Kiliam descubre la gran traición de su esposa de la peor manera posible, apoyada por toda su familia decide alejarse definitivamente de todos ellos e iniciar una nueva vida. ¿Pero qué sucede cuando su ex esposa regresa arrepentida buscando su ayuda? Un sin fin de secretos del pasado comienzan a salir a la luz junto con la llegada de una mujer misteriosa que posee el mismo rostro de alguien que ya no volvería. La venganza comienza y solo uno ganará.
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Con la furia a flor de piel
POV Kiliam
La mañana se estrella contra mí como un bloque de hielo. El zumbido del intercomunicador me desgarra de un sueño sin consuelo, un sonido metálico y frío que resuena en el vacío de mi departamento.
—Diga —murmuro, la garganta áspera como papel de lija.
—Señor, su coche ha sido entregado. Está en la entrada.
—Gracias.
El reloj digital parpadea en rojo: 07:30. Veinte minutos para transformarme en la armadura de un hombre exitoso. El tiempo es un látigo que azota mi espalda, obligándome a levantarme y enfrentar el día. No puedo permitir que esta sombra que me persigue devore el esfuerzo de dos años, la meticulosa construcción de una nueva identidad.
El traje, un abrazo sofocante de lana italiana, se siente como una segunda piel, pero una que me asfixia. La corbata, un lazo de seda que estrangula mi aliento, es un recordatorio constante de las expectativas que pesan sobre mis hombros. El gel en mi cabello, frío y pegajoso, forma una máscara perfecta, ocultando el caos que ruge debajo. Soy Kiliam, el ejecutivo implacable, y nadie debe ver la fragilidad que se esconde detrás de esta fachada.
En la oficina, el aire acondicionado zumba con una monotonía glacial, un contraste hiriente con el fuego que arde en mi interior. Mi secretaria, con su sonrisa profesional y su mirada distante, es una barrera entre mi mundo privado y la vorágine del trabajo.
—Señor, hay una visita. Una mujer insiste en verlo, dice que es un asunto urgente.
Una punzada de esperanza, tan inesperada como dolorosa, me atraviesa el pecho. ¿Sahara? El recuerdo de sus ojos, profundos y llenos de una promesa que no entiendo, me ha atormentado desde nuestro encuentro.
—Adelante.
La puerta se abre con un suave clic, y el aroma dulzón y familiar de Mariana inunda la habitación, un veneno que creía haber expulsado de mi sistema. Su presencia es una bofetada, un recordatorio brutal de la traición que marcó mi vida.
—¿Qué haces aquí? ¿Cómo te atreviste a venir a mi trabajo? —escupo las palabras, el sabor amargo del resentimiento en mi lengua.
—Ahora eres importante, Kiliam. No fue difícil encontrarte —responde, su voz un susurro cargado de falsedad.
Me levanto, el chirrido de la silla rompiendo el silencio opresivo. Necesito verla de cerca, sentir la vibración de su maldad para reafirmar mi decisión de borrarla de mi existencia.
—¿Te sorprende verme en la cima? ¿Ver que el "pobre diablo" al que despreciaste logró salir adelante? Ahora que saboreas las mieles del éxito, vienes a mendigar las sobras. Querías la recompensa sin haber compartido la miseria. Eres despreciable, Mariana. No tienes vergüenza.
Sus labios tiemblan, la pintura craquelada por la tensión. Sus ojos, antes brillantes y seductores, ahora son charcos turbios de desesperación. Busca las palabras que puedan manipularme, las frases hechas que solían derretir mi voluntad. Pero mi corazón se ha endurecido, convertido en una roca impenetrable.
—No me dejaste explicarte, Kiliam. Me obligaste a firmar el divorcio con tus amenazas. Estaba enojado, lo entiendo, pero las cosas no son como crees. Aquí... —Su mano tiembla al extender un sobre manila, el papel crujiendo como hojas secas bajo mis pies—. Aquí están los papeles que lo demuestran. No soy la madre biológica de Tiana. Fui un vientre de alquiler, nada más.
La bilis quema mi garganta, el ácido del odio corroyendo mis entrañas. Quiero arrebatarle esos papeles y reducirlos a cenizas, pero la razón me detiene. Necesito pruebas, y mi oficina es un testigo silencioso, grabando cada uno de sus movimientos. El zumbido de las cámaras de seguridad se convierte en un latido constante, un recordatorio de que estoy en control.
—Un papel no borra la traición, Mariana. Me apuñalaste por la espalda. Eso no tiene perdón.
Se desploma a mis pies, el roce de sus rodillas contra la alfombra un sonido que me revuelve el estómago. Suplicando como una mendiga, con la voz quebrada y los ojos inundados de lágrimas falsas.
—Te amo, Kiliam. Siempre te he amado. Lo hice por tu hermano, por Mónica. Quería cumplir su último deseo. Sabes cuánto la quería.
El nombre de Mónica es una blasfemia en sus labios, una profanación de la memoria de una mujer que amé y que ella traicionó de la forma más cruel. La furia me ciega, un torbellino de ira que amenaza con consumirme.
Mis puños se cierran con tanta fuerza que mis nudillos se tornan blancos como hueso. Respiro hondo, intentando controlar el volcán que ruge en mi interior. No puedo perder el control. Debo ser más astuto, más despiadado.
—Vete. No quiero verte.
—No me abandones, Kiliam. Te necesito. Mi vida es un infierno. Tu hermano se desentendió de la niña, tu madre no puede hacerse cargo y yo no encuentro trabajo —suplica, su aliento caliente y húmedo contra mi pierna.
—¿Y esperabas que te aplaudiera? Cosechas lo que siembras, Mariana. ¿Creíste que podías acostarte con Kaiser y salir impune? Te creía más inteligente.
Me doy la vuelta, dispuesto a llamar a seguridad, pero sus manos se aferran a mi pierna, como garras desesperadas. Siento el roce de sus uñas a través de la tela del pantalón, una sensación repugnante que me hace estremecer.
—Por favor, Kiliam. Ayúdanos. Me equivoqué, lo reconozco. Quiero ser tu esposa otra vez. Podemos ser felices, como antes. Sin preocupaciones.
Presiono el botón de pánico, el clic seco y definitivo. Su voz es un veneno que corroe mi alma, una melodía que me recuerda los años de ceguera y engaño.
—Antes no eras feliz porque yo no era lo suficientemente rico. No podía comprarte los caprichos que Kaiser te ofrecía. Ahora que me ves en la cima, crees que puedes volver a mi vida como si fuera una telenovela. No quiero verte nunca más. Respeta mis límites. Ya no significas nada para mí.
Los guardias irrumpen en la oficina, dos figuras imponentes con rostros inexpresivos. La levantan del suelo con una facilidad brutal, como si fuera un saco de basura. Mariana se resiste, aferrándose a la esperanza de que aún puedo ser manipulado.
—¡Es por esa otra! ¡Tienes una amante, por eso me desprecias! ¡Juraste amarme hasta la muerte, en la salud y en la enfermedad! ¡Eres un traidor, Kiliam! —grita, su voz estridente resonando en la habitación.
Ahora entiendo su juego. Si no cedo a su chantaje emocional, está dispuesta a destruir mi reputación. Me siento un imbécil, un ciego que permitió que esta serpiente se enroscara en su corazón. Debí haberla aplastado el día que descubrí su traición. El eco de sus palabras me persigue mientras la arrastran fuera de mi oficina, un recordatorio constante de la fragilidad de mi nueva vida y la persistencia del pasado.
Ya le han cambiado el género en varios capitulos 🤔🤔🤔
Super recomendable ♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️