Después de una noche entera terminando el arreglo de un traje de exhibición, Julia se fue a la cama por la madrugada. Su cabeza apenas había tocado la almohada cuando su alarma sonó, y se dió cuenta de que no estaba en su habitación, ¡y alguien se había llevado el traje que tanto se había esforzado en reparar!
Un momento... ¿Quién, en nombre de su santo internet, era esa persona en el espejo?
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17.
Los preparativos siguieron durante la tarde, con pruebas de maquillaje y arreglos de último minuto de cualquier cosa que necesitara un segundo chequeo. También había tenido que firmar algunos papeles que fueron notariados y enviados a la familia Meyer.
Julia era llevada de aquí para allá todo el tiempo, que cuando llegaron a casa, se tiró a su cama a dormir sin pensar en nada.
Temprano en la mañana, ya estaba dentro de un coche camino al lugar donde se celebraría la fiesta de compromiso. Un centro turístico de alta gama que tenía un gran salón para eventos muy elegante, además de contar con varias suites en los pisos superiores. Era un detalle del que se había encargado la familia del prometido; sin embargo, las decoraciones parecía seguir una estética que ella encontraba muy parecida a la de su madre.
La llevaron a una habitación especial donde ya tenían su vestido colocado en un maniquí. Había varias estilistas que conoció el día anterior, un fotógrafo tomando panorámicas de los preparativos y familiares femeninas que no reconocía esperando por ella.
Nunca había visto que se le diera tanta importancia a una fiesta de compromiso, pero como pensó antes, nunca había entrado al mundo de los ricos y sabía poco de ello.
La metieron a bañar, la untaron con cremas y perfume, hicieron en su cara y cuerpo un mantenimiento final; había estado las últimas semanas siguiendo un plan de belleza que indicaba específicamente qué comer y qué debía evitar para la hinchazón o el acné. Incluso le dejaron todo una agenda con todos los pasos para el tratamiento final.
Había pasado por muchas molestias para verse así. Su piel estaba suave como la de un bebé, blanca e hidratada; su cabello, fuerte y brillante. Incluso su porte había adquirido una gracia excepcional, perfecta para el momento en que intercambiarían los anillos de compromiso en el podio.
Pasaron horas haciendo su cabello, otras más para maquillar su rostro de la forma más cuidadosa. Intentando que la alta definición de la cámara no captara ningún defecto. Incluso sus uñas tenían una manicura fina que sería la segunda protagonista en el momento en que se filmaran los anillos.
Se veía preciosa.
Todos parecían ocupados y Julia solo se dejaba manipular como una muñeca obedientemente. Incluso su madre había dejado de hacerle muecas y la miraba con algo parecido a la aprobación cuando le decían que habían terminado de prepararla.
Faltaba menos de una hora para el comienzo de la fiesta. Su madre se había ido tras su hermana menor en el momento que terminó de arreglarse, y su hermano ni siquiera había aparecido por allí.
De a poco, las personas que llenaban la habitación comenzaron a irse, después de terminar de arreglarse o para hacer otras cosas. Solo Julia permanecía allí, sentada para evitar la sudoración antes de que me dijeran que era hora del ponerse el vestido.
La ayudante del sastre fue quien le ayudó, acomodando la caída de la falda y subiendo el cierre de la espalda.
Cuando terminó, fue a mirarse al espejo de cuerpo completo a un lado de la ventana.
Honestamente, se veía radiante. Pero no había expresión alguna en su rostro más que una tranquilidad sin contexto. Ni siquiera parecía que era ella quien se iba a comprometer, tratando todos los preparativos como entretenimiento para evitar aburrirse.
Justo cuando iba a dar una vuelta para sentir si la falda podía elevarse, escuchó que la puerta había sido golpeada.
La asistente rápidamente fue a abrir la puerta y luego salió por completo. Con los ojos fijos en el reflejo del espejo, vio a través de toda la habitación. Así fue que notó que su padre se acercaba despacio, mirándola con una pequeña sonrisa de arriba a abajo.
Alisando innecesariamente la falda del vestido, Julia se dio la vuelta y se enfrentó al hombre. Más de cerca, vio la reacción de su padre, contemplando desde los zapatos a juego con el vestido, subiendo por toda la prenda hasta dar con su rostro.
Julia no sabía lo que el hombre vio allí, pero su sonrisa desapareció lentamente. Ambos se miraron a los ojos sin hablar durante un par de minutos. Eran los únicos de la habitación, Julia no rompió el silencio y su padre tampoco por el momento.
Un instante después, Julia se dio lentamente la vuelta, agarrando con los dedos parte de la falda y extendiendo la tela frente al espejo. Se balanceó un poco y conectó de nuevo su mirada con la de su padre a través del reflejo.
—¿Cómo me veo, papá? —su voz sonó suave, no había hablado con casi nadie antes y evitaron darle demasiada agua por si le daban ganas de ir al baño durante la ceremonia.
—Te ves hermosa, cariño. —El hombre se acercó de forma vacilante, dejando de mirarla a través del espejo y ocupando el lugar justo al lado del mismo.
Su padre dio un paso adelante y recogió una de las manos de su hija que todavía apretaban la falda.
—¿Cariño? ¿Estás bien? —se acercó un poco más mientras la sostenía. Una de las grandes manos del hombre quiso tocarle la cara, pero no quería deshacer el maquillaje delicado que traía. Solo pudo aferrarse a las manos de su hija, casi suplicando una respuesta.
—Estoy bien, papá. No te preocupes.
—¿Cómo no quieres que me preocupe, cariño? Si me miras así, tan falta de vida y como si no te importara nada.
El hombre se llevó la mano de su hija a los labios y le dio un beso, colocándola en su pecho, rogó.
—Sea lo que sea, puedes decirme, mi vida. Si sientes que no quieres esto, dímelo. —Julia no reaccionaba en lo absoluto. —¿No quieres casarte? Cancelaremos todo en este instante. Nada me importa más que tu felicidad, mi niña.
De la nada, los colores se volvieron más claros, el sonido a su alrededor dejó de parecer como si estuviera sumergida en el agua. Fue como volver a tierra después de pasar tanto tiempo nadando para alcanzar la superficie.
Solo entonces, ese velo nublado que Julia había sentido los últimos días, pareció ser arrancado fuera de su ser.