.
Laura parecía tranquila. Demasiado tranquila.
—Gracias por venir —dijo con una sonrisa medida.
Sofía asintió.
—Dijiste que era sobre Mateo.
Laura sostuvo su mirada sin parpadear.
—Lo es. Mateo está considerando irse a otra ciudad. Un proyecto grande. Definitivo.
El corazón de Sofía se detuvo un segundo.
—No me dijo nada.
—Porque probablemente ya tomó la decisión.
La frase cayó como un golpe.
Laura tomó su taza con calma.
—Él necesita estabilidad, Sofía. Y tú… no se la das.
El comentario fue directo.
Doloroso.
—No sabes lo que siento —respondió Sofía.
Laura inclinó la cabeza ligeramente.
—Sé lo suficiente. Él está intentando que lo nuestro funcione. Y tú sigues apareciendo.
Silencio.
Sofía sintió una mezcla de culpa y enojo.
—No estoy compitiendo contigo.
—Pero tampoco lo estás dejando ir.
Laura se levantó.
—Si lo quieres… déjalo libre. Y si no… aléjate.
Sofía salió del café con el corazón desordenado.
No sabía que aquella conversación era parte de algo más grande.
La cita con Daniel
A las 7:00 p.m., Daniel la esperaba.
—Necesitamos hablar lejos de todo esto —dijo con voz serena—. Tengo una sorpresa.
Su actitud era distinta.
Más amable.
Más suave.
Eso desconcertó a Sofía.
—¿A dónde vamos?
—Un lugar donde podamos empezar de nuevo.
El viaje fue largo.
Demasiado.
Cuando Sofía comenzó a notar que salían de la ciudad, preguntó:
—¿A dónde me llevas?
—Confía en mí.
Pero la confianza ya no era tan fácil.
Llegaron a una casa aislada, en una zona rural.
Silenciosa.
Sin vecinos visibles.
—¿Daniel…?
—Solo unos días —dijo él—. Necesitamos desconectarnos. Sin llamadas. Sin interferencias.
Sofía sintió un escalofrío.
—Yo no acepté esto.
Daniel la miró fijamente.
—Aceptaste quedarte conmigo. Esto es parte de eso.
Dentro de la casa, el ambiente era cómodo… pero inquietante.
Daniel tomó su celular.
—Dámelo.
—¿Para qué?
—Para que nadie nos interrumpa.
—No.
El tono firme de Sofía cambió el aire.
Daniel se acercó.
—Sofía… necesito que entiendas algo. Todo lo que está pasando es porque nunca cerraste esa puerta.
Ella retrocedió un paso.
—Esto no es normal.
—Lo normal no nos funcionó.
Le quitó el teléfono.
No con violencia brutal.
Pero sí con determinación.
La puerta se cerró.
Con llave.
Mientras tanto…
Mateo esperaba un mensaje que no llegó.
Intentó llamarla.
Teléfono apagado.
Laura apareció esa noche en su apartamento.
—¿Estás bien? —preguntó con aparente preocupación.
Mateo suspiró.
—No contesta.
Laura se acercó lentamente.
—Tal vez ya decidió.
—¿Qué?
—Quedarse con Daniel. Sin medias tintas.
Las palabras hicieron eco.
Mateo miró el suelo.
—Si eligió… tengo que aceptarlo.
Laura apoyó una mano en su pecho.
—Yo estoy aquí.
El silencio entre ellos fue distinto esa noche.
Más íntimo.
Más cercano.
Y cuando Laura lo besó, Mateo no se apartó.
Quizás por orgullo.
Quizás por dolor.
Quizás por cansancio.
La doble traición
En la casa aislada, Sofía caminaba de un lado a otro.
—Esto no está bien, Daniel.
—Es lo único que nos queda —respondió él—. Sin él. Sin ruido. Sin distracciones.
—Esto es un encierro.
Daniel la miró con una calma que inquietaba.
—Es protección.
Sofía sintió miedo real.
No por un golpe.
Sino por el control.
Por la sensación de estar atrapada en una decisión que ya no era suya.
Esa misma noche, en un hotel del centro…
Laura y Daniel se encontraron nuevamente.
La alianza había cambiado.
Ya no era solo estrategia.
Era deseo alimentado por celos y venganza.
—¿La tienes contigo? —preguntó Laura.
Daniel asintió.
—Y él piensa que la perdió.
Laura sonrió lentamente.
—Perfecto.
Se acercaron.
Muy cerca.
La complicidad se convirtió en algo físico.
Prohibido.
Peligroso.
Porque ya no estaban intentando salvar nada.
Estaban disfrutando el poder de manipularlo todo.
En la casa aislada, Sofía miraba por la ventana la oscuridad del campo.
Su teléfono no estaba.
No había señal.
No había salida visible.
Y por primera vez desde que todo comenzó…
Entendió que esto ya no era un triángulo amoroso.
Era una trampa.
Y alguien estaba moviendo las piezas con demasiada precisión.
Pero la pregunta real era otra…
¿Quién iba a descubrir la verdad primero?
Mateo.
¿O Sofía?
(Continuará…)
El daño que se está incubando arrasará como un huracán con los tres, devastadoramente. No te arriendo la ganancia.