Esta vez, tratare de darles algunas ideas al final de cada capítulos espero que mi regreso y estas nueva novela les guste, ya que estuve ausente por temas personales y médicos, un abrazo y un saludo a todas mis seguidoras...
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9
Pasó alrededor de una semana en la que Valery aprendía sobre aquel imperio y las criaturas que habitaban en él, gracias a los guardias de Valek, quienes no se separaban de ella por órdenes de su emperador. A pesar de sus múltiples responsabilidades, Valek siempre procuraba permanecer cerca de su esposa, asegurándose de que estuviera protegida en todo momento.
—Bien, majestad. Ahora puede decirme: si un ogro intentara atacarla, ¿cuál sería el punto que debería atacar para matarlo o, al menos, desorientarlo? —preguntó uno de los guardias mientras sostenía una espada de entrenamiento.
—Para desorientarlo, lo mejor sería hacerle un corte en los ojos. Si el ogro resulta demasiado peligroso, la mejor opción sería herir sus piernas para inmovilizarlo. Y, para matarlo, habría que cortarle la cabeza o clavar una espada, o cualquier objeto con punta, directamente en su cabeza.
—Muy bien.
—Ahora dígame, si un elfo intentara engañarla, ¿qué debería hacer?
—Debo usar la planta del atardecer para impedir que utilicen su magia. En cuanto a las hadas, siempre debo llevar alguna prenda al revés para evitar que intenten perderme, pues eso rompe sus hechizos. Y con las demás criaturas, debo evitar adentrarme demasiado en el bosque o acercarme a cuerpos de agua.
—Excelente, majestad —respondió el otro guardia con una ligera sonrisa—. Es hora de sus clases de defensa.
Valery asintió y comenzó a practicar junto a ellos. Desde que inició su entrenamiento, su confianza aumentaba con cada día. Sus movimientos aún eran torpes, pero ya no dudaba al empuñar una espada ni retrocedía por miedo.
Al terminar, la joven regresó sola a su habitación para asearse. Sin embargo, antes de entrar decidió dar un paseo por el jardín. Gracias a las enseñanzas de aquellos dos guardias, ahora podía caminar por lugares a los que antes jamás se habría atrevido a acercarse.
Avanzó por un sendero de piedra que parecía abrirse entre la vegetación hasta llegar a una pequeña banca adornada con rosales de distintos colores.
Valery cerró los ojos y escuchó el dulce canto de las hadas. Ellas ya no se acercaban ni intentaban tocarla; únicamente permanecían entre las flores mientras entonaban melodías que llenaban de tranquilidad el jardín.
Pero, entre aquellas voces, distinguió algo diferente.
—Valery...
Escuchó claramente pronunciar su nombre.
—Escúchame... Él te hará daño...
La joven abrió los ojos y sonrió con tranquilidad, pues reconocía perfectamente aquella voz.
Se puso de pie y observó a las hadas.
—Si siguen ayudando a ese tipo a enviarme mensajes, mi esposo se encargará de su pueblo y también de las demás hadas.
Apenas terminó de hablar, se encontró frente a Valek. El emperador la observaba con el ceño fruncido y una expresión fría.
—¿Qué fue ese mensaje al que te referías?
Valery dirigió la mirada hacia las hadas y luego volvió a observar a su esposo.
—Ellas transmitieron una voz. Solo escuché esas palabras.
Valek no hizo ninguna otra pregunta. Bastó la respuesta de su esposa para comprender que alguien había utilizado a las hadas para enviarle un mensaje.
Su mirada se volvió aún más fría.
Con un simple movimiento de su mano, un intenso fuego envolvió a las hadas del jardín.
Los gritos desgarradores hicieron que los criados soltaran todo lo que llevaban entre las manos. Algunos retrocedieron aterrados, mientras otros bajaron la cabeza, conscientes de que nadie podía intervenir cuando el emperador dictaba un castigo.
