Un temible asesino a sueldo reencarna por karma en el cuerpo de una noble atrapada en una novela trágica. Su destino: casarse con el volátil Emperador de Fuego para calmar su ira, ser abandonada por la protagonista real y morir de depresión.
Dispuesto a cambiar su destino (y a costa de su hombría), decide jugar el juego: curará la inestabilidad del Emperador, pero planea exigir un divorcio millonario para recorrer este nuevo mundo mágico a su antojo. Lo que no esperaba es que al Emperador de Fuego le fascinara tanto su fría y letal esposa. Entre conspiraciones, magia y un romance que no quiere aceptar, el antiguo asesino tendrá que luchar para demostrar que ella (el)... definitivamente no es la heroína de esta historia.
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Capitulo 9: Tres meses
El silencio que siguió al comentario de Kaelen sobre la "supervivencia" no fue una calma reparadora; fue la quietud tensa que precede a una tormenta. El Emperador permanece frente a ella, con los ojos naranjas clavados en los suyos, buscando cualquier grieta en su armadura, cualquier rastro de la debilidad humana que Mirelle, en su encarnación de Vance, se esfuerza por ocultar.
__La supervivencia es un objetivo noble, pero poco ambicioso__. Dijo Kaelen, su voz es un terciopelo que oculta cuchillas
__Si es eso lo que buscas, Mirelle, estás mirando en la dirección equivocada. A mi lado, no solo sobrevivirás. Gobernarás. O serás consumida. No hay punto medio__.
Mirelle sintió cómo su pulso acelero. El cuerpo de la joven reacciona ante la proximidad del Emperador con una descarga, una respuesta fisiológica que Vance maldice internamente. "Es solo el eco de las hormonas de este cuerpo", pensó con desdén, apretando los puños dentro de las mangas de su traje de entrenamiento. "Soy un hombre, un asesino. No voy a dejar que un estallido de testosterona (o lo que sea que este sujeto emane) nuble mi juicio.
__Gobernar bajo una sombra no es gobernar, Majestad__. Respondió Mirelle, manteniendo la voz nivelada, obligándose a ser el muro que el libro nunca dijo que fue.
__Es ser una marioneta decorada con joyas. Y si mi "supervivencia" depende de mi capacidad para estabilizar su maná, entonces somos rehenes el uno del otro. No me malentienda, valoro mi vida, pero no estoy dispuesta a ser un simple consumible que usted desechará cuando encuentre un juguete más brillante__.
Kaelen soltó una carcajada seca, desprovista de cualquier calidez. Da vueltas a su alrededor, una pantera rodeando a una presa que, para su sorpresa, no huye. Cada paso suyo hace que el suelo de mármol vibre.
__Un consumible...__. Repitió él, deteniéndose a sus espaldas. Mirelle pudo sentir el calor irradiando de él, una energía tan volátil que erizo los vellos de su nuca.
__Tienes razón. La mayoría de las cosas que captan mi atención terminan siendo efímeras. Pero tú... tú eres diferente. Eres la primera persona que no intenta lisonjearme ni temblar ante mi presencia. Por eso, y porque mi inestabilidad es una urgencia que no admite esperas, he tomado una decisión__.
Se adelantó, invadiendo de nuevo su espacio personal, esta vez obligándola a levantar el mentón para sostenerle la mirada.
__La boda no será en un año. Será en un mes__.
El mundo de Mirelle se detuvo. Un mes. Eso es una sentencia de muerte. Su entrenamiento, su comprensión de la magia de agua, la creación de sus defensas invisibles... apenas ha comenzado a cimentar una base sólida. En un mes, apenas sabría cómo defenderse de un asesino de alto nivel, mucho menos de las intrigas de una corte imperial plagada de magia oscura y venenos.
__No__. Dijo ella, y la palabra salió como un disparo.
Kaelen entrecerró los ojos, sorprendido. La mayoría de los nobles se habrían arrodillado ante una orden imperial, agradecidos por el "honor".
__¿Has dicho que no?__. Susurró él, y el aire en la sala se volvió pesado, cargado de una presión mágica que dificulta la respiración.
__He dicho que no__. Repitió Mirelle, obligándose a no retroceder, aunque sus piernas tiemblan.
__Majestad, si usted busca una emperatriz capaz de estabilizar su maná, necesita una que no muera envenenada la primera semana en la capital. Un mes es tiempo suficiente para que los enemigos del trono identifiquen mi falta de preparación. Si me lleva ahora, me llevará como una emperatriz inútil. Necesito tiempo__.
