Cuando Isabel muere debido a una enfermedad, su alma se transporta al mundo de la última novela que leyó: "La Duquesa Libertina". Ahora, con una segunda oportunidad, Isabel decide tomar control de su destino y cambiar el curso de la historia. Pero lo que no esperaba era que sus padres la obligaran a casarse con un duque sanguinario, misterioso y posesivo. Sin embargo, ella tratará de hacer la suya y no molestarlo, pero él desea otra cosa...
¿Podrá Isabel equilibrar su deseo de libertad con la pasión que la consume?
[Actualizaciones los Martes/Jueves/Sábados/Domingos]
NovelToon tiene autorización de Jocelin Jara para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 17
—¡Duque! – exclamaron ambos jóvenes haciéndoles una exagerada reverencia.
—¿Qué era lo que decían de mi amada esposa? – inquirió él Duque, soltando chispas de los ojos.
—Nno, nada mí señor – negó rápidamente el amigo de Vincent totalmente aterrado.
—¿Entonces yo oí mal? – volvió a preguntar acercándose más a ellos, de forma intimidante, además, la diferencia de estatura era bastante significativa, siendo el Duque mucho más alto que ellos.
—¡No, nosotros nos expresamos mal! – respondió pálido Vincent.
Los guardias, Dalia e Isabel se miraban entre ellos conteniendo la risa al ver el miedo que sentían los otros por Cedric.
De pronto él se acercó a Isabel y la tomó posesivamente de la cintura, mirándola con ternura a los ojos.
Ella estaba totalmente desconcertada, él nunca había actuado de esa forma con ella.
Todos los demás estaban igual.
—Realmente odio cuando alguien le falta el respeto a mí amada esposa – se volteó a mirar a los hombres, y señaló a Vincent – no me importa que seas su hermano, le debes respeto.
—Ssi.. – balbuceó Vincent asustado.
—Arrodíllense y rueguen su perdón – ordenó Cedric fulminándolos con la mirada.
—¿Qué? – inquirieron ellos impactados. Toda la gente los observaba a su alrededor.
—¿No lo piensan hacer? – preguntó él, tocando la empuñadura de su espada de forma amenazante.
Ellos al ver eso, inmediatamente se arrojaron al suelo de rodillas.
—¡Lo sentimos Duquesa! – exclamaron al unísono – le rogamos que nos tenga piedad y perdone nuestra conducta indecorosa.
Cedric se volvió hacía ella que estaba aún sorprendida, la besó con afecto en la cabeza.
—¿Qué dices mi amor, los perdonarás? – preguntó Cedric con una sonrisa cómplice.
Ella finalmente sonrió agradecida.
—No lo sé... – repuso ella abrazando a Cedric – la verdad me molestaron mucho, y también les faltaron el respeto a mis compañeros...
Vincent estaba rojo de la furia, no podía creer lo que estaba sucediendo, las venas de su cuello comenzaron a hincharse por la furia contenida.
—Si mi amada lo dice... – se giró hacia los hombres arrodillados – ella desea que también se disculpen con ellos, ahora.
A regañadientes ellos se estaban por levantar para pedirles disculpas a los guardias cuando Isabel los detuvo.
—No se levanten, pueden gatear de rodillas hasta ellos y rogarles su perdón como a mí – ordenó la azabache con una sonrisa maliciosa.
Ellos hicieron lo que se les ordenó, se disculparon con ellos que los aceptaron enseguida, no querido llevar las cosas más allá.
—Ahora pueden marcharse – indicó Cedric de forma despectiva – sin embargo, el marqués sabrá de esto, al igual que la familia del otro.
Ambos hombres asintieron y salieron corriendo del lugar.
Al regresar al ducado, lo hicieron en un profundo silencio, pensando en todo lo que había sucedido.
—Nos vamos más tarde muchachos – los saludo con una sonrisa amigable Isabel a los guardias que debían ir a su entrenamiento.
Cedric levantó una ceja sorprendido, no recordaba que fueran tan amigos antes.
—Isa, ven – la llamó – tenemos que hablar.
Ella sin poner alguna objeción lo siguió hasta su despacho.
Al estar los dos allí sentando en el sillón, fue Cedric quién rompió el silencio.
—He de confesar que los estuve siguiendo cuando salieron del restaurante – confesó él – al principio pensaba que te iba a ver con Tristan y por ello te mandé con los guardias, pero ahora me alegra haberlo hecho.
—¿Estabas celoso? – preguntó ella con una sonrisa pícara.
—Yo no soy celoso – negó rápidamente, demasiado rápido – simplemente cuido lo que es mío; y tú Isa, eres mía y de nadie más, no toleraré compartirte con nadie.
Esa confesión la sorprendió inmensamente, pero algo dentro de ella se sentía feliz por ello.
—Lamento lo que sucedió en nuestra noche de bodas – se disculpó ella de pronto – creí que tenías un romance con Cordelia y por ello me puse así, fui demasiado ingenua y no volverá a ocurrir, además ya me disculpé con el joven Radcliffe y le dije que no volvería a suceder nada parecido.
El Duque al escuchar esas palabras suspiró aliviado, le alegraba saber eso.
—No tengo ni he tenido jamás un romance con Cordelia – aseguró él – ella siempre ha estado detrás del título de Duquesa, no es por qué me quiera o algo así y eso lo sé bien, por ello y otras cosas más, jamás me interesó tener nada con ella.
Isabel asintió con una sonrisa, le agradaba saber eso, ahora podría sentirse más tranquila al respecto.
—Hay algo que deseo preguntarte y necesito que me respondas con sinceridad... – dijo de pronto él, un poco nervioso.
—Dime... – murmuró Isa.
—Al ver la escena con tu hermano hoy, algo se sintió extraño, raro... – mencionó – ¿qué es lo que sucede con él y con tu familia?.
Ella al principio se asustó un poco, pero poco a poco fue entendido que era necesario que él supiera todo.
—Mi vida en el marquesado fue un verdadero infierno – contó ella mirando sus manos – mi madre, mi padre y su concubina Clara, junto a sus hijos se encargaron de hacerme la vida miserable – sollozó al recordarlo.
Él tomó su mano cómo gesto de apoyo, cosa que ella agradeció en silencio.
—Vincent al ser el primer varón de mi padre e hijo de la primera concubina de él, siempre hizo lo que quiso, dentro y fuera del marquesado – tomó aire – desde que yo era pequeña, él siempre me miró de forma inapropiada... A medida que fuimos creciendo las cosas se tornaban cada vez más feas, y poco tiempo antes de que nos encontraramos en el bosque aquel día, él había intentado...
Se quebró y no pudo continuar, pero él la entendió a la perfección y conocía todos los detalles de lo que sucedió después de su intento de huida de aquel día.
Ahora la podía comprender mejor.
—Tranquila Isabel – la abrazó y ella lloró en silencio entre sus brazos – nunca más tendrás que volver a pasar por algo así, lo prometo.
Ella asintió con fuerza, creyendo en sus palabras, abrazándolo aún más fuerte.