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Hielo Y Alquitrán

Hielo Y Alquitrán

Status: Terminada
Genre:Romance / Amor-odio / Completas
Popularitas:6.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Skay P.

⚠️🔞Zen, el gélido estratega Grimhand, y Hendrik, el indomable lobo De Vries, desafiaron la biología y el poder corporativo. Tras huir, fundaron un imperio. Su amor prohibido, transformó la guerra en una dinastía inquebrantable.🔞⚠️

NovelToon tiene autorización de Skay P. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Eres mi Alfa

El segundo día del rut era el peor, y el más glorioso. El aire en la suite no solo picaba; quemaba. Hendrik, con los músculos de la espalda tensos como cuerdas de acero, enterró su rostro en la curva del cuello de Zen. No buscaba un aroma, buscaba la yugular, el punto donde la vida de Zen latía con fuerza desesperada.

—Ábrete más —gruñó Hendrik, su voz rompiéndose en un rugido animal contra la piel de Zen—. Quiero sentir cómo te rompes por mí. No me importa que seas un Alfa. Hoy vas a ser mi nido.

Zen soltó un grito que fue mitad agonía y mitad súplica cuando Hendrik volvió a embestir desde atrás, hundiéndose con una brutalidad que ignoraba cualquier límite anatómico. Sus manos, clavadas en las caderas de Zen, dejaron marcas lívidas casi al instante. Cada golpe era seco, profundo, un impacto que hacía que la visión de Zen se llenara de estática blanca.

—Dilo... —ordenó Hendrik, golpeando ese punto interno que hacía que las piernas de Zen flaquearan—. Di que mi miembro es lo único que quieres. Que el dolor no es nada comparado con las ganas de que te llene.

Zen hundió los dedos en las sábanas, desgarrandola. Sus músculos se contraían en espasmos involuntarios. Su cuerpo de Alfa protestaba ante la invasión, cada fibra de su ser gritaba que él debería ser el que dominara, pero su instinto estaba de rodillas ante la ferocidad de Hendrik.

—Duele... maldita sea, Hendrik, me estás partiendo —jadeó Zen, con la cabeza echada hacia atrás, los ojos en blanco mientras una nueva estocada lo hacía convulsionar—. Pero no pares. Más... húndete más. Quiero sentir hasta dónde puedes llegar. ¡Lléname de tu mierda, reclámame!

Hendrik soltó un gruñido gutural y, con un movimiento violento, obligó a Zen a girarse. Lo inmovilizó contra el colchón, subiendo sus rodillas hasta el pecho para exponerlo por completo. La vista de Zen, temblando, sudado y con el pecho subiendo y bajando en jadeos erráticos, terminó de romper el poco raciocinio que le quedaba a Hendrik. Se posicionó de nuevo y entró de un solo golpe, un empuje sordo que sacó todo el aire de los pulmones de Zen.

—Mira cómo te tomo —susurró Hendrik, bajando para lamer las lágrimas de sudor de las sienes de Zen—. Mira cómo un Alfa se desmorona bajo mi peso. Eres tan estrecho, Zen... tu cuerpo está luchando contra mí, pero tu interior me está apretando como si nunca quisiera dejarme ir.

—Es porque... te deseo tanto que me quema —logró articular Zen, rodeando el cuello de Hendrik con sus brazos, tirando de él para un beso que sabía a hierro y deseo—. Hazlo ya. Sé que lo sientes. Sé que tu nudo está listo. Márcame por dentro.

Hendrik no esperó más. El ritmo se volvió frenético, una sucesión de impactos que hacían que el sonido de la piel chocando contra la piel resonara en toda la habitación. El semen de los encuentros anteriores servía de lubricante improvisado, mezclándose con el sudor y el aroma a celo puro. Hendrik estaba en el límite; sus músculos vibraban con una tensión eléctrica.

—Aquí viene, Zen... prepárate —advirtió Hendrik, su voz volviéndose un rugido sordo.

De repente, la base del miembro de Hendrik comenzó a expandirse. Zen sintió el primer cambio y su cuerpo reaccionó con un espasmo de puro terror biológico seguido de un placer devastador. Hendrik dio un último empuje, enterrándose hasta la raíz, y el nudo terminó de hincharse dentro de Zen.

