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Renacer

Renacer

Status: En proceso
Genre:Venganza de la protagonista / Maltrato Emocional / Autosuperación
Popularitas:7.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Crisbella

Miranda Saavedra. Un nombre que en los círculos financieros es sinónimo de respeto, fortuna y un orgullo inquebrantable. Como presidenta de uno de los conglomerados más influyentes del país, su presencia intimida a los tiburones de la industria y su mirada es capaz de desmantelar cualquier defensa antes de que se pronuncie la primera palabra en una junta.
Pero esa armadura de seda y acero fue forjada en el fuego.
Hubo un tiempo en que Miranda era otra mujer: una esposa dedicada que creía en la paciencia y en el refugio de un hogar, soñando con una familia que nunca llegó. Esa vida "perfecta" se desintegró en un solo instante, convirtiéndose en un infierno de sombras cuando el mundo que conocía la traicionó, siendo secuestrada para ser vendida al mejor postor.

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Estratégia

De vuelta a la mansión, Miranda y Lissandro se encontraron con su pequeña hija sentada en el sofá de la sala, la niña se veía pensativa, como si estuviera analizando una situación.

—¿En qué piensa la princesa de papá? — pregunto Lissandro con una sonrisa.

—¡Papá, mamá! — Exclamó la pequeña corriendo a los brazos de su padre.

—¿En qué estaba pensando esa pequeña cabecita tuya? — interrogó Miranda conociendo a su hija.

—Solo pensaba en el momento de volver a verlos —, respondió la pequeña Lia mostrando una sonrisa pícara.

Miranda no creyó las palabras de su hija, ella estaba consciente de que Lia podía desatar una tormenta si se lo propina, sin pensar en el peligro al que se exponía.

—Sabes bien que no debes meterme en cuestiones de adultos, mamá y papá pueden resolver lo que sea y tu único deber es ser una niña feliz —, recalcó Miranda viendo directamente a su hija.

—Lo sé, mamá —respondió Lía, entornando sus ojos oscuros con una madurez que siempre lograba inquietar a Miranda—. Pero los adultos a veces olvidan que las piezas pequeñas son las que más rápido se pierden de vista en el tablero.

Lissandro soltó una carcajada suave mientras bajaba a la niña al suelo, aunque sus ojos permanecían vigilantes. La astucia de Lía era un arma de doble filo: era su mayor orgullo y, al mismo tiempo, su mayor temor.

—Esa es una forma muy técnica de decir que te mueres de curiosidad —intervino Lissandro, intentando aligerar el ambiente—. Pero tu madre tiene razón. Esta casa es una fortaleza para que tú puedas jugar, leer y ser una niña, no para que rastrees los movimientos de los enemigos de la familia.

Lía se encogió de hombros, caminando con paso firme hacia la gran ventana que daba al jardín trasero. Se quedó allí, observando las sombras que los árboles proyectaban bajo la luz de la luna.

—No es curiosidad, papá. Es que no me gusta que la gente mire nuestra casa desde los árboles —soltó la niña de repente, dejando caer la bomba con una naturalidad aterradora.

El silencio que siguió a sus palabras fue absoluto. Miranda sintió cómo un escalofrío le recorría la columna vertebral, borrando cualquier rastro de la molestia que sentía hacia Lissandro minutos antes. Se acercó a su hija y la tomó suavemente de los hombros.

—Lía... ¿Viste a alguien en el jardín? —preguntó Miranda, manteniendo su voz lo más estable posible para no transmitirle su pánico.

—No lo vi con mis ojos, mamá. Lo vi con el dron de juguete que me regaló el tío Víctor —explicó Lía, señalando hacia el rincón de la sala donde descansaba el pequeño aparato—. Estaba probando la cámara térmica y había un punto de calor cerca de la verja oeste. Se quedó ahí diez minutos y luego se fue cuando las luces de su auto aparecieron en el camino.

Lissandro no esperó a escuchar más. Sacó su teléfono y marcó al jefe de seguridad de la mansión con un gesto violento.

—¡Revisión total del perímetro oeste! ¡Ahora! —rugió por el auricular—. Quiero las grabaciones de los últimos veinte minutos y quiero saber cómo diablos alguien se acercó tanto sin que los sensores se activaran.

Miranda abrazó a Lía por la espalda, protegiéndola con su propio cuerpo. La advertencia de su hija no era una travesura; era la confirmación de que Andrés Lara, o quizás alguien más, estaba probando las defensas de su hogar.

—Lía, ve arriba con Diana ahora mismo —ordenó Miranda, con un tono que no admitía réplicas.

—Pero mamá...

—¡Ahora, Lía! —esta vez, la voz de Miranda sonó como un látigo.

La niña asintió, reconociendo el peligro real en los ojos de su madre, y subió las escaleras a paso rápido. Una vez que estuvieron solos, Miranda se giró hacia Lissandro. Sus ojos ardían con una furia contenida.

—Se acabó el juego financiero, Lissandro. Ya no estamos esperando a que la bolsa cierre para ver cómo sufren —siseó ella—. Están acechando a nuestra hija en nuestra propia casa.

Lissandro terminó la llamada y miró a Miranda. Su rostro era una máscara de hierro, la misma que usaba cuando tenía que tomar decisiones de vida o muerte.

