PRIMER LIBRO DE LA SAGA.
Luciana reencarna en el cuerpo de Abigail una emperatriz odiada por su esposo y maltratada por sus concubinas.
Orden de la saga
Libro número 1:
No seré la patética villana.
Libro número 2:
La Emperatriz y sus Concubinos.
Libró número 3:
La madre de los villanos.
( Para leer este libro y entender todos los personajes, hay que leer estos dos anteriores y Reencarne en la emperatriz divorciada.
Reencarne en el personaje secundario.)
Libro número 4:
Mis hijos son los villanos.
Libro número 5:
Érase una vez.
Libro número 6:
La villana contraataca.
Libró número 7:
De villana a semi diosa.
Libro extra:
Más allá del tiempo.
Libro extra 2:
La reina del Inframundo.
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Capitulo 10
En el Imperio de Soler reinaba el caos. Los nobles no tardaron en enterarse de lo sucedido en el campo de entrenamiento y exigían un castigo ejemplar para la emperatriz. Consideraban inaceptable que casi matara a un miembro destacado de la sociedad y a un capitán ejemplar.
Una vez más, estaban todos reunidos en el salón del trono, exigiendo que la emperatriz compareciera para explicar lo ocurrido. Ella, sin embargo, se encontraba en su estudio, acompañada por su hermano Gael, cuando tres guardias llegaron a solicitar su presencia.
—Majestad, disculpe la interrupción, pero hay tres representantes del emperador esperando en el salón del trono. Dicen que se trata de lo ocurrido esta mañana y exigen una explicación.
—¿Esos viejos creen que no tengo trabajo? Uf… bien, iré.
—Te acompaño, hermana.
—No es necesario, yo...
—No estoy preguntando.
—Bien, vamos.
Ambos hermanos salieron de la oficina y se dirigieron al salón. Los guardias los escoltaron en silencio. Al llegar, fueron anunciados. Avanzaron con paso firme y elegante hasta el centro del salón, donde se inclinaron. Antes de que la emperatriz pudiera hablar, un hombre de la corte se adelantó.
—Se solicitó la presencia de la emperatriz únicamente. No del ministro de Guerra de Barcella.
—He venido a escuchar lo que tienen que decirle a mi hermana. El guardia informó que se trataba de lo sucedido esta mañana, y yo fui testigo del incidente.
—Puede quedarse. Bueno, emperatriz, como ya lo ha dicho su hermano, la corte exige una explicación.
—Por supuesto. Debido a los incontables intentos de asesinato que he sufrido últimamente, decidí aprender a defenderme. Como sabrán, estoy reacondicionando mi palacio, específicamente el campo de entrenamiento, que también será el lugar de mis tropas. Por eso, esta mañana, mi hermano y yo fuimos al campo del emperador. Estuvimos practicando toda la mañana, hasta que el capitán Castillo me insultó. Me llamó fácil, insinuó que estaba allí para provocar hombres y que mi único propósito era conseguir más concubinos. Evidentemente, no podía dejar pasar semejante falta de respeto, así que lo reté a un duelo. Nunca creí que un capitán del emperador fuera tan incompetente, y que una simple principiante como yo pudiera amputarle ambos brazos… sin querer.
Los nobles quedaron atónitos ante su relato, hasta que uno se levantó con furia.
—¡Eso es una completa mentira! ¡Mi hija me dijo que si no le hubiera rogado por su vida, mi muchacho estaría muerto!
—Justo cuando llegó la concubina Maribel, estaba a punto de cortarle el cuello. Sin brazos, ya no sirve para nada. Solo sería una carga. Además, me pedía a gritos que lo matara, y como soy tan bondadosa, solo quería complacerlo —comentó con fingida cara de víctima.
El salón volvió a quedar en silencio. Todos pensaban lo mismo: la emperatriz estaba loca.
—Majestad, no puede andar por ahí matando gente a su antojo, y menos por una razón tan absurda.
—Lo entiendo, pero déjeme hacerle una pregunta: ¿qué haría usted si lo trataran de promiscuo e infiel?
—No es lo mismo.
—¿Por qué? ¿Porque soy mujer? Les recuerdo que en este imperio es válido que la emperatriz tenga su propio harén, al igual que el emperador.
—Pero el emperador necesita concubinas para su descendencia.
