🚨Está historia es intersexual, (Osea, mujer con sistema reproductivo de un hombre, comúnmente llamado p*ne) Si eres sensible a estás historias, por favor no leer. De igual manera, a veces lo que no nos gusta es porque nunca antes nos hemos atrevido a probar, así que no te prives de algo que nunca has probado.
Espero que os guste la novela. Dejen su Like y comentario. No olviden seguir para estar al tanto de cada capítulo que suba. Los episodios se subirán los lunes y viernes, gracias por todo😘 🚨
Alisha, es la jefa de la mafia: peligrosa, dominante... Valeria, aburrida de una vida que la consume, comete un error que cambiará todo: pedirle a Isabela que no la deje volver a su casa.
Ella no imaginaba que esa súplica sería tomada al pie de la letra. Ahora está atrapada en una jaula dorada, bajo el control de una mujer que mezcla crueldad con seducción, amenaza con un beso y castiga con una caricia.
Entre balas, risas oscuras y noches que arden, ambas descubrirán que lo prohibido pu
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Bajo La Misma Piel.
—Jefa, el señor Kalashov quiere verla.
...Hmpm... ¿Y ahora qué quiere? No podía dejarme en paz.
—Déjalo.
—Entendido.
...Ya hace dos semanas estoy en Rusia, y ¿él apenas viene a verme? Pensé que le importaba más su gente. Diogo salió del despacho. Pensé que venía por mucho menos tiempo, pero ya van dos semanas y creo que aún falta mucho por terminar. Diogo volvió con el cobarde de Kalashov. Solo lo vi de reojo para luego volver mi atención a la pantalla de mi laptop, dónde veía a Valeria cocinando; ya lo ha hecho varias veces está semana. Su torpeza me exasperaba, pero también me enternecía. ¿Por qué me importaba tanto lo que hiciera esa niña?
—¡Rusca! ¡¿Ahora actuarás así?!
...Dijo con voz fuerte parándose frente a mí. Yo me relajé sobre la silla. Ahora se hace el valiente, cuando sé que es más cobarde que no sabe quién. Pero, ¡¿cómo se atreve a gritarme?! Su insolencia me enfurecía.
—Primero, no grites si quieres salir de aquí con vida...
—¿Me estás amenazando?
—Segundo, ¿de qué putas hablas? ¿Puedes ser más específico?
—No te hagas. ¿Crees que no sé que en la última semana has metido más carga a este país que en los últimos meses? ¿Crees que no sé que intentas robar mi gente?
...Sonreí de medio lado mientras lo observaba. Está molesto, muy molesto. Pero, lo que él no sabe es que apenas es el principio. Quería verlo retorcerse de rabia.
—No digas eso, otros te escuchan y pensarán que es cierto.
—¡Es que lo es! ¿Me crees estúpido?
...Hmpm... Pues sí. Su arrogancia me daba asco.
—Diogo, ¿yo he dicho algo así?
—No, para nada.
...Mi padre me enseñó que, para ganar una pelea, no es necesario pelear; solo debes conocer a tu oponente y saber sus debilidades; con eso ya tienes ganada la pelea. Y a Kalashov, ya lo conozco demasiado bien. Pero es una lástima; su padre sí fue un verdadero hombre que daba miedo.
—¡¡Ruscaa!!
—Ya te dije que no gritaras; odio que me alcen la voz. Además, estás en mi casa; si te pasa algo, no tendré ninguna culpa.
...Dije de manera tranquila pero firme. Él estaba furioso, porque sabía mis intenciones, pero aún así solo le queda aceptar que perdió. Quería hacerlo sentir impotente.
—Escucha, Rusca, jamás dejaré que el legado de mi padre quede en tus manos. No eres de este país, y mucho menos tomarás control de mi gente y territorio, ¿entiendes? ¡Jamás!
...Dijo para luego darse la vuelta y salir del despacho. Hm... Esa actitud me hubiera gustado verla el día de la reunión, porque si eso hubiese pasado, las cosas serían diferentes, pero ya es tarde, este país lo compartirás conmigo. Era el momento de apretar las tuercas.
—Jefa, ¿le daremos una advertencia?
...Preguntó Diogo. Lo miré.
—No. ¿Cómo va todo?
—Algunos no quieren, pero otros piensan que a él le hace falta carácter y mano dura, y que ellos trabajan según la paga.
—Eso es bueno, dinero es lo que hay. Entonces ya sabes qué hacer.
—¡Sí, jefa!
