Dentro de nosotros hay una batalla entre dos fuerzas. Unos le llaman el bien contra el mal. Otros en cambio le llaman destino. Pero para Saulo Di Ángelo de Abner esa eterna contienda estaba en las páginas gastadas de un antiguo libro. De pronto sentía el peso de todos sus ancestros a sus espaldas. Pedían sin voz que escuchará y estuviera quieto porque era el resultado del amor de miles antes que él.
¿Podrá cambiar lo que está escrito? ¿Quién triunfará en su alma? El bien, el mal... Acompañame en esta nueva obra y descubrirás si el destino puede torcerse.
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Solo una noche
El dolor de cabeza martilleaba en sus sienes como un redoble de tambor 🥁. La claridad parpadeante del amanecer empezaba a extenderse por la ventana. Se incorporó como un resorte. A su mente acudieron con una claridad despiadada ciertos sucesos que procuraría olvidar. Cómo pudo coger semejante nota y además terminar de esta forma. Ahora la luz blanca del día ya se colaba descaradamente en diagonal por la ventana y caía sobre los pies de la desconocida cama.
Bajó la mirada y vio su torso lleno de marcas y morados reveladores. A algunas de aquellas huellas poco faltó para que la piel quedara rota. Acaso el chico era un perro por Dios. Siguió bajando su mirada casi con miedo. La parte interna de los muslos era una zona muy castigada y cierta parte que no veía le dolía como si la atravesaran miles de agujas al mismo tiempo. Anoche en un principio no entendía lo que estaba sucediendo cuando Caden se le vino encima mordiéndolo como si fuera un animal rabioso que hubiera perdido la razón. Después de eso recordaba que la noche se volvió caótica y fuera de control.
Tenía que salir urgentemente de aquí. Huir. Irse lejos y no volver a mezclar en la medida de lo posible sus vidas. Se levantó decidido, pero las piernas le fallaron. Tropezó casi cayendo al suelo. Gracias a Dios pudo aferrarse a una mesita de noche. Algo húmedo resbalaba por su muslo. Samuel oscureció la mirada y su expresión se volvió dura. Cogió la camisa de ese maldito y se limpió como pudo, mientras le lanzaba miradas furiosas al chico que seguía inocentemente dormido en la cama. Se apoyó en la pared y se fue al baño.
Se miró en el espejo 🪞. Sí. Era exactamente la misma cara de siempre y, sin embargo, hoy la sentía ajena. Su reflejo mostraba cejas marcadas con ojos azul profundo como las montañas en la lejanía o la profundidad de los mares. Los rasgos generales eran afilados, elegantes. Sus labios estaban hinchados. Rojos por la pasión. Casi descarnados por la ferocidad de los besos compartidos. Su expresión ante el recuerdo volvió a ser fría, distante, casi peligrosa. El espejo mostraba ahora un rostro agresivo, intimidante que solo se relajó al recordar que el otro cuando despertara estaría peor.
Tenía que irse de aquí de inmediato. Su decisión se reforzó. Abrió el grifo de la ducha y el agua fría cayó sobre la lastimada piel. El ardor en cierta parte le hizo fruncir el seño. Mientras una certeza irrevocable llegaba a su conciencia. "Me acosté con él. Mi primera vez y se la he regalado a él. Voy a matarlo. Oh sí. ¡Te voy a matar Caden Flamme!". Poco a poco el baño se llenó del aroma del jabón calmando su espíritu inquieto. Limpiando su pálida y cremosa piel. Las marcas eran más visibles. Saltaban acusadoras a la vista. Cerró los ojos. No quería verlas.
Aunque siendo sincero y en honor a la verdad. Él no es como que se resistió entonces y su cuerpo bien que lo estaba pagando ahora, pero el del chico seguro que también le pasaría factura. Sonrió con cierto orgullo. Esto podía considerarse empate. Lo dejó tan extenuado que todavía no despertaba. Sino fuera porque tenía que desaparecer de aquí le hubiera encantado ver la cara de Caden cuando despertara. 🙂↔️ No, no quería seguir pensando. Se ocupó de limpiarse a conciencia. Aunque doliera. Dejó que la espuma y el agua se llevaran por el drenaje el aroma ajeno. Era el primer paso para olvidar tanta locura. Se secó. Y salió desnudo del baño. Su ropa estaba por varios lugares de la habitación. La fue recogiendo a medida que se la ponía.
