En su cuarto aniversario de bodas, el esposo de Flora González, Marcelo Santos, le pide el divorcio, ya que su primer amor, Camila, ha regresado a la ciudad y él desea volver a su lado para cuidarla.
Flora no grita, no se altera y decide aceptar el divorcio, pero Marcelo le asegura que su hijo se quedará con él hasta que el niño resulta positivo en leucemia y Marcelo no muestre interés en su salud, ya que, después de todo, no es su hijo biológico y es un niño nacido por una fecundación in vitro.
Ahora Flora debe lidiar con su divorcio, la enfermedad de su hijo y la búsqueda de un empleo. Pero su salvación llega más pronto de lo que imagina cuando Alejandro Fernández aparece ante ella, asegurando que Benjamín, su pequeño hijo, lleva la sangre de los Fernández y, por eso, él estará dispuesto a proteger a ese niño, el último recuerdo de su hermano Leonardo.
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Capítulo 9
Estaba terminando de guardar el pequeño peine cuando escuché pasos apresurados en el pasillo.
---¡Flora!
Reconocí esa voz de inmediato.
Sentí un nudo en el estómago antes siquiera de girarme.
Mis padres.
La puerta se abrió y aparecieron **mi padre\, Julio**\, y **mi madre\, Rosa**. Ella traía una bolsa de plástico con un par de recipientes de comida.
---Mira ---dijo levantando la bolsa---. Te trajimos algo para que comas.
El gesto parecía amable, pero yo conocía demasiado bien a mis padres para confiar en ese tipo de cosas.
Benjamín estaba sentado en la cama, con su cabeza recién rapada y el pijama del hospital.
Mi madre lo miró apenas unos segundos.
---Ay... qué flaco está.
No se acercó a abrazarlo.
No preguntó cómo estaba.
Nada.
Mi padre miró alrededor de la habitación con gesto impaciente.
---¿Este es el cuarto?
---Sí ---respondí con frialdad.
Rosa dejó la bolsa sobre la mesa.
---Hice sopa. Algo tenía que traerte.
Sabía que esa sopa no era para mí.
Era la antesala de algo.
---Gracias ---dije sin entusiasmo.
Mi padre cruzó los brazos.
---Bueno... ahora que estamos aquí\, tenemos que hablar.
Ahí estaba.
La verdadera razón.
---¿Sobre qué? ---pregunté.
Julio soltó un suspiro exagerado.
---Sobre tu hermano.
Cerré los ojos un segundo.
Por supuesto.
Siempre era sobre **Pablo**.
---¿Qué hizo ahora?
Mi madre intervino de inmediato.
---¡No hables así de tu hermano!
---Entonces díganme qué pasó.
Mi padre se aclaró la garganta.
---Tu hermano tuvo un pequeño accidente.
---¿Pequeño?
---Iba en la moto y... bueno... chocó con un viejo.
Sentí cómo la sangre me subía a la cabeza.
---¿Lo atropelló?
---No exageres ---gruñó Julio---. El viejo también tuvo la culpa.
---¿Está bien?
Mi madre se encogió de hombros.
---Está en el hospital... pero lo importante es otra cosa.
Claro.
Siempre lo importante era Pablo.
---La familia del viejo está pidiendo **cuatrocientos mil pesos** ---continuó mi padre---. Si no pagamos\, lo van a denunciar.
Me quedé mirándolo en silencio.
Benjamín escuchaba todo desde la cama.
---¿Y qué quieren que haga yo? ---pregunté finalmente.
Mi padre me miró como si la respuesta fuera obvia.
---Que le pidas el dinero a tu marido.
Solté una risa amarga.
---Marcelo ya no es mi marido.
---Todavía lo es legalmente ---dijo mi madre---. Así que ve y pídele el dinero.
La rabia empezó a crecer dentro de mí.
---Mi hijo tiene **leucemia** ---dije despacio---. Necesito quinientos mil para su tratamiento.
Ninguno de los dos reaccionó.
Ni una expresión de preocupación.
Ni una pregunta.
Nada.
Mi padre simplemente se encogió de hombros.
---Eso se arreglará después.
Sentí que algo dentro de mí se rompía.
---¿Después?
---Primero hay que sacar a Pablo del problema.
Benjamín frunció el ceño.
---No.
Todos lo miramos.
Mi padre dio un paso hacia la cama.
---¿Qué dijiste?
