El mundo no pertenece a los hombres. Pertenece a sus dueños.
Mientras los imperios mortales se desangran en guerras despiadadas e intrigas políticas por coronas de barro, los verdaderos hilos de Estirgia se mueven desde las sombras del plano divino. Doce Dioses Primordiales controlan el destino de la creación, y su voluntad se manifiesta en la tierra a través del Dogma: doce bendiciones místicas encarnadas en portadores mortales. Un poder absoluto capaz de reescribir la realidad, pero que exige un costo atroz: la erosión irreversible de la humanidad de quien lo canaliza.
En una tierra asfixiada por la traición, la necrosis y los caprichos de deidades implacables, las reglas del juego político están a punto de romperse. La guerra entre humanos es solo el preludio; el verdadero horror comienza cuando los peones divinos despiertan y Estirgia descubre el peso de la herencia de los dioses.
NovelToon tiene autorización de Syraxes Crowley para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 8: El Sol que Observa en el Silencio
El jefe de los Marcados por el Silicio rugió, una vibración gutural que pareció sacudir los cimientos mismos de la realidad. Espoleó a su bestia de seis patas, una mole de músculo y cables que bufaba vapor estático por sus belfos. El hacha de vibración que sostenía el mutante emitía un zumbido tan agudo que hacía que los granos de arena saltaran en patrones geométricos a su alrededor.
En el flanco de Jake, los gritos de los mercaderes se ahogaban en el estruendo del metal. Los guardias del Convoy estaban siendo diezmados por la fuerza bruta de jinetes cuya piel, endurecida por décadas de exposición al silicio magnético, era prácticamente inmune al acero convencional.
[LETE]: —Mátalo, pequeño Errante. Su vitalidad es pesada, densa... es el escudo mineral que tu fragilidad humana necesita para dejar de sangrar.
Jake se lanzó hacia adelante. No se movió como un hombre, sino como una exhalación de ceniza. Un guerrero Marcado intentó interceptarlo con una lanza de hueso reforzada con fibra óptica, pero la percepción del joven, agudizada por los reflejos robados al Teniente Valerius, le permitió bailar entre sus ataques. Pasó por su lado en un parpadeo y, en un gesto que se sintió aterradoramente natural, rozó el antebrazo del enemigo con su mano izquierda.
Jake sintió un picor abrasador, como si mil agujas de hielo entraran en sus poros. En los puntos donde la energía necrótica tocó al mutante, su propia piel empezó a ganar un matiz grisáceo, una dureza antinatural y fría que se extendía como una costra mineral. El guerrero cayó al suelo, convulsionando mientras su codiciada piel de silicio se volvía ceniza quebradiza ante el toque del vacío de Lete.
Pero entonces, una voz que no era un susurro, sino un mandato grabado en el alma, lo detuvo en seco:
[MORRIGAN-VAE]: —Recuerda, pequeño Errante... puedes devorar a los siervos, a los mutantes y a los reyes de los hombres. Pero si alguna vez te encuentras con un igual, uno de los otros once elegidos por el Consejo, tu mano encontrará un muro de diamante. Sus almas son tan eternas como la nuestra; no puedes robar lo que ha sido sellado por un Dios.
Jake asintió internamente mientras se agachaba para esquivar el hachazo del jefe mutante. La vibración del arma cortó el aire con un chasquido sónico justo donde su cabeza había estado hace un milisegundo.
—¡Maldito demonio de ojos impuros! —rugió el gigante— ¡Nadie sobrevive al filo de los Marcados!
Jake extendió ambas manos, sintiendo el conflicto de su Dogma en sus venas. A la derecha, la luz de Anástasis empezó a girar en un torbellino dorado; no buscaba sanar, sino sobrecargar su propio sistema circulatorio, forzando su corazón a latir a velocidades sobrehumanas. A la izquierda, la energía de Lete se condensó en una hoja afilada de pura nada.
—Tú no eres un Primordial —dijo Jake, y su voz sonó como el crujido de un glaciar— Solo eres combustible para mi camino.
Jake interceptó el hacha con su brazo derecho, ahora endurecido por la resistencia robada. El metal vibrante chocó contra su piel de silicio con un estruendo metálico que le hizo vibrar los dientes. Antes de que el jefe pudiera reaccionar, Jake hundió los dedos de su mano izquierda en el pecho del gigante.
La corriente de vitalidad fue violenta, casi insoportable. Los músculos del mutante se atrofiaron en segundos, su armadura de cuero se deshizo en polvo y su bestia huyó despavorida. Cuando la energía se disipó, los pocos bandidos que quedaban huyeron aterrorizados hacia las dunas.