...Esto es solo un puñado de mi plan para acabar con la asesina de mi padre. Solo espera un poco, Mallén Satō, ¡tú morirás por mis propias manos!. Apreté mis puños con rabia. Respetar a la persona que mató a tu padre es algo que no le deseo a nadie. Tener a la asesina de tu padre frente a frente y no poder hacer nada es más doloroso que meter las manos al fuego, es muy difícil. Solo espera, padre, la mataré así sea lo último que haga; solo te pido que me des tiempo, solo un poco más. El deseo de venganza me consumía.
...Mi vista volvió a mi laptop, y casi me da algo cuando vi esa imagen. La preocupación me invadió.
—¡¿Qué mierda le sucedió?!
...Agarré la pantalla de la laptop con fuerza. Ella estaba siendo atendida por la señora Lucia. Parece que hubo un accidente mientras cocinaba. Su torpeza me exasperaba, pero también me preocupaba.
—¡Puta madre! ¡Por eso tengo empleadas en esa puta mansión! ¡¿Cómo es que ella se quemó?!
...Estaba sintiendo una montaña rusa de emociones; sentía preocupación, temor, dolor y tristeza. Me dolía ver su expresión de dolor mientras la señora Lucia le echaba crema en la pierna. No podía permitir que le pasara nada.
—Espero no sea nada grave. ¡Oigan! ¡Vengan aquí!
...Diogo entró corriendo al despacho con dos hombres más.
—Jefa, ¿qué sucede?
—Tenemos tres días para volver, ni uno más, ¡¿entendido?!
—Entendido.
...Respondió Diogo. Necesitaba dejar todo organizado aquí; quería que al menos una parte de los hombres de Kalashov estuvieran de mi lado, y para eso necesitaba más tiempo, pero ni modo, tocaría viajar en otro momento. Su seguridad era mi prioridad.
—Qué idiotez, cocinando cuando tiene personal allí para todo. Eres una tonta.
(...)
—Jefa, en esta última semana logramos entrar 30 cajas de arma; una carga fue embaucada por la armada nacional de Rusia, pero no se preocupe, no podrán rastrear el resto. 10 de esas cajas fueron entregadas a los 50 hombres que ahora trabajan para usted; 15 ya fueron vendidas; los clientes quedaron satisfechos, tanto así que dijeron que no dudarán con pedir más. Las 5 que faltan las dejé con un chico de confianza; él se encargará de venderlas al mejor postor.
—Qué haría sin ti; eres el mejor.
...Este chico debió ser mi socio, no mi mano derecha. Él sabía cómo actuar sin necesidad de pedir mi permiso. Creo que, si algún día decide abandonarme y trabajar él solo, yo seré la primera en apoyarlo, porque se lo merece. Su lealtad era inquebrantable.
—Jefa, usted sabe que pa' esto estoy a su lado. Sin pensarlo moriría por usted, y lo sabe.
...Lastimosamente es cierto. Su devoción me daba escalofríos.
—No digas eso, ¿o quieres que te mate ahora mismo?
—Moriría feliz, porque sabría que no fue ningún canalla de la calle.
...Sonreí. Su humor negro me hacía reír.
—Eres raro, ¿lo sabías?
—Por eso somos amigos.
—Es cierto, eres tan raro que por eso me caes bien.
—No más que usted, Jefa.
...Nos quedamos en silencio. Una extraña sensación había estado recorriendo mi mente en estos últimos días, y ella, ella ha estado presente en mi mente todo este tiempo. Antes, Adriana me dijo que eso podría ser que esa persona me molesta o que me esté gustando, pero yo pienso que es lo primero; ella no me gusta, solo me preocupo por ella porque ella está en mi casa, nada más.
—Jefa, ¿no baja?
—¿Qué?
...Miré por la ventana para darme cuenta de que ya estábamos en el aeropuerto. ¿Cómo me había distraído de esa manera?
—Ya llegamos.
—Ajá, sí.
...Rayos, ¿cómo me pudo distraer así? Necesitaba concentrarme en mis objetivos.
...Nos subimos al avión. Antes de despegar, revisé las cámaras de la mansión para ver qué andaba haciendo ella, pero no la vi en ninguna de las cámaras. Otra vez esa sensación, la cual la odio. Cerré todo y apagué el iPad. Sabía que había adelantado el viaje y que algo podría salir mal, pero confío en Diogo, que, aunque todo fue apurado, sé que lo hizo bien.
—Jefa, ¿un trago?
...Preguntó Diogo con la copa de whisky ya en mano. Solo lo miré para luego tomar la copa en mis manos. Necesitaba relajarme.
—Un trago no cae mal.
—Lo sé. A ver si así te preocupas menos.
