Sophia Clarkson, 17, heredera de Luna Plateada.
Kael Drevon, 24, rey de reyes de Colmillo Negro.
No se conocen. Pero el hilo los encontró.
A 600 kilómetros, ella se quema las manos para no correr hacia él.
Él apoya la frente en vidrio frío para no decir su nombre.
NovelToon tiene autorización de Caami Puig para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
*Agua y sábanas - POV Sophia*
El baño privado olía a pino y a vapor.
Sophia cerró la puerta con el pie. Las manos le ardían tanto que no podía ni girar el picaporte.
El cuarto era grande. Piedra gris. Un espejo empañado. Una bañera grande negra.
Tiró la camisa sucia al piso. Ya estaba empapada de sudor y nieve derretida.
Se miró en el espejo. Un segundo.
Pelo negro pegado a la frente. Cortes finos en la mejilla que no recordaba como se los hizo. Labio inferior partido. Ojos.. Fríos. Lejos.
Se sacó las vendas. La sangre volvió a salir, roja, limpia. Dolía menos ahora. El agua caliente lo iba a quemar todo.
Abrió la canilla. El agua salió con fuerza. Vapor subiendo, llenando el cuarto. Olía a hierbas que Mera le metía al agua "para que no te infectes, idiota". Mera. Siempre cuidándola aunque le pusiera la lanza en la garganta.
Sophia se metió. Despacio.
El agua le cayó en las manos y fue como clavarle cuchillos. Apretó los dientes. No gritó. Contó hasta diez. Veinte. Cien.
El dolor era real.
El dolor era suyo. Y lo controlaba ella.
Se hundió hasta el cuello. El vapor le mojó las pestañas. Cerró los ojos.
Otra vez él. Siempre él cuando cerraba los ojos. Kael Drevon. Ojos verdes. Cómo tormenta.
Agua caliente sobre las palmas abiertas. La piel se puso blanca, después roja. Sophia apoyó la cabeza en el borde de la bañera. Respiró profundo. El vapor le quemó los pulmones.
Por fuera: heredera de Luna Plateada. La que le pegó a Varik. La que Mera no puede vencer. La que los lobos nuevos miran al piso.
Por dentro: piba de 17 con las manos en carne viva, contando hasta cien para no llorar.
Se lavó el pelo con cuidado. El agua se puso turbia. Tierra, nieve, sangre. Todo se iba por el desagüe. Todo menos él.
El hilo tiraba. Suave. Constante. Como una cuerda atada a las costillas y del otro lado un rey de piedra que miraba al sur.
Sophia hundió la cabeza entera bajo el agua. Diez segundos. Veinte. Treinta.
El silencio bajo el agua era perfecto. No había hilo. No había Kael. No había "Empecemos". Solo su corazón golpeando contra las costillas. Fuerte. Rápido. Vivo.
Salió a respirar. Jadeando. El vapor le llenó la boca.
"Si el cuerpo se rompe, el corazón se calla" susurró al vapor.
Mentira. El corazón no se callaba. Gritaba su nombre sin que ella lo dijera.
Se quedó ahí hasta que el agua se enfrió. Hasta que los dedos se arrugaron. Hasta que el dolor de las manos se volvió sordo, lejano.
Salió. El frío del cuarto le pegó en la piel mojada. Tembló. Una vez. Solo una.
Se envolvió en una toalla de algodón suave.
Se vendó las manos otra vez. Despacio. Cada vuelta de tela era una orden: _aguantá_. _no llores_.
Se puso ropa limpia. Camisa negra. Pantalón negro. Botas sin cordones, fáciles de sacar. Para dormir, para pelear, para huir. Lo que hiciera falta.
Caminó hasta la cama. Colchón suave. Sábanas de algodón.
Se acostó boca arriba. Como muerta. Como loba cazada. Manos sobre el pecho, por arriba de la manta.
El techo era de vigas oscuras. Las contó. Una. Dos. Tres. Otra vez.
El cuarto estaba en silencio. Solo se oía su respiración. Pareja. Controlada.
Pero el hilo seguía ahí. Tirando.
A 600 kilómetros al norte, Kael apoyaba la frente en vidrio frío. Lo sentía.
Ella también apoyó la frente contra la almohada. Mismo gesto. Mismo dolor. Lados opuestos del mapa.
Cerró los ojos.
"Empecemos" volvió la voz de ella en el claro. Fría. Seca.
Kael no contestó.
Sophia se dio vuelta. De costado. Abrazo a sí misma. Las manos vendadas le quedaron bajo la mejilla.
Dormir no era opción. Descansar sí. Descansar era aguantar con los ojos cerrados.
Respiró. Una. Dos. Diez veces.
Afuera la nieve seguía cayendo. Adentro ella seguía aguantando.
La que a los 17 años, en su baño privado, se quema las manos en agua hirviendo para no cruzar corriendo 600 kilómetros hacia un rey que no dijo "sos mía".
Cerro sus ojos. Respiración pareja.
Hasta que el sueño, la venció.
voy a estar subiendo capitulos día por medio. así tengo tiempo de planificar y crear. espero que le guste. estaba haciendo otra novela. pero no me convencio, asiq espero que está si puedan disfrutar. muchas gracias y cualquier cosa que quieran decirme bienvenido sea❤️❤️❤️❤️🥰🥰🥰🥰