La Presencia del Sol
El convoy estaba a salvo, pero el silencio que siguió fue más pesado que el combate. Los mercaderes miraban a Jake con un terror que ya no podían ocultar. Ya no era el chico asustado que subió a la Oruga; era una entidad de otro mundo caminando entre ellos.
Elara bajó de la carreta. Ella fue la única que no retrocedió. Tomó la mano derecha de Jake, la que aún emanaba energía dorada.
—Gracias, Jake —susurró ella, y su tacto fue lo único que lo devolvió a la realidad.
En ese momento, un escalofrío recorrió su columna. El aire dejó de ser cálido para volverse abrasador; no era el calor seco de Nirvana, era una presión térmica que hacía que el oxígeno mismo pesara en sus pulmones.
A lo lejos, emergiendo de una duna colosal, apareció Bucéfalo. La tortuga gigante, un prodigio de biotecnología con un caparazón reforzado por los legendarios Pilares del Cielo, avanzaba con una lentitud divina. Sobre su lomo, entre una biblioteca de madera oscura y un jardín zen, se alzaba una figura de una elegancia gótica impecable. Su porte era el de un caballero caído en el tiempo. Sus ojos contenían el fuego de una estrella colapsada. Emanaba una autoridad solar que hacía que el imperio de Vox pareciera una sombra insignificante.
[LETE]: —Cuidado, Jake... esa alma no es un recipiente, es una fragua. No intentes acercarte. No puedes absorber la corona del Sol.
El imponente hombre no se movió. Su mirada analítica pareció atravesar la piel de Jake y clavarse directamente en la Diosa que habitaba en su interior. No había odio en sus ojos, solo una curiosidad cansada, el hastío de un campeón que ha visto pasar el tiempo sin encontrar un desafío digno.
Entonces el Dogma comenzó a resonar, haciendo que Jake entrara en un estado de trance donde pudo ver el interior de aquel hombre. Logró vislumbrar un océano de plasma estelar; montañas de roca negra que emergían del magma blanco, constantemente destruidas por erupciones volcánicas. El calor era tan absoluto que la gravedad misma se distorsionaba.
En la inmensidad de aquel lugar emergió un guerrero forjado en plasma solar y fuego blanco. Estaba en un constante estado de combustión, emitiendo un calor que derretía incluso los suelos por donde caminaba. Llevaba una corona de erupciones solares. Aquella entidad comenzó a reír, una risa que sonó como explosiones sucesivas, tratando a Jake con una arrogancia paternal. Paralizado frente a esa magnitud, lo único que Jake atinó a pensar fue en la identidad de aquel guerrero, y entonces, el ser habló.
—¡Soy Solarión! ¡El Quinto Dios del Fuego Eterno del Sol! —su voz fue un rugido ensordecedor, como una llamarada en un horno cerrado— ¿¡Cómo entraste a la Forja Solar!? ¡Parece que Johan te dejó pasar!
Aquella entidad de proporciones divinas no era otra que uno de los 12 Dioses Primordiales. Las almas de ambos Portadores de Dogma se habían conectado en un enlace divino. Solarión extendió su mano hacia Jake y, al tocarlo, hizo aparecer un sol en miniatura que se dispuso a lanzar contra el joven.
—¡Arde! ¡Si no puedes soportar el calor de tu propia alma, no mereces existir!
Justo en ese instante, cuando el sol iba a impactar, Jake despertó y recuperó la conciencia, encontrándose de nuevo en el desierto, parado al lado de Elara. La conexión de los Dogmas se había quebrado. A lo lejos, Johan Trobb seguía encima de la tortuga colosal, emitiendo un calor abrasador a pesar de la considerable distancia.
La temperatura en el convoy subió hasta que el metal empezó a crujir. Johan asintió levemente hacia Jake, un gesto de reconocimiento gélido entre iguales del Dogma, y luego, sin decir una sola palabra, Bucéfalo continuó su camino hacia el Gran Abismo de Neón.
Jake se quedó allí, con el brazo aún gris por el silicio robado y los pulmones ardiendo. Entendió que Johan Trobb era el sol que quemaba a cualquiera que se atreviera a volar demasiado alto.
[ESTADO DE JAKE - POST-COMBATE]
• Habilidad Pasiva: Endurecimiento Dérmico (Parcial).
• Activa: Su piel ahora integra micro-conductores. Resistencia física aumentada contra proyectiles ligeros y cortes superficiales.
• Efecto de Entorno: Estrés Térmico. La sola presencia de Johan ha dejado su cuerpo con una fatiga residual bastante alta.
• Revelación de Lore: Jake ahora sabe que la "Cosecha" tiene un límite absoluto: los otros 11 Portadores.