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DEUDAS DE SANGRE: UNA NOVELA PSICOLÓGICA

DEUDAS DE SANGRE: UNA NOVELA PSICOLÓGICA

Status: En proceso
Genre:Policial / Suspenso / Mafia
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Letra Siete

Tras la muerte de su padre, Haruto Saitō hereda una montaña de deudas que parecen imposibles de pagar. Desesperado por proteger a su madre, a su hermana y a la mujer que ama, acepta trabajar para una organización criminal creyendo que solo será por un tiempo. Pero cada deuda saldada exige un precio mayor, y cada decisión lo aleja un poco más del hombre que alguna vez fue.

NovelToon tiene autorización de Letra Siete para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El Precio de la Confianza

El lunes comenzó antes de que saliera el sol.

Haruto llevaba varios minutos despierto cuando escuchó a Aiko levantarse.

Ninguno de los dos habló.

Ella preparó el desayuno.

Él acomodó en silencio su portafolios.

El ruido de los platos reemplazó la conversación que hasta hacía unas semanas parecía tan natural entre ellos.

Cuando terminó de comer, Haruto se puso de pie.

—Me voy.

Aiko solo asintió.

Ni un "cuidate".

Ni un beso.

Solo un movimiento de cabeza.

Haruto esperó unos segundos.

Como si quisiera decir algo.

Al final abrió la puerta y salió.

Mientras caminaba hacia la estación sintió una punzada en el pecho.

No por la discusión de la noche anterior.

Sino porque, por primera vez, había salido de casa sintiéndose un invitado.

Al llegar a Kurogane Distribution encontró la oficina vacía.

Sobre el escritorio había un tablero de shōgi cuidadosamente acomodado.

Las piezas negras estaban en un lado.

Las blancas, en el otro.

Shinji apareció unos segundos después con dos tazas de té.

—¿Sabes jugar?

Haruto asintió.

—Mi padre me enseñó.

—Perfecto.

Entonces juguemos.

Haruto frunció el ceño.

—¿Ahora?

—Ahora.

Se sentaron uno frente al otro.

La primera jugada fue de Shinji.

Silencio.

Haruto respondió.

Durante varios minutos no intercambiaron una sola palabra.

Solo se escuchaba el roce de las piezas sobre la madera.

De repente Shinji habló.

—¿Extrañas a tu padre?

Haruto levantó la vista.

La pregunta lo tomó completamente desprevenido.

—Todos los días.

Shinji movió otra pieza.

—¿Y alguna vez te enojaste con él?

Haruto tardó en responder.

—Sí.

Silencio.

—Después me sentí culpable.

Shinji asintió como si ya conociera la respuesta.

—Las personas creen que el duelo consiste en dejar de llorar.

No.

El duelo termina cuando dejás de discutir con alguien que ya no está.

Haruto sintió un nudo en la garganta.

Todavía discutía con su padre todas las noches.

En su cabeza.

"¿Por qué pediste tanto dinero?"

"¿Por qué no nos contaste?"

"¿Por qué nos dejaste esto?"

Shinji avanzó una pieza.

—Jaque.

Haruto bajó la mirada al tablero.

No había visto venir el movimiento.

Después de guardar el juego, Shinji le entregó una carpeta más gruesa que las anteriores.

—Hoy vas a conocer a alguien.

Dentro había una fotografía.

Un hombre joven.

Cabello corto.

Traje oscuro.

No parecía diferente a cualquier oficinista de Tokio.

—Se llama Kenji.

Trabaja para nosotros desde hace diez años.

Él te va a enseñar cómo hacemos algunas cosas.

Haruto levantó la vista.

—¿Ascendí?

Shinji sonrió.

—No.

Empezaste a generar confianza.

Y son dos cosas muy distintas.

Kenji resultó ser un hombre callado.

Tendría unos treinta y cinco años.

Conducía sin encender la radio.

Sin hacer preguntas.

Después de casi veinte minutos de silencio fue él quien habló.

—No le tengas miedo a Shinji.

Haruto lo miró de reojo.

—No le tengo miedo.

Kenji sonrió apenas.

—Todavía no.

Volvió a guardar silencio.

Durante el resto del día recorrieron distintos barrios haciendo entregas.

Todo parecía normal.

Hasta la última parada.

Era un pequeño depósito cerca del puerto.

Al entrar, Haruto vio a un muchacho arrodillado contra una pared.