—¡AHHH! ¡HENDRIK! —Zen gritó con una fuerza que desgarró su garganta. El dolor fue agudo, una presión expansiva que parecía estirar sus entrañas más allá de lo posible. Sus músculos internos, diseñados para la fuerza y no para la recepción, intentaron expulsar el nudo, pero solo consiguieron apretarlo más, intensificando la agonía placentera.

Hendrik se desplomó sobre él, anclándolos. El nudo estaba bloqueando a Zen, sellando la unión. Las convulsiones del orgasmo de Hendrik comenzaron a bombear oleadas de calor dentro de Zen. Era una cantidad desbordante, una inundación que Zen sentía llenar cada rincón de su cavidad, saturándolo de la esencia de Hendrik.

—Te tengo... —jadeó Hendrik, con los ojos cerrados, disfrutando de la succión desesperada de las paredes internas de Zen—. Estás tan lleno de mí que vas a gotear mi nombre durante días. Siente cómo me anudo en ti, Zen. No puedes escapar. Eres mi Alfa. Mi pareja. Mi propiedad.

Zen lloraba sin darse cuenta, con el cuerpo sacudido por temblores post-clímax. El dolor del anudamiento seguía ahí, un recordatorio constante de la imposibilidad de su unión, pero el placer de ser reclamado de esa manera tan primitiva hacía que su Alfa interno ronroneara de satisfacción.

—Soy tuyo... —susurró Zen, envolviendo sus piernas con fuerza alrededor de la cintura de Hendrik, ignorando el estiramiento doloroso—. No me sueltes. Quédate así... hasta que tu nudo baje, quiero sentir cada gota. Quiero que el mundo sepa que un Alfa me doblegó.

Hendrik lo besó con una ternura feroz, mientras sus cuerpos seguían unidos por el nudo, vibrando al unísono mientras las feromonas se estabilizaban en una nota de posesión absoluta y triunfo. Estaban marcados, no solo por los dientes, sino por la sangre y la esencia que ahora compartían en el silencio sagrado de la suite.

El nudo seguía allí, una presencia masiva y ardiente que mantenía a Zen anclado a la cama, con el cuerpo abierto y palpitante. Cada vez que Hendrik intentaba recuperar el aliento, el nudo rozaba las paredes internas de Zen, arrancándole gemidos que ya no tenían fuerza, solo una sumisión absoluta nacida del agotamiento y la biología traicionada.

—Mírame, Zen —ordenó Hendrik, sujetando la mandíbula del rubio para obligarlo a enfocar la vista—. Mírame mientras mi nudo te reclama. ¿Sabes lo que esto significa? Si alguien entra por esa puerta, si el rastro de mi esencia se escapa de esta habitación... estamos muertos. Mi padre me cortaría el cuello y el tuyo te quemaría.

Zen soltó un sollozo seco, sus dedos enterrándose en los antebrazos de Hendrik. El dolor del anudamiento era una presión constante, un estiramiento que desafiaba su naturaleza de Alfa, pero su respuesta fue un susurro quebrado, carente de cualquier orgullo.

—Lo sé... —jadeó Zen, arqueando la espalda cuando sintió una nueva pulsación de calor dentro de él—. Sé que es una sentencia de muerte. Pero mírame ahora... ¿Crees que me importa? No hay nada fuera de este cuarto. Solo estás tú llenándome, rompiéndome... Soy un Alfa y estoy aquí, suplicando que no me sueltes, aunque me duela hasta el alma.

Hendrik gruñó, un sonido que vibró directamente en el pecho de Zen.

—Dilo. Dilo para que quede grabado en tu rut. Di que prefieres morir antes que ser de otro.

—Prefiero que me maten... —Zen cerró los ojos, entregándose al placer agonizante de la succión que su propio cuerpo ejercía sobre el nudo—. Prefiero que me entierren a que cualquier otro Alfa u Omega toque lo que tú has marcado. Soy tuyo, Hendrik. Soy tu nido por elección... aunque el mundo nos cuelgue por ello. No me saques... por favor, quédate dentro hasta que no quede nada de mí que no sea tuyo.

Hendrik lo besó con una violencia desesperada, una mezcla de terror por el futuro y devoción salvaje. Se quedaron así, unidos por ese nudo prohibido, intercambiando alientos cargados de pecado, hasta que la base de Hendrik comenzó finalmente a ceder, bajando la hinchazón con una lentitud tortuosa.

