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La Luna Humana del Alfa

La Luna Humana del Alfa

Status: En proceso
Genre:Romance / Aventura de una noche / Hombre lobo / Embarazo no planeado
Popularitas:18.1k
Nilai: 5
nombre de autor: JaQelinee Valenzuela

Aurora Rivas solo quería sobrevivir aquella noche.
Traicionada por su prometido, drogada por su propia familia y perseguida en un hotel de lujo, terminó en brazos de Damian Montero, el hombre más poderoso de la Ciudad de México… y el Alfa de la manada más antigua.
Para Aurora fue una noche que debía olvidar.
Para Damian, fue el despertar de su lobo.
Ella huyó antes del amanecer sin saber que la mordida que dejó en su hombro no era una simple marca, sino el lugar exacto donde una Luna reclama a su Alfa.
Semanas después, Aurora descubre que está embarazada.
No de un bebé.
De cuatro.
Ahora la familia que quiso destruirla quiere arrebatarle lo único que le queda, mientras la manada Montero empieza a inclinarse ante una humana que jamás pidió ser reina.
Aurora no sabe que nació Luna.
Damian sí.
Y esta vez, el Alfa no va a dejar escapar a su pareja destinada.

NovelToon tiene autorización de JaQelinee Valenzuela para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9

# Capítulo 009: El cuchillo y la sirena

Aurora alcanzó a bajar un escalón del porche antes de que Ricardo gritara otra vez.

—¡Si sales de esta casa, Don Augusto se queda sin clínica esta misma noche!

La frase le pegó en la espalda como una cadena.

Aurora se detuvo con una mano en la baranda.

La camioneta negra seguía estacionada en la esquina. No veía a Damian, pero sabía que estaba ahí. Esa certeza, absurda y peligrosa, le daba ganas de correr hacia la calle.

También le daba miedo.

Porque Ricardo tenía razón en algo: mientras el tratamiento de Don Augusto dependiera de una cuenta controlada por él, Aurora seguía atada.

No a la casa.

A una cama de hospital.

Al sonido de una máquina respirando por el último Luna que le quedaba.

Patricia apareció detrás de ella.

—Aurora, entra. No hagas esto más feo.

Aurora giró la cabeza.

—¿Más feo que venderme a Bruno?

Patricia bajó la voz.

—Nadie te está vendiendo. Tu padre está intentando reparar el desastre que hiciste.

Aurora soltó una risa sin alegría.

—Me drogaron, me persiguieron, subieron una foto mía a internet y ahora ustedes lo llaman mi desastre.

—Baja la voz.

—No.

Ricardo salió al porche.

—Entra.

—No.

La cara de Ricardo se endureció.

—Patricia.

Patricia la tomó del brazo.

Aurora se soltó de un tirón.

—No me toques.

Felipe apareció en la puerta con expresión incómoda.

—Aurora, por favor. Esto ya se salió de control.

—Gracias por notarlo, Felipe.

Bruno también salió, todavía doblado de dolor, pero con una sonrisa torcida.

—No seas así. Hablamos y arreglamos las cosas.

Aurora lo miró.

—Si das otro paso, grito.

Bruno abrió los brazos.

—¿Y qué vas a decir? ¿Que tu novio quiere hablar contigo?

El asco le subió a la garganta.

Aurora retrocedió, no hacia la calle, sino hacia dentro de la casa.

Ricardo sonrió creyendo que había ganado.

No entendió nada.

Aurora cruzó la sala a paso rápido.

Mariana, que había seguido la escena desde el interior, se hizo a un lado.

—¿A dónde vas?

Aurora no contestó.

Pasó junto al comedor, dobló por el pasillo y entró a la cocina.

La cocina de los Rivas parecía sacada de una revista: mármol blanco, electrodomésticos de acero, frutero perfecto, cuchillos caros colgados en una barra magnética.

Aurora tomó el más grande.

Cuando volvió a la sala, Ricardo dejó de sonreír.

Patricia gritó.

—¡Aurora!

Ella levantó el cuchillo, no hacia su propio cuerpo, sino hacia el espacio entre ella y todos los demás.

—El primero que se acerque se queda sin mano.

Felipe retrocedió de inmediato.

Bruno levantó las manos.

Mariana se escondió detrás de Patricia.

Ricardo no retrocedió, pero el color se le fue de la cara.

—Baja eso.

—No.

—Estás loca.

—Me han dicho eso mucho hoy. Empieza a aburrirme.

Ricardo miró hacia la puerta, luego hacia el celular en el bolsillo de Aurora.