Tendría poco más de veinte años.

Estaba golpeado.

Pero seguía consciente.

Dos hombres lo vigilaban.

Haruto se detuvo.

Miró a Kenji.

—¿Qué pasó?

—Robó dinero.

—¿De ustedes?

Kenji asintió.

—Era nuevo.

Haruto tragó saliva.

Sintió cómo el corazón comenzaba a acelerarse.

Uno de los hombres se acercó al muchacho.

Le dejó una botella de agua delante.

El joven la tomó desesperadamente.

Bebió casi la mitad.

Después empezó a llorar.

—Perdón...

Por favor...

No lo vuelvo a hacer.

Haruto observó la escena sin entender.

Esperaba golpes.

Esperaba gritos.

Pero nadie hacía nada.

Simplemente...

Lo dejaban llorar.

Kenji habló en voz baja.

—¿Sabes por qué nadie lo toca?

Haruto negó con la cabeza.

—Porque ya entendió.

No hace falta seguir golpeándolo.

Haruto permaneció inmóvil.

Aquella respuesta le resultó más inquietante que cualquier acto de violencia.

Cuando salieron del depósito no volvió a hablar durante todo el camino.

Al caer la tarde regresaron a la oficina.

Shinji seguía trabajando junto al ventanal.

Ni siquiera preguntó cómo había ido el día.

Solo levantó la vista.

—¿Qué aprendiste?

Haruto tardó unos segundos en responder.

—Que ustedes no disfrutan lastimando a la gente.

Shinji permaneció en silencio.

Después negó lentamente.

—No.

Aprendiste algo mucho más importante.

Haruto lo miró confundido.

Shinji dejó la lapicera sobre el escritorio.

—Aprendiste que el miedo tiene un límite.

Pero la culpa...

No.

Silencio.

—Los golpes terminan sanando.

La culpa suele quedarse para siempre.

Haruto recordó el rostro del muchacho.

No era el miedo lo que había visto en sus ojos.

Era vergüenza.

Shinji volvió a escribir unos papeles.

Como si la conversación hubiera terminado.

—Puedes irte.

Cuando Haruto llegó a la puerta escuchó la última frase.

—Ah...

Y el domingo que viene...

No hagas promesas si no estás seguro de poder cumplirlas.

Haruto se quedó inmóvil.

Shinji nunca había estado en su casa.

Nunca había hablado con Aiko.

Nunca había visto a Yui esperándolo.

Y, sin embargo...

Sabía exactamente lo que había ocurrido.

Por primera vez desde que lo conocía, Haruto sintió un miedo distinto.

No miedo a la organización.

Miedo al hombre que parecía conocerlo mejor de lo que él mismo se conocía.

Esa noche, mientras intentaba dormir, recordó algo que su padre le había dicho cuando era niño.

"Tené cuidado de las personas que hablan poco, Haruto. A veces, mientras vos buscás las palabras correctas... ellas ya terminaron de leerte."

Giró sobre la cama.

Miró el techo.

Y, sin darse cuenta, se preguntó por primera vez si realmente había entrado a trabajar para una organización...

O si había empezado a formar parte de algo mucho más grande de lo que podía comprender.

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fandeloslibros
empezó muy bueno el nuevo arco👏
fandeloslibros
ya estoy al día esperando Capítulo nuevo
fandeloslibros
buen arco
Cosmo
a cosmo le agradó quiero saber que sigue
Cosmo
que buen giro
Cosmo
se siente la presion
Cosmo
este capitulo me hizo ponerme sentimental
Cosmo
se puso muy bueno
HarryAang
buen capitulo
HarryAang
me gustó mucho me tiene atrapado
Letra Siete: Muchas gracias por tu comentario.
total 1 replies
Joana Velazques
Sin dudas, es una historia atrapante. Me deja con muchas ganas de saber cómo continúa.
Letra Siete: Muchas gracias por tu comentario.
total 1 replies
Joana Velazques
me encantó mucho este capítulo 👏💯💥
Letra Siete: Muchas gracias por tu comentario. Me alegra que te haya gustado.
total 1 replies
soshua
Me intriga saber como sigue
Letra Siete: Muchas gracias por tu comentario. Se irán subiendo diariamente los capítulos nuevos.
total 1 replies
M.F. Lawren
Interesante
Letra Siete: Muchas gracias por tu comentario.
total 1 replies
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