Cuando el nudo se deslizó hacia fuera, Zen soltó un grito ahogado, sintiendo el vacío repentino y el desborde de la esencia de Hendrik que empapaba las sábanas. El Rut finalmente se retiraba, dejando tras de sí dos cuerpos devastados.

Hendrik, con una ternura, pasó sus brazos por debajo de la espalda y las rodillas de Zen. Lo levantó con cuidado, ignorando sus propios músculos adoloridos. Zen apoyó la frente en el hombro de su amante, demasiado débil para mantener la cabeza erguida, goteando el reclamo de Hendrik sobre la alfombra mientras eran transportados hacia el baño.

En la tina de piedra, el agua tibia los recibió con un siseo. Hendrik se sentó primero y acomodó a Zen entre sus piernas, dejando que el agua lavara el sudor, la sangre y el semen. El silencio que siguió no era de paz, sino de la calma que precede a la tormenta.

—El Rut terminó, Zen —dijo Hendrik en voz baja, limpiando con delicadeza la nuca del rubio—. Mañana volveremos a ser los herederos que se odian. Pero por dentro... por dentro siempre estarás cargado de mí.

Zen se dejó hundir en el abrazo, apretando la mano de Hendrik bajo el agua. Sabían que el sello estaba puesto; ahora solo quedaba sobrevivir a la verdad.

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(@®|t0💖💖😁
jajajaja... no chingues mijo deja tu los cayos nuevos.... te lo vas a terminar arrancando con tanta jaladera..... 🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
(@®|t0💖💖😁
Algo así me esperaba.... un grandioso enigma o un precioso Delta..... algo más allá del alfa dominante...🤗🤗🤗🤗🤗🤗🤗 ME ENCANTAAAAAAAAAAAAAA...
!!!
(@®|t0💖💖😁
santas margaritas.... hasta a mí se me.bajo la presión .... casi me muero del susto junto con el Hendrick...... 😩😩😩😩😩
(@®|t0💖💖😁
"pequeña aberración" sigue cosita.... lucha por tu vida.... todos te queremos y esperamos desde el CAP 1.... y eso que no sabíamos que ibas a existir..... los viejos horrorosos que se mueran de un infarto del puritito coraje.... total ni falta que hacen.... 🤗🤗🤗🤗🤗🤗🤗
(@®|t0💖💖😁
soooooopas ya nos los preño .... hay caray como que se le cumple al Joel que le sampara tres chamacos de jalón.... 🤭🤭🤭🤭
(@®|t0💖💖😁
tsssssssss..... ya se nos muto el príncipe de hielo a omeguita después de tanta acción y nudito tras nudito,... 🤗🤗🤗🤗🤗🤗🤗🤗
(@®|t0💖💖😁
cómo que habitaciones??? no que solo había una sola??? eso sí con una camota...🤔🤔🤔
Maru19 Sevilla
Muy entretenida la novela, emocionante y sensual. Gracias por publicarla
Skay P.: Gracias por leernos😘😘
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Maru19 Sevilla
Muy sensual historia 💖
Skay P.: Amo que te gustara😘
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Maru19 Sevilla
Muy 👏👏👏👏👏👏
Skay P.: ¡Grs!😘
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Maru19 Sevilla
Que bueno, que ardan los viejos 👏👏👏👏
Maru19 Sevilla
Muy bien , acaben con esos carcamanes🤣
Maru19 Sevilla
Pobre Hendrik
Skay P.: ¡Auch!😔👆
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Maru19 Sevilla
Es tremendo Kassar🤭
Maru19 Sevilla
Ojalá que Kassar doblegue a los ancianos
Maru19 Sevilla
Sigo emocionada 👏👏👏
Maru19 Sevilla
Que emocionante 👏👏👏👏😱
Maru19 Sevilla
Quiero saber cómo será ese nuevo Alfa😊
Maru19 Sevilla
Maldito Arthur como me cae mal, ojalá le de un paro cardíaco de tanto coraje🤭
Maru19 Sevilla
Me encanta que públicas varios capitulos, está muy buena la novela 👏👏👏
Skay P.: ¡Gracias Chikis!😘
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