—Si llamaste a alguien, cometes un error.

—El error fue creer que me iba a dejar arrinconar.

Patricia lloraba de nuevo.

—Mi niña, por favor...

Aurora giró el cuchillo apenas hacia ella.

—Una vez más me dices mi niña y juro que corto las cortinas que compraste con el dinero de mi madre.

Patricia cerró la boca.

Mariana temblaba, pero de rabia.

—Papá, haz algo.

—Eso intento —dijo Ricardo.

—No —corrigió Aurora—. Intentas salvar a Felipe, premiar a Mariana y deshacerte de mí con el primer animal que aceptó cargar con tu mentira.

Bruno apretó la mandíbula.

—Cuidado.

Aurora se volvió hacia él.

—Tú no tienes derecho a decirme cuidado.

—Si dices que te hice algo, vas a tener que probarlo.

—Tengo video del hotel.

Mentira.

O no del todo.

Damian lo tenía.

Ella no sabía cuánto. No sabía si lo usaría. No sabía si podía confiar en él.

Pero Bruno tampoco sabía nada.

Y la duda le entró en la cara como una grieta.

—No tienes nada —dijo Mariana.

Aurora la miró.

—¿Segura?

Mariana abrió la boca.

Ricardo habló antes.

—Aurora, baja el cuchillo y vamos a hablar como personas civilizadas.

—¿Civilizadas? Acabas de amenazar con dejar morir a un anciano en coma para obligarme a casarme con Bruno.

Felipe miró a Ricardo.

—¿Eso es cierto?

Ricardo le lanzó una mirada.

—No te metas.

Aurora se rió.

—Claro que se mete. Para eso querías darle mis quince por ciento de BellaRiva a Mariana, ¿no? Para que los Herrera no se fueran con las manos vacías.

Mariana palideció.

—¿Qué?

Aurora la miró con burla.

—¿No te lo había dicho papá? Qué raro. Pensé que entre ladrones se avisaban.

—¡Basta! —rugió Ricardo.

—No. Tú querías cambiar mi matrimonio por acciones, mi apellido por silencio y mi cuerpo por una solución rápida. Dilo completo.

Ricardo avanzó un paso.

Aurora levantó el cuchillo.

Él se detuvo.

Ese segundo fue pequeño, pero la sostuvo.

Ricardo Rivas se había detenido por miedo a ella.

Por fin.

El timbre sonó.

Todos miraron hacia la entrada.

Patricia se secó las lágrimas con movimientos torpes.

—¿Quién es ahora?

El timbre volvió a sonar, seguido de golpes firmes en la puerta.

No golpes de visita.

Golpes de autoridad.

Bruno miró a Mariana.

Mariana negó con la cabeza, nerviosa.

Ricardo hizo una seña a Patricia.

—Abre.

Patricia caminó hacia la puerta como si cada paso le pesara.

Aurora no bajó el cuchillo.

La puerta se abrió.

Un hombre alto, de chaqueta oscura, entró mostrando una identificación.

Detrás de él venían dos agentes más.

—Fiscalía General de la República —dijo—. Soy Diego Lara Ibarra.

El cuchillo tembló en la mano de Aurora.

Diego miró la sala en un segundo: Bruno en medio, Ricardo rojo de ira, Aurora con el cuchillo, Mariana escondida, Patricia llorando, Felipe calculando cómo no quedar mal.

No pareció sorprendido.

Eso fue lo más extraño.

—Bruno Zavala Torres —dijo Diego.

Bruno dio un paso atrás.

—¿Qué?

Diego sacó una orden doblada.

—Tiene una orden de aprehensión por tentativa de violación, administración de sustancias nocivas, agresión y amenazas. Va a acompañarnos.

Bruno se puso blanco.

—No. No, esto es un malentendido.

Mariana dejó de respirar.

Ricardo explotó.

—¡Un momento! Está en mi casa.

Diego lo miró.

—Eso no lo protege de una orden federal, señor Rivas.

—¿Sabe quién soy?

—Sí.

La respuesta fue tan seca que a Aurora casi se le escapó una risa.

Diego hizo una seña.

Uno de los agentes tomó a Bruno del brazo.

Bruno intentó zafarse.

—¡Mariana!

El nombre salió antes de que pudiera detenerlo.

Diego lo escuchó.

Aurora también.

Mariana bajó la mirada.

Patricia se llevó una mano a la boca.

Ricardo giró hacia su hija menor.

—¿Por qué te llama a ti?

Mariana empezó a llorar otra vez.

—No sé.

