Morí atragantado con un hotdog y reencarné en mi novela BL favorita.
¿Suena épico? No lo es, porque ahora soy el extra que muere en el capítulo 3.
Mi plan: pasar desapercibido y sobrevivir.
La realidad: el villano frío y temido del imperio se enamoró de mí.
Entre malentendidos, romance accidental y un destino que se salió del guion,
haré lo imposible por no morir otra vez…
aunque eso signifique robarle el corazón al villano.
✨ BL + comedia + reencarnación
✨ Villano obsesivo x extra caótico
✨ Final feliz (si no muero antes)
NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 20: Cuando Cuidar Demasiado También es un Problema
Descubrí que Lucien Blackthorne cuidando “con moderación” era un mito urbano.
Después del episodio de mi tobillo traicionero, su definición de “ten cuidado” evolucionó a “te vigilo desde que respiras hasta que parpadeas”. No era opresivo. Era… intensamente atento. Y eso, para alguien como yo, que había pasado mucho tiempo siendo invisible, resultaba tan halagador como desconcertante.
—No necesitas escoltarme hasta la cocina —le dije, caminando por el pasillo con un leve cojeo dramático (más teatral que real).
—Sí necesito —respondió—. Te caes.
—Me caigo con o sin escolta —repliqué—. Es un talento independiente.
Lucien me lanzó una mirada que decía no me hagas reír.
En la cocina, Brun nos observó como si estuviera presenciando una obra de teatro doméstico.
—¿Ahora también trae al chico a todas partes? —preguntó.
—No lo “traigo” —respondió Lucien—. Camina solo.
—Con apoyo emocional —añadí.
Brun resopló.
—Come, antes de que se caiga de hambre.
Lucien me pasó un plato.
—Come.
—Sí, señor nutricionista.
Después del almuerzo, intenté escabullirme para hacer una tarea simple en la biblioteca. Lucien apareció en la puerta como si tuviera un radar.
—¿A dónde vas?
—A… existir de forma independiente —respondí—. Un experimento social.
—Vuelves en una hora.
—Eso sonó a permiso parental.
—Eso sonó a “no quiero encontrarte en el suelo”.
—Soy una persona, no un jarrón frágil —protesté.
Lucien me miró con seriedad.
—Eres una persona que se desmaya, tropieza y se expone a gente que no sabe comportarse.
—Wow —dije—. Gracias por la lista de mis defectos.
—No son defectos —respondió—. Son riesgos.
—¿Ves? Así suena más bonito.
Aun así, obedecí. Fui a la biblioteca, hice mi tarea, regresé en la hora exacta.
—Buen chico —dijo Lucien, sin pensar.
Me quedé mirándolo.
—¿Acabas de decirme “buen chico”?
Lucien parpadeó.
—No quise decir eso.
—Lo dijiste —sonreí—. Queda registrado en mi memoria emocional.
Lucien se aclaró la garganta.
—Ignóralo.
—No puedo —respondí—. Ahora es parte de mi personalidad.
La tarde pasó con esa dinámica rara de “te cuido pero no quiero admitir que me importa tanto”. Yo me quejaba. Lucien insistía. Era… nuestro ritmo.
Cuando cayó la noche, me llevaron una infusión para el tobillo. Me senté en la cama, aplicando la compresa fría con torpeza.
Lucien apareció en la puerta.
—¿Te duele?
—Un poco —admití—. Pero más me duele mi orgullo.
Lucien se acercó y ajustó la compresa con cuidado.
—No exageres.
—No exagero —respondí—. Mi orgullo es muy sensible.
Se sentó en la silla de la noche anterior. El silencio entre nosotros se volvió cómodo.
—Aurelian vino a verme hoy —dije de pronto.
Lucien alzó la vista.
—¿Qué quería?
—Nada dramático —respondí—. Solo… hablar. Creo que está aceptando cosas que no le gustan aceptar.
Lucien no dijo nada, pero su mandíbula se tensó apenas.
—Me preguntó si estaba bien contigo —añadí—. Le dije que sí.
—¿Lo estás? —preguntó Lucien.
Lo miré.
—Sí —respondí—. Lo estoy.
La habitación se quedó en silencio. No uno incómodo. Uno que pesa porque es honesto.
—Lucien —dije—. No tienes que cuidarme tanto. No quiero que tu vida gire alrededor de mis torpezas.
—No gira —respondió—. Pero… me importa que estés bien.
Mi corazón volvió a latir raro.
—Eso fue una admisión.
—Fue un hecho.
Nos miramos. El momento era íntimo sin tocarse.
—Buenas noches —dijo al final.
—Buenas noches —respondí.
Cuando se fue, me dejé caer en la cama con una sonrisa tonta.
—Genial, Elian —murmuré—. Te están importando. Esto es oficialmente peligroso.
🎵🎶Fondo, fondo, fondo🎶🎵🤣😆😈😆🤣😉