trata de dos estudiantes y uno de ellos llamado Lukas está enamorado de Joshua pero este no siente lo mismo por Lukas
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solo culpa...
Los días habían empezado a sentirse distintos.
No mejores del todo…
Pero tampoco iguales a antes.
Joshua ya no te evitaba. Tú ya no lo temías como antes.
Había momentos raros de calma entre ustedes.
Pequeños.
Frágiles.
Pero existentes.
Aun así, tú no terminabas de confiar.
No del todo.
…
Ese día saliste temprano de clase.
Estabas caminando por el pasillo con tus apuntes contra el pecho cuando escuchaste voces cerca de la salida.
Y te detuviste.
Porque reconociste una de ellas de inmediato.
Joshua.
—Te lo digo en serio —decía uno de sus amigos—, ya no es normal lo tuyo.
—No es “lo mío” —respondió Joshua.
—Claro que sí —insistió el otro—. Lukas.
Tu nombre.
Eso hizo que te quedaras quieto sin querer.
No querías escuchar.
Pero tampoco pudiste moverte.
…
—Te estás preocupando demasiado por él —continuó su amigo—. Antes ni lo soportabas.
Silencio.
Y luego la voz de Joshua, más baja:
—No es solo eso.
—Entonces qué es —rió el otro—. ¿Culpa?
Culpa.
Esa palabra se te clavó en el pecho.
Joshua no respondió de inmediato.
Eso fue peor.
—Lo que pasó fue mi error —dijo finalmente—. No puedo simplemente ignorarlo.
Tu respiración se volvió más lenta.
Más pesada.
—O sea que es eso —murmuró su amigo—. Estás con él por culpa.
Silencio.
Demasiado largo.
Y entonces Joshua habló.
—No lo estoy “usando” ni nada.
Pero no dijo lo que tú necesitabas escuchar.
No dijo “me importa”.
No dijo “me gusta estar con él”.
No dijo nada que sonara a algo real.
Solo… defensa.
Y eso fue suficiente.
Para que tu mente completara el resto sola.
…
Te alejaste sin hacer ruido.
Con el corazón apretado.
…
Esa tarde, Joshua te encontró en la biblioteca.
Como siempre.
Sentado en la misma mesa.
Ordenado.
Callado.
Pero algo estaba mal.
No lo miraste cuando te acercaste.
—Lukas —dijo él.
No respondiste de inmediato.
Joshua frunció ligeramente el ceño.
—¿Estás bien?
—Sí.
Demasiado rápido.
Demasiado vacío.
Eso lo hizo detenerse.
Se sentó frente a ti, observándote.
—Te noto raro.
—Estoy bien —repitiste.
Pero esta vez no sonó creíble.
Joshua se inclinó un poco hacia adelante.
—¿Pasó algo?
Silencio.
Tus dedos apretaron el lápiz.
Y entonces lo soltaste sin mirarlo.
—No tienes que seguir haciendo esto por culpa.
Joshua parpadeó.
—¿Qué?
Tu voz salió más baja.
—No tienes que sentirte mal por mí.
Silencio.
Joshua se quedó completamente quieto.
—Lukas… ¿de qué hablas?
Por fin lo miraste.
Pero tus ojos no tenían la misma suavidad de antes.
Había distancia.
Duda.
Dolor contenido.
—Escuché lo que dijiste —murmuraste.
Joshua sintió que algo en su pecho se tensaba.
—¿Qué escuchaste?
Tú tragaste saliva.
—Que solo estás conmigo porque te sientes culpable.
Eso lo dejó helado.
—No es así —respondió inmediatamente.
Pero tu expresión no cambió.
Porque ya lo habías decidido en tu cabeza.
—No pasa nada —susurraste—. Lo entiendo.
Joshua frunció el ceño.
—No, no lo entiendes.
Intentó hablar más, pero tú ya estabas cerrándote.
—No tienes que arreglar nada conmigo —dijiste bajando la mirada—. Ya pasó.
Joshua sintió frustración.
No contigo.
Contigo no.
Con la situación.
Con sus propias palabras mal interpretadas.
—Eso no es lo que dije —insistió—. Estás entendiendo mal.
Pero tú apretaste la mochila.
—Está bien, Joshua.
Ese “está bien” dolió más de lo que debería.
Porque no era verdad.
Era cierre.
Era distancia.
Era protección.
…
Joshua se quedó en silencio unos segundos.
Mirándote.
Tratando de encontrar la forma correcta de explicarse.
Pero por primera vez…
No encontraba las palabras.
Y tú, sin mirarlo otra vez, te levantaste.
—Tengo que irme.
—Lukas—
Pero ya estabas caminando.
Lejos.
Otra vez.
…
Joshua se quedó solo en la mesa.
Mirando el espacio vacío frente a él.
Con la sensación clara de que algo había retrocedido.
Mucho.
—No… —susurró para sí mismo—. No es eso.
Pero no sabía cómo alcanzarte sin romperte otra vez.
Y esa era la parte que más le frustraba.
Porque por primera vez…
No era rechazo lo que sentías.
Era duda.
Y la duda era peor.