—Tienes razón. Si Andrés quiere jugar a las sombras, le daremos una oscuridad total —sentenció él—. Voy a traer a mi equipo de extracción. Mañana, tú y Lía saldrán de aquí hacia el refugio seguro de Connecticut. Yo me quedaré en la ciudad para terminar de enterrar a Lara personalmente.

Miranda negó con la cabeza, una sonrisa amarga y letal dibujándose en sus labios.

—No, Lissandro. No voy a huir de nuevo. Pasé años escondida en las sombras mientras tú me reconstruías. Esta vez, si quieren guerra, me van a encontrar en el frente. Lía se irá con Diana, pero yo me quedo a tu lado para ver cómo arde el imperio de Andrés con él adentro.

En ese momento, la pantalla del televisor en la sala se encendió sola. No era un error técnico. Una señal externa había hackeado el sistema de la casa. En la pantalla, apareció una imagen borrosa de la gala de la noche anterior, centrada en el rostro de Miranda, y sobre ella, unas letras rojas que decían:

"LOS SECRETOS MEJOR GUARDADOS SON LOS QUE TIENEN CORAZÓN. HOLA, ELENA".

El silencio en la sala se volvió denso, casi sólido, mientras las palabras rojas en la pantalla parpadeaban como una herida abierta. El mensaje era una declaración de guerra, un recordatorio de que Andrés Lara no se detendría ante nada para recuperar el control que sentía haber perdido.

​Tanto Miranda como Lissandro se quedaron viendo la pantalla, petrificados por un segundo, procesando la audacia del hackeo. Lissandro apretó los puños, su mandíbula tensa mientras sus ojos escaneaban el código malicioso que seguía corriendo por el monitor de última generación. Estaba listo para ordenar un rastreo, para movilizar a su ejército de seguridad y borrar a Andrés del mapa esa misma noche.

​Sin embargo, fue la reacción de su esposa la que lo detuvo.

​Miranda no mostró miedo. No hubo rastro de la Elena que temblaba ante las amenazas. En lugar de eso, una calma glacial se apoderó de sus facciones. Sus ojos azules, antes llenos de preocupación por Lía, ahora brillaban con una determinación oscura y letal. Una pequeña risa seca escapó de sus labios, un sonido que resonó en las paredes de mármol de la mansión con un eco inquietante.

​—Es un hecho, mi regreso es de dominio público —comentó Miranda, rompiendo el silencio con una voz que destilaba veneno y elegancia—. Ya no hay sombras donde esconderse, Lissandro. Él ha cometido el error de creer que el miedo es mi debilidad, cuando en realidad es mi combustible.

​Se giró hacia su esposo, y por primera vez en toda la noche, la sonrisa que mostró fue puramente malévola. Era la sonrisa de quien ha esperado diez años para ver el mundo arder y finalmente tiene el fósforo en la mano.

​—Ahora es hora de empezar el verdadero juego —sentenció, mientras en la pantalla el nombre "Elena" se desvanecía para ser reemplazado por la estática—. Andrés cree que me ha encontrado, pero no tiene idea de que acaba de abrirle la puerta al monstruo que él mismo creó.

​Lissandro la observó, y en ese momento supo que la mujer que amaba era mucho más peligrosa que cualquier enemigo que hubieran enfrentado. La guerra ya no era financiera ni estratégica; era personal, era visceral, y Nueva York sería el escenario de una carnicería que apenas comenzaba.

1
Mine Romero
Excelente novela 👏👏👏muchas gracias por actualizar
Mercedes Tibisay Marin
hay que descubras rapido a ese que le quiere hacer daño
Mercedes Tibisay Marin
sera que hay un traidor en su casa
Mercedes Tibisay Marin
Miranda acaba con cada uno de ellos
Mercedes Tibisay Marin
desgraciados
Mercedes Tibisay Marin
hay Dios que terrible suceso
Gabriela Alejandra Badia
buenísima!!
Mine Romero
Excelente novela me encanta 👏👏muchas gracias por actualizar 🙂🙂
Mine Romero
ufff esta súper interesante por favor nos puedes regalar más capítulos 🙂
Mine Romero
Excelente novela me encanta muchas gracias por actualizar 👏👏👏☺️☺️☺️
Miraval 💃🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴
Ya se dañó demasiado la imagen de Lisandro, hizo cosas aberrantes para acercarse a Miranda, todo con la excusa de su dolor y la idea de la venganza. Qué mujer podría perdonar algo así ? 🧐🤨🤨🤔🤔🇨🇴🇨🇴
Maria Vázquez torres
la verdad autora ésto es un enredo la voy a dejar de leer hasta q este terminada
Mine Romero
Esta súper emocionante, muchas gracias por actualizar 👏👏☺️
valeska garay campos
solo por venganza hizo todo?🤔
valeska garay campos
será que es verdad todo lo que dijo 🤔
Miriam Colín
Espero que terminen con todos los desgraciados, que después de todo el caos puedan empezar de nuevo con su amor renovado y siendo felices con su hija.
Eliana Galann
aahh que alivio era mucho ir sola a enfrentar al arrogante ex marido
Mine Romero
Excelente novela, por favor nos puedes regalar más capítulos muchas gracias 😘
valeska garay campos
tarde o temprano lo va. a perdonar 🤔😭
Miraval 💃🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴
Pero al parecer a Lissandro le falló su corazón, porque se enamoró de Miranda. Él mismo lo dijo, "espero que algún día me ames, como yo te amo a ti". 🤔🤔🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴
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