Aurora sintió que los dedos se le aflojaban alrededor del mango del cuchillo.

Diego se acercó despacio.

—Señorita Rivas.

Ella levantó la mirada.

—Baje el cuchillo.

—No iba a...

—Lo sé —dijo Diego—. Pero no les dé una excusa.

Aurora respiró.

Una vez.

Dos.

Bajó el cuchillo.

Diego lo tomó por el mango con cuidado y lo dejó sobre la mesa, lejos de Ricardo.

—Gracias.

Los agentes esposaron a Bruno.

El sonido metálico llenó la sala.

Aurora lo miró.

Bruno ya no sonreía.

Su cara de miedo fue una cosa preciosa.

—Esto es culpa tuya —escupió él.

Aurora sostuvo su mirada.

—No. Esta vez no.

Diego lo empujó hacia la puerta.

Ricardo iba detrás, hablando de abogados, de errores, de demandas. Patricia lloraba. Felipe guardaba silencio. Mariana parecía una estatua mal pintada.

Aurora se quedó en medio de la sala, con la mano vacía.

No sabía si estaba a salvo.

No sabía qué iba a pasar con Don Augusto.

No sabía si Ricardo iba a cumplir su amenaza.

Pero Bruno salía esposado de la casa.

Eso era real.

Cuando Diego pasó junto a ella, Aurora habló.

—¿Quién los envió?

Diego se detuvo.

Sus ojos eran tranquilos, inteligentes.

—Alguien que no quiere que le pase nada, señorita.

Aurora apretó los labios.

—¿Damian?

Diego no respondió.

No hizo falta.

La puerta se cerró detrás de los agentes y el sonido de las sirenas encendiéndose llegó desde la calle.

Aurora miró hacia la ventana.

La camioneta negra seguía en la esquina.

Esta vez, la puerta trasera estaba abierta.

En Santa Fe, Damian Montero colgó el teléfono.

Marco estaba frente a su escritorio, con la tableta bajo el brazo y una expresión cuidadosamente neutral.

—Diego ya lo tiene.

Damian no contestó.

Había escuchado cada palabra de Diego por el auricular. Había oído el temblor en la voz de Aurora. Había oído a Ricardo amenazar con Don Augusto. Había oído a Bruno decir el nombre de Mariana cuando sintió las esposas.

La superficie del escritorio tenía una grieta nueva.

Marco la miró.

—Voy a pedir otro.

—No.

—Alfa.

Damian levantó la vista.

Sus ojos estaban dorados.

—Primero quiero todo sobre Ricardo Rivas.

—Ya lo estoy preparando.

—Todo, Marco.

La voz de Damian bajó hasta parecer un gruñido.

—Nadie toca a mi pareja destinada.

Marco inclinó la cabeza.

—Entendido.

Damian miró la pantalla del teléfono.

No había mensajes de Aurora.

Pero seguía viva.

Seguía de pie.

Y ahora sabía que él estaba detrás de la primera puerta que se abría para sacarla de esa jaula.

1
Josephine 💜
🥰🥰🥰🥰
Primi Mendez
esta por terminar sin pasar casi nada 😕
Eva Domínguez Cobos
estuvo súper espero el final pronto
Primi Mendez
Mariana está pisando arena movedizas. no le conoce al protector de Aurora 🤢
Primi Mendez
esta bueno TÚ novela me encanta está pareja
Primi Mendez
Que hermoso como Damián cuida a su mujer y a su cachorro que viene en camino
Ivana Bollici
m encanta...super atrapante!
JZulay
Aurora no cayó en cuenta , lo de los 400 años 🤔🤭
JZulay
/Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm/🤭...muy sensibles.
El único de acero es el abuelo Esteban 😜
JZulay
comparsa.../Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Joyful//Proud/ mucha gente 🤭
JZulay
comparsa 🤭🥹🥹🥹/Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm/
JZulay
por Dios......y se pela con las manos 🤭/Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm/
JZulay
/Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Doubt/...no solo fisgonear
JZulay
no fue mi lejos , no en distancia no en tiempo 🤭/Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm/
Emily Morillo ♥️
pero que terca esa pendeja
JZulay
🐺❤️🥰/Kiss//Kiss//Kiss/
JZulay
ay tía Lupe..../Facepalm//Facepalm//Facepalm/
ud es querendona y alborotadora 🤭
JZulay
estás bien ñepra...🤭...hasta el tape /Facepalm//Facepalm//Facepalm/
JZulay
yupiiiiiii .....🥳...estamos avanzando 👏🏼👏🏼
JZulay
los golpes enseñan /Sweat/
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