...Lo miré confundida. ¿Cómo que preocupada? ¿Yo? ¿Preocupada?..
—No es necesario negarlo, sabes que te conozco, y sé cuándo estás preocupada.
...Hmpm... No podía ocultarle nada.
—Parezco, pero no lo estoy, así que no te preocupes.
—No lo estoy, porque sé que su preocupación no es por el trabajo, así que no estoy preocupado.
...Fruncí el ceño. ¿Acaso él sabe algo? ¿Demasiado?
—¿De qué hablas?
—Alisha, te conozco desde niña, a mí no me puedes ocultar nada. Además, vi el vídeo ese día.
—Así que lo sabes todo.
...Ya era inútil ocultarlo.
—Lo sé. Por eso has estado así en estos últimos días. Los muchachos estaban asustados cuando les gritaste con el arma en la mano. Supe que estabas al borde.
—No los mataría...
—Ellos lo saben, pero cuando te pones así es porque estás molesta, y cuando eso pasa siempre te calmas matando a alguien.
—Oye, ya basta. ¿Acaso crees que soy una asesina o algo así?
—Es obvio que no.
...Este idiota habla mucho, aunque no quiere decir que sea mentira. El avión despegó. Diogo y yo seguimos hablando, y descubrí que no le cae Valeria, porque siempre me recordó que ella no pertenece a este mundo, como si ella fuese de la luna o algo por el estilo. Pero sí, entendía a qué se refería
(...)
{Pov Valeria}
...Me encontraba en la habitación leyendo un libro que encontré interesante en la biblioteca de su oficina. Ella aparenta ser mala, fría y arrogante, pero tiene libros de romance y de poesía, eso quiere decir que en ese aspecto frío y cruel, hay un corazoncito que quiere ser calentado. Su lado oculto me intrigaba. En las últimas semanas, he estado realmente aburrida; cuando ella estaba, al menos peleábamos, pero aquí sola, con solo los empleados que solo me responden el saludo, y Alan, pero a ese solo lo vi una vez desde que ella se fue. Pero no importa, igual se siente mejor no estando ella aquí, aunque, su ausencia me hacía sentir un vacío. La otra vez estaba cocinando y me cayó una olla con agua caliente sobre mí, y todo por mi descuido; la señora Lucia casi se muere; decía que la señora Rusca la iba a matar, aunque no sé por qué, pero repetía eso mientras me curaba. Lo bueno es que logré calmarla diciéndole que no le pasaría nada. También gracias a Alisha pude contactarme con Sophia, mi mejor amiga, y Dante, mi novio. Si ella no me hubiera dejado un nuevo celular, no podría haberme contactado con ellos.
...Estaba concentrada leyendo cuando escuché unos gritos que previenen del primer piso, así que salí porque era la primera vez que escuchaba esos gritos en la mansión. Al asomarme, veo a todos los empleados arrodillados en la mitad de la sala con la cabeza gacha mientras Alisha los regañaba, pero los regañaba fuerte; parecía enojada. Su voz resonaba por toda la casa.
—¡¿Qué pasa?! ¡¿Para esto les pago?! ¡Les dejé muy claro: si a ella le pasa algo, con sus vidas me las pagarán! ¿O es que no fui clara? ¡¿Ah?!
...¿Qué? ¿Los está regañando por mí? ¿O estoy entendiendo mal? Su proteccion me confundía.
—Díganme, ¿en qué pensaban cuando la dejaron meterse a la cocina? ¿Creen que lo que les pago es insuficiente?
...Oh, sí, sí está hablando de mí. Pero, ¿cómo sabe ella todo eso? ¿Acaso hay cámaras en casa?
—Claro, qué idiota, ella se dedica a lo ilegal; es obvio que tendría cámaras.
...Se me había olvidado ese pequeño detallito. Vivía en una jaula de oro.
—Que no vuelva a suceder; de lo contrario, primero enterrarán ustedes a toda su familia antes de que ustedes vayan a visitarlos.
...¡¿Qué?! ¿Qué dijo? ¿Acaso los acaba de amenazar? Su brutalidad me asustaba. Quise bajar, pero estaba con shorts; si ve mi quemadura, creo que esa amenaza se volverá realidad, así que me quedé allí, escondida. No quería poner en peligro a nadie. Los empleados se retiraron. Ella estaba enojada, pero todo fue mi culpa; yo insistí en querer cocinar un poco; ya lo había hecho antes; no pensé que me quemaría. Ella cerró los ojos mientras respiraba hondo; luego entró una señorita, y al parecer tiene mucha confianza... La curiosidad me carcomía.
