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Deseo Prohibido

Deseo Prohibido

Status: En proceso
Genre:Romance de oficina / CEO
Popularitas:7.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Arianna Rose

​"Ella es la inocencia que él no puede tocar. Él es el pecado que ella no puede evitar."
​Lucía Bennet es dulce, romántica y nunca ha conocido el amor. Como asistente de Dante Moretti, sabe que él es un hombre prohibido: está comprometido con una heredera poderosa y una cláusula en su contrato le prohíbe acercarse a él bajo pena de una demanda millonaria.
​Dante es implacable y frío, pero la pureza de Lucía ha despertado en él una obsesión que no puede controlar. Tras la fachada del CEO perfecto, se esconde un deseo insaciable que amenaza con destruirlo todo.
​Atrapados en una suite en Milán, la línea profesional se rompe. Entre una boda por interés, una familia que exige obediencia y un contrato legal implacable, ambos se hunden en una pasión clandestina.

NovelToon tiene autorización de Arianna Rose para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Bajo la luz de los archivos

La oficina local en Milán era un espacio de una frialdad sofisticada, con techos altos y paredes de cristal que ofrecían una vista panorámica de la ciudad iluminada por las luces nocturnas. Eran casi las diez de la noche y el silencio solo era interrumpido por el rítmico tecleo de Lucía y el sonido de las páginas que Dante pasaba con cierta agresividad. Llevaban cinco días instalados en esa rutina: trabajar hasta que los ojos les ardieran, manteniendo una distancia profesional que parecía una cuerda tensada al límite de su resistencia.

Lucía estaba concentrada en organizar el cronograma de la cena de gala de los Van Doren. Era un evento crucial donde Dante debía formalizar la fusión frente a la aristocracia italiana, y ella, como su sombra eficiente, debía asegurar que cada detalle fuera perfecto. Sin embargo, le costaba concentrarse; la presencia de Dante, a pocos metros, era una distracción constante.

—Señorita Bennet, deje eso —dijo Dante de repente, rompiendo el silencio. Su voz sonó más ronca de lo habitual debido al cansancio.

Lucía levantó la vista, sorprendida. Dante estaba recostado en su silla de cuero, observándola con una intensidad que la hizo enderezar la espalda instintivamente.

—Solo me faltan los protocolos de seguridad, señor. No tardaré mucho.

—He dicho que lo deje —repitió él, poniéndose de pie y caminando hacia el escritorio de ella con una elegancia depredadora. Se detuvo justo en el borde, invadiendo ese espacio personal que ella intentaba proteger—. Mañana tiene una cita a primera hora. Irá a la boutique de Valentino. He dado instrucciones para que escojan tres opciones de vestidos para usted.

Lucía parpadeó, confundida.

—¿Para mí? Señor, yo tengo mi ropa de trabajo. No creo que sea necesario un gasto así por mi parte.

—En la cena de los Van Doren, usted no solo es mi asistente; es la representación de mi firma —la interrumpió él, bajando la voz. Se inclinó un poco, apoyando las manos sobre el escritorio de Lucía, atrapándola visualmente—. Habrá buitres de todas las nacionalidades buscando una debilidad en mi estructura. No permitiré que nadie piense que mi equipo es menos que impecable. Además... —Dante hizo una pausa, sus ojos grises recorriendo el rostro de Lucía con una lentitud que le cortó la respiración—... quiero verla con algo que no sea un traje sastre, Lucía. Por una vez, deje que la ciudad de la moda haga su trabajo con usted.

Dos días después, el salón de los Van Doren brillaba con la opulencia de la vieja aristocracia. Lucía se sentía como una intrusa. Llevaba un vestido de seda azul medianoche que se ajustaba a su cintura y caía con elegancia hasta sus pies. Había dejado su cabello castaño suelto, cayendo en ondas sobre sus hombros, y su único adorno era la pequeña medalla de oro de su abuela.

Cuando entró al salón, notó que varias cabezas se giraban. Lucía no estaba acostumbrada a la atención, pero esa noche, su belleza dulce y natural destacaba entre tanto diamante artificial.

—Señorita Bennet, se ve... radiante.

Un joven heredero italiano, Lorenzo, socio de la firma, se acercó a ella con una sonrisa excesivamente confiada. Le tomó la mano y se inclinó para besarla, prolongando el contacto. Lucía se tensó, tratando de ser cortés pero firme.

—¿Es usted nueva en el equipo de Moretti? —preguntó el hombre, recorriéndola con la mirada—. Dante siempre ha tenido buen ojo para los negocios, pero esto es, sin duda, su mejor adquisición.

Lucía no tuvo tiempo de responder. Una presencia gélida se materializó a su lado. Antes de que pudiera reaccionar, sintió una mano firme y posesiva en la parte baja de su espalda. El calor de la palma de Dante quemó a través de la seda.

—La señorita Bennet es mi mano derecha, no una "adquisición", Lorenzo —dijo Dante con una voz que era un susurro de advertencia—. Y ahora, si nos disculpas, tenemos asuntos pendientes.

Dante la condujo hacia la terraza apartada, lejos de la multitud. Una vez allí, la acorraló contra la barandilla de piedra. Sus ojos echaban chispas.

—Le dije que se mantuviera cerca de mí —gruñó él—. No está aquí para entretener a cachorros italianos.

—Él solo estaba siendo amable, señor —respondió Lucía con el corazón desbocado—. Yo no buscaba su atención.

—No me importa lo que él buscaba —espetó Dante, dando un paso más, eliminando cualquier distancia entre ellos—. El problema es que usted no tiene idea de lo que provoca, Lucía. Esa mirada de inocencia en un lugar como este es como lanzar carne a los lobos. Y yo no tengo la paciencia necesaria para ver cómo otros intentan tocar lo que está bajo mi protección.

Lucía se quedó sin aliento. Por un segundo, Dante pareció a punto de romper todas sus reglas y reclamar los labios de la mujer que lo estaba volviendo loco. Pero el sonido de unos tacones firmes sobre el mármol rompió el hechizo. La puerta de la terraza se abrió y una mujer resplandeciente en un vestido rojo pasión apareció.

—¡Dante, querido! —la voz de Alessia Van Doren llenó el aire, cargada de una seguridad aplastante—. Mi vuelo se retrasó por la tormenta, pero no podía perderme la fiesta de mi propio padre.

Alessia acababa de aterrizar desde Nueva York. Su llegada fue como un jarro de agua fría. Dante se tensó y su máscara de acero volvió al sitio en un instante. Se separó de Lucía con una frialdad que dolió.

—Alessia. Me alegra que pudieras llegar —dijo él, volviendo a ser el prometido perfecto.

Alessia entrelazó su brazo con el de Dante y clavó sus ojos en Lucía, que seguía contra la barandilla, sintiéndose humillada.

—Vaya, veo que tu asistente sigue trabajando incluso en las fiestas —comentó Alessia con una sonrisa gélida—. Puedes retirarte, querida. Yo me encargaré de Dante por el resto de la noche.

Lucía solo pudo asentir, sintiendo que las lágrimas empezaban a nublar su vista mientras veía a la pareja perfecta alejarse hacia el centro del salón.

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Tere Jimenez
muy interesante el capítulo
Tere Jimenez
muy emocionante el principio gracias por compartir
Isbelia Narvaez
amiga escritora me encanto tu novela....felicidades...
yanetsi izarra: Aaww☺️ Gracias amiga! Me alegra mucho saber que te gustó 🥰
total 2 replies
Tere Jimenez
empieza muy interesante gracias por compartir
yanetsi izarra: Me alegra mucho que te haya gustado! Gracias a ti!
total 1 replies
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