NovelToon NovelToon
Reina ENTRÉ LAS SOMBRAS

Reina ENTRÉ LAS SOMBRAS

Status: En proceso
Genre:Mafia / Romance oscuro / Acción
Popularitas:418
Nilai: 5
nombre de autor: rosse 345

​"Luna murió en las calles para que Rose pudiera reinar en las sombras."
​Mi madre me llamó Luna Mongoberry al nacer, esperando quizás que fuera una luz suave en medio de la miseria. Pero la luz no te alimenta cuando tienes hambre, ni te protege cuando el mundo decide convertir tu vida en un infierno. Mi infancia no fue un cuento; fue una guerra de supervivencia que consumió cada rastro de nobleza y amabilidad que alguna vez tuve.
​Decidí dejar atrás a la niña débil. Me convertí en Rose Mongoberry, conservando el apellido que es sagrado para mí porque le perteneció a ella, pero transformando mi alma en algo mucho más letal. Rose tiene espinas, Rose quema, y Rose no perdona.
​En el mundo de la mafia, donde los hombres creen que las mujeres son solo trofeos, yo he venido a demostrar que soy el verdugo.
Bienvenidos a mi reino. Aquí, las rosas no huelen a perfume; huelen a pólvora y victoria.

NovelToon tiene autorización de rosse 345 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 4: EL ROTO SILENCIO DE LAS SOMBRAS

​Logré conseguir un pequeño empleo. Era un almacén oscuro, lleno de cajas y polvo, pero los dueños eran amables. Me pagaban poco, pero cada moneda que sentía en la mano era un ladrillo más para el muro que quería construir entre mi madre y esa casa maldita. "Nos vamos a ir, mami", repetía en mi cabeza mientras sellaba cajas. "Muy lejos de aquí".

​Pero el destino no quería que yo saliera de la oscuridad; quería que la oscuridad se metiera en mí.

​Una noche, al salir del trabajo, el aire se puso pesado. En una esquina, bajo la luz mortecina de un farol, estaban ellos. Jordan Popó y su séquito de sombras.

—Oye, piojosa... cuánto tiempo sin verte —dijo Jordan, levantándose con una sonrisa que me revolvió el estómago.

​Traté de seguir de largo, pero me rodearon. Jordan me dio una patada en el estómago que me dejó sin aire.

—¿Qué tal, muchachos, si nos divertimos con esta perrita? —preguntó a sus secuaces.

​Me arrastraron a un callejón. El frío del suelo se mezcló con el terror. Intenté gritar, pero una mano sucia me tapó la boca, ahogando mi voz, mi dignidad y mi alma. Fueron cinco. Uno por uno, mientras el cielo me miraba con indiferencia, me arrebataron lo último que me quedaba de infancia. Ni siquiera me había desarrollado y ya me habían convertido en un campo de batalla.

​Cuando terminaron, Jordan me escupió.

—Es lo que te mereces, bastarda. No deberías andar por estos lugares.

​Se marcharon riendo. Me levanté como pude, temblando, sacudiéndome la ropa con manos que ya no sentía mías. El dolor físico no era nada comparado con la furia que empezó a hervir en mi pecho. Me sequé las lágrimas antes de llegar a casa. Toqué la ventana y mamá me dejó entrar.

​—Ten, mami... guarda esto —le dije, entregándole el dinero con voz vacía—. Solo quiero bañarme.

​Bajo el agua, vi la sangre correr hacia el desagüe. Lloré hasta quedarme seca. No cené. Me encerré en mi cuarto y esa noche, la niña amable que mamá veía se terminó de morir.

​Al día siguiente fui a trabajar. "¿Qué hice para merecer esto?", me preguntaba una y otra vez. Pero no había respuesta. Solo había golpes. Al llegar a casa, mi padre me recibió con una cachetada. Vi a mamá en el suelo, también golpeada. Él me pegó hasta cansarse, pero yo ya no lloré. El dolor se había vuelto mi lenguaje cotidiano.

​La rutina se volvió un infierno: trabajar, recibir golpes y curar las heridas de mamá mientras ella curaba las mías. "Es tu padre", decía ella. Yo solo guardaba silencio, un silencio que pesaba más que el plomo.

​Pero el infierno siempre puede arder más. Mi padre se enteró de mi trabajo. Me fue a buscar al almacén, golpeó al señor que me había dado una oportunidad y me arrastró por los pelos por toda la calle hasta la casa.

—¡Cállate! ¡En casa arreglamos! —gritaba mientras mi cuero cabelludo ardía.

​Me amarró a una silla en mi cuarto.

—Si la desamarras, te mato —le advirtió a mi madre.

​Pasé dos días ahí, sin agua, sin comida, escuchando cómo golpeaba a mamá en la habitación contigua. El hambre y la sed eran sombras comparadas con la rabia. Cuando finalmente me soltó y se fue, volví al almacén, pero el dueño, con los ojos hinchados por los golpes de mi padre, me pidió que no volviera. Tenía miedo. Y lo entendí.

​Caminé por las aceras, sin rumbo, sin estudio, sin trabajo. A lo lejos, vi de nuevo al grupo de Jordan. Me escondí. No por miedo, sino porque mi ira era tan grande que si los miraba, temía que el mundo entero estallara.

​Estaba desesperada. Miraba a mi madre sufrir y me miraba a mí misma, atrapada en un callejón sin salida. Ya no había Luna. Solo quedaba un vacío hambriento que gritaba por una sola cosa: venganza.

1
la potaxia 63
☺️🤭
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play