—Cariño, ¿cómo estás?
...Fruncí el ceño. ¿Cariño? ¿La acaba de llamar cariño? ¿Quién era esa mujer?
—¿Qué haces aquí?
...Ella, cómo siempre, respondiendo lo más seco posible. Su frialdad me daba escalofríos.
—Saliste del país por tres semanas, y recién me entero cuando ya vienes regresando, ¿cómo piensas que me sentí?
—¿Quién te dijo?
—Nadie, yo también tengo mis contactos.
—¿Tu contacto es Diogo?
...¿Quién era ella? ¿Será la señora Adriana que antes mencionó Alan? ¿Acaso eran amantes? ¿o su novia?
—Oye, no lo regañes; él solo se preocupa por ti.
...Parece que es difícil ocultarle algo. Su relación me confundía.
—Vete; quiero estar sola.
...Dijo para después dirigirse... ooh, viene para acá. No lo dudé y me fui rápido a la habitación. Me metí a la cama y me hice la dormida. Segundos después, la escuché entrar a la habitación. La habitación se quedó en silencio. Podía escuchar mi respiración un poco agitada. Quería saber qué hacía, pero no podía moverme. ¿Por qué me acosté de espalda a la puerta, ¡rayos!? Su presencia me ponía nerviosa. Después de un rato, alguien más entró a la habitación.
—Señora...
—Prepárame un baño caliente.
...Su voz se escuchó un poco lejos; eso quiere decir que después de entrar ella no caminó mucho.
—Sí, señora.
—Otra cosa, ¿desde cuándo está durmiendo?
...¿Está preguntado por mí? La piel se me erizó.
—No mucho; hace como una hora.
—De acuerdo; puedes irte.
...Por el timbre de su voz, podría decir que está más calmada, qué bueno. ¿Espera? ¿Me alegro por eso? Imposible.
—Oye, levántate.
...Escuché decirme a mi espalda, pero... ¿cómo supo que estaba despierta? Lentamente me di la vuelta. Al abrir mis ojos, creía que ella ya no estaba enojada, pero ella estaba parada de brazos cruzados mientras me miraba fijamente con su cara seria. Su mirada era penetrante.
—¿Qué haces?
...Preguntó ella. Yo no quería moverme; no vaya a ser que me grite a mí también. Su presencia me intimidaba.
—¿Qué quieres decir?
—Son las 5 de la tarde, pero estás durmiendo; por eso pregunto.
...Buen punto. No tenía excusa.
—Hmpm...
—Señora, el baño ya está listo.
...Una de las empleadas salió del baño diciéndole que ya el baño estaba listo; ella asintió con la cabeza y se fue al baño. ¿Cómo ella se pudo dar cuenta que no estaba durmiendo? ¿Sabe algún secreto? ¿Acaso podía leer mi mente? Me levanté y salí de la habitación. Bajé al primer piso; iba a la sala de estar, pero como que las conversaciones ajenas me persiguen, porque justo estaba hablando Diogo con Adriana. ¿Qué estaban tramando?
—¿Qué sucede con ella? Estaba realmente enojada ahora rato.
...Preguntó ella a Diogo.
—Sabes que le cuesta dormir, pero con la señorita Valeria duerme, pero esta vez la señorita Valeria no viajó con ella; duramos casi tres semanas en Rusia, y en todo ese tiempo, si durmió dos horas, fue mucho...
...¡¿Qué?! ¿No durmió en todo ese tiempo? ¿Es eso posible?
—Lo sé, pero eso nunca la hizo enojar tanto. Debería buscar de nuevo al psicólogo?
—No es necesario. Y eso no fue lo que la hizo enojar. La señorita Valeria se quemó, y justo ella en ese momento estaba mirándola por las cámaras, y ni te cuento: los asuntos que necesitaban una semana, los solucionó en dos días con tal de volver rápido. Estaba tan molesta que por todo nos regañaba; fueron dos días, pero para nosotros fueron como tres semanas; fue una tortura.
...Sentí mi corazón apretarse. Una profunda tristeza me invadió, tanto así que podría pensar que es alguien que conozco de hace años. Ahora entiendo por qué dice que soy su antídoto y que me necesita: ella solo quiere dormir lo suficiente.
—¿De verdad ella puede dormir con esa chica?
—¿Sabes cuántos profesionales han tratado de curarla? Dime, ¿cuántos de ellos han hecho que duerma así sean tres horas? Ninguno; ninguno han podido, pero esa chica puede hacer que ella duerma toda su noche. ¿Crees que mentiría con eso?
...¿Por qué siento que le debo algo a ella?
