Leónidas, un mago de bajo rango intentará llegar a la cima como el número uno en su clase como novato recién llegado. La academia del reino de Grand Village esconde secretos tras sus muros, Leónidas junto a sus amigos intentarán llegar al fondo de ellos mientras se desarrolla como mago y se convierte en el más fuerte de todos.
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LA AVENTURA DE UN NUEVO COMIENZO
En un hermoso día soleado, tres figuras se dirigían por la polvorienta carretera que serpenteaba hacia la capital del reino de Grand Village. Viajaban en un humilde carruaje mercader, cargado con escasas pertenencias. El aire estaba cargado de calor, y el paisaje de campos verdes y lejanas colinas parecía burlarse de su incomodidad.
—Oigan, me estoy muriendo de calor —se quejó el padre de Leónidas, secándose el sudor de la frente—. ¿En serio nadie trajo agua?
Su esposa, la madre de Leónidas, sonrió con ternura, a pesar del bochorno.
—Cariño, ya sabes que nuestro rango mágico no nos permite vivir como reyes. Además, ahí al lado tienes un lago. Solo bájate del carruaje y toma de ahí —dijo, con una sonrisa que intentaba aligerar el momento.
—Ahhh, qué fastidio —gruñó el padre, girándose hacia su hijo—. Oye, muchacho, ¿por qué no haces ese truco que sabes?
Leónidas, un joven con gafas y un libro abierto en el regazo, levantó la vista con irritación.
—Cállense, déjenme leer. Solo toma de mi botella y cállate, eres molesto —replicó, ajustándose los lentes con un gesto hacia arriba, como si el gesto enfatizara su molestia.
En ese momento, el conductor del carruaje, un hombre fornido, intervino.
—Ya estamos llegando a la capital —anunció, señalando las torres distantes que se alzaban en el horizonte.
—Puff, por fin ya era hora —suspiró el padre aliviado—. Hace tres horas que no voy al baño.
La madre se volvió hacia su hijo con una expresión práctica.
—Leónidas, tu padre y yo iremos a los puestos de comida. Tal vez allí encontremos un trabajo...
Leónidas asintió, aliviado por la separación inminente.
—De acuerdo, qué bueno que recibí una beca para la academia. De lo contrario, tendría que aguantarlos.
La madre sonrió tiernamente, ignorando el tono sarcástico.
—Nosotros también te queremos, hijo.
Finalmente, llegaron a la bulliciosa capital. El carruaje se detuvo en el centro del reino, donde el ajetreo de la multitud los envolvió. Leónidas y sus padres descendieron, y llegó el momento de la despedida.
—Bien, hijo —dijo el padre, palmeando su hombro—. Espero que te vaya bien en esa academia. Ya eres todo un hombre, podrías cuidarte por ti mismo.
La madre, con lágrimas en los ojos, se limpió el rostro con el dorso de la mano.
—Te vamos a extrañar, mi pequeño...
Leónidas rodó los ojos, aunque un atisbo de emoción lo traicionaba.
—Estamos en el mismo reino, tontos. Solo me iré por unos meses hasta que acabe el primer año.
—Bien, querida, es hora de irnos. Nos vemos, hijo —concluyó el padre, y los dos se alejaron entre la multitud, dejando a Leónidas solo en la vibrante capital.
Ahora, el momento de su nueva aventura había llegado.
La capital rebosaba de vida: mercaderes gritaban ofertas, magos de bajo, medio y alto rango se movían con gracia por las calles empedradas, exhibiendo destellos de poder en sus túnicas. El aire olía a especias, pan fresco y un sutil aroma a magia.
Leónidas consultó su mapa arrugado.
—Bien, de acuerdo a este mapa, debo ir por aquí —murmuró para sí mismo, dirigiéndose hacia el norte.
Mientras caminaba, se topó con una escena incómoda. Una chica estaba en problemas, acorralada por un hombre insistente. Los problemas parecían un poco vergonzosos, del tipo que atraen miradas indiscretas.
—Oye, eres muy linda. ¿Por qué no vienes a mi casa? Soy un mago de medio rango, ¿sabes? —decía el hombre, con una sonrisa presuntuosa.
La chica, Deila, se debatía con furia.
— ¡Suéltame, tarado, o llamaré a la guardia real!
—Vamos, no tienes por qué hacerlo. Te trataré bien —insistió él, sujetándola más fuerte del brazo.
Leónidas no pudo ignorarlo. Se acercó con determinación.
—Oye, ya la oíste. Suéltala ahora mismo —ordenó, tomando el brazo del acosador con firmeza.
El hombre se giró, furioso.
—¿Ah? ¿Acaso quieres que te mate, niño?
—Por favor, no me hagas repetirlo —replicó Leónidas, su mirada endureciéndose.
Los dos se miraron fijamente, emanando una vibra de tensión mortal, como si el aire se cargara de destrucción inminente.
Pero entonces, una figura intervino desde atrás. Un golpe de magia de Tierra impactó al acosador, enviándolo tambaleante.
—Deja de causar un alboroto —dijo Blake, el recién llegado—. Mira a tu alrededor, las personas te están mirando, tonto.
El hombre sintió las miradas acusadoras de la multitud. Soltó a la chica y huyó corriendo.
—Esto no se quedará así, mocosos... —gritó mientras se perdía en la distancia.
Deila se recompuso, cruzando los brazos.
—Tenía la situación controlada, ¿saben?
Blake sacudió la cabeza.
—Eso no era lo que parecía... De todas formas, ¿quién eres?
Leónidas y Blake se reconocieron mutuamente.
—¿Leónidas? —preguntó Blake.
—Ya veo que eres de la academia, ¿no? —agregó.
Deila intervino, confundida.
—¿La academia?
Leónidas explicó:
—Sí, así es. Recibí una beca y me mudé aquí. Ahora mismo me dirijo hacia allá.
—¿Cómo sabes que soy de la academia? —preguntó Leónidas a Blake.
Blake sonrió.
—Está en el muro afuera de la academia. Ahí dicen los nombres de todos los nuevos de este año, incluyéndome.
Leónidas se iluminó.
—¿Eso significa que seremos compañeros?
Deila alzó la mano.
—Esperen, yo también soy nueva en la academia.
Blake rio.
—Vaya, entonces ya somos tres. Me llamo Blake, es un placer.
Deila se presentó.
—Soy Deila, pero pueden decirme Dey.
Leónidas pensó para sí: "Mi primer día y ya tengo que lidiar con dos molestias, fantástico".
Blake propuso:
—¿Por qué no vamos los tres juntos a la academia? Conozco el camino.
Deila asintió.
—Es una buena idea. Acepto.
Leónidas estuvo de acuerdo.
—Es un buen plan. Te seguimos, Blake.
Y así, los tres magos noveles se dirigieron juntos hacia la academia, un lugar lleno de secretos y misterios. ¿Podrá Leonidas sobrevivir al primer día?
En las sombras de la academia, la Profesora Jill informó al Director Bale:
—Director, ellos ya están aquí...
—Perfecto —respondió el Director—. Este año será un poco diferente...