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La Rehén Del Alfa

La Rehén Del Alfa

Status: En proceso
Genre:Romance oscuro / Amor-odio / Hombre lobo
Popularitas:6.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Viera.L.

Jared es el alfa de uno de los clanes de lobos más poderosos del norte. Frío, dominante y fiel a las leyes de la manada, jamás permitiría que el clan rival jugara con su honor… hasta que secuestran a su hermano.
Marlene es la hija olvidada de ese mismo clan. Rechazada desde su nacimiento, nunca ha pertenecido realmente a ningún lugar.
Cuando Jared la toma como rehén para forzar un intercambio, cree tener el control de la situación.
Lo que no espera es que ella no le tema.
Ni que despierte algo que jamás debió sentir por una enemiga.
Entre clanes enfrentados, secretos, lealtades y deseo, descubrirán que algunas guerras no se ganan con colmillos… sino con el corazón.

NovelToon tiene autorización de Viera.L. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Una locura necesaria

Jared

Mi hermano me aseguró desde que llegamos que esa vez había estado a punto de decir que sí a la boda, que pensaba que era amor y que ni siquiera lo descartaba. Mi madre, por supuesto, decidió creérle para no tener que asumir una vez más que su hijo menor era un completo bribón perjudicial para la familia y para la reputación de las pobres chicas que estuviesen a su alrededor.

-¿Tú has visto a Selena, hermano? ¿Quién puede resistirse a su belleza? – cuestionó sentándose frente a mí cuando nos encontramos solos en la biblioteca. –Fue algo superior a mí. –añadió.

No le creí y él era consciente de ello. Selena podía ser todo lo guapa que él quisiera pero nos había metido en un lío innecesario por no poder controlar sus instintos más animales.

-Déjame solo e intenta no darme ningún quebradero de cabeza por una semana al menos. –dije echándolo de buenas maneras.

Quería mi soledad... La necesitaba para pensar. Mi instinto más primario me había llevado a compartir cama con Marlene, pero eso era algo completamente distinto a los líos de faldas de Tom, ¿por qué? No estaba seguro pero entre otras cosas sabía que ella no intentaría nada por medio de su padre.

La despedida había sido algo controvertido, no era que yo no hubiese pensado en decir algo más pero la situación era tan compleja que sencillamente no había sabido cómo acabarla. ¿Se habría sentido ella mal con lo frío que había quedado nuestro adiós? No lo creía, Marlene no podía ser tonta; No me lo parecía así que debía ser plenamente consciente de que era imposible que nos viésemos después del intercambio.

Las dudas me estaban dando dolor de cabeza mientras intentaba concentrarme en escribir algunas cartas para parientes lejanos; Usábamos la tecnología, era cierto, pero teníamos cuidado con poner cualquier tipo de evidencia de lo que éramos por las posibles filtraciones de los gobiernos. En el papel color café escribí de puño y letra una carta; Saludé cordialmente a Laetitia, una tía lejana de Bélgica cuyo apoyo siempre había estado allí para cualquier cosa. Le expliqué un poco la situación porque aunque todo se había solucionado no estaba seguro de que Patrick no quisiera vengarse de alguna forma por no haber podido coaccionar el casamiento.

Por un instante había dudado en rescatarlo ya que, si conseguíamos unir las familias, quizá pudiéramos empezar a juntar el territorio para que en el futuro fuese uno solo. Los jóvenes no entendían por qué una línea marcaban

Con quién sí y con quién no podían relacionarse. Yo a veces tampoco.

¿Desde cuándo pensaba yo así?

Agradecí que alguien viniese a interrumpirme porque, por alguna razón que desconocía, quería hablarle de mi pequeño affair con Marlene a Laetitia. Si bien era mi tía, la edad entre hombres lobo era muy relativa y por relación cualquiera hubiera pensado que era mi prima.

-¿Se puede? –Roco asomó la cabeza por la puerta de forma seria.

Quería a Roco como el hermano responsable que nunca había tenido y, sin embargo, me había medio peleado con él por Marlene.

-Pasa. –contesté sintiendo que enterraría eso por todo lo que había hecho por mí. Además de que se había disculpado extrañado sin comprender por qué era tan importante haberle pegado un golpe a la desconocida para llevarla sin problemas hasta la mansión. Ni yo mismo entendí del todo mi reacción. –¿Te ayudo en algo? –interrogué.

-Creo que vengo a ayudarte yo a ti. –sugirió con una sonrisa cómplice.

Roco me conocía bien y la verdad era que yo también a él pero no conseguía situar a qué se refería en esa ocasión. Estaba seguro de no tener ningún lío pendiente del que pudiera venir a informarme.

-Mi hermana habla mucho. –comentó lentamente. Era totalmente cierto pero no sabía qué importancia podía tener Dara en mi día recién iniciado. – Dice que ha oído cosas cerca de la frontera. –Se encogió de hombros.

Todos sabíamos que los más jóvenes se relacionaban con los del otro clan cerca de la línea sin maldad alguna. No me importaba y nunca actuaba en contra.

-¿Y qué ha escuchado? –cuestioné intrigado.

-Va a haber una boda. Patrick va a casar a su hija pequeña con un primo de Turquía para afianzar lazos. La chica no quiere casarse pero, evidentemente, lo hará. –comentó orgulloso de haber llevado esa información ante mí.