Valery desvió la mirada. No quería observar cómo aquellas criaturas eran consumidas por las llamas, aunque comprendía perfectamente por qué Valek actuaba de esa manera.
Cuando todo terminó, el emperador tomó la mano de su esposa y comenzó a alejarla del lugar, mientras uno de sus guardias ordenaba limpiar el jardín como si nada hubiera ocurrido.
—¿Por qué las mataste? —preguntó Valery.
—Porque desobedecieron. Permitieron que alguien ajeno a la familia real utilizara a las hadas para enviar un mensaje a mi emperatriz. Eso es traición contra la corona, y la traición se paga con la muerte.
Valery guardó silencio unos segundos.
—Ya veo...
Después de lo ocurrido en el jardín, Valery permaneció en su habitación durante toda la mañana, hasta que una sirvienta le informó que la esposa del jefe de los elfos deseaba verla junto con otras damas.
La joven aceptó la reunión. Varias criadas acomodaron su vestido y uno de los guardias la acompañó hasta un elegante salón donde habían preparado té, galletas y distintos postres.
Al verla entrar, todas las mujeres se pusieron de pie e hicieron una reverencia. Después de todo, ella era la emperatriz de aquel mundo.
—Es un honor que nos haya recibido, majestad —dijo una mujer de extraordinaria belleza y porte elegante.
Valery apretó discretamente el objeto que llevaba oculto entre sus manos, el cual utilizaba para protegerse del encanto de los elfos. La mujer notó aquel gesto y sonrió.
—Veo que es muy cautelosa, majestad.
—Tomen asiento. Y sobre ser cautelosa... gracias por el halago, pero prefiero desconfiar antes que terminar muerta. Después de todo, su esposo intentó asesinarme una vez.
Las mujeres intercambiaron miradas.
Valery no probó el té ni las galletas. Permaneció observándolas con atención. Gracias al objeto que sostenía podía ver sus verdaderos rostros y las pequeñas expresiones que ocultaban detrás de aquellas amables sonrisas.
—Veo que, si fuera una tonta, ya se habrían lanzado sobre mí, ya fuera para matarme o para burlarse de mí por ser humana —dijo con una leve sonrisa—. Ahora díganme, ¿a qué debo su visita?
—Hemos venido porque en nuestras tierras se celebrará el baile de compromiso de mi hijo. Nos gustaría contar con la presencia de usted y de su majestad.
Valery soltó una pequeña risa.
—Ya veo... Así que han venido a invitarme. No sé si a una fiesta o a mi propia muerte. Pero claro que asistiré junto con su majestad. Estoy segura de que a él le agradará conocer a cualquiera que intente hacerme daño.
En ese instante percibió el inconfundible aroma de Valek acercándose al salón.
Sonrió.
—Así que díganme... ¿es una invitación sincera o se trata de una traición? Lo pregunto porque hace apenas unas horas hubo una masacre de hadas por un acto de traición.
Las mujeres se miraron entre sí antes de observar a la dama que encabezaba el grupo.
—Es una invitación sincera, majestad. No existe ningún truco ni intención de traicionarla.
—Ya veo...
Valery se levantó de su asiento y dirigió la vista hacia la entrada.
—Cariño... puedes bajar la espada.
Las mujeres se sobresaltaron al ver aparecer a Valek con la mano sobre la empuñadura de su espaday8cualquier intento de engañarla sería un fracaso, las damas se despidieron respetuosamente y abandonaron el castillo.
Una vez dentro del carruaje, una de ellas rompió el silencio.
—Esa humana es muy perspicaz. Y pensar que Camelia aseguró que sería muy fácil matarla. Ahora es como si analizara cada una de nuestras palabras y todos nuestros movimientos.
Otra mujer suspiró mientras observaba el castillo alejarse.
—Es más inteligente de lo que imaginábamos... Tanto, que ya se ha ganado el corazón del emperador.