un libro con personajes de ficción, dragones, ogros, un enemies to lovers y demás. ¿será que conseguirán enamorarse mutuamente? o solo seguirán en guerra. quién sabe depende de como ellos se traten a sí mismos
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VII. la carta y la propuesta
La pluma estilizaba una última curva sobre el pergamino, describiendo la densidad ósea de un ala de clase Annihilator, cuando el silencio sepulcral de mis aposentos fue destrozado por un graznido estridente y desesperado que golpeó el cristal de mi ventana.
—¡¡CARTA PARA LA DAMA!! ¡¡CARTA PARA LA DAMA!! ¡¡CARTA PARA LA...!!
El sobresalto hizo que una gota de tinta roja cayera fuera de lugar, manchando mi diagrama. Sentí una vena latir en mi sien. Dejé la pluma con una lentitud peligrosa, caminé hacia el ventanal y lo abrí de golpe. El cuervo mensajero, una criatura de plumaje despeinado y ojos amarillos demasiado brillantes, inhaló aire para su siguiente alarido.
—¡CARTA PARA LA DA...! —gritó, pero antes de que terminara la última sílaba, mi mano salió disparada y le cerré el pico con firmeza, envolviéndolo en un apretón de dedos enguantados.
—Si vuelves a gritar en mi ventana, plumífero, te juro que te serviré de cena para Vharok —le siseé con una mezcla de diversión retorcida e irritación pura.
El animal soltó un quejido ahogado a través de mis dedos. Con la otra mano, desaté el cilindro de cuero que colgaba de su pata. Reconocí el sello de cera de los Dravenkael: un dragón de dos cabezas que parecía burlarse de mí. Solté al pájaro, que se sacudió las plumas con indignación, y desenrollé el pergamino. Era una carta innecesariamente larga, escrita con una caligrafía elegante y rebuscada que solo Kaelthoryn podía producir.
"A la Tormenta de los Vaelkríass (y mi rescatista accidental favorita):
Supongo que a estas alturas ya habrás terminado de sacarte las hojas de roble del cabello y habrás dejado de maldecir mi nombre por los pasillos del castillo. O quizá no, lo cual sería aún más emocionante.
He estado pensando en nuestra pequeña 'excursión' al bosque. A pesar de los árboles traidores y de tus modales de Wyvern hambriento, debo admitir que la vista desde el lomo de tu dragón no fue del todo desagradable (me refiero al paisaje, por supuesto, no te hagas ilusiones). Sin embargo, después de tanto barro, enanos tarareantes y profecías apocalípticas sobre terrores negros, creo que ambos merecemos un respiro de la seriedad extrema que tanto te gusta cargar sobre tus hombros.
Por lo tanto, me veo en la 'terrible' obligación de invitarte al Baile de Fin de Noche de la Academia.
Sí, lo sé. Ya puedo oír tus protestas desde aquí. Dirás que los bailes son para cortesanos aburridos, que prefieres pulir tus dagas y que no tienes tiempo para música y vestidos caros (aunque el de esta mañana no estaba nada mal, debo decir). Pero admítelo, Vaelkríass: nadie más en esa academia tiene el aguante suficiente para seguirte el ritmo en la pista, y mucho menos para sobrevivir a tu temperamento durante toda una velada.
Prometo no volar boca abajo durante la cena y, si te portas bien, incluso podría dejar que me ganes en un brindis. No dejes que el orgullo te impida lucir ese vestido lavanda una vez más, o mejor aún, algo que haga que los guardias se olviden de cómo se sostiene una lanza.
P.D.: Aquí abajo pon tu respuesta y luego déjale al cuervo gritón que me lo traiga. Besos, tu galán."
Hice una mueca de disgusto tan profunda que sentí los músculos de mi cara tensarse. "¿Tu galán?". Ese idiota tenía más audacia que sentido común. ¿Cómo podía estar pensando en un baile cuando el mundo entero podría estar a punto de ser devorado por una leyenda despertada?
Miré al cuervo, que me observaba con la cabeza ladeada, esperando. Mi primera intención fue quemar la carta ahí mismo, pero luego miré mi libreta, los mapas manchados de tinta roja y la oscuridad que se cernía sobre las montañas.
—Un baile... —murmuré con desprecio—. Está completamente loco.
Pero mientras tomaba la pluma otra vez para escribir una respuesta lo suficientemente ácida como para derretir el pergamino, una pequeña y traicionera parte de mí no pudo evitar recordar el calor de sus manos en mi cintura cuando lo subí a Vharok.
Apreté los dientes y comencé a escribir mi "respuesta" en el espacio en blanco, asegurándome de que cada trazo de la pluma fuera como una pequeña estocada hacia su ego. El cuervo iba a tener mucho que gritar de regreso.
Miré al cuervo, que me observaba con una impaciencia casi tan irritante como la de su dueño, y apoyé la pluma sobre el pergamino. No iba a darle la satisfacción de una carta larga, ni mucho menos de un "sí" entusiasta. Mis trazos fueron rápidos, secos y cargados de esa tinta roja que parecía advertir peligro.
Iré, pero no te hagas ilusiones: asisto porque necesito un respiro de los mapas, no por tu invitación. Ahórrate tus discursos de galán barato y mantén una distancia prudente si valoras la integridad de tus pies. Si intentas alguna de tus maniobras "tácticas" en la pista, te juro que terminarás peor que contra el roble. Nos vemos allí, Dravenkael.
Enrollé el papel con una fuerza innecesaria y lo introduje en el cilindro del mensajero. El cuervo soltó un graznido de protesta cuando le solté el pico, pero antes de que pudiera empezar con su letanía de "¡Respuesta para el caballero!", le señalé el cielo con una mirada que prometía desplumarlo.
—Vuela —le ordené—. Y dile a tu amo que si llega tarde, entraré al baile montada en Vharok y lo usaré a él como alfombra.
Vi al pájaro perderse en la penumbra hacia el Bastión de los Dravenkael. Me crucé de brazos, sintiendo un calor molesto en las mejillas que decidí culpar a la falta de sueño. Un baile. Con él.
—Definitivamente, el mundo se va a acabar —murmuré para mí misma antes de volver a sumergirme en los mapas de Balerion.