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Mi Misión Es Eliminar A La Heroína

Mi Misión Es Eliminar A La Heroína

Status: En proceso
Genre:Romance / Fantasía / Timetravel / Aventura
Popularitas:2.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Luz de luma

Morir por un golpe en la cabeza no estaba en los planes de Elysia. Despertar en La Sangre de la Corona, el mahwa que leía en secreto, tampoco.

El problema es que no reencarnó como la protagonista. Reencarnó como la comandante del villano. Del hombre destinado a perder la guerra por el trono.

Aster es letal, frío y no malgasta palabras. También es, para su desgracia, exactamente su tipo, al menos hablando de su fisico.

Pero todo se complica cuando recibe una orden imposible: eliminar a Athena, la heroína de la historia, la chica que el guion protege.

Atrapada entre su lealtad, su instinto de supervivencia y un jefe que empieza a mirarla como ningún villano debería, Elysia deberá decidir si acepta el destino... o lo reescribe ella misma.

Porque si va a morir como villana, al menos lo hará peleando.

NovelToon tiene autorización de Luz de luma para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 23 — LA VÍSPERA

La víspera del consejo amaneció con un sol pálido y un viento frío que olía a tierra mojada.

Elysia se despertó antes del amanecer, con el cuerpo tenso y la mente ya en marcha. Llevaba días preparándose, pero esa mañana era distinta. Era la última mañana antes de que todo cambiara. La última mañana antes de que Athena volviera al castillo. La última mañana antes de que Aster y Aslan se sentaran frente a frente con el futuro del reino entre ellos.

Se vistió con el uniforme de gala. El jubón negro con detalles plateados, las botas altas, el emblema de la espada y la rama de laurel prendido en el pecho. Se recogió el cabello castaño en una coleta baja y se miró en el espejo.

La mujer que le devolvió la mirada ya no era la misma de hacía semanas. Ya no tenía los ojos perdidos de quien despierta en un mundo ajeno. Ya no temblaba al sostener la espada. Ya no dudaba al hablar con Aster. Era una comandante. De verdad.

—Hoy no —se dijo a sí misma—. Hoy no voy a pensar en el mahwa. Hoy no voy a pensar en finales escritos. Hoy voy a hacer mi trabajo.

Bajó al patio. El castillo ya estaba despierto. Los sirvientes colocaban guirnaldas de flores blancas en las puertas principales, un gesto diplomático que Elysia encontró extrañamente hermoso. Los guardias se ajustaban las armaduras y se intercambiaban miradas tensas. Los mozos de cuadra corrían con cubos de agua y montones de paja fresca.

Todo el mundo se movía. Todo el mundo esperaba.

—Llegas temprano.

Lian apareció a su lado, con sus dagas al cinto y una manzana en la mano. Le dio un mordisco crujiente.

—No he dormido bien —admitió Elysia.

—Nadie ha dormido bien. El señor Aster lleva en pie desde antes que los pájaros. Otra vez.

—¿Ha desayunado?

—Le he subido una bandeja. No sé si la ha tocado. —Lian dio otro mordisco—. Ese hombre va a morir de inanición antes que de una espada.

Elysia resopló. Tomó la manzana de las manos de Lian y le dio un mordisco sin pedir permiso.

—Era mía —protestó Lian.

—Ahora es del ejército.

—Abuso de poder.

—Denúnciame.

Lian soltó una risa corta y recuperó la manzana. Ambas se quedaron un momento en silencio, mirando el patio llenarse de actividad.

—¿Crees que saldrá bien? —preguntó Lian, con un tono más serio de lo habitual.

Elysia tardó en responder.

—No lo sé. Pero vamos a hacer que salga bien.

—Eso no es una respuesta.

—Es la única que tengo.

Lian asintió lentamente. Tiró el corazón de la manzana a un arbusto y se limpió las manos en el pantalón.

—Me gustas más ahora —dijo de repente.

—¿Qué?

—Antes. La Elysia de antes. Era buena comandante, sí. Pero no era... —Lian buscó la palabra—. No era humana. Era como una máquina. Ahora eres diferente. Hablas. Ríes. Metes la pata. Te equivocas.

—Gracias. Supongo.

