Scarlett Padro Castello es una mujer empoderada, CEO de su propia firma de maquillaje y presidenta de una potencia automotriz. Ha construido un imperio desafiando los prejuicios de género, demostrando que su intelecto es tan afilado como su sentido de los negocios. Sin embargo, su mundo perfectamente controlado se tambalea cuando su padre le impone un proyecto junto al gigante tecnológico de la familia Robles Di Bianco. El problema tiene nombre y apellido: Rodrigo Robles Di Bianco.Rodrigo, el frío y calculador dueño del imperio tecnológico, no quiere tenerla cerca "ni en pintura". Su rechazo es visceral; ambos comparten un pasado marcado por escándalos y una competitividad feroz que los llevó a detestarse públicamente. Para Rodrigo, Scarlett es una distracción peligrosa; para Scarlett, Rodrigo es el único hombre que ha logrado herir su orgullo.Lejos de amedrentarse, Scarlett decide utilizar toda su astucia y elegancia para infiltrarse en el mundo del multimillonario.
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Capítulo 9
...RODRIGO:...
El eco de la palabra "departamento" retumbó en mis oídos como una sentencia de muerte.
Miré a mi padre, esperando encontrar algún rastro de broma en sus ojos, pero lo único que vi fue esa determinación férrea que lo había hecho millonario.
Mi departamento no era solo una propiedad; era mi santuario, mi búnker de paz donde nadie, absolutamente nadie, entraba sin mi permiso.
Y ahora, según él, iba a convertirse en el hotel de cinco estrellas de mi peor pesadilla.
— ¿Instalarse en mi departamento? — repetí, y mi voz salió un poco más aguda de lo que me gustaría admitir —. Papá, eso es demasiado, es como cruzar la línea. No es necesario. Podemos trabajar en la oficina, bajo supervisión, en una sala de juntas, ¡en un campo de batalla si quieres! Pero no en mi casa.
— Es cierto — afirmó Scarlett con un tono que mezclaba nerviosismo y desaprobación — ¿Acaso deberíamos vivir juntos solo por un proyecto? Es la primera vez que escucho algo así, ¡no tiene sentido!
— Querida ahijada, esto será de gran ayuda para todos nosotros — intervino mi padre con una sonrisa resplandeciente — Ustedes tienen un montón de otros proyectos en marcha y no podrán enfocarse al 100% en esta alianza si están cada uno en su propio espacio; así que hemos pensado que esta solución es lo más conveniente.
— Pero ambos necesitamos nuestros propios espacios, padrino — replicó Scarlett, cruzando los brazos con un gesto que evidentemente subrayaba su resistencia a la idea.
— Estoy de acuerdo — respondí, intentando mostrarme tranquilo y sereno, pese a la creciente ansiedad que comenzaba a asomarse en la conversación.
Mi padre iba a hablar, pero Marcelo, con una sonrisa que me pareció casi criminal lo interrumpió.
— Scarlett, hija, tienes que supervisar cada fase de la integración automotriz. Perderían horas en el tráfico y en discusiones inútiles por teléfono. Estando allí, podrán desayunar, almorzar y cenar con el proyecto en la cabeza.
Scarlett abrió la boca para protestar, con ese gesto que tenía acostumbrado a hacer cada vez que no estaba de acuerdo con algo.
Su expresión estaba entre la incredulidad y la frustración, y era difícil no reírse al verla, a pesar de que también estaba incómodo con esto.
— ¡Papá, eso no es…! — empezó a decir, intentando encontrar las palabras adecuadas para expresar su desacuerdo.
Pero su padre, con una sonrisa confiada y un aire de autoridad que sólo él tenía, la interrumpió sin darle tregua.
— Tengo razón, hija — comentó, moviendo la cabeza de un lado a otro, como si estuviera recitando una lección de historia que sabía de memoria. — Además, ustedes no son precisamente expertos en manejar sus diferencias. Así que, al establecer algunas reglas de convivencia, será mucho más fácil para todos.
Scarlett frunció el ceño, y en ese momento, su mirada parecía un cóctel explosivo de decepción y frustración.
— Apoyo esa teoría y por eso se me ocurrió esta idea — continuó mi padre, como si acabara de descubrir la fórmula del éxito.
A partir de ahí, una sensación de alarma empezó a crecer en el ambiente.
Dios, esto se estaba saliendo completamente de control.
¡Era una encerrona con todas las de la ley!
No había vuelta atrás.
La situación se tornaba más intensa, y el intento de zafarse del plan paterno se convertía en un espectáculo digno de una comedia de enredos.
Me preguntaba en qué momento la cena familiar se había transformado en una especie de trama de película.
Miré a Scarlett de reojo.
Por un segundo, su máscara de perfección se agrietó y vi un destello de puro pánico.
Claramente, la idea de compartir techo conmigo no le agradaba.
Sin embargo, su astucia siempre era más rápida que su miedo.
Se aclaró la garganta, recuperó la compostura y me dedicó una mirada de desafío que me heló la sangre.
— Bueno — dijo ella, con una calma que me resultó insultante —, si mi padrino y mi padre creen que es lo mejor para la empresa, yo no tengo problema. Al fin y al cabo, soy una profesional.
» Puedo soportar un par de semanas de mal humor y café amargo si eso significa que el proyecto sea un éxito.
Estaba disfrutando de un sorbo de vino cuando, de repente, casi me ahogo al escuchar lo que acababa de decir.
Sus palabras eran tan inesperadas que me tomaron por sorpresa.
En medio de esa confusión, sentí un pequeño golpe en el zapato; al mirar con atención, me di cuenta de que ella me hacía señas con los ojos.
Era evidente que tenía algo en mente, un plan bien elaborado, así que decidí seguirle la corriente.
— ¿Qué? — la miré, incrédulo —. ¡Ni siquiera lo pienses, Scarlett! Tomas té de hierbas extrañas que huelen a jardín botánico. ¡Vas a invadir mi cocina con tus infusiones y tus tres mil productos de belleza!
— Rodrigo, ya basta — sentenció mi padre, golpeando ligeramente la mesa con su copa —. La decisión está tomada. Scarlett se muda mañana mismo. Marcelo y yo ya hemos dado las instrucciones a los equipos de seguridad.
» No es una sugerencia, es una orden de la junta directiva de ambas empresas.
Me desplomé contra el respaldo de la silla, sintiendo que el mundo se cerraba sobre mí.
Ella me sonrió de nuevo, pero esta vez no era una sonrisa triunfal, era una sonrisa de guerra total.
— No te preocupes, Rodriguito. Intentaré no mover mucho tus figuritas de colección.
Mi padre se echó a reír al escuchar su comentario, y se giró para hablar con Marcelo.
— Mañana nos encontramos, no busques pretextos, los dos necesitamos sentarnos a planear qué acciones tomar para salir de esta situación — susurró ella, inclinándose hacia mí mientras nuestros padres seguían brindando por la "brillante idea".
Asentí tenso.
Apreté los dientes con tanta fuerza que me dolió la mandíbula.
Estaba atrapado.
Mañana, la mujer que más detestaba en el planeta cruzaría el umbral de mi casa con sus maletas, su perfume floral y su capacidad infinita para sacarme de quicio.
Miré mi copa de vino vacía y deseé que fuera algo mucho más fuerte.
No sé qué está tramando mi padre, pero esto no me gusta.
Pues quien se ceee este 🤭