Una joven es arrojada a las vías de un tren y su existencia se extingue en un instante. Cuando vuelve a abrir los ojos, no encuentra descanso ni luz, sino el cuerpo de la villana secundaria de la novela que siempre odió. La rabia que arrastraba en su antigua vida despierta ahí, más fría y afilada que nunca.
En ese mundo donde la “santa” es intocable y los héroes juegan a ser salvadores, ella decide convertirse en la sombra que los devore. No quiere redención. No quiere justicia. Solo quiere verlos caer.
¿Podrá quebrar la historia que otros escribieron?
¿Quién detiene a alguien que dejó de creer en la misericordia?
¿Y qué ocurre cuando la oscuridad obtiene un nuevo nombre… y un nuevo rostro?
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Palabras
A la mañana siguiente, Ember estaba sentada en su lugar con un humor claramente enojado.
—¿Por qué sigues aquí? —le preguntó a Daniel sin molestarse en disimular.
—Porque este es mi asiento —respondió él con una sonrisa descaradamente tranquila.
Ember giró la cabeza hacia la derecha, sonriendo también… aunque sus ojos decían otra cosa.
—¿Y tú?
Lily estaba sentada allí, rígida como una estatua.
—B-bueno, yo… —empezó, nerviosa.
—Con calma, Lily —intervino Daniel—. Ember no intimides a la pobre niña.
Le dedicó a Ember una sonrisa fresca, de esas que daban ganas de empujarlo por una escalera.
Antes de que la situación pudiera escalar, el profesor entró al salón. Ember se recostó en su asiento y decidió dejar el asunto para después.
Pero antes de que las clases comenzaran, un chico interrumpió desde la puerta.
—Disculpe, profesor.
Acomodó sus lentes mientras revisaba una hoja, claramente más interesado en lo que leía que en la clase.
—Necesito a los estudiantes que se enfrentaron al escorpión.
El profesor miró directamente a Daniel, Lily y Ember, y asintió para que salieran.
Los tres se levantaron y siguieron al chico fuera del aula. Él caminaba al frente, sin decir una sola palabra.
Ember, unos pasos detrás, se inclinó ligeramente hacia Daniel.
—¿Quién es? —susurró.
—¿En serio no sabes? —respondió Daniel con una sonrisa burlona—. Es Roy. Miembro del consejo estudiantil.
La miró de reojo.
—No puedo creer que lleves tres años estudiando aquí y no lo sepas.
En la novela nunca lo mencionaron, pensó Ember con fastidio.
Se detuvieron frente a unas puertas enormes, altas y demasiado elegantes para significar algo bueno.
Roy se dio la vuelta por primera vez.
—Entren.
La oficina del consejo era silenciosa, amplia y demasiado elegante para estudiantes. Al fondo, detrás de un escritorio oscuro, estaba el presidente del consejo estudiantil Aldric .
No sonreía.
—Tomen asiento —ordenó con voz firme.
Daniel obedeció sin problema. Lily lo hizo con cautela. Ember se sentó última, sin mostrar prisa ni nervios, lo cual no pasó desapercibido.
El presidente entrelazó los dedos.
—Un escorpión de clase alta apareció dentro de un bosque de práctica —dijo—. Eso no es un error menor.
Miró a cada uno con atención.
—Ese tipo de criatura no migra. No se pierde. No aparece por casualidad.
Lily se encogió en su asiento. Daniel frunció el ceño.
—¿Resultaron heridos? —preguntó.
—No —respondió Daniel—. Lo derrotamos antes de que causara más daño.
El presidente asintió lentamente.
—Aun así, su presencia indica una ruptura en las barreras mágicas… o algo peor.
Hizo una pausa incómoda.
—Por ahora, este asunto queda bajo investigación. Se les prohíbe hablar del escorpión con otros estudiantes. ¿Quedó claro?
—Sí, señor —respondieron Daniel y Lily al unísono.
Ember tardó un segundo más.
—Claro —dijo, con tono tranquilo.
El presidente clavó los ojos en ella.
—Tú —dijo—. Ember.
Ella alzó la mirada, sin rastro de miedo.
—Fuiste quien tomó la iniciativa en el combate, ¿correcto?
—Si, fui yo—respondió ella.
Daniel la miró de reojo. Lily contuvo la respiración.
El presidente no se molestó. Al contrario, una sombra de interés cruzó su expresión.
—Interesante.
Se levantó.
—Pueden retirarse.
Los tres se pusieron de pie y salieron de la oficina. Cuando la puerta se cerró tras ellos, el presidente no apartó la vista del lugar por donde Ember había salido.
—Esa chica… —murmuró para sí— no actúa seguían los rumores.
Se acercó a la ventana, pensativo.
—Habrá que observarla de cerca.
Porque algo en Ember no encajaba.
Y eso lo inquietaba… y le despertaba curiosidad al mismo tiempo.