Benjamín se encogió un poco, pero sostuvo la mirada.
---No te acerques.
El silencio se volvió pesado.
---¿Cómo? ---dijo Julio\, sorprendido.
---No te acerques a mi mamá.
Mi padre soltó una risa seca.
---Mirá al mocoso...
Intentó acercarse para tocarle la cabeza.
Benjamín apartó su mano.
---¡No me toques!
Mi padre frunció el ceño.
---¿Qué te pasa?
Benjamín lo miró con una seriedad que heló el aire.
---Tú le pegaste a mi mamá.
Mi respiración se detuvo.
Julio cambió de expresión al instante.
---¿Qué estás diciendo?
---Te vi ---continuó Benjamín---. La hiciste llorar.
Mi padre se puso rojo de ira.
---¡Cállate!
Levantó la mano.
Instintivamente me lancé delante de la cama.
---¡No te atrevas!
Julio bajó el brazo, furioso.
---Mirá cómo lo criaste ---escupió---. Un mocoso maleducado.
---Es un niño enfermo ---respondí con voz temblorosa.
---Eso no le da derecho a faltarme el respeto.
Mi madre intervino con fastidio.
---Flora\, deja de hacer drama. Solo venimos a pedir ayuda.
---¿Ayuda?
La rabia que llevaba años acumulando explotó de golpe.
---¿Alguna vez ustedes me ayudaron?
Ninguno respondió.
---¿Cuando me fui de casa?\, ¿Cuando nació Benjamín?\, ahora que Benjamín esta enfermo\, ¿donde esta su ayuda?
Silencio.
---Pero ahora que Pablo tiene problemas... vienen corriendo.
Mi padre apretó los dientes.
---Es tu hermano.
---Y él es **mi hijo** ---señalé a Benjamín---. Se está muriendo.
Mi madre hizo un gesto impaciente.
---No digas esas cosas.
---¡Es la verdad!
Julio dio un paso hacia mí.
---Escuchame bien ---dijo con voz dura---. Vas a llamar a Marcelo y le vas a pedir el dinero.
---No.
La palabra salió firme.
Mi padre me miró con incredulidad.
---¿Qué dijiste?
---No voy a hacerlo.
Su rostro se endureció.
---Flora...
---No voy a rogarle dinero para salvar a Pablo mientras mi hijo necesita tratamiento.
El silencio se volvió insoportable.
Entonces Julio levantó la mano.
Y **me golpeó**.
El sonido seco resonó en la habitación.
Mi cabeza se giró por el impacto.
Benjamín gritó.
---¡No!
Antes de que mi padre pudiera volver a levantar la mano, Benjamín agarró uno de sus juguetes de plástico y lo lanzó con todas sus fuerzas.
El pequeño coche golpeó el hombro de Julio.
---¡Déjala!
Mi padre se volvió furioso hacia la cama.
---¡Mocoso!
En ese momento la puerta se abrió de golpe.
---¡¿Qué está pasando aquí?!
Era **Ana**\, la enfermera que siempre nos cuidaba.
Entró rápidamente al ver la escena.
---¡Señor\, salga de aquí!
Mi padre intentó protestar.
---Esto es un asunto familiar.
---Está alterando a un paciente oncológico ---dijo ella con firmeza---. Si no se va ahora mismo\, llamaré a seguridad.
Mi madre tiró del brazo de Julio.
---Vamos.
Él me lanzó una mirada llena de odio.
---Eres una hija inútil.
Salieron de la habitación murmurando insultos.
La puerta se cerró.
El silencio que quedó después fue devastador.
Benjamín empezó a llorar.
---Mamá...
Lo abracé con fuerza.
---Estoy aquí... estoy aquí...
Pero mi cuerpo temblaba.
Ana se acercó con expresión preocupada.
---Flora...
---Estoy bien ---mentí.
No estaba bien.
En absoluto.
Minutos después salí de la habitación.
Necesitaba aire.
Mis piernas me llevaron hasta la pequeña terraza del hospital.
La puerta de seguridad se cerró detrás de mí.
El cielo estaba gris.
Me apoyé en la baranda.
Y entonces todo lo que había estado conteniendo durante semanas salió de golpe.
Lloré.
Lloré por mi hijo enfermo.
Por el hombre que me traicionó.
Por los padres que nunca me quisieron.
Por la vida que parecía derrumbarse pieza por pieza.