La cercanía de Kaelen se volvió casi asfixiante, una mezcla de poder puro y una intensidad que, para horror de Vance, tiene un matiz innegablemente erótico. El asesino reprimió el impulso de apartarse, consciente de que si muestra miedo, Kaelen la devoraria. "Este tipo está loco", pensó Vance mientras siente el aroma de ozono y sándalo del Emperador. "Quiere adelantar la boda no por amor, sino para probarme, para ver si me rompo".
Kaelen deslizó una mano hacia su mejilla, un gesto que parece una caricia pero que se siente como un grillete.
__Tu resistencia me excita__. Confesó él, con una honestidad brutal que dejó a Mirelle sin palabras.
__Sabes, Mirelle... la mayoría de las mujeres de esta corte se derretirían si yo les sugiriera adelantar la fecha. Tú, en cambio, estás calculando cuánto tiempo necesitas para sobrevivir a mi lado. Eso es fascinante__.
__Es sentido común__. Respondió ella, forzando una sonrisa gélida.
__Un matrimonio sin cimientos es una ruina. Si quiere que su emperatriz sea útil, déjeme prepararme__.
__¿Y cuánto tiempo es suficiente para que te sientas segura, mi pequeña espina?__. Preguntó Kaelen, bajando la voz, inclinándose hasta que sus labios estuvieron a milímetros de su oreja.
Mirelle sintió el calor recorriéndole el cuello. "Es una tortura mental. Céntrate, Vance. Es solo una negociación. No dejes que la química del cuerpo de esta mujer te engañe".
__Tres meses__. Dijo ella, firme.
__Ni un día menos. En tres meses habré terminado mis lecciones de "etiqueta", habré consolidado mis alianzas y estaré lista para no ser una carga en su corte__.
Kaelen se apartó lentamente, dejando un vacío frío en su lugar. Él la observó durante lo que parecieron horas, sopesando su determinación. El Emperador esta estasiado; había venido esperando encontrar una muñeca y encontró un adversario. Y a él, por encima de todas las cosas, le encanta jugar con adversarios.
__Tres meses__. Repitió Kaelen, saboreando las palabras.
__Un plazo arriesgado. Si en tres meses no me has impresionado, Mirelle Waters, no habrá boda. Habrá una sustitución. Y no creo que a tu familia le guste ese desenlace.
__Entendido__. Respondió Mirelle, haciendo una venia formal, ocultando el alivio que sienge en su pecho. Tres meses. Noventa días para volverse lo suficientemente peligrosa como para que él no pueda descartarla, o lo suficientemente inteligente como para escapar de la boda por completo.
Kaelen se giró hacia la puerta con una sonrisa depredadora en el rostro.
__Duques__. Llamó él, elevando la voz.
Las pesadas puertas del salón de visitas se abrieron de golpe, casi como si los padres de Mirelle hubieran estado pegados a la madera, conteniendo el aliento. Entraron, con los rostros desencajados, la angustia pintada en cada arruga de su piel.
__¿Majestad?__. El Duque Waters se inclinó tan bajo que parece a punto de caerse.
__¿Todo está... en orden?__.
Kaelen se detuvo frente a ellos, una figura imponente que oscurece la luz. Mirelle se mantuvo detrás de él, con la expresión neutra de una noble bien educada, aunque por dentro esta repasando mentalmente su agenda de entrenamiento.
__Su hija es una negociadora excepcional__. Anunció Kaelen, lanzando una mirada oblicua a Mirelle.
__Hemos llegado a un acuerdo. La boda se adelantará__.
Los Duques intercambiaron miradas de puro terror. La madre de Mirelle, la Duquesa, llevó una mano a su pecho, sintiendo claramente un vuelco en su corazón.
__¿Adelantada?__. Balbuceó el Duque.
__Majestad, nosotros... el contrato estipulaba un año, necesitámos el tiempo para los preparativos, los vestidos, la logística...
__Tres meses__. Interrumpió Kaelen, cortante.
__En tres meses, la Duquesa Mirelle se mudará al palacio imperial. Ni un día más. Asegúrense de que esté lista, o las consecuencias no serán del agrado de este Ducado__.
El silencio que siguió a la orden fue sepulcral. Los Duques parecen estatuas de sal, incapaces de procesar la magnitud de la noticia. Kaelen no esperó una respuesta. Con un giro elegante de su capa, comenzó a caminar hacia la salida, deteniéndose justo al lado de Mirelle.
__Tres meses, Mirelle__. Murmuró él, lo suficientemente bajo para que solo ella lo escuchara.
__No me decepciones. Sería una lástima tener que destruir algo tan interesante antes de que florezca__.
Sin esperar respuesta, el Emperador salió del salón, dejando tras de sí un aire cargado de estática y una Mirelle que, por primera vez en semanas, sintió que el tiempo realmente se le escapa entre los dedos.
La guerra había comenzado, y ella solo tiene noventa días para aprender a sobrevivir en el centro del poder.