Daiana llega a la pequeña ciudad de los mitos con un solo objetivo: terminar su carrera. Cuando encuentra la casa de sus sueños (espaciosa, lujosa y extrañamente barata), no duda en firmar el contrato. Poco le importa que los vecinos hablen de una presencia, de una entidad que nunca abandonó el lugar; ella es una mujer de ciencia, racional y escéptica, incapaz de creer en cuentos de fantasmas.
Al principio, los pequeños sucesos (objetos que cambian de lugar, corrientes frías en habitaciones cerradas) son fáciles de ignorar. Daiana los etiqueta como producto del estrés o del cansancio acumulado por los estudios. Pero la negación se vuelve imposible cuando llegan las noches.
Sus sueños han dejado de ser simples proyecciones de su mente para convertirse en una realidad abrasadora. En la penumbra de su habitación, siente caricias que no debería sentir y una presencia que la obliga a gemir en la oscuridad. Despierta siempre igual: jadeando, con la intimidad palpitando de deseo.
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Capitulo 14: Guardianes de la balanza
El aire en la sala de archivos del ayuntamiento se ha vuelto irrespirable. Daiana siente cómo las paredes, cargadas de historia y secretos, parecen cerrarse sobre ella. Marcial no camina; se desliza, su presencia llenando el espacio con una autoridad que no procede de su cargo como concejal, sino de algo mucho más antiguo y siniestro. Sus ojos, oscuros y desprovistos de empatía, escanean a Daiana no como a una persona, sino como a una amenaza que debe ser neutralizada.
__La curiosidad es una enfermedad, Daiana__. Dijo Marcial, deteniéndose a solo unos pasos de ella.
__Te advertí que mantuvieras tu tesis en el ámbito de lo social, de lo antropológico. Pero has escarbado demasiado profundo. Has abierto puertas que los Guardianes de la Balanza sellamos hace siglos__.
Daiana retrocedió, su espalda chocando contra la estantería de metal. Su corazón golpea su pecho con fuerza. El expediente, con el símbolo de las dagas cruzadas, arde en sus manos como si fuera de hierro candente.
__No tengo idea de qué está hablando__. Mintió ella en respuesta, con la voz firme a pesar del terror que le hela la sangre.
__Solo estoy haciendo mi trabajo__.
Marcial soltó una carcajada seca, un sonido desalmado que resonó en el pasillo vacío. Dio otro paso, y Daiana notó que sus manos no estan vacías; sostiene un objeto que emite una vibración sutil, una reliquia de obsidiana que absorbe la luz de la habitación.
__Sabes exactamente de qué hablo. Sientes su influencia. Él te ha tocado. Él se ha alimentado de tu vitalidad, y ahora, te has convertido en un ancla para ese híbrido. Los Guardianes no permitiremos que una extranjera rompa el equilibrio que tanto sacrificio nos costó mantener. Si no puedes ser una investigadora neutral, serás el sacrificio que purifique el recinto__.
En ese instante, a kilómetros de distancia, en la quietud sofocante de la mansión, Dorian sintió una estocada en su propia esencia. No fue un dolor físico, sino una ruptura en la conexión que comparte con ella. La estática de su existencia se alteró violentamente; el miedo de Daiana le llegó como un grito desgarrador, una nota discordante en su propia frecuencia. Dorian, que hasta ese momento se encontraba confinado por la maldición a los límites de la propiedad, sintió cómo su furia destrozo la lógica de su encierro.
La desesperación de Daiana es un faro. Dorian no necesita estar allí físicamente; él es parte de ella. Concentró toda su voluntad, toda la oscuridad acumulada durante siglos y toda la luz pura que la anomalía de su origen le otorga. Las paredes de la mansión comenzaron a vibrar, las sombras se alargaron y, en un despliegue de poder que desafia su propia naturaleza incorpórea, Dorian desgarró el tejido del espacio.
En el archivo, Marcial esta a punto de levantar el objeto de obsidiana. Daiana cerró los ojos, preparándose para lo peor, cuando una ráfaga de aire gélido, impregnada con un olor a ozono y tierra húmeda, estalló en el centro de la sala. El mundo pareció doblarse. La realidad se volvió líquida.
Cuando Daiana abrió los ojos, no esta en el archivo. El suelo de madera vieja de la mansión crujió bajo sus pies. Esta en el salón, de vuelta en el refugio oscuro donde Dorian la esperaba. El silencio es absoluto, roto solo por su respiración entrecortada.
__¡Dorian!__. Exclamó, colapsando de rodillas.
El aire frente a ella comenzó a arremolinarse, cobrando forma. La silueta, hecha de sombras y destellos de luz, se materializó rápidamente. Dorian no perdió tiempo en palabras vanas; la envolvió en un abrazo que, aunque etéreo, se siente como una fortaleza sólida de acero y afecto.
__Estás a salvo__. Murmuró él, su voz vibrando en el pecho de Daiana.
__Ya no estás allí__.
Ella se aferró a su pecho, hundiendo el rostro en la oscuridad que emana de él. Esta temblando incontrolablemente.
__Él... ese tal Marcial... sabía quién eres. Sabía que estaba contigo. Me habló de los "Guardianes de la Balanza". ¿Qué son, Dorian? ¿Quiénes son estas personas?.