—Y mi hermana también —intervino Gael—. Disculpen la intromisión, pero en mi imperio, los hijos de todos los príncipes compiten por el trono. Nuestro padre era el quinto en la línea de sucesión, pero demostró ser más inteligente, más fuerte y el mejor guerrero. Por eso, cuando nuestro tío abuelo murió, le heredó el trono. Lo mismo ocurrió con nosotros tres. Mi hermana se casó y mi otro hermano demostró ser superior a mí en lo intelectual.
—No sabía que en Barcella el primogénito no era el heredero.
—No, no lo es. Tras una masacre hace setenta años, un antepasado instauró esa ley para que todos demostraran su valía. Luego, los nobles y dirigentes elegían al sucesor llegado el momento.
—Ya lo escucharon —añadió la emperatriz—. Yo también necesito sucesores. Y dado que mi esposo solo dispone de dos horas al mes para mí —y de ese tiempo rara vez me toca— he decidido empezar a tener descendencia por mi cuenta.
El silencio se apoderó nuevamente del salón. Aquella mujer que antes veían como una emperatriz tonta ya no existía. Ahora era fuerte, astuta y valiente. Muchos nobles, al enterarse de la sucesión en Barcella, comenzaron a verla con otros ojos.
El más furioso era el emperador. No sabía sobre los herederos de Barcella, de lo contrario ya la habría embarazado. Y además, su vida íntima estaba siendo ventilada frente a todos.
—Me parece un descaro que hable de nuestra vida privada frente a tantos hombres.
—¿Sí? ¿Y qué tiene de malo decir la verdad? ¿Acaso mentí? Siempre me mostré como una esposa devota, esperando que al menos cumpliera el rol de protegerme, cosa que jamás ocurrió. Así que decidí aprender a manejar la espada y defenderme por mi cuenta. El último intento de asesinato casi me cuesta la vida. Por eso, espero que los esposos que sí tengan tiempo para mí cumplan con su deber, y a cambio, si se esfuerzan, sus hijos podrían llegar a ser emperadores.
Los nobles no podían dejar de mirar al emperador, que cambiaba de color. La emperatriz dejaba claro que rara vez la tocaba, así que exigirle un heredero no tenía sentido.
—¡A mí no me engaña! ¡Usted planeó todo esto para desviar la atención del hecho de que mi hijo está entre la vida y la muerte por su culpa!
—¿Mi culpa? No. Fue suya por subestimarme y no aceptar que él no era rival para mí. Por lo visto, ese cargo le quedaba grande. Y no dudo que lo haya conseguido gracias a los favores de la concubina al emperador. Porque una simple principiante logró amputarle los brazos y casi quitarle la vida… en un combate de práctica —añadió con una sonrisa burlona.
Algunos nobles tuvieron que contener la risa.
—Suficiente. Lo lamento, marqués Castillo, pero la emperatriz tiene razón. El capitán la ofendió, y eso se paga con la horca. No debí interferir ni perdonarle la vida. Si me hubiera insultado a mí, habría pasado lo mismo.
—¡¿Qué dice, Majestad?! ¡No se deje engañar por esa bruja! ¡Haga justicia por mi hijo!
—¡Suficiente! Yo...
—¿Cómo me llamó? ¿Quiere terminar como su hijo? Voy a dejar algo muy claro porque parece que aún no lo entienden. Me cansé. No permitiré más ofensas hacia mi persona. La emperatriz sumisa y callada se acabó. Quien desee vivir en paz, ya sabe qué hacer. Y quien siga desafiándome o intentado humillarme… terminará como el querido capitán. O peor.
—¿Nos está amenazando?
—Solo advierto que el juego cambió. Fui una emperatriz buena, bondadosa y caritativa… ¿y qué recibí a cambio? Intentaron matarme. Pues bien, ahora seré igual. A partir de ahora, regiré bajo la ley del ojo por ojo.
—Yo no me meteré. Ya se los advertí en la última reunión.
Los nobles que deseaban verla muerta estaban aterrados. La emperatriz parecía haber perdido la cabeza… y el emperador parecía orgulloso de la postura que había adoptado.
Por otro lado, muchos celebraban que su soberana fuera una mujer fuerte. Los padres de posibles concubinos comenzaban a verla con otros ojos.
—Ahora, si nos disculpan, nos retiramos.
—Por supuesto. Se levanta la sesión.
Todos abandonaron la sala. El marqués Torres se fue enfurecido. Pero no pensaba dejarlo así. No importaba lo que esa mujer dijera…
no es mucho pero ya voy a dejar está pp me voy mejor a la naranja
espero verte x hay bendiciones