hace siglos la puerta unida conectaba todos los territorios en un solo mundo sin fronteras,donde humanos ,elfos,hombres lobos,magos y el pueblo misterioso vivían en paz . pero cuando una adivina advirtió que la temida oscuridad .
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la maldición despiertarta
capítulo 9 La maldición despierta
El equipo del guerrero se retiró lentamente del techo del Colegio Aurora, envueltos en sus capuchas y manteniéndose en las sombras, sin hacer el menor ruido. Habían cumplido su misión: la gente de la joyería estaba a salvo, el ladrón había sido detenido, y habían confirmado lo que su jefe temía: el portal brillaba con más fuerza que nunca, y algo en el destino de la princesa empezaba a moverse. Se alejaron discretamente, listos para actuar en cuanto fuera necesario.
Abajo, en el aula, Elara intentaba concentrarse en las lecciones, pero su mente volaba constantemente hacia aquel resplandor que solo ella había visto. De pronto, la puerta se abrió y la directora asomó la cabeza, mirando directamente a ella con expresión seria.
—Elara —dijo con voz suave pero firme—, tu hermano te espera en la enfermería. Vamos.
El corazón de Elara dio un vuelco. Se levantó de un salto, sin pedir permiso, y corrió por los pasillos hasta llegar allí. Al entrar, vio que no solo estaba Darien: Karius, Mireya y su madre estaban allí también, con los rostros pálidos y los ojos llenos de angustia. Nadie dijo una palabra innecesaria; su madre solo le hizo una seña para que salieran del colegio de inmediato. Caminaron rápido, casi sin mirar a nadie, y al llegar a casa, la mujer se volvió hacia ella con lágrimas en los ojos.
—La maldición de tu hermano se ha activado otra vez —dijo con voz quebrada.
Elara la miró, sintiendo que el mundo se le venía encima. Las lágrimas le brotaron solas, pero apretó los puños y dijo con firmeza, con una fuerza que no sabía que tenía:
—Yo voy a salvar a mi hermano.
Sin esperar respuesta, salió de la casa caminando decidida, con el corazón apretado pero con la certeza de que no podía quedarse quieta. No tardó en llegar al lugar donde un grave accidente había ocurrido: un vehículo fuera de control había chocado contra la acera y varias personas quedaron atrapadas y heridas, gritando y pidiendo ayuda. Y allí, entre el humo y el caos, estaba el equipo del guerrero. Trabajaban con rapidez y precisión, sin detenerse un instante: el guerrero levantaba los restos del vehículo con su fuerza, el elfo guiaba a los heridos a lugares seguros, el mago usaba su varita para sanar las heridas más graves, y el hombre lobo vigilaba que nadie estuviera en peligro. Terminaron de salvar a las personas del accidente justo cuando Elara llegaba al lugar, y al verlos, algo en su interior le dijo que no eran extraños. Sin saber por qué, Elara empezó a seguirlos, caminando a distancia, ocultándose entre las sombras de los edificios, segura de que ellos sabían el camino hacia donde estaba la respuesta que buscaba.
Cruzaron calles vacías, pasaron por callejones estrechos y alejados del bullicio, hasta que llegaron a un lugar solitario y olvidado: un edificio abandonado, enorme y silencioso, con las paredes agrietadas y las ventanas rotas. Allí escondía su gente, allí trabajaban en secreto, lejos de ojos curiosos. El equipo se detuvo un instante, miró a su alrededor asegurándose de que nadie los hubiera seguido, y entraron. Elara se quedó fuera un momento, con el corazón latiéndole con fuerza, mirando la puerta entreabierta por la que habían desaparecido. Sabía que al cruzarla, nada volvería a ser igual. Pero pensó en Darien, en su hermano, y respiró hondo. Empujó la puerta y entró.