Ahora el sol había penetrado con claridad y avanzaba casi hasta mitad de la enorme cama. Caden seguía dormido. Ajeno al mundo y lo que había protagonizado. Tenía media cara hundida en la almohada y la otra mitad al descubierto. Era una cara hermosa, delicada, sus espesas y largas pestañas hacían unas bonitas medias lunas que daban sombra a las sonrosadas mejillas. Sus labios eran rojos, tentadores y sus cejas dibujaban un arco perfecto en ángulo armonioso con su nariz. Parecía un ángel inocente, luminoso e imposible de asociar con toda la locura 😵💫 de la noche anterior.
Sus palabras de entonces volvieron a sonar en sus oídos tan claras como si se las estuviera pronunciando en este momento.
-Vamos Sami. ¿No me emborrachaste para esto? Relaja el cuerpo...Déjame morderte. Hueles tan bien. Delicioso. No te pongas tenso cariño... ¿Estás llorando? Déjame verte. Quiero oírte. No, no podemos parar. Llámame por mi nombre... No seas tan cruel. Ahorita no te sentiste bien cuando yo era el de abajo... Gime para mí cariño...
Observó el rostro de Caden. Era difícil de creer que ese chico hubiera sido capaz de moverse con tanta ferocidad, como si quisiera despedazarlo en esa cama. Lo recordaba hermoso y peligroso envolviéndolo como una serpiente venenosa. Su voz sonriente, ronca y baja resonaba como un mal acorde en la cabeza. Hubo un instante en el que pensó que no vería el amanecer. Recordaría esa noche como una mezcla caótica de dolor y placer, donde el precioso rostro de Caden decía cosas provocadoras junto a su oído. Ese maldito Caden tenía un talento peligroso.
Miró su rostro por última vez. Se veía demasiado juvenil. ¿Realmente era mayor de edad? Claro que lo era y lo sabía. Asistió a su fiesta de cumpleaños el mes pasado y se habían insultado como siempre. Como desde toda la vida. Terminó de vestirse. Esta ropa olía a alcohol y también a él. Tenía que deshacerse de ellas con carácter inmediato, urgente diría. Abrió la puerta y dejó al chico solo en el cuarto. Sobre la mesa de noche dejó una bolsita de dinero 💰. No volteó la mirada atrás. Después de todo solo había sido una noche. Salió de la posada rápidamente. Tuvo suerte. A esa hora pocos transeúntes prestaban atención. La ciudad de Sugey comenzaba a despertar y con ello la alegría y el bullicio de su gente.
No dejó que esto lo distrajera. Sus pasos lo encaminaron directo a la Academia. Interiormente pensaba que cabía la posibilidad de que Caden no recordara lo sucedido. Había estado totalmente ebrio y él no pensaba recordárselo desde luego. Era una experiencia que no pensaba repetir jamás. Ni en pesadillas, pues el desgraciado tenía un carácter arrogante y sin límites y bueno en la cama no encontraba palabras para describirlo. No. Se alejaría del peligroso Caden Flamme y también de su hermana Clara. Recordaba como un mal chiste cuando eran pequeños él le había pedido matrimonio a la joven y ella había aceptado ingenuamente. Esa fue la primera vez que Caden y él discutieron e incluso se fueron a las manos. Después crecieron, perdieron el contacto y se veían muy poco, pero ninguno volvió a mencionar el tema. Sin embargo, el pesado de Caden se mantenía presente y latente en un rincón de su mente.
Era el heredero del Marquesado Del Alba y Caden del Ducado Flamme. Por lo que a veces coincidían en diversas actividades y siempre primó entre ellos cierta tirantez y alguna que otra palabra hiriente. El dolor del cuerpo y la falta de una buena noche de sueño se combinaban ahora inoportunamente. Tenía que llegar a la Academia. La Ceremonia de Inicio no sería hasta después de almuerzo. Aprovecharía para descansar. Lo necesitaba. Su cuerpo se lo agradecería y su mente dejaría de recordar.