—Pero...
—Es la persona que ayuda a dormir a Alisha; no podemos hacer nada.
—Pero esa chica... ¿conoce a qué se dedica Alisha?
—Debería; ya lleva tiempo en la mansión.
—¿Qué? ¿Cuánto tiempo? ¿Desde cuándo? ¡¿Por qué no lo sabía?! ¿Ella y Alisha ya...?
—No llevo la cuenta; solo sé que ya lleva tiempo en la mansión. Y sobre lo que piensas, no lo sé; no duermo con ellas.
...¡¿Qué?! ¿Qué yo y ella qué? Su insinuación me ruborizó.
—Es imposible; ella jamás ha estado en la misma habitación con una chica y no tocarla. ¡Alisha! ¡Alisha, ven!
...¡Oh no! Ella viene hacia acá. Intentaba desesperadamente ocultarme, pero no tuve éxito. Estaba atrapada.
—¿Señorita Valeria?
...Pregunta Diogo sorprendido al verme aquí. Pero, ¿qué debería decir? Estaba escuchando a escondidas. Que vergüenza.
—¿Tú eres esa chica?
...Está chica es realmente guapa, y alta, ¡Dios mío! Su belleza me intimidaba.
—¿Qué?
—No te hagas la desentendida, ¿acaso no estabas escuchando?
—Oh.
...¿Por qué habla como si estuviera enojada conmigo? Se ve igual de aterradora que Alisha; no, ella se ve más aterradora. Su hostilidad me desconcertaba.
—Es ella, Adriana.
...Dijo Diogo. Ella frunció el ceño, se inclinó un poco, quedando a pocos centímetros de mí. Se quedó observándome, como estudiándome. Su mirada era intensa y penetrante.
Entonces me corrí un poco hacia atrás; estaba demasiado cerca. Su proximidad me ponía nerviosa.
—¿Qué haces?
...Le pregunté; ella sonrió de manera aterradora, como si disfrutara algo que aún no sé. Luego respondió:
—No importa; eres una niña, ella no te tomará en serio.
...Dijo con un tono de voz de desprecio. Hice mueca con mis labios de desprecio también. Se cree mucho, pero soy yo quien está durmiendo con Alisha; no sé qué presume. Su desdén me enfurecía.
—Ya no estoy enojada. Diogo, dile a Alisha que volví a la empresa; que mañana paso.
—Te llevo.
—No es necesario; el chófer me está esperando.
...¿Será que ella y Alisha tienen algo? Si no es así, ¿por qué ella se molestó cuando supo que yo dormía con Alisha? Qué molesto. Su partida repentina me dejó confundida.
—¿Señorita Valeria?
—No digas nada; esto no va a volver a pasar.
...Dije para luego darme la vuelta y volver a mi habitación. Cerré la puerta despacio, lentamente, mientras pensaba en lo que acababa de escuchar. Necesitaba respuestas.
—¿De verdad puedo ayudarte?
...De lo que pasó la noche en que me encontré con ella no recuerdo mucho, pero creo que desde entonces ella descubrió que puede dormir cuando estoy a su lado, y ahora que recuerdo, ella me dijo eso ese día, y que también yo le pedí que no me dejara ir. Necesito saber más sobre esa noche. La verdad se me escapaba entre los dedos. Me acerqué al baño; la puerta estaba abierta; quise entrar, ya que no se escuchaba ni el mínimo ruido que de algún ser humano se estaba bañando, pero luego me arrepentí. No creo que sea apropiado; mejor la espero aquí. Su privacidad merecía respeto.
...Caminé y caminé toda la habitación, pero ella no salía; miré la hora y ya eran las 6 y pico de la tarde, pero el baño seguía en silencio. ¿Será que ya salió de allí? ¿O le pasó algo? ¿Debería entrar? El silencio era inquietante.
—Por favor, Valeria, ¿qué le puede pasar en su propia casa? Nada; no le pasará nada.
...Me decía a mí misma intentando convencerme que todo estaba bien, pero en el fondo aún me sentía inquieta. Me senté en una esquina de la cama mientras la esperaba, pero entre más pasaba el tiempo más inquieta me sentía, así que me levanté, tomé ánimo e iba al baño, pero apenas iba a entrar al baño, ella venía saliendo, así que nos chocamos; por instinto lleve mis manos a sus hombros y ella llevó su mano izquierda a mi cintura, sosteniéndome para que no me cayera. El contacto fue electrizante. Nos quedamos mirando fijamente. Ella traía su pelo mojado, y un olor particularmente agradable. Pero... ella está desnuda y sin cubrirse? de verdad?