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Nica Y Los Cinco Destinos

Nica Y Los Cinco Destinos

Status: En proceso
Genre:Romance / Mujer poderosa / CEO
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Giulian Ocampo

Huyó para escapar de un matrimonio arreglado, pero el destino tenía preparados cinco caminos que cambiarían su vida para siempre.

NovelToon tiene autorización de Giulian Ocampo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9: Nadie debía saberlo

Nica permaneció varios minutos inmóvil frente a la puerta de su habitación.

La nota seguía temblando entre sus manos.

"Algunas personas nunca dejan de buscar lo que perdieron."

Volvió a leerla una y otra vez.

No había firma.

No había ninguna otra explicación.

Solo esa frase.

Abrió la puerta con cuidado y recorrió el pasillo con la mirada.

Silencio.

Las demás habitaciones estaban cerradas y la dueña de la pensión ya había apagado las luces del recibidor.

—¿Quién pudo dejar esto...? —murmuró.

Entró rápidamente, cerró con llave y corrió las cortinas.

Por primera vez desde que llegó a Puerto Azul, sintió miedo.

No miedo de trabajar.

No miedo de empezar de nuevo.

Miedo de que alguien descubriera quién era realmente.

Respiró hondo varias veces.

—No... tranquila, Nica.

Tal vez era una broma.

Tal vez la nota ni siquiera era para ella.

Intentó convencerse, pero algo en su interior le decía que no era así.

Guardó el papel dentro del cajón de la mesa de luz.

Si volvía a aparecer otra nota, entonces sí tendría motivos para preocuparse.

A la mañana siguiente, salió rumbo al Café del Puerto como todos los días.

Sin embargo, esta vez caminó mirando discretamente hacia atrás.

Sentía que alguien podía estar siguiéndola.

Pero no vio a nadie.

Cuando llegó al café, Marta levantó la vista apenas la vio entrar.

—¿Dormiste mal?

Nica forzó una sonrisa.

—¿Se nota tanto?

—Tenés ojeras.

—Solo fue una mala noche.

Marta no insistió.

Con el paso de los días había aprendido que Nica hablaba cuando realmente quería hacerlo.

La mañana transcurrió con normalidad.

El café estaba lleno y el aroma a pan recién horneado inundaba el lugar.

Don Ernesto discutía de fútbol con otros clientes.

Un grupo de estudiantes ocupaba la mesa del fondo.

Y Nica iba de un lado a otro con una sonrisa amable.

Por momentos, incluso olvidó la nota.

Hasta que la campanita de la puerta volvió a sonar.

Era él.

El hombre de los ojos grises.

Entró con la misma tranquilidad de siempre.

—Buenos días.

—Buenos días.

—¿Lo de siempre? —preguntó Nica.

Él sonrió.

—Ya me conocés demasiado.

—No exageres.

—Todavía no sé tu apellido.

Nica sintió un pequeño nudo en el estómago.

—Y no creo que haga falta.

Él no insistió.

—Tenés razón.

Hay personas que prefieren que las conozcan por lo que son... y no por su apellido.

Aquellas palabras la dejaron completamente inmóvil.

¿Lo habría dicho por casualidad?

¿O sabía algo?

Antes de que pudiera preguntarle, Marta la llamó desde la cocina.

—¡Nica! ¡Necesito una mano!

—¡Ya voy!

Cuando regresó con el café, él volvía a trabajar frente a su computadora.

Como si aquella conversación nunca hubiera ocurrido.

Al terminar el turno, Nica salió del café para tomar un poco de aire.

El cielo estaba completamente despejado.

Se sentó en el banco de siempre, frente al mar.

Cerró los ojos.

El sonido de las olas siempre conseguía tranquilizarla.

Entonces escuchó unos pasos.

Abrió los ojos.

Era el mismo hombre.

Llevaba dos cafés en la mano.

—Pensé que después de trabajar todo el día quizás no tendrías ganas de preparar otro.

Le ofreció uno de los vasos.

Nica dudó unos segundos.

Finalmente lo aceptó.

—Gracias.

Los dos permanecieron en silencio observando el mar.

No era un silencio incómodo.

Era de esos silencios que no necesitan explicaciones.

Después de unos minutos, él habló.

—¿Sabés por qué me gusta este lugar?

Nica negó con la cabeza.

—Porque acá nadie pregunta quién fuiste.

Solo importa quién sos hoy.

Ella bajó la mirada hacia el café caliente.

Sin darse cuenta, una pequeña sonrisa apareció en sus labios.

Tal vez...

Tal vez Puerto Azul realmente le estaba regalando una segunda oportunidad.

Pero, oculto detrás de un viejo puesto de diarios, un hombre levantó lentamente una cámara fotográfica.

Presionó el obturador.

Click.

Una nueva imagen quedó guardada.

Y esta vez no había dudas.

La joven de la fotografía era, sin lugar a dudas...

Nica Beaumont.

Continuará...

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