—Es un cumplido. Significa que eres real. Y la gente real es más fácil de seguir. —Lian hizo una pausa, y sus ojos verdes brillaron con esa chispa de picardía que Elysia ya conocía—. Además, así le gustas más al señor Aster.

—Lian.

—¿Qué? No he dicho nada malo.

—No le gusto a Aster. Me tolera.

—Claro. Como yo tolero el pastel de manzana. —Lian se relamió exageradamente—. Con mucha devoción.

—Eres imposible.

—Y también le gustas al cachorro. A Kael, digo. Te mira como si fueras un héroe de leyenda.

—Kael es un muchacho amable. Nada más.

—Amable. Claro. —Lian sonrió—. Tienes a dos hombres importantes babeando por ti y ni siquiera te das cuenta. Es fascinante.

—No están babeando. Nadie está babeando. Deja de inventar.

—Yo no invento. Yo observo. Es mi trabajo.

Elysia negó con la cabeza, pero no pudo evitar una sonrisa. Lian era irritante, pero también era la única persona en el castillo que le hablaba sin filtros. Y eso, en un mundo de cortesías y medias verdades, valía oro.

—Voy a revisar los puestos de guardia —dijo, cambiando de tema—. ¿Vienes?

—Claro. Alguien tiene que asegurarse de que no te tropieces con tus propias botas.

—No me tropiezo con mis botas.

—La semana pasada te vi tropezar con un escalón.

—Ese escalón estaba fuera de lugar.

—Claro que sí.

Recorrieron juntas los puestos de vigilancia. Elysia dio instrucciones precisas a cada guardia: quién estaría en la entrada principal, quién en las puertas laterales, quién en los pasillos que conducían al salón. Revisó las armaduras, comprobó que las espadas estuvieran afiladas, se aseguró de que todos supieran exactamente qué hacer en caso de emergencia.

Kael estaba en el puesto de la entrada principal. Llevaba el uniforme impecable, la espada reluciente, y una expresión de concentración tan intensa que parecía a punto de explotar.

—Kael.

—¡Comandante! Digo, ¡Elysia! —Se puso firme—. Todo en orden. Sin novedades.

—Bien. ¿Nervioso?

—Un poco. Bueno, mucho. Pero lo tengo controlado.

—No tienes que tenerlo controlado. Solo tienes que estar atento. Si ves algo extraño, me avisas. Si alguien intenta pasar sin autorización, me avisas. Si se te cae la espada al suelo, me avisas.

—No se me va a caer la espada.

—Eso espero.

Kael sonrió tímidamente. Luego, bajando la voz, añadió:

—Gracias por confiar en mí para esto. De verdad. No todos los comandantes le darían un puesto así a un recién ascendido.

—Tú te lo has ganado. —Elysia le devolvió la sonrisa—. Ahora deja de halagarme y ponte firme, que pareces un espantapájaros con uniforme.

Kael se enderezó de inmediato, con una sonrisa radiante.

—Lo que usted diga, comandante. Digo, Elysia. Digo... —Se puso rojo—. Voy a dejar de hablar.

—Buena idea.

Elysia siguió su camino, con Lian detrás.

—Definitivamente babea —murmuró Lian.

—Cállate.

—Callada estoy.

Esa tarde, mientras Elysia supervisaba los últimos preparativos en el salón principal, no se dio cuenta de que alguien la observaba.

Lord Valdemar estaba apoyado en una columna del patio interior, con un libro en la mano que no estaba leyendo. Sus ojos oscuros seguían los movimientos de Elysia con la precisión de un halcón.

—Interesante —murmuró para sí mismo.

—¿Qué es interesante?

La voz de Aster lo sorprendió por detrás. Valdemar no se inmutó.

—Tu comandante. La he estado observando.

Aster frunció el ceño.

—¿Para qué?

—Para entender. —Valdemar cerró el libro—. Antes era una sombra. Eficiente, sí. Pero una sombra. Ahora no. Ahora habla con los soldados. Les sonríe. Les corrige con paciencia. Se ríe con la otra chica, la de las dagas. Incluso se ha hecho amiga de ese caballero nuevo, el de los ojos de cachorro.

—Kael.