Media hora después Caden se despertaba. Le costó ubicarse. Su cuerpo se sentía como si hubiese sido atropellado por tres carruajes a la vez. Estaba molido y la cabeza amenazaba con estallar al mínimo gesto. Miró las sábanas y su camisa. Por un momento creyó que estaba en la escena de un crimen. Esto lo despejó de golpe. ¿Pero qué rayos? Gateó sobre la revuelta cama y se asomó por los bordes casi esperando hallar un cadáver. No había nada. ¿Qué había pasado? ¿Por qué estaba aquí? Se sentó y una mueca le desfiguró el rostro. Su trasero lo estaba matando. Era como si hubiese montado mucho a caballo. Una sospecha comenzó a asentarse en su mente.
Se miró y quedó horrorizado. ¿Acaso había sido asaltado? ¿Quién le había dado una paliza? Hizo memoria. La noche anterior, después de haber dejado sus pertenencias en la Academia se fue a la populosa ciudad de Sugey. Entró a uno de esos llamados bares modernos por curiosidad. Ya había tomado unas cuantas jarras cuando vio a Samuel Del Alba 🍻. ¿Así que este año también entraba a la Academia o solo estaría visitando a su hermana? Seguía atractivo como siempre. Se le acercó con una jarra en la mano. Entablaron una de sus controversias habituales. De esas llenas de provocaciones y retos por las que se caracterizaban todos sus encuentros. Después más allá de eso se volvía confuso, borroso.
Algunos destellos de besos, una caricia y ... Todo. Lo recordó todo con una nitidez abrumadora. ¡Oh Dios mío! ¡Claro que tenía que dolerle el cuerpo! Sonrió, pero no era una sonrisa agradable. El imbécil se había atrevido a dejarlo aquí solo después de lo sucedido. ¡Ah Sami! Las cosas no eran así. Salió de la cama ignorando el dolor físico. La tormenta de su alma era más fuerte.
Samuel sintió los toques en la puerta. Los sentía molestos lejanos y tan fastidiosamente insistentes. Miró el reloj. Solo había dormido una hora. ¿Sería su compañero de cuarto que olvidó algo? Con resignación abrió la puerta, pero no era su compañero. Caden entró sin darle tiempo a reaccionar.
-¿Pero qué haces? ¿Acaso su Gracia ha perdido los modales?
- ¿Es en serio? ¿Vas a jugar así?
- ¿Oye no sé qué moscas te ha picado, pero yo intento dormir? Así que te agradecería que te largues.
- ¿🪰 Mosca dices? No. Yo recuerdo muy bien que anoche mataste un 🦟 mosquito con un cañón.
- Estás buscando una bofetada que te envié de vuelta a tu Ducado natal. Sal de aquí niñato engreído y deja de fastidiar. Solo fue una noche. Supéralo.- Samuel pasó de él como si no existiera y se giró para devolverse a la cama, pero Caden le dijo entonces con aquella voz sensual que recordaba mejor de lo que quería.
- mmmh. Un caballero como tú no necesita buenos ángulos. Hasta tu espalda es letal. La recuerdo sin ropa. Exquisita...
Samuel le había dado una bofetada. No supó cuándo se giró. Su mano fue rápida, pero la de Caden también. Se aferró a la suya y giró la cabeza lentamente, pues su golpe había volteado en otra dirección aquel rostro ángelical. Sus ojos tenían chispas de ira y algo más que provocó un escalofrío en Samuel. El joven lamió su mano sensualmente. Luego se saboreó. Mientras él boquiabierto se convencía de que Caden superaba la palabra locura 😵💫. Su hermana Sol lo hubiera catalogado de yandere. Enfurecido. Lo estralló contra la puerta y lo amenazó.
- Escucha Caden, nada ha pasado entre nosotros. Entiendes. Si me entero del más mínimo rumor, voy a asustarte tanto que atravesarás corriendo medio Reino.
- ¡Ah Samuel, Samuel! ¿Acaso me estás retando? - se midieron con la mirada. Ninguno cedió.
- Solo te estoy advirtiendo.- con rápidez lo sacó de la habitación y cerró la puerta. A través de la madera oyó la risa de Caden y también su voz lanzando un desafío.
- Yo creo que esto va a ser interesante y divertido. ¿Veremos quién gana?. - Samuel se encasquetó la almohada en la cabeza, ahogando los sonidos exteriores. Poco a poco se fue quedando dormido. Su cuerpo agotado 😩 se rindió.
...Samuel Del Alba...