Probablemente Roco estaba esperando mi reacción pero yo intentaba atar cabos que era imposible saber sin estar allí. ¿La hija pequeña de Patrick? ¿Mandaría a Marlene a Turquía para quitársela de encima y además conseguir aliados? Mi amigo creía estar dándome información de guerra, y así era en cierto modo, pero mi pecho respiraba con dificultad.

-Está bien, gracias Roco. –contesté apresurándome a tomar una decisión. – En este momento estaba invitando a mi tía a pasar un tiempo con nosotros, será bueno asegurarnos de qué aliados tenemos también. –añadí de forma escueta.

Él salió visiblemente satisfecho con mi reacción. Los hombres lobo podíamos llegar a tener un serio problema de control ya que siempre queríamos demostrar lo fuerte que éramos y eso había conllevado en la historia a más guerras que cualquier territorio o mujer.

Tiré sin delicadeza haciendo una pelota la carta que llevaba redactada a la basura y empecé una nueva que invitaba a Laetitia a venir al territorio; Quería hacer una locura y ella era la única que podía secundarla. Si aceptaba, y sabía que lo haría, estaría en casa antes de dos lunas. Teníamos tiempo suficiente para hacernos los sorprendidos por la boda en cuestión y actuar en consecuencia.

No quería una guerra y eran demasiados los motivos; Necesitaba, por eso mismo, intentar enterrar el hacha de guerra antes de desplegar mis influencias y reunir un ejército; ¿Qué tenía de malo querer asegurarme, además, de que Marlene estaba dispuesta a contraer matrimonio con su primo desconocido y no la estaban obligando?

Nada, absolutamente nada.

Esperé haciendo otras cosas hasta la madrugada de la segunda luna. Aunque otros, sobre todo los más jóvenes de la manada, podían pensar que ser Alfa era la mejor posición posible y en gran parte podían llegar a tener razón, lo cierto era que conllevaba muchas responsabilidades y bastantes quebraderos de cabeza: La seguridad, las formaciones, el estatus de las familias; y los conflictos eran exclusivamente decisión mía.

-¿Dónde está mi sobrino preferido? –Paré lo que estaba haciendo al escuchar la voz estrepitosa de mi tía que me hizo dejar de pensar.

Así era Laetitia, llegaba a cualquier parte anunciándose con un par de estridentes gritos. Salí al pasillo sin hacerme esperar; Si bien aquella era mi mansión, por ser la casa que ocupaba el alfa y su familia, vivían más integrantes del clan, ¿quién deseaba que despertarse a todo el mundo antes de tiempo?

-Estás aquí. –exclamé contento para después pararme en seco al notar el sonido y olor de más lobos llegando. –¿A quién has traído, tía? –pregunté poniendo los brazos cruzados por pecho.

No soportaba los planes improvisados porque normalmente era yo quien decidía qué hacer o qué no. No me resultaba agradable lo contrario.

-Tranquilo. –contestó en un movimiento de quitarse las gafas. –Ya sabes que nunca hago nada en vano, necesitaré ayuda por si tenemos que hacer algo loco. –añadió guiñándome un ojo.

Laetitia era en aspecto una chica de treinta años muy bien conservada a la que le pegaban los colores chillones y los estampados originales. Siempre llevaba tacones aunque era algo absurdo para alguien que podía transformarse en un gran lobo. Llamaba la atención por donde iba y eso era justo lo que yo necesitaba, apariencia amable junto a un cerebro brillante que me ayudase.

–Que la gente del servicio aloje a tus acompañantes, tenemos que hablar. –dije para provocar que los del servicio se moviesen ante los lobos desconocidos.

En una última mirada atrás pude ver que eran cinco los que habían llegado, entre ellos se hallaba Maly; Recordaba a la chica de haberla visto en uno de mis viajes a Bélgica, si no recordaba mal era planeadora de eventos. Pero me sorprendió su cambio físico y recordé que tenía mi edad en apariencia pero yo era mucho más mayor.

–¿Y qué problema turbio se escondía bajo la perfecta caligrafía de tus cartas, querido? –preguntó Laetitia una vez solos.

No se le escapaba una y por eso había llegado tan rápido. Le hice un breve resumen exponiéndole mi convicción de que algo más estaba por venir a pesar de que el territorio había estado en paz durante tanto tiempo que me costaba recordar la última guerra seria.

–Hay además una chica. –comenté sin darme cuenta.

–¿Una que te gusta lo suficiente como para recalcarla en esta conversación? –cuestionó levantando una ceja y sonriendo demasiado para mi gusto.

–No hablo de eso. –contesté serio. Lo cierto era que el rostro de Marlene había llegado a mi mente sin pretenderlo en el momento de la primera frase, pero sin entender por qué no iba hablar de eso. Decidí contar el problema que nos ocupaba. –Selena es la hija de Patrick, ya sabes que con el clan del Norte siempre ha estado la situación parada, pero está algo obsesionada con Tom. –Suspiré cansado. –Y Tom es Tom. –añadí.

–Ay sí... ¿Dónde está el tormento de mi otro sobrino? –interrogó mirando a un lado y al contrario.

Si esperaba que entrase por la puerta a esas horas tan tempranas era porque se le había olvidado cómo era o había llegado a la absurda conclusión de que podía haber cambiado en el tiempo que no nos habíamos visto.

–Estará metiéndose en otro lío del que tendré, probablemente, que ocuparme más tarde. –resoplé.

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Liliana Palencia
Excelente, divertida 🫶
Liliana Palencia
Empezó con acción 🫶
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