—Sí, ese. —Valdemar observó a Aster con atención—. Tú la has notado también.

No era una pregunta.

—Sería un mal estratega si no notara cambios en mi propia comandante —respondió Aster, con un tono neutro.

—Cierto. —Valdemar asintió lentamente—. Pero tú no solo lo has notado. Te afecta.

—No me afecta.

—Claro que no. —Valdemar sonrió, pero era una sonrisa cautelosa, analítica—. Solo diré una cosa, muchacho. Las personas que cambian de repente suelen tener un motivo. Y los motivos, cuando no se conocen, son peligrosos.

—Ella tuvo un golpe en la cabeza. El médico dijo que la amnesia podía cambiar su personalidad.

—Y puede ser cierto. —Valdemar se encogió de hombros—. Pero yo siempre desconfío de las explicaciones demasiado convenientes.

—¿Estás sugiriendo que no es quien dice ser?

—No. Estoy sugiriendo que la observes. Que no te fíes solo porque ahora te mira a los ojos y te planta cara. La confianza hay que ganarla.

—Lleva seis años sirviéndome.

—La de antes, sí. Esta... —Valdemar miró hacia el salón, donde Elysia reía por algo que Lian le había dicho—. Esta lleva apenas unas semanas. Y en esas semanas ha cambiado más que en seis años. Eso no es normal. Y lo que no es normal, se investiga.

Aster guardó silencio. Observó a Elysia desde lejos. La vio reír, dar una orden, ajustarse la espada al cinto. Vio a Kael acercarse para preguntarle algo y a ella responderle con una palmada en el hombro. Vio a Lian hacer un comentario que la hizo poner los ojos en blanco.

—No es una amenaza —dijo Aster al fin.

—Probablemente no. —Valdemar asintió—. Pero asegúrate. Porque si resulta serlo, estará justo en el centro de tu consejo, a tu lado, con acceso a toda la información. Y eso, muchacho, se llama un desastre estratégico.

—Lo tendré en cuenta.

—Sé que lo harás. Para eso te enseñé.

Valdemar le dio una palmada en el hombro y se fue. Aster se quedó un momento más, mirando a Elysia desde la distancia. No era una amenaza. Lo sabía. Lo sentía. Pero Valdemar tenía razón en una cosa: la Elysia de antes y la de ahora eran dos personas distintas.

Y él todavía no sabía por qué.

Esa noche, Elysia se sentó en su cama y repasó mentalmente todo lo que tenía que hacer al día siguiente. Los puestos. Los guardias. Los protocolos. Las órdenes de Aster.

Estaba lista.

Se tumbó y cerró los ojos. Pero antes de dormirse, recordó las palabras de Lian. «Así le gustas más al señor Aster». Soltó un resoplido.

—Tonterías —murmuró en la oscuridad—. Aster no gusta de nadie.

Y sin embargo, mientras se dormía, una pequeña parte de ella se preguntó si Lian tendría razón. Solo un poco. Solo a veces.

Solo cuando él la llamaba por su nombre.

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Noé sanchez
me muero por saber que pasa a continuación autora por favor continúe la historia!!
Elysia: muchas gracias 😭 hoy justo subi este cap, el prox es el domingo, peroooo a lo mejor sin confirmar nada, talvez subo otro antes
total 1 replies
Elysia
Me voy a autopuntear porque es mi creación favorita
Cliente anónimo
NECESITO MAAAAAAS
Cliente anónimo
y si tiene hambre?
Cliente anónimo
owwww
Cliente anónimo
soy yo
Cliente anónimo
lei pelon 😭
Cliente anónimo
Toco decirle chachorro
Cliente anónimo
aja
Cliente anónimo
curioso
Cliente anónimo
padres en común nomas
Cliente anónimo
se pueden ambas?
Cliente anónimo
ni los muertos andan en paz creo
Cliente anónimo
nah, la vecina
Cliente anónimo
como habrá crecido una comandante así?
Cliente anónimo
tons no era de los ovnis?
Cliente anónimo
bueno, al menos le sirve
Cliente anónimo
Detallitos....
Cliente anónimo
me robare el decir "no era un cumplido, era una observación"
Cliente anónimo
de chivo o como?
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