__Daiana levantó la vista, sus ojos buscando desesperadamente un rostro en la neblina de sombras de Dorian.
__No sé en quién confiar. Si el concejal de la ciudad está involucrado, si todo el pueblo es parte de esta... secta... ¿a dónde voy? ¿Cómo puedo luchar contra ellos? Son autoridades, tienen poder, tienen recursos__.
Dorian la mantuvo cerca, su mano incorpórea acariciando su cabello con una ternura que contrasta con la furia que hierve bajo su superficie.
__No te enfrentas a ellos sola, dulzura__. Dijo, su tono volviéndose más firme, más oscuro.
__Ese Marcial cree que soy un animal enjaulado, alguien sin oídos ni ojos más allá de estas cuatro paredes. Pero se equivoca. Se ha vuelto arrogante. Cree que su secta es intocable porque han mantenido el control durante siglos. Pero la soberbia es el primer paso hacia la caída__.
__¿Cómo lo sabes?__. Preguntó Daiana, calmándose poco a poco bajo su tacto.
—Mientras ellos piensan que me marchitaba en el olvido, yo me movía. He extendido mi conciencia, mis sentidos, a través de los límites de esta propiedad, hasta donde mi maldición me lo permite. He escuchado alguna de sus reuniones. He sentido sus intenciones. Marcial se cree un salvador, pero es un tirano. Y no solo yo lo veo__.
Dorian se separó ligeramente para mirarla, y por un momento, la silueta de sus ojos brilló con una intensidad casi cegadora.
__No estoy solo en esto, Daiana. Hay otros. Seres que habitan en los márgenes, en las fronteras de este mundo, que observan y esperan. Algunos nacieron de la oscuridad más profunda, al igual que yo, y otros de una luz que los Guardianes han olvidado cómo invocar. Todos ellos tienen una cuenta pendiente con la secta. Marcial y los suyos han oprimido a seres de ambos planos, usando la excusa del "equilibrio" para encadenar voluntades__.
__¿Aliados?__. Preguntó ella, atónita.
__¿Hablas de seres paranormales? ¿Monstruos?__.
__Monstruos para unos, liberadores para otros__. Respondió Dorian con una sonrisa ausente.
__Cuando Marcial se reúne con sus acólitos, no guarda secretos. Su arrogancia le impide sospechar que el "error" que encerraron aquí puede escuchar cada palabra, sentir cada plan. Sé quiénes son sus traidores, sé dónde esconden sus rituales y, sobre todo, sé que están aterrorizados. Tienen miedo de que alguien, alguien como tú, finalmente vea a través de sus mentiras__.
Dorian caminó por la sala, su figura volviéndose más nítida, más poderosa con cada paso. La mansión parece reaccionar a su presencia; las cortinas se mueven solas, las velas se enciendes con llamas azules.
__Marcial es una piedra en mi camino, sí. Pero también es la llave. Al intentar atacarte, al mostrarte su verdadera cara, ha cometido un error fatal. Ha revelado su miedo. Y el miedo, Daiana, es una debilidad que explotaremos. No pienses que somos los únicos que juegan este juego. Esta guerra no se limita a este pueblo, ni a esta mansión. Es una batalla por la realidad misma, y nosotros estamos en el centro__.
Daiana sintió un escalofrío que no es de terror, sino de determinación. La científica en ella, la mujer que busca la verdad, finalmente comprendió que su tesis no es solo un documento académico; es un arma.
__Entonces, ¿qué hacemos?__. Preguntó, levantándose y enderezándose. Su miedo se esta transformando en una rabia fría.
__Si saben que estoy aquí, volverán por mí. Y si saben que tú me has sacado de allí, sabrán que nuestra conexión es más fuerte de lo que imaginaban__.
__Exacto__. Respondió Dorian, acercándose a ella hasta que sus alientos se mezclaron.
__Vendrán. Y cuando lo hagan, estaremos listos. No solo con tu intelecto y mi fuerza, sino con el ejército de sombras y luces que me espera en el umbral. Por primera vez en tres siglos, ya no soy un prisionero esperando el fin. Soy un general reuniendo a sus fuerzas__.
Dorian tomó su mano. Esta vez, Daiana no sintió frío, sino una descarga eléctrica que le recorrió el cuerpo, una promesa de poder.
__No volverás a ir sola al pueblo, Daiana. De ahora en adelante, cada paso que des será vigilado por mí, y cada movimiento que haga Marcial será un libro abierto para nosotros. Vamos a desmantelar su Balanza, pieza por pieza, hasta que no quede nada de ellos. ¿Estás lista para dejar de ser la observadora y convertirte en la arquitecta de su caída?__.
Daiana miró a la criatura que tiene ante sí, una amalgama de peligro y deseo, y se dio cuenta de que no hay vuelta atrás. Ya no es solo una científica; es parte de algo mucho más grande, algo peligroso y eterno. Asintió, sintiendo cómo el vínculo entre ellos se tenso, vibrando con la urgencia de la batalla que se avecina.
__Estoy lista__. Dijo ella, con una resolución que sorprendió a ambos.
__Vamos a enseñarles que la realidad no es algo que ellos puedan controlar__.
En la penumbra de la mansión, mientras Dorian la envolvió de nuevo, la casa pareció respirar con ellos, preparando el escenario para una lucha que cambiará el destino de Sereia para siempre. La secta de los Guardianes de la Balanza no sabe que, al intentar silenciar a la científica, han encendido la chispa de su propia destrucción. Y Dorian, por fin, tiene la herramienta